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Desconectados

Hace unos días volé con Delta Air Lines. En concreto lo hice en dos aviones distintos en un mismo día. Eran vuelos domésticos en Estados Unidos y de una duración ideal para trabajar. Por 14 dólares estuve conectado a Internet a más de 10.000 metros de altura. Pude activar mi wi-fi en ambos vuelos pues el pasword me sirvió para ambos pues tenía una validez de 24 horas. Empieza a ser cada vez menos anecdótica esta posibilidad. De hecho reservar o no en alguna compañía empieza a sustentarse, por ejemplo en mi caso, en el hecho de que dispongan de esa opción.
A parte de Delta, otras compañías ya facilitan wi-fi en sus vuelos. La mayoría son a nivel internacional y de largo recorrido. En cinco compañías he podido comprobarlo y me quedo con la potencia de Lufthansa, Turkish Airways y de Singapore Airlines. Entre las que he podido saber que disponen de conexión están American Airlines, Virgin Air, United, US Airways, Air Canada, Emirates, TAP Portugal, Thai Airways y Qantas

Hace un par de años tomé el SNFC que me llevaba de Bruselas a París y también estuve conectado a Internet todo el trayecto sin tener que activar mi teléfono en roaming de datos lo que hubiera sido un suicidio contable. El mes pasado en Holanda, al coger un Intercity de la NS disfruté del mismo placer de estar online todo el tiempo.

En España y otros países, en esto no estamos solos, seguimos pendientes de dar un salto en la percepción de que estar conectado y de manera eficiente es una de las puertas al futuro de mayor valor. Europa se queda rezagada a pesar de que algunos países se esfuerzan en eso. Mirar a Asia Pacífico deja claro como cada vez va a ser más complicado defenderse. Si además nos engañamos a nosotros mismo peor.

Hace dos años el director tecnológico de RENFE anunciaba que estaban “trabajando en ello”. Y no entiendo el retraso a menos que siga teniendo que ver con una legislación proteccionista a las operadoras de telefonía y datos que no se aguanta por ningún lugar. No es tan complicado. Los productos Mobile Gateway para trenes, están diseñados y optimizados para crear una red VAN (Vehicle Area Network) en el tren y ofrecer la mejor conectividad de banda ancha a Internet adaptada en todo momento a la velocidad del tren y son relativamente fácil de instalar.

Hay informes muy bien realizados que nos muestran que mientras este país se conformaba con sueldos altos, beneficios inmobiliarios insultantes y recaudaciones tributarias de récord, el desagüe por el que se iba toda una apuesta de futuro, de tecnología e innovación se agrandaba. En lugar de invertir en competitividad y en valor añadido se lo fundieron en meriendas. Ahora se extrañan del éxodo de un gigantesco talento, de personas repletas de sueños y de empresas en quiebra y a la desesperada.

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Podemos rompernos la cara con leyes para emprendedores, planes estratégicos para mejorar el turismo, el consumo o los toros pero la verdad es que mientras tengamos dirigentes que la modernización integral de un país consideren que es tener una cuenta de Twitter (que creen es de pago) vamos apañados. No es cuestión de modas, ni de gustos, no tiene nada que ver con si nos gusta estar o no “online”, esto enlaza directamente con los tiempos que vienen, vivimos y nos toca entender.

Mantener por más tiempo esa lejanía del lugar donde están pasando las cosas nos lleva a perder el tren, o el avión, del futuro.

Subirse al tren o morir

Ayer estuvo en Andorra Ban Ki-moon, el Secretario General de la ONU. Fue a celebrar el aniversario de la entrada en su organización del pequeño estado pirenaico. Lara es andorrana y me comentó detalles de cuando eso sucedió y de como lo vivieron sus habitantes. Me explicó, también, cosas curiosas como que el parlamento de Andorra es uno de los dos que en el mundo con un cincuenta por ciento de mujeres. Y es que Andorra es un lugar extraordinario, que en muy pocos kilómetros cuadrados posee unos atractivos naturales y turísticos totalmente indescriptibles. Pero lamentablemente sirve como ejemplo de algo que viene sucediendo en muchos otros lugares. La modernidad y la empresa, a pesar de que se procure, no siempre van asociadas de manera simple.
Hace un par de meses la mitad de los hoteles de Andorra decidieron participar en una promoción del operador turístico Atrápalo. La campaña se llamaba “La Gran Escapada” y permitía a los usuarios reservar plazas a precios muy asequibles. Rondaba los 100 euros un fin de semana largo. El coste efecto resultaba unos 30 euros noche y persona. Algo nunca visto en hoteles de cuatro estrellas en un país acostumbrado a controlar la oferta y la demanda en vereda gracias a las prácticas de lobby y gremio muy bien instauradas hace décadas.

Cabe decir que Andorra no está pasando tampoco por un buen momento económico a pesar de que nadie allí lo reconozca. Obviamente el consumo, fuente principal incluso por encima del turístico, ha caído significativamente pues sus clientes principales, españoles y franceses no están para muchas meriendas. En ese contexto de reducción de expectativas siempre hay dos alternativas: reducir precios para atraer mayor público o subirlos para, con menos clientes, ganar igual. Es una necedad absoluta pensar que sin ofrecer más podrás aumentar los costes al cliente, pero sin embargo hay quien lo piensa así. Como si no hubiera competencia capaz de desmontarte todo el tinglado con una buena campaña de marketing.

Resulta que tras esa campaña surgieron voces críticas desde las patronales hoteleras. Una asociación curiosamente llamada “Auténticos Hoteles de Andorra”, que ya tiene tela el nombre, aseguró que lo que hizo Atrápalo era “una vergüenza” y que “destruiría el sector hostelero del país”. No tuvieron bastante y su presidente, en un alarde de modernidad e inteligencia emprendedora, le pidió al “govern” que ejerciera un control sobre los precios y activara sanciones.

Es evidente que no habían entendido hacia donde van los tiempos, que tren se acerca, ni que se vende más en la zona ‘e-‘ que en la zona ‘a’, que la economía digital no entiende de fricción y que la nueva economía requiere de líderes (patronales, sindicales, políticos,…) que se sientan cómodos en esta transición gigantesca que el ser humano está viviendo. En Andorra una buena parte de los hoteles se negaron a participar en tal promoción, en España casi 150 lo hacían. Los que, desde el Principado, se sumaron alcanzaron cotas de reservas muy superiores a las que esperaban y, atendiendo a mil maneras de reversionar y conceptualizar los ingresos, buscaron la manera de convertir unos presupuestos low cost en algo rentable.

La economía digital busca el long tail, el low cost, lo escalable, lo global y lo glocal, la entrada directa en los circuitos de relación social entre marcas y usuarios. Negarse a todo ello es morir poco a poco.

Elegí este ejemplo que me pareció sintético pero obviamente hay muchos. La transición entre un modelo empresarial obsoleto o rígido y los inminentes de la era digital, aumentada e hipersocial, requiere de estudio, análisis y asesoramiento en muchos casos. Al contrario de lo que en Andorra un grupo de hoteleros pensaron, lo digital, lo social y lo flexible repercuten de manera crítica en el cambio de la cadena de valor y ataca directamente a un nuevo modo de entender la producción y los servicios. Lo he comentado otras veces pero se encadenan plataformas, proyectos, productos, clientes, profesionales, desarrolladores, gestión de marca, publicidad asociada, habilidades digitales, planes de negocio abiertos, gestión de comunidades y aportación de contenidos sin censura.

Si estás construyendo tu propio negocio o intentando adaptarte a los nuevos tiempos puedes contactar conmigo en www.idodi.eu y mi equipo lo revisará con entusiasmo. Somos digitales y nos gusta lo digital. Amamos Internet y lo que nos ha proporcionado como especie, nos concede como sociedad y nos aportará como ciudadanos. Además sabemos que parte de las opciones de seguir adelante nacen del conocimiento y de que las empresas se acerquen estratégicamente.

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¿Eres un emprendedor?

No todo el mundo debe ser un “emprendedor que monta empresas”. Sería absurdo, como tampoco podemos reducir todo esto a un mensaje de que “para salir de una hipotética crisis es preciso que todo Dios se ponga a emprender”. No tendría ni pies ni cabeza. Lo que si tenemos que procurar es incentivar que la mayor parte de gente que está en condiciones de ser emprendedor lo sea”. Sean cien o mil buenos serán. Ese nuevo curso deberá estimular otros cambios y entre ellos los que dinamicen a una generación aburguesada en la nada y que peligra como clase.
¿Te has preguntado si eres uno de esos emprendedores a los que todo el mundo alude? ¿Te has preguntado previamente si tienes los rasgos de un emprendedor? ¿Estas dispuesto a arriesgar tiempo y dinero tuyo¿? ¿Estas en condiciones de enfrentarte a las dificultades que supone ese desafío? ¿Has inventado algo? ¿Estás dispuesto a que tu empresa deje de funcionar sin ti algún día? ¿Has entendido que significa que la sociedad está aletargada, adormecida, insensible, y somnolienta?

Si has aceptado que tanta analgesia social no es buena ni para ti ni para los que vengan en el futuro, que existen opciones para cambiar el mundo que nos rodea desde una actitud crítica pero activa, de disposición al cambio y de puesta en marcha del motor colectivo, entonces este blog está sirviendo para algo. Habrá servido para interpretar un método, uno más de tantos, pero que sin lugar a dudas puede ser efectivo. Sigo intentando situar el escenario, hablar de un ecosistema que se resiste a morir pero que se regenera poco a poco hasta el punto que pronto parecerá otro. Es imprescindible buscar nuevos modelos de creación económicos, de territorios de conquista para los nuevos emprendedores y de que podemos hacer para padecer lo mínimo posible como sociedad que despierta de su largo letargo.

Durante un viaje en el Tren de Alta Velocidad francés, entre Bruselas y París, Loic Lemeur y yo estuvimos listando las oportunidades que considerábamos nos ofrecía el futuro: “es preciso que hablemos de talento global, de pensar diferente, de pensar compartiendo, de conectar cerebros, de cuenta de resultados de las ideas, del efecto contagio de la colaboración, de la garantía de la exclusividad como valor del compartir, del caudal de pensar conjuntamente y no tanto en equipo, de cambios inevitables, de gestión del conocimiento en las organizaciones del futuro, de modelos y razones de las comunidades virtuales, de alianzas de éxito como valor democrático de las empresas más débiles, de sociedades dinámicas, de las ventajas de esta crisis, de los negocios transparentes y de la recesión permeable.

Al llegar a Chatêlet ya tenía claro que los que entendieran que esos conceptos son los vértices de un polígono repleto de ventajas, tendrían muchas más herramientas para decidir. Cuantos más seamos más sentido tendrá llevar ese brazalete, esa pulsera de la verdad, del conocimiento, del pensar por nosotros mismos. Es momento de razonar, de emprender, de construirnos de manera individual a partir del conocimiento y no tanto del discurso oficial, para entre todos ir estimulando nuestro entorno en modelos económicos nuevos.

Estamos a las puertas de una revolución como ya lo estuvieron otros antepasados, sólo que esta vez es digital, orgánica, distribuida y global. Hace algún tiempo, al confluir diversos factores se reprodujeron sistemáticamente otros grandes cambios. La revolución industrial y tecnológica fueron grandes elementos de cambio, y  convivieron con una crisis sistémica que adelantaba una mutación real y evidente en todos los estadios de la economía. La manera de traducir aquellos cambios siempre condujo a mejores escenarios pero también con una fractura notable del propio sistema. El modelo financiero actual que se sustenta en un crecimiento del valor del dinero por encima del coste real del capital, ha provocado un desajuste insalvable a estas alturas, pero considero que más que una causa, no deja de ser una consecuencia de algo mucho más transversal y que la tecnología de la información ha acelerado, en definitiva es la gran oportunidad que unos pocos, espero que miles, sepan aprovechar para cambiar el mundo de otros muchos, espero millones.