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Innovar fracasando o fracasar innovando

Con un “hace veinte años me escribí una carta“ empecé mi charla en el IV Congreso Internacional de Excelencia que se celebró en Madrid hace unas semanas. En esa conferencia traté de ejemplificar con algunas experiencias de vida los elementos estructurales de mi manera de emprender innovando. Tengo claro que, de todos los elementos de aprendizaje que he tenido en mi vida, el que mayor valor y grado de conocimiento me ha aportado, han sido cada uno de los errores y fracasos que he sufrido. Sin embargo, como explico en el vídeo, lo que me preocupa es que “nadie muestra el modo de aprovechar el fracaso adecuadamente, no existen escuelas que te formen en el modo de equivocarse cada vez mejor“. Me pregunto que es mejor, ¿fracasar innovando o innovar fracasando?

Excelencia

El próximo miércoles ofrezco una conferencia en Madrid Excelente. La solicitud de la organización es que trate de explicar mi experiencia empresarial y que lo haga desde el punto de vista de cómo una empresa puede haber derivado en un caso de éxito a partir de la reinvención del modelo de negocio.
La verdad es que todavía no tengo claro que contaré y en que orden. Seguramente iniciaré la explicación desde la visión que tuve aun siendo menor de edad en mi huída a París, la vertiente posterior que me hizo fracasar en alguna ocasión cuando creí tener la idea del negocio definitivo o cuando transformé en otra cosa una empresa que nació siendo algo muy distinto.

Seguramente seguiré con alguno de mis viajes o anécdotas que me acompañaron en algún momento de la vida, como personas anónimas me dieron la clave vital para asumir los retos de la emprendeduría y cómo ahora, tras tantos años, todo eso se ha transformado en un proyecto empresarial complejo, diversificado, internacional y en gestación constante, en beta permanente.

Supongo que al final acabaré con la traducción de esas experiencias hablando de algunos casos en los que liquidé mi participación societaria como fundador y en como lo hice. Pero me gustaría centrarme es en como convertí algún proyecto tradicional en algo extraordinario. ¿Cual es esa curiosa y extraña sustancia que transforma lo mediocre en esencial, en único o en determinante. La verdad es que en eso consiste, en participar de aventuras que se conviertan en motores existenciales para quienes las protagonizan.

Al final siempre me ha quedado claro un factor: “decir que algo es extraordinario dura un rato, definitivamente debe ser extraordinario”. Extender la excelencia no es fácil, pero es el mejor de los caminos.

El club de los rescatables

Ayer comí con Álvaro Uribe, el expresidente de Colombia. A parte de comentar temas vinculados a las conferencias que dimos, tanto él como yo, durante el Congreso del INCAE en Ciudad de Panamá, de Nueva Economía, de redes, de que (como pude comprobar) él mismo actualizaba su propio twitter, de asuntos públicos, de Latam, de “barrios inteligentes” y de mil cosas más, también hablamos de crisis y de Europa. Me sorprendió que la opinión sobre la realidad económica española no era demasiado concreta. Creo, y eso es algo que estoy percibiendo, en América la idea de que España pueda quebrar es algo que no se contempla, parece ciencia ficción y como que, de Europa, España es prioritaria, el resto de asuntos preocupan relativamente poco. Os dejo con un artículo que leí ayer en Bloomberg y que trata de los costes de rescate de todos los países susceptibles de que lo sean en menos de un año.

Hay gráficos que muestran claramente que el costo de asegurar la deuda de los países periféricos de la región con permutas de riesgo crediticio (CDS) se encuentra en un máximo récord. Los inversores conjeturan que Portugal y España seguirán a Grecia e Irlanda en pedir ayuda a la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional.

El crecimiento económico de Portugal ha sido de menos de 1 por ciento al año en la última década y el Gobierno pronostica que bajará a 0,2 por ciento el año próximo. En España, donde la tasa de desempleo supera el 20 por ciento, el gasto de las familias se contrajo en el tercer trimestre después de que el Gobierno subió el impuesto a las ventas y efectuó los mayores recortes de presupuesto en al menos 30 años.

“Parece inevitable que haya más rescates, aunque no resuelven nada”, dijo Bill Blain, estratega de Matrix en Londres. “La prueba real será España. ¿Cuán inevitable es eso? No al 100 por ciento, pero ciertamente es una fuerte posibilidad”. Un rescate de España costaría 420.000 millones de euros según Jennifer McKeown, economista europea sénior de Capital Economics Ltd. en Londres.

Yo tengo la convicción que el coste de rescate español es inasumble técnicamente pues en gran medida el agujero que no contemplan esos 420.000 millones deben de ser sumados a las valoraciones a la baja de los activos que los complementan y que ahora mismo aun no están en los balances de las entidades financieras