El debate de ideas (económicas) aparece en las primarias del PP

La exministra Celia Villalobos consideró que una de mis afirmaciones durante el programa de La Sexta, ‘Liarla Pardo’, en el que participo semanalmente, no era correcta. Ella consideraba que decir que en las primarias del PP no hay debate ideológico era una afirmación fuera de la realidad y que sí se estaba produciendo. Realmente, hasta hace muy poco no he visto ese debate. Es justo ahora que parece se inicia un ligero análisis de ideas en el ámbito de la economía. Bienvenido sea y mejor si en ese debate los que lo estimulan son gente como Álvaro Nadal y, especialmente, Daniel Lacalle.

Y es que sin duda alguna, el asunto sobre como vamos a pagar la fiesta y como se pretende afrontar el gasto creciente del estado del bienestar y sus garantías, es el dilema. Es el principal, es el que determina el modo en el que otros asuntos podrán afrontarse. Sin riqueza, sin medios, es imposible atender necesidades, ni distribuir nada. En ese escenario se sitúan dos maneras de ver el mundo económico, o bien incrementando impuestos o bien apostando por reducirlos. De subirlos o bajarlos se derivan dos temas: el tiempo de espera obligatorio en el primer caso para poder atender necesidades sociales. Y en el segundo, el incremento de déficit mientras no llegan los ingresos, pero aplicándose previamente el gasto que se prevé poder saldar después.

El centro derecha presume de crear riqueza y el centro izquierda de redistribuirla. Los primeros suelen acusar a los segundos de malgastar su esfuerzo y de subir impuestos para equilibrarlo. Los segundos consideran que los primeros no atienden a las desigualdades con la suficiente sensibilidad. De esto se deriva que la derecha presenta su política económica con un deseo de reducir impuestos y la izquierda de subirlos selectivamente. El problema es que ni unos los rebajan siempre ni los otros son tan selectivos.

Estamos ante el anuncio de una subida importante de tributos, así nos lo han ido contando. De hecho se buscan 6.500 millones para reducir el coste sobre el déficit que tendrán un buen número de medidas que exigen 8.500 realmente. De eso trató mi intervención precisamente en el programa. De cómo se está planteando un inicio de nuevo gobierno a nivel presupuestario atendiendo a las subidas de impuestos que se han anunciado.

Para ello el catálogo Otoño Invierno de esa subida de impuestos es de aurora boreal. Subidas al gasóleo, impuesto de sociedades, tasas a tecnológicas, a la banca, a la renta del capital, etc., suponen la voluntad de reducir el déficit público, el de la seguridad social, cumplir con las exigencias de Bruselas y paliar el deterioro de las pensiones. El riesgo que con estas subidas se penaliza al sector productivo, provocando a medio plazo que pase todo lo contrario a lo que se espera. Pan para hoy y paro para mañana.

En esto de atacar el Impuesto de Sociedades hay indicadores que muestran que no todo es tan fácil como subir impuestos y recaudar más. En 2017 se recaudó por esta vía 23.000 millones. En 2003, hace una eternidad, se recaudaron 21.900. Mientras que el PIB español ascendía en el mismo período un 45%, algo así como 360.000 millones de euros, la recaudación apenas aumentaba. Mucho cuidado con penalizar impuestos que deterioran la capacidad de inversión, contratación y, sobretodo, investigación. Te puedes encontrar que no aumente la recaudación, te cargues el sistema de crecimiento de esas mismas empresas y, lo peor, limites las opciones de hacerse competitivas en un entorno tremendamente cambiante y exigente.

Un tema mayor. España se está quedando en un vagón incómodo. La falta de un plan transversal, ambicioso y agresivo para revertir el retraso tecnológico que vive nuestro modelo de crecimiento, anclado en aquello que nos aporta facturación y beneficio a costa de sueldos miserables, lo vamos a pagar caro. La lejanía absoluta de la ‘clase política’ de la realidad digital y tecnológica es de susto o muerte. De ahí que le escribiera esta carta a Pedro Sánchez. 

Volvamos al debate. Sólo cuando toca mostrarse moderno aparecen las ideas. En este caso, es una buena noticia que los candidatos del PP en las próximas primarias tengan un debate sereno sobre el futuro económico. O por lo menos lo tengan otros en su nombre. El de Santamaría suena a discurso de manual no obstante, digitalización manida y mucho texto de catálogo. El de Casado, gracias a la aportación de Daniel Lacalle, es mucho más entero y pragmático: rebaja de impuestos a empresas tecnológicas al más puro estilo irlandés. Si se puede hacer, ¿por qué no hacerlo mientras no hay una política fiscal europea equilibrada?

El plan de Lacalle puede sin duda alguna, al final, atraer empresas tecnológicas en algo más que en aquello de montar un ‘call center’ o de montar unas oficinas de ‘investigación’ por parte de algunos que ya estaban por aquí. Se trata de poner en marcha políticas fiscales que aceleren una modificación del modelo de crecimiento y estructura económica de nuestro país. Digitalización, sin aceptar lo que supone analizar un país automatizado, no vale. Robotización sin hablar de cómo socialmente lo vamos a afrontar, tampoco. Sin fiscalidad atractiva no vamos a ver por aquí los motores de cambio que se van a necesitar. Depender de los sectores de siempre no va a ser una solución y esos que debemos estimular precisan de medidas concretas que los animen a venir.

No se trata de un mundo lejano. Se trata de incorporar en el análisis político y económico aquello que lo va a cambiar todo en muy poco tiempo. Ya lo está haciendo. Es inevitable. Cambios que muchas veces ignoramos por que son a tiempo real. No nos damos cuenta pero están. En diez, quince años las computadoras cuánticas serán algo normalizado y exponencialmente cambiarán nuestra relación con la información y el cálculo. Estaremos bajo redes 10G y los sensores de la Internet de las Cosas junto a dispositivos de realidades virtual y aumentada, en apenas una década, estimularán la llamada Internet del Todo. ¿Está nuestra economía preparada para ello? ¿Qué piensan los políticos que deben conducir esa transformación económica y social en un país como el nuestro? ¿Tenemos el talento suficiente? ¿Qué empresas van a ser los motores de cambio? ¿Cuántas vendrán sin modificar nuestra fiscalidad? ¿Podemos crear grandes actores económicos y empresariales para la economía del futuro con las herramientas actuales? Aquí hay talento y capacidad, ¿se lo ponemos fácil? ¿Se está fabricando un ecosistema entre universidad, empresa, innovación y acción política?

Es evidente que sólo con la acción política no se produce ningún cambio de este tipo, sólo se lidera. Para ser parte esencial de esa revolución que acelera cada vez más, debemos atraer a quienes lo van a protagonizar, los que van a generar el empleo cualificado y nos van a dar las opciones de permanecer en el mundo del conocimiento. Eso son empresas de todo el mundo, inclusive las nuestras, tecnológicamente avanzadas. Por eso, prefiero la propuesta de Daniel Lacalle que indica claramente como afrontar uno de los primeros peldaños en esa gran escalera que deberemos subir.