La ilusión nominal

El salario bruto medio en España ha subido un 17,1% en cinco años y ha llegado a 28.411 euros anuales. En ese mismo periodo los precios subieron un 22,9%. Cobramos más que nunca y compramos menos que en 2021. Ese es el truco entero, y funciona porque nadie lo ve en la nómina.

En 1997 tres economistas, Shafir, Diamond y Tversky, documentaron en el Quarterly Journal of Economics lo que llamaron ilusión monetaria: tendemos a evaluar nuestra situación en cifras nominales, no reales. Si el sueldo sube un 3% y los precios un 5%, la mayoría siente que ha mejorado. Los gobiernos lo saben desde mucho antes de que lo midiera nadie. Por eso el PIB español crece, la ocupación bate récords y, según la Memoria 2025 del Consejo Económico y Social, el poder de compra de los trabajadores sigue por debajo del de 2015 y el consumo real por hogar no ha recuperado el nivel de 2019.

La vivienda es el ejemplo perfecto porque permite presumir de riqueza mientras se pierde. Tinsa calcula que el precio medio está ya un 2% por encima del máximo de 2007. Descontada la inflación, está un 32% por debajo. El propietario se siente más rico, el comprador paga más años de sueldo, y la cifra que ambos miran es la misma. Nadie ha fabricado valor; solo se han cambiado las unidades de medida. Y el PIB per cápita real, el que mide lo que de verdad producimos por cabeza, ha avanzado un 6,3% desde 2018 mientras la brecha con la media europea se ensanchaba.

Desde 2008 el remedio para cualquier sobresalto ha sido el mismo: crear dinero. El balance del Eurosistema llegó a superar los siete billones de euros y, aunque el BCE lo ha reducido hasta 6,3 billones a cierre de 2025, la masa monetaria sigue creciendo por encima del 3% y la entidad acumula pérdidas. El coste de aquella decisión no desapareció, solo se repartió en cuotas mensuales que llamamos inflación. Lo siguiente ya está en marcha: la Comisión acaba de aprobar tres años más de alivio en las reglas de capital bancario de Basilea y desde el Banco de Francia se pide relajar el ratio de apalancamiento. El mecanismo necesita cómplices, y la banca cobra por serlo.

La ilusión nominal es la anestesia más barata que ha inventado la política económica. Sustituye un recorte visible por una pérdida lenta y difusa que nadie puede fotografiar. Somos más pobres, pero con más ceros en la cuenta, y mientras la cuenta tenga ceros el sistema seguirá contando con nuestra aprobación.

Fuentes

Prensa

Institucional / Oficial

Académico / Research

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