Cuando prohibieron el Walkman por “tu bien”.

En julio de 1982, el pleno de Woodbridge (Nueva Jersey) aprobó por unanimidad una ordenanza que castigaba con 50 dólares de multa y hasta 15 días de cárcel cruzar la calle con los auriculares del Walkman puestos. Un jubilado llamado Oscar Gross se los colocó a un policía en la cabeza para forzar la denuncia y poder recurrirla. La ley sigue vigente.

Ese recorte circula hoy dentro de un género propio: el archivo del pánico. Junto a él, The Lancet desaconsejando leer en la cama en 1905, el Boston Globe anunciando en 1996 que las telefónicas temían Internet, y la CNN informando en 2005 de que el correo electrónico daña el cociente intelectual más que la marihuana. La conclusión se vende sola: llevamos un siglo con la misma alarma y siempre falló.

Conviene mirar quién fabricó cada una. El estudio de la CNN no fue un estudio. Hewlett-Packard lo encargó a su agencia de comunicación, Porter Novelli, que midió a ocho de sus propios empleados con un test de matrices mientras les sonaba el móvil. Glenn Wilson, el psicólogo que lo supervisó, aclaró después que nunca se publicó nada más allá de una nota de prensa y que la comparación con el cannabis la introdujeron otros contra su criterio. El titular del Boston Globe tampoco describía a unos padres asustados: describía a ACTA, la patronal de operadores de larga distancia, pidiendo a la FCC que prohibiera vender software de telefonía por Internet. El miedo era una palanca de mercado.

La colección demuestra menos de lo que aparenta. Que cien alarmas fueran falsas no dice nada sobre la ciento una; eso es inducción, no prueba. Y hay una que envejeció bien. Aquel médico berlinés que asociaba la lectura a corta distancia con la miopía resultó estar señalando un mecanismo real: un metaanálisis del Brien Holden Vision Institute proyecta que la miopía pase del 23% de la población mundial en 2000 al 50% en 2050, y atribuye el salto a menos horas al aire libre y más trabajo de cerca. El recorte ridículo era el que tenía razón.

Ahora observe quién usa el argumento. En 2020 Meta encargó a Nielsen el proyecto Mercury para medir qué ocurría cuando la gente apagaba sus apps. Quienes dejaban Facebook una semana reportaban menos depresión, ansiedad y soledad. La compañía detuvo el trabajo y atribuyó el resultado a la "narrativa mediática existente". El marco del pánico moral le sirvió para tirar su propia evidencia a la basura. En marzo de 2026, un jurado de Los Ángeles declaró negligentes a Meta y Google por diseñar productos adictivos para menores.

Woodbridge se equivocó, por supuesto. Pero Sony no tenía un equipo de ingenieros midiendo cuántos segundos tardabas en quitarte los cascos, ni ajustaba la cinta para que no lo hicieras. La distancia entre un objeto que te distrae y un sistema que optimiza tu distracción no cabe en una captura de periódico compartida para tranquilizar. Cada vez que alguien enseña la ordenanza del Walkman, el alivio que produce lo está pagando otro.

Fuentes

  • The Christian Science Monitor (1982). "Drop those headphones! Lawmakers take a look at the Walkman". https://www.csmonitor.com/1982/0715/071547.html

  • Patch Woodbridge (2016). "Walkman Banned in Woodbridge? Yes, Law Is Still on the Books". https://patch.com/new-jersey/woodbridge/walkmans-banned-woodbridge-yes-law-still-books

  • IBTimes UK (2026). "Meta Buried Research Linking Instagram To Teen Harm". https://www.ibtimes.co.uk/meta-faces-unprecedented-penalty-over-young-users-1807609

  • NPR (2026). "Jury finds Meta and Google negligent in social media harms trial". https://www.npr.org/2026/03/25/nx-s1-5746125/meta-youtube-social-media-trial-verdict

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