La Vanguardia

Joyners: tecnología, consumo colaborativo y Tercera Edad.

Muy de vez en cuando me llega algún proyecto en fase embrionaria que destaca en tres de los aspectos que considero esenciales para invertir. Por un lado la idea debe, sin necesariamente ser original, encajar con la Nueva Economía. Por otro, el equipo, gente que pueda llevar a cabo por capacidad y sobretodo pasión ese proyecto a puerto. Y, finalmente, un plan ejecutivo creíble y que se soporte en argumentos racionales y fácilmente comprensibles. Este es el caso de una de mis últimas apuestas: Joyners.
Cuando Oriol de Pablo, un joven que me buscó para ‘presentarme su idea’ me la explicó, me dio a conocer su equipo con el entusiasmo de quien habla de ‘un dream team’ y me trasladó su apuesta personal, dejando su cómodo despacho en una importantísima empresa internacional, supe que iba a invertir y me iba a implicar. De hecho es una de las participadas de uno de los fondos en los que soy socio, en Sitka.

Tras un tiempo de maduración y sorteando los primeros problemas de desarrollo habituales, de aterrizaje de la idea y de lo que significa trabajar financieramente a pulmón, llegó el momento de proponerla como una de las startups a uno de los programas de aceleración de Conector. Y fue una de las elegidas. Aceleración que están aprovechando de manera excepcional. El nivel de sus mentores, entusiasmados con este proyecto desde el primer minuto, así lo demuestra.

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Pero ¿qué es Joyners? Es consumo colaborativo como lo es Uber o Airbnb pero, por primera vez no está destinado a los ‘de siempre’. Es habitual que este tipo de plataformas de economía socializada estén pensadas para gente joven y nativos digitales. Pero este no es el caso el usuario es la gente más mayor, nuestra tercera edad. Hablamos de mejorar la vida de las personas, que no es poco.

Joyners representa mucho más que una idea económicamente viable. Es un plan ideológico en el que la tecnología y su valor social se dan de la mano. Un espacio donde se ofrece compartir casa y servicios de valor añadido a las personas que ya han alcanzado edades senior. Cada día nacen decenas de startups, empresas y proyectos que buscan conectar, socializar y vincular gente joven a través de tendencias, tecnología o encuentros. En Joyners se preguntaron si no era factible utilizar lo sabido en esos segmentos jóvenes en un entorno con muchas menos ‘skills’ digitales.

Estamos desbordados por ‘sites’ dedicadas a compartirlo todo pero que jamás se destinan a algo tan esencial como es mejorar la calidad de vida de muchas personas que, a pesar de su avanzada edad, utilizan intuitivamente su ‘tablet’ para hacer skype con sus nietos o envían Whatsapps a su hijo con una fotografía de ‘buenas noches’ repleta de cariño. Son muestras de que la tecnología se ha hecho cercana, fácil y cada vez más humana. Cada vez hay menos barreras para su uso incluso en esa franja de edad. Por cierto, a ese territorio generacional llegaremos todos, por lo que el futuro de Joyners está más que asegurado. Es de esos proyectos que sabes que cada vez tendrá más clientes (pirámide demográfica) y con mayor capacidad de uso de su solución (generación con alto uso tecnológico).

Joyner se define como ‘una plataforma que une a personas mayores que prefieren vivir de manera alternativa a los tradicionales hogares para la tercera edad. Buscan perfiles afines que quieren compartir vida y gastos y, además, ofrecen la aportunidad de agregar servicios extras que se pueden permitir gracias a que el coste es compartido’, algo que hacen a través de un test de afinidad y de un algoritmo propio basado en criterios de la asistencia social. Este se encarga de encontrar la compañía más adecuada para comenzar una nueva vida acompañado y compartiendo todos los gastos que se generan.

Ahora mismo, ya son centenares los usuarios registrados que saben que no se trata de estar acompañado de cualquiera, sino más bien de que nadie viva en soledad o en precario. La acogida está siendo emocionante porque, cuando los ves trabajar, ves como lo que proponen es vitalidad, compañía y aumentar rentas por el uso compartido de todo.

Lo dicho, cuando la tecnología nos hace más humanos y derriba barreras mentales, sociales, generacionales, como es el caso, o económicas, nos enlaza directamente con ese futuro del que hablamos tanto aquí.

Aprovechar el momento económico

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Sabemos de países que crecen por encima del cuatro por ciento y la miseria campa por las esquinas. Salir de la recesión no es más que un derivado aritmético que en estos tiempos precisa de otras variables para poder decir que “vamos bien”. Es cierto que España saldrá de “la crisis” en un par de años largos, es cierto que en términos comparativos podremos interpretar que las cosas subirán y bajarán según la estación del año pero que, de algún modo mágico, los datos macro irán ofreciendo tendencias positivas.

A fecha de hoy ya se pueden identificar algunos puntos a favor del final de un túnel que unos llaman crisis con cambios importantes y otros llamamos cambio de época a través de una crisis como detonante. Da igual, lo importante es que el momento es histórico y como tal debe vivirse, verse y trabajarse.

Salir de la recesión, la consolidación fiscal, la corrección en el sector exterior con una balanza comercial más equilibrada, la inversión extranjera en aumento, un turismo batiendo todas sus marcas de ingresos, una industria del automóvil tomando impulso como en épocas lejanas, sorprendentemente un aumento de la confianza de los consumidores, recuperación del índice de producción industrial, el Ibex liderando las bolsas europeas, el coste por endeudamiento público mucho más bajo y en definitiva una serie de factores que hacen pensar que estamos en la antesala de otra oportunidad de subirnos a algún tren.

Hay riesgos importantes como que la inflación anual estimada del IPC en octubre de 2013 es del –0,1%, de acuerdo con el indicador adelantado elaborado por el INE. Este indicador proporciona un avance del IPC que, en caso de confirmarse, supondría una disminución de cuatro décimas en su tasa anual, ya que en el mes de septiembre esta variación fue del 0,3% y, técnicamente estaríamos entrando en deflación. Mal asunto pues demuestra que tal vez, esos datos del consumo son derivados de una campaña turística buena y no de un modelo sostenido. Parecido a los datos fraudulentos que nos exponen sobre el paro cada cierto tiempo. ¿Entramos en deflación?

Por desgracia los que dicen ser responsables de dichas mejoras seguramente les ha pillado por sorpresa y aseguran que, con paciencia, todo llega. La ley universal del péndulo económico juega a favor de quienes recogen un mal escenario y son capaces de aguantar con su cara de tabique. Al final todo pasa. Sin embargo ahora no es como otras veces. Esto no es una crisis y difiere mucho de que se pueda aprovechar el momento como cuando se sale de una. Esto tiene que ver con la sistemática mejora de un modelo socioeconómico al que nos podemos apuntar o no.

España está de oferta y ofrece gangas para la inversión foránea. Eso permite que llegue inversión pero en términos generales no arriesga pues la imagen exterior es muy nefasta. Una clase política que hace mucho daño a como se nos ve. Se han hecho estragos y todavía son muchos los indicadores que utiliza el inversor profesional los que dan datos de pura pena.

Si los que deben generar cambios, estimular mejoras y situar en el centro de la competencia todo nuestro modelo económico siguen más preocupados en que no se detecte su ineficiencia y su mediocridad, no lograremos nada. El último informe Doing Business que elabora el Banco Mundial y que clasifica a 189 países por sus ventajas para la actividad empresarial lo certifica: la posición española baja de la plaza 44ª de 2012 al 52ª, ocho puestos de golpe, lo que supone la posición más baja desde 2006, el primer listado y el descenso más brusco en un año.

Esto es básicamente por que la tomadura de pelo es consustancial al hecho político en España desde tiempos de la creación. No creo que exista ningún político, banquero o miembro de la aristocracia social que no incluya en cada dos frases la palabra emprendedor. Emprender, emprender, emprender, esa es el verbo mágico si quieres quedar ‘cool’. Tan pronto te monto una ley como que te organizo un evento repleto de aspirantes. Pero la verdad es la que es. Montar un negocio en España es un drama por las dificultades para abrir, por la complejidad para vender y por los altos costes que tiene financiarlo.

Pese a los reiterados anuncios de reformas para facilitar la creación de empresas, España sigue siendo uno de los países del mundo en que resulta más difícil poner en marcha un negocio. En concreto, España ocupa el puesto 136º de los 185 países examinados en ese mismo informe Doing Business 2013 en cuanto a la facilidad de crear una empresa. A pesar de que ha mejorado todavía hacen falta 10 trámites y 28 días, un coste equivalente al 4,7% de la renta por habitante y un capital mínimo que representa un 13,2% de esa renta por habitante. Absurdo. Se podrían hacer tantas cosas.

Hoy se publica una entrevista que me hicieron en La Vanguardia y que en una de sus partes explica como interpreto el momento económico. Considero que este momento de relevancia y de posible apunte hacia un nuevo destino depende de que se entienda el verdadero punto de partida.

-A la hora de valorar las cifras de paro que tiene España, ¿es de los que busca culpables en los gobiernos e instituciones o prefiere hacer autocrítica de nuestra actitud individual como sociedad?
-Tengo una percepción personal de que nosotros no estamos viviendo ninguna crisis concreta y de que estos datos pueden ser las características de algo que se traduce como crisis, pero que es algo muy intenso, como una revolución en todos los términos: sociedad, economía, relaciones humanas y relaciones con la tecnología.

-¿Me quiere hacer ver que no estamos pasando por ninguna crisis financiera o económica?
-Cuando en esa época entró una máquina de vapor a una fábrica de 400 trabajadores para que la llevaran sólo dos, había 398 personas que creían que estaban en una crisis absoluta y no sabían qué hacer. La sociedad aprendió a colocar estas personas en diferentes sectores. Nosotros estamos aprendiendo a modificar nuestros ritmos vitales, económicos, sociales, políticos para que la gente se incorpore en esta revolución tan absoluta. Las culpas están repartidas en diferentes medidas y estamentos. Está claro que hay gobiernos que han hecho menos que otros, hay sociedades que abusaron del crédito y de la especulación absoluta, o que España no aprovechó las bonanzas para impulsar un cambio de modelo de crecimiento. Aún así, la respuesta al momento actual no está en recuperar nada, ni en hablar de crisis, sino en intervenir teniendo en cuenta que estamos viviendo una revolución en todos los sentidos.

-Usted fue de los primeros en vaticinar esta situación en su blog personal. ¿Cree que ahora podría decirme cuánto nos queda para salir de este pozo?
-Deduje, más que vaticinar. Y lo que dije es que se desencadenaría, como así ha sido, un proceso económico que tendría un final infeliz. Lo que no tenía claro es que se produciría por lo que yo intento defender, algo que tiene que ver con una cosa más sistémica vinculada a diferentes aspectos, especialmente el de la tecnología, que está cambiando todos los ámbitos que van desde la transmisión de conocimiento a la distribución del trabajo. A mí me gustaría decir que el cambio es inminente, pero no es así. Nos queda un periodo largo de estancamiento económico y social que podría alargarse durante 4 o 5 años más. Las comparativas, que es lo que se va a poner de moda a partir de ahora, nos dirán que empezaremos a tener buenas noticias y esto es bueno que se vaya incorporando en nuestro lenguaje porque la percepción social ayuda a que las cosas mejoren más rápido.

¿Una revolución o una devolución?

Recuerdo la primera pregunta que me hizo Inma Sanchís durante la entrevista para La Contra de La Vanguardia hace ya un par de años. Me cuestionaba si estábamos en el final de la crisis. Mi respuesta entonces fue que efectivamente, pero que eso no nos llevaba a nada mejor ni peor, simplemente similar. Sigo pensando igual y los hechos no hacen más que ratificar que se entró en una dinámica de parálisis definitiva a pesar del estribillo ridículo y pueril que los ministros sucesivos se esfuerzan en pintar de colores diversos.
Está interesante leer aquella entrevista de nuevo y descubrir que si no actuamos, si no hacemos nada, la oportunidad histórica que tenemos ante nosotros pasará como pasan los trenes de mercancÍas que no paran nunca. Es ahora que en la lectura de cosas antiguas, donde deducíamos lo que pasaría, los comportamientos y la realidad siniestra de una subida de impuestos, una huida de jóvenes y no tan jóvenes, de una sociedad esclerotizada, de una clase media hundida y de una política plomiza e intratable, descubres que no ha pasado casi nada. La reacción es mínima y ahora, incluso, inexistente. Es tanto el pavor a perder lo poco que nos queda que hemos enmudecido.

Creemos que un post, un twit o una cena sin vino nos hace revolucionarios o algo parecido. Las revoluciones se vivieron como crisis en su momento, pero se “revolucionó” tarde o temprano. Los contemporáneos llamamos crisis a este momento histórico que sufrimos pero ya hemos dicho y definido que con toda seguridad estamos en una Revolución. El problema es que hay que empujar, insistir, arriesgar, soñar, luchar, o corremos el riesgo que esta revolución se torne en devolución. Nos van a devolver nuestra apatía con miseria en cápsulas. Una sociedad en encefalograma plano, incapaz de desempolvar sus razones, es una sociedad muerta y sin esperanza. Creo que hemos pasado de las protestas revolucionarias a las revoluciones expresivas. En todo caso, seguimos en fechas de devolución.

El silencio de los corderos, las voces de los corruptos y la estupefacción de los que se marchan mirando de reojo como se queda todo yermo y asqueroso. El miedo es el arma que gastan estos tipos. Tenemos tan poco que pensamos indispensable vivir conservando la nada más absoluta. Nos estamos quedando sin libertad.

Que cada uno haga lo que considere. Yo me monto mi vida a cada instante y como puedo, lo hago montando negocios. Decidí hace años viajar, y viajo. Decidí rodearme de gente que sabe más que yo, y aprendo. Decidí no necesitar mucho, y comparto. Decidí vivir mi vida, y emprendo. Seguramente soy de los que mucho dicen y poco hacen. Tal vez, pero a medida que siento el aliento de esos desgraciados más lejos, más tranquilo me quedo de saber que mi revolución íntima ha dado sus frutos. Te animo a que hagas la tuya. Busca lo que es útil, seguramente está tremendamente cerca y accesible y poco tiene que ver con lo que ahora ves.

Al final de este artículo replico la entrevista de La Vanguardia comentada y el video a continuación es pura metáfora sobre lo innecesario de algunas cosas y lo mucho que se esfuerza el sistema en repetir que lo necesitamos.

 

LA VANGUARDIA 22 DE FEBRERO DE 2011

“Somos una sociedad anestesiada a base de subsidios”

Estamos al final de la crisis?

Sí, pero lo que hay es lo que va a quedar.

No es muy halagüeño.
En el nuevo modelo económico mundial unos países emergen y otros se estabilizan en un lugar más bajo del que estaban; y España, en un lugar extremadamente más bajo.

¿Nos subirán más y más los impuestos?
Sí, los irán subiendo progresivamente y en cuatro años la presión fiscal será altísima porque alguien tiene que pagar todo esto.

¿La clase media se hunde?
Se estrecha, porque depende en gran medida de que el consumo se mantenga, y el consumo se está reduciendo sin remisión.

¿Y emerge una nueva clase?
Sí, la que yo llamo microburguesía low cost: millones de personas que se manejan con apenas 1.000 euros al mes. Una clase social satisfecha por comer en el Pans & Company, viajar con EasyJet y montarse sus propios muebles de Ikea.

Es usted cruel.
La sociedad está cloroformizada, es drogodependiente: vive de ayudas, subvenciones, soportes del Estado, servicios que acaban reclamando como derechos fundamentales. Y a la Administración ya le va bien una sociedad anestesiada a base de subsidios y entretenimiento, no sea que salgan a la calle.

¿Una clase social formada por la clase media que ha ido cayendo?
Sí, la sociedad se está desequilibrando, hay una clase baja y una alta que se mantiene por la endogamia del consumo entre ellos, pero cuando uno cae, lo hace abajo del todo.

¿Sin remisión?
En España el número de familias que tienen a todos sus miembros en paro supera ya el millón y medio; y hay un millón largo de personas (entre 45 y 50 años) que llevan más de un año en paro y que no volverán a encontrar trabajo. No hay una respuesta laboral prevista para ellas ni ningún impulso para que se pongan en marcha por sí mismas. Vivirán de los subsidios y las ayudas.

¿No se acabarán?
No, simplemente nos subirán los impuestos, hemos llegado al límite de la deuda externa. En Occidente muy pocos trabajarán mucho para que muchos no trabajen. El Estado providencia ha convertido a la sociedad en un grupo homogéneo que vive a la expectativa, esperando que alguien les solucione sus problemas.

... Es sangrante con la Administración.
El Estado es interventor e inconveniente para los ímpetus emprendedores. Las cargas que debe soportar una persona que monta su empresa o se declara autónomo son un peso insignificante en otros países. En el Reino Unido apenas hay cláusulas para iniciar una actividad, a medida que la empresa crece van apareciendo requerimientos.

¿Con qué resultados?
Como muchos lo intentan, son más los que lo logran, y con el tiempo el empleo se multiplica. Nuestro país tiene la tasa de paro más alta del mundo civilizado porque aquí no hay manera de montar una empresa con pocos recursos. Si aun así lo logras, los salarios con sobrecoste acaban contigo.

También hay ayudas, ¿no?
Sí, que acaban siempre en manos de los grandes grupos financieros e industriales y nunca en las pymes y los autónomos. Es un error histórico de este país gastar demasiado en estimular sectores desde arriba en lugar de dinamizar desde abajo. Además, las ayudas a los emprendedores suelen ser más un discurso que una realidad.

Aquí el que innova es el inmigrante.
Sí, sólo un 7% de los españoles decide poner en marcha un negocio,  mientras que más del 14% de los inmigrantes lo hacen. Somos uno de los tres países europeos con el nivel más bajo de empresa innovadora de nuevo cuño; y la mitad de los nuevos negocios cierra en menos de un año.

La burocracia no ayuda mucho.
Para montar un negocio en España requieres una media de cuarenta y siete días, en EE.UU., tres. Y las teóricas ayudas de la Administración acaban siendo un inconveniente porque ralentizan el proceso.

¿Qué podemos hacer?
Reducir impuestos, porque aumentándolos lo único que logramos es que las empresas tengan menos capacidad de inversión; apostar a largo plazo, hay que empezar a pensar de qué vamos a vivir, e impulsar la  internalización de las pymes, porque si no es en el exterior no van a crecer.

Y nadando en esas aguas coloca usted a la generación perdida.
Sí, gente entre 35 y 45 años que debe una hipoteca a 30-40 años y que está a las puertas del embargo. Toda una generación hipotecada en un patrimonio que no vale lo que cuesta y que los bancos ejecutan como parte del botín.

Menudo panorama.
Son la generación de las tarjetas de crédito sofocadas, de yeseros cobrando como ingenieros de la NASA. Gente que pensó que sus negocios no requerían esfuerzo, que tuvieron en sus manos la opción de mejorar su entorno y sólo mejoraron su trono.

Puro pelotazo, ¿pero ahora qué?
En el tercer mundo los emprendedores están por todas partes porque es la única opción, aquí la opción es el subsidio. Los poderes políticos y económicos son siempre los mismos, muy poca gente accede ahí y muy pocos caen, y eso se logra cloroformizando a la sociedad; hay que reaccionar.

No somos héroes

Beautiful_cartoon_doll_scene_Desktop_wallpaper_02_1920x1080Hace dos años Ima Sanchís me hacía esta entrevista para la Contra de La Vanguardia. Hace apenas unos días alguien me la recordaba durante la cena posterior a una conferencia que ofrecí. Hicieron memoria por lo que al final de la misma comento sobre que los emprendedores serán los responsables de la “salida” de la crisis. Hoy sigo pensando lo mismo pero con matices debido a la ridícula dirección que está tomando todo esto. Si bien no hay nada de lo que salir, ni nada que recuperar, si es cierto que continuamos construyendo un nuevo modelo económico y social en el que los emprendedores, especialmente los que se mueven en la Nueva Economía, serán los motores determinantes. Sigo pensando así. El matiz proviene de que el concepto “emprendedor“ empieza a tomar un tono teatral y publicitario.
Tratar de convertir en héroes necesarios, en cómplices del proceso de parálisis o en “teaser” de campaña es a parte de un insulto a la inteligencia una osadía. Ni somos héroes ni queremos serlo. Hay emprendedores de todo tipo, que buscan sobrevivir, que persiguen sueños, que no quieren jefes, que precisan una cancha donde innovar, que llevan mal procesos rutinarios o que, sencillamente, sintieron la llamada extraña y metálica que todos los que odiamos el sofá social, hemos escuchado en algún momento. Pero no somos héroes ni queremos serlo. Aburre y agota el discurso recurrente por todas partes acerca de las miles de acciones y ayudas que estamos recibiendo por todas partes. Entre post grados, cursos, becas, concursos, semi ayudas y créditos blandos el jardín está agotado. Limpiar conciencias de algunos bancos que embargan negocios y viviendas de emprendedores que no lo lograron, en gran medida por la presión indecente de estos mismos, aguantar un negocio determinado. Son los mismos bancos que otorgan concursos con premios ridículos e insignificantes que suponen en la práctica la limpieza de conciencia de algunos.

No somos héroes, somos saltadores. Un tipo que se pone en marcha con un proyecto que aun no está consolidado, que se enfrenta a mil obstáculos y que además está obligado a superar sus miedos y los estereotipos de una sociedad drogodependiente, es alguien que acepta la crisis como un puesto de trabajo y de hecho su ecosistema natural. De ella saca el combustible al contrario que el resto de mortales. Cuanto mayor sea el riesgo más apasionante es el reto, pero no es un gesto heróico, es algo que sale de dentro y que no puede depender de que un banco, un ayuntamiento, un business angel o un funcionario que necesita justificar una nómina pública te empujen.

Hay dos maneras de vivir este impulso que a veces sale de dentro: sentado frente al abismo o saltando. Obviamente no todos son iguales ni tienen las mismas circunstancias, pero si son iguales los efectos secundarios de una decisión como la de montar un negocio. Al iniciar el salto no sabemos que hay ahí abajo, a veces ni importa, lo que si tenemos claro, los que saltamos, es que el de la silla frente al vacío no se va a enterar de lo fascinante que es volar unos segundos. No somos héroes y no queremos que nos definan como tal, como si casi fuéramos una especie de etnia sofisticada, o un grupo “cool” que da votos o queda bien apoyar. Sólo queremos que dejen de utilizar el concepto emprendedor como si fuera una cataplasma. Si de verdad se quiere apostar por la emprendeduría es necesario dejar de lado esta especie de discurso parvulario insoportable.

 

LA CONTRA DE LA VANGUARDIASOMOS UNA SOCIEDAD ANESTESIADA A BASE DE SUBSIDIOS’ . MARC VIDAL22/02/2011 – 00:09

Estamos al final de la crisis?
Sí, pero lo que hay es lo que va a quedar.

No es muy halagüeño.
En el nuevo modelo económico mundial unos países emergen y otros se estabilizan en un lugar más bajo del que estaban; y España, en un lugar extremadamente más bajo.

¿Nos subirán más y más los impuestos?
Sí, los irán subiendo progresivamente y en cuatro años la presión fiscal será altísima porque alguien tiene que pagar todo esto.

¿La clase media se hunde?
Se estrecha, porque depende en gran medida de que el consumo se mantenga, y el consumo se está reduciendo sin remisión.

¿Y emerge una nueva clase?
Sí, la que yo llamo microburguesía low cost: millones de personas que se manejan con apenas 1.000 euros al mes. Una clase social satisfecha por comer en el Pans & Company, viajar con EasyJet y montarse sus propios muebles de Ikea.

Es usted cruel.
La sociedad está cloroformizada, es drogodependiente: vive de ayudas, subvenciones, soportes del Estado, servicios que acaban reclamando como derechos fundamentales. Y a la Administración ya le va bien una sociedad anestesiada a base de subsidios y entretenimiento, no sea que salgan a la calle 

¿Una clase social formada por la clase media que ha ido cayendo?
Sí, la sociedad se está desequilibrando, hay una clase baja y una alta que se mantiene por la endogamia del consumo entre ellos, pero cuando uno cae, lo hace abajo del todo.

¿Sin remisión?
En España el número de familias que tienen a todos sus miembros en paro supera ya el millón y medio; y hay un millón largo de personas (entre 45 y 50 años) que llevan más de un año en paro y que no volverán a encontrar trabajo. No hay una respuesta laboral prevista para ellas ni ningún impulso para que se pongan en marcha por sí mismas. Vivirán de los subsidios y las ayudas.

¿No se acabarán?
No, simplemente nos subirán los impuestos, hemos llegado al límite de la deuda externa. En Occidente muy pocos trabajarán mucho para que muchos no trabajen. El Estado providencia ha convertido a la sociedad en un grupo homogéneo que vive a la expectativa, esperando que alguien les solucione sus problemas.

... Es sangrante con la Administración.
El Estado es interventor e inconveniente para los ímpetus emprendedores. Las cargas que debe soportar una persona que monta su empresa o se declara autónomo son un peso insignificante en otros países. En el Reino Unido apenas hay cláusulas para iniciar una actividad, a medida que la empresa crece van apareciendo requerimientos.

¿Con qué resultados?
Como muchos lo intentan, son más los que lo logran, y con el tiempo el empleo se multiplica. Nuestro país tiene la tasa de paro más alta del mundo civilizado porque aquí no hay manera de montar una empresa con pocos recursos. Si aun así lo logras, los salarios con sobrecoste acaban contigo.

También hay ayudas, ¿no?
Sí, que acaban siempre en manos de los grandes grupos financieros e industriales y nunca en las pymes y los autónomos. Es un error histórico de este país gastar demasiado en estimular sectores desde arriba en lugar de dinamizar desde abajo. Además, las ayudas a los emprendedores suelen ser más un discurso que una realidad.

Aquí el que innova es el inmigrante.
Sí, sólo un 7% de los españoles decide poner en marcha un negocio,  mientras que más del 14% de los inmigrantes lo hacen. Somos uno de los tres países europeos con el nivel más bajo de empresa innovadora de nuevo cuño; y la mitad de los nuevos negocios cierra en menos de un año.

La burocracia no ayuda mucho.
Para montar un negocio en España requieres una media de cuarenta y siete días, en EE.UU., tres. Y las teóricas ayudas de la Administración acaban siendo un inconveniente porque ralentizan el proceso.

¿Qué podemos hacer?
Reducir impuestos, porque aumentándolos lo único que logramos es que las empresas tengan menos capacidad de inversión; apostar a largo plazo, hay que empezar a pensar de qué vamos a vivir, e impulsar la  internalización de las pymes, porque si no es en el exterior no van a crecer.

Y nadando en esas aguas coloca usted a la generación perdida.
Sí, gente entre 35 y 45 años que debe una hipoteca a 30-40 años y que está a las puertas del embargo. Toda una generación hipotecada en un patrimonio que no vale lo que cuesta y que los bancos ejecutan como parte del botín.

Menudo panorama.
Son la generación de las tarjetas de crédito sofocadas, de yeseros cobrando como ingenieros de la NASA. Gente que pensó que sus negocios no requerían esfuerzo, que tuvieron en sus manos la opción de mejorar su entorno y sólo mejoraron su trono.

Puro pelotazo, ¿pero ahora qué?
En el tercer mundo los emprendedores están por todas partes porque es la única opción, aquí la opción es el subsidio. Los poderes políticos y económicos son siempre los mismos, muy poca gente accede ahí y muy pocos caen, y eso se logra cloroformizando a la sociedad; hay que reaccionar.

Emprendedores 'aumentados'

Hace un tiempo, durante un evento en Boston estuve con el autor y empresario Alex Konanykhin. Es el fundador de KMGi y desarrollador de TransparentBusiness.com, una plataforma para la gestión de negocios online que apuesta a revolucionar el mundo del trabajo. La herramienta permite administrar y monitorear grupos de profesionales distribuidos alrededor de todo el planeta mediante una interfaz web, promoviendo el teletrabajo y permitiendo la gestión de proyectos coordinados y eficientes a través de Internet. Un tema tremendamente interesante pues, una vez haces uso, nada vuelve a ser igual en tu organización.
Os relato algunos puntos que se publicaron en La Vanguardia sobre este tema a raíz de la visita reciente a Barcelona de Konanykhin. Tengo en consideración que la revolución tecnológica y el talento para innovar son los dos grandes motores de la economía digital. Siempre defiendo que el valor de las ideas es superior a lo que con ellas se puede elaborar pero también es cierto que además de ideas, los emprendedores necesitamos tener las actitudes adecuadas y las habilidades que el nuevo entorno exige.

Del escenario económico mundial sólo sabemos con certeza una cosa: que se “mueve” constantemente. En una era definida por la permanente transformación tecnológica y el creciente valor que adquieren las ideas, los negocios han dejado de ser una mera cuestión de cálculo y beneficio para convertirse en un terreno donde la información –y el manejo de ella– requieren nuevas habilidades.

Las herramientas digitales han modificado de forma radical la manera de emprender. Hoy, gracias a las ventajas que brinda el mundo digital es posible crear estructuras de operación flexibles, escalables y globales, que pueden brindar mayor eficiencia y tener la capacidad para adaptarse rápidamente a un contexto marcado por la velocidad del cambio. Las habilidades y las competencias que hoy requiere un emprendedor no son las mismas que se necesitaban hace diez años. La red plantea una nueva estructura de interacción, formas inéditas de contacto entre las empresas y los consumidores y, ante todo, nuevos desafíos a los que deben responder los negocios.

La era de los emprendedores

Conjugar el verbo “emprender” en esta era dominada por la tecnología es muy tentador. Según datos de Google, cada hora se crean en todo el mundo 16 nuevas empresas relacionadas con el mercado de Internet. Esta cifra no hace más que reflejar que, a diferencia de lo que ocurría dos décadas atrás, comenzar un negocio es ahora mucho más fácil y mucho menos costoso.

Pero esto no quiere decir que triunfar en el mundo de los negocios sea algo simple. La era de los negocios online es una etapa marcada por la visibilidad y la transparencia, y esto derrumba muchos de los paradigmas de operación que las empresas aplicaban en el pasado. Aunque la tecnología ha achicado notablemente el monto de las inversiones iniciales, y pese a que hoy casi cualquier compañía tiene la posibilidad de alcanzar presencia global, lo cierto es que también cualquier error de estrategia que un emprendedor cometa es mucho más visible y perjudicial para su negocio.

En ese contexto, hay algunas ideas fundamentales que cualquier persona que quiera hacer negocios en esta nueva era debe entender:

1. No cualquiera puede ser un emprendedor en la era digital. Parece muy simple: alguien crea un sitio web promocionando un producto o servicio a través de la red y, automáticamente, se convierte en un emprendedor. Pero un líder de negocios es mucho más que eso. Es, en primer lugar, alguien que tiene un proyecto con objetivos claros, que ha estudiado detenidamente el mercado en el que ingresa, que está  dispuesto a correr riesgos (invertir tiempo y dinero para alcanzar sus metas), y que tiene el conocimiento y las habilidades necesarias para adaptarse a los cambios del mercado y reformular sus planes si es necesario.

2. Una empresa ya no es un lugar. En la nueva era de los negocios online, las empresas se parecen más a redes de contactos y relaciones que a espacios físicos. Ya no es tan importante el tamaño de las oficinas, ni la cantidad de empleados. Ni siquiera cómo están distribuidos alrededor del mundo. La clave está en generar estructuras flexibles, que puedan responder rápidamente a los cambios del mercado y que permitan adaptarse a las necesidades puntuales de cada proyecto. Un emprendedor debe estar preparado para configurar equipos de trabajo de forma rápida y eficiente. Por este motivo es fundamental que logre tejer una red de contactos amplia, que le permita establecer modalidades de operación que minimicen los costes fijos y maximicen el rendimiento de las tareas.

3. La visibilidad es un factor vital. Mantener secretos no es una política corporativa recomendable en la etapa de las redes sociales y la visibilidad online. Al contrario, cada vez son más los proyectos que triunfan apostando por la máxima transparencia, tanto hacia al público en general como hacía la competencia o los consumidores. Mostrar cómo son los procesos de trabajo, tratar de brindar la mayor visibilidad posible en las etapas de desarrollo de productos y servicios, y plantear incluso las dificultades y desafíos que debe enfrentar un negocio son excelentes pràcticas para despertar la confianza del mercado y evitar crisis que dañen la reputación de un proyecto. En una época en la que es prácticamente imposible controlar el flujo de la información, la máxima transparencia es sin lugar a dudas la mejor opción.

4. Es imprescindible la capacidad para adaptarse. Para triunfar en el mundo de los negocios actual es necesario poder responder rápido a las demandas del mercado. Resulta imprescindible contar con la escalabilidad suficiente para ampliar la capacidad productiva de nuestros proyectos de la manera más rápida y eficiente posible. En la actualidad, las oportunidades surgen y se desvanecen con una velocidad nunca antes vista, y nuestra predisposición para responder a este contexto cambiante puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso.  

En realidad todo esto no implica que haya caminos directos al éxito. En cualquier caso, la misión de emprender implica entender que en esta era dominada por la velocidad del conocimiento y la continua evolución tecnológica siguen siendo fundamentales las actitudes, un elemento que con frecuencia perdemos de vista. Tenemos que ubicarnos y atender a la morfología de nuestro modelo empresarial y emprendedor y, a partir de eso, buscar como mejorar habilidades, actitudes y retos.

Y es que en términos generales, podemos decir que el asunto de emprender y hacerlo eficientemente es algo incluso de tipo territorial y cultural. Hay países que la emprendeduría es un estado de ánimo. Algo que va en paralelo a la manera de afrontar la vida. El caso es que no siempre ese “Estado” es el que esperamos o creemos. Hay mucho tópico que viajando se curan. En Estados Unidos es evidente que lideran lo de ponerse manos a la obra, en Alemania su voluntad de exportar, en Francia la de salir de la crisis y en otros países el enfrentamiento al cloroformo social se interpreta de muchos modos.

En otros países distantes como Japón, el culto del trabajo es muy distinto. La competitividad se “educa” ya en la escuela, así como a ser un buen trabajador, fiel, y como no a ser un buen empresario. En Japón, enseñan a sus estudiantes a ser empresarios, proporcionándoles implícitamente las habilidades para ser buenos empleados, situación que no resulta a la inversa, ya que un buen empresario, trabajará en una empresa con mentalidad de negocio, aportando acciones creativas, emprendedoras, de cambio y buscando aprender para iniciar su propio negocio, en cambio un empleado, trabajará siempre sujeto a las órdenes de sus superiores, dedicándose a hacer lo que le manden. No tiene desarrollada una mentalidad de empresario. En las escuelas japonesas se enseñan conceptos como el “ser buena persona”, la honestidad, la puntualidad y la disciplina…todo regido por un principio fundamental: el respeto (los padres, a los mayores, a les jefes…). Como dice Alex Konanykhin, lo que nos conectará con el futuro será una mente digitalizadamente abierta, una plataforma global en internet que actúe como un cerebro externo, un disco duro complejo y adjunto a nuestras capacidades dándonos un nuevo modelo existencial más eficiente y poderoso. El cambio del que hablamos es uno que lo transformará todo sin remedio y que dará sentido definitivo a eso que algunos han ido llamando crisis en lugar de lo que realmente es: cambio.

¿Y si te sale mal?

Hace algún tiempo, en una de las conferencias “tipo” que solía ofrecer y que, en ocasiones, todavía adapto, que versaba sobre estímulos emprendedores, las finalizaba con un imperativo que sorprendía y que generaba diversidad de opiniones. Tras describir diferentes elementos de valor sobre la emprendeduría aportaba el que para mí es uno de los elementos más determinantes: el fracaso, el error. Sigo creyendo que equivocarse es estimulante, considero que cada vez que he descubierto el amargo sabor de la quiebra he liquidado alguna barrera, sentimiento y, sobre todo, he superado mis propios miedos. Esa ponencia modelo terminaba con un “equivócate, pero equivócate cada vez mejor”.
En ese punto de compromiso con la superación personal y profesional se enfoca el perder el temor a intentarlo, a sumergirse en modelos de negocio inciertos y en la innovación permanente. Hay ecosistemas como Silicon Valley u otros donde la clave del éxito está siendo afrontar el error como patrón de crecimiento. Allí se dice algo así como “Fail Fast, fail often”. Equivócate pronto, equivócate mucho. Obviamente no estoy haciendo apología de la locura ni de que las cosas se puedan hacer sin una estrategia adecuada, estoy diciendo que se debe buscar el placer de procurar que algo es posible y que durante el trayecto será apasionante perseguirlo. Yo defiendo el “errar hasta acertar” lo que para mí es la clave de la innovación en los proyectos digitales.

Leí en un artículo reciente publicado en La Vanguardia y que difería de otros que se suelen enumerar en los “news” de Los Ángeles que lo más energéticamente capaz de mover a un emprendedor es la pasión y que precisamente esa pasión es el antídoto ante la parálisis que produce el fracaso a fin de volverse a levantar y activar los muelles que te levantan del sofá social una vez más:

¿Y cual es el combustible que más vamos a necesitar en este largo viaje de la prueba y error? Sin duda, la pasión. Pasión para probar nuevos modelos de negocio o nuevas estrategias. Pasión como la que tiene el fundador de Wikipedia por la educación, los de Google por compartir información y hacerla accesible, y Bill Gates por los ordenadores, por poner algunos ejemplos. Siendo ellos perfectos ejemplos de que no siempre se acierta a la primera.

Porque lo que se respira más en Silicon Valley y toda esta zona del norte de California, es sobre todo pasión. Por los diferentes trabajos, proyectos o ideas. O simplemente pasión por la formación. Sin duda, la Universidad de Stanford junto la Universidad de Berkeley, Silicon Valley y la Bay Area, forman un ecosistema único que fomenta, motiva y enaltece la emprendeduría, la iniciativa empresarial, el desarrollo de nuevos negocios y el riesgo profesional. Pero toda esta formación, facilidades y coworking no serviría de nada sin el principal de los ingredientes que es el que nos hace intentarlo cada mañana.

Pasión que por ejemplo se ve y se destila en cualquiera de los “elevator speech” en los que debes ser capaz de explicar tu idea de empresa o modelo de negocio en menos de un par de minutos que es lo que se supone que dura el trayecto en el ascensor, y convencer en ese mismo tiempo tus acompañantes para que participen en tu proyecto ya sea económica o profesionalmente.

Pasión es lo que mueve a miles de personas de todo el mundo a desplazarse a este lugar de EEUU para poner en marcha sus proyectos empresariales atraídos por la facilidad de encontrar talento, inversión y apoyos públicos y privados. Pasión por creer que con voluntad y esfuerzo, todo se puede hacer realidad.

Sobre el ímpetu por montar proyectos empresariales cada vez más innovadores la gente que no me conoce mucho me suelen preguntar aquello de “¿y si te sale mal?”. La percepción de empresario en esta sociedad muchas veces está ligada a la de alguien que únicamente busca su beneficio, y que, si esto no fuera algo negativo, representa que es capaz de hacerlo a cualquier precio y a costa de lo que sea. Obviamente habrá alguno, pero estereotipar a un colectivo es simple, sea quien sea el grupo afectado. La respuesta es sencilla: “si sale mal, disfrutaré el trayecto”.

Vivimos en la sociedad de “no lo intentes sino vas a lograrlo”. Para los bancos y profesionales afines, para el cuerpo social en general, los intentos no vales, el aprendizaje que se logra en el salto no es válido, lo que cuenta es conseguir el objetivo. Y no debería de ser así, sin tentativas no se puede saber si se logrará. No puedes saber si las cosas van a ir bien o mal.

Sabemos que van mal por un mero hecho darwiniano. Como nuestra sociedad está acomplejada, mínima, incapaz de enfrentarse a ese miedo a fracasar, la cantidad de gente que emprende es menor que en otros países. Cuanto menos intentos menos éxitos, cuanto menos éxitos menos competitividad. Es una regla de tres que asusta de lo simple que es. Uno de los caracteres de los emprendedores mejor expuestos es que siempre están en crisis. Aceptan esa condición como un elemento básico. Un tipo que se pone en marcha con un proyecto que aun no está consolidado, que se enfrenta a mil obstáculos y que además está obligado a superar sus miedos y los estereotipos de una sociedad drogodependiente, es alguien que acepta la crisis como su estado de ánimo y su ecosistema natural. No recuerdo un solo proyecto de emprendeduría en el que alguien del equipo societario inicial cobrase un solo euro desde el principio.

La crisis está tatuada en cualquier proyecto emprendedor y eso lo debería hacer fuerte y dinámico. Aceptar que el fracaso es una posibilidad evidente ayuda a entender el proceso de emprender. Montar negocios en este país es tóxico, especialmente para la clase dirigente. Les produce sarpullido. Prefieren las manadas sindicales bien estructuradas y controladas. Aquí todo el sistema gira alrededor de ajusticiar al emprendedor que fracasa y con ello se afianza el miedo al fracaso. Es el modo por el que se le quitan las ganas a los que pensaban ponerse al frente de algún proyecto. Para los que les haga zozobrar ese pánico, para los que el pavor a caer heridos en el intento de emprender les paralice, dejadme que os advierta que perderlo todo, una o dos veces es algo muy nutritivo. Yo he pasado por ello.

Aunque suene a locura, os aseguro que arruinarse es algo maravilloso. Enseña una barbaridad. Un emprendedor fracasado es un cadáver económico con un reto ante si de incalculable valor por estar obligado a poner en marcha toda la maquinaria de supervivencia, ese talento latente que no nos enseña nadie a activar.

Yo he fracasado más de una vez y me he levantado. Eso puedo decirlo con la voz bien alta pues para mí es algo consustancial al éxito que debiera llegar tarde o temprano. Y si no llega, da igual, lo divertido fue intentarlo. En estos tiempos complejos, lo sofisticado y la adición de voluntades proporciona energía. Recordad que la clase dirigente no quiere que nos reconozcamos entre nosotros. Si entre los emprendedores hubiera la opción de reconocernos, si entre los autónomos se generase un modelo organizativo eficiente, otro gallo cantaría.

Hay que ser agradecido

La semana pasada durante una visita a Honduras hablé de economía digital y de las oportunidades que ofrece la nueva economía en entornos económicos en crecimiento como Centroamérica. Tuve la suerte de ser propuesto por el Banco Centroamericano de Integración Económica para entrar en el equipo de consultores titulares que diseñarán las estrategias económicas para que ese territorio emprenda y lo haga bajo una base tecnológica que puede ser su “gran oportunidad”.

Con motivo de esta visita se presentó mi libro. La verdad es que fue un éxito y se agotaron todos los ejemplares previstos para toda Honduras ese mismo día. Quiero decir que, entre la acogida de la Contra de La Vanguardia aquel mismo día en España y lo que estaba viviendo en Tegucigalpa, no tuve tiempo de agradecer adecuadamente a todos, esas muestras de apoyo. Algo que quiero hacer ahora de todo corazón.

En honor a todo eso, me permito replicar un fragmento del libro que explica lo que se siente en ocasiones como esta. Espero que, en días como el de hoy en le que las cifras de paro serán demoledoras, todos entendamos la oportunidad que todo este calvario nos proporciona para renunciar de una vez a tanta mediocridad, tanta anestesia y tanta miseria estratégicamente creada para adormecer a todos los críticos. Emprender es la manera como yo entiendo la reacción. ¿Vosotros?

Dos meses después de cumplir 30 años, el 11 de febrero de 1963, Sylvia Plath acomodó en la cuna a sus dos hijos de tres y un año. Cuando verificó que dormían, metió su cabeza en el horno y cocinó su último poema. El mundo civilizado está gobernado por un sinfín de Sylvias. Una vez han comprobado que dormimos como niños, han decidido abrir la llave del gas y que sea lo que Dios quiera. Los ministros de economía de este mundo ya respiran tranquilos. Saben perfectamente que aunque le pidan a la gente que se sacrifique aun más, nadie ni nada se opondrá. La crisis es culpa de todos dicen. Tienen la certeza que nadie se dio cuenta que esta crisis se cimentó por su irresponsabilidad manifiesta.

Y en gran medida es normal que lo piensen. No hay mucha oposición, y cuando se la localiza, está tan infectada por esa bacteria del poder que apenas pueden sublevarse. Por ello, como decimos, sólo nos queda nuestro propio criterio. La subvención y el apoyo orgánico está diseñado para callar al que levanté la voz.

Aunque no será en todas partes igual, el repunte económico se estancará cuando se retiren los estímulos y la evidencia que otras burbujas se han ido alimentando también. Sabemos que lo de hace unos meses no eran brotes verdes, era una burbuja de deuda. Las crisis que se suceden tras una explosión de una burbuja sólo se pueden combatir con la paciencia o con la gestación de otra burbuja. Por ejemplo, en Estados Unidos se ha intentado generar riqueza de un modo insensato para paliar lo antes posible una recesión gigantesca. El único modo de que eso se pueda producir es fabricando un globo de tamaño similar. Ya pasó antes.

Las Thermodesulfobacterias que penetraron en el sistema y provocaron la crisis financiera que vivimos lo hicieron de modo imperceptible a partir de 2002, cuando la FED bajó los tipos durante mucho tiempo al 1%. Ese dinero barato se canalizó en mercados inmobiliarios de medio mundo. Se hizo para generar consumo y valor en un escenario de crisis bursátil derivada de la explosión de la burbuja puntocom y a la vez se iba gestando la nueva burbuja inmobiliaria. En definitiva, podemos decir que en aquel momento los agentes responsables de la economía norteamericana se colocaron medallas inmerecidas por sacar a medio planeta de una crisis de un modo muy rápido. Nadie les ha pedido cuentas por colocarnos seis años después en un escenario siniestro. Ahora vuelven a parecer héroes de cartón que aseguran habernos sacado de la encrucijada con el “brillante” mérito de meter paladas de dinero-deuda en el sistema.

En aquella ocasión, en 2003, una oportunidad llamada burbuja inmobiliaria se cruzó en el momento justo. No hay método de salir rápido de una crisis si una burbuja no sustituye a otra. Está por ver que la burbuja de deuda que mantiene el tibio impulso de este mundo sea lo suficientemente generosa como para que logre su cometido a corto plazo. Da igual pues está claro que a medio plazo reventará como lo hacen los huevos cuando caen desde un quinto piso. Las burbujas duran lo que duran y benefician muy poco tiempo. Luego la parada técnica.

Bien, pues ya sabemos que no podemos contar demasiado con la gestión de los que deberían de sacarnos de este puré pues son parte de él. Lo engordan y lo desinflan según convenga, pero cada vez el control sobre lo que hacen se les antoja más complejo. Mientras tanto, el ciudadano de a pie con ganas de prosperar ve como se alejan sus opciones. Pues queda alguna: emprender. Tomar las riendas, dejar de lamentarse y empujar.

Que estamos y estaremos en crisis ya lo sabemos, no es preciso seguir informando de la obviedad. Pero me pregunto yo ¿qué emprendedor no ha estado sus primeros años en crisis? ¿cómo se puede sobrellevar esa muralla? Pues no pensando demasiado en lo que pueden hacer por mí y empezar a hacer lo que tú puedes hacer. Si llego a poner la palabra “América” parecería que os estoy incentivando a alistaros en los “marines”. Nada más lejos de mi intención.

Para lograr dar el paso, para afrontar ese paso de asalariado subvencionable, futuro parado o subsidiado perenne, nos queda el salto al vacío que lleva de la nómina a la declaración de ivas. El empleo bajo salario se está estrechando y seguir aferrado a ello es un error estratégico que puede provocar deterioro en muchos potenciales emprendedores. Está desapareciendo el empleo asalariado en masa producto de un modelo industrial, concentrado y cuyo valor competitivo era la cantidad. Esos sueldos se han implementado de un modo perverso en toda la estructura funcionarial, derivando en empresas que casi parecen instituciones por su dependencia política del régimen de turno.

Se acaba el sueldo fijo o por lo menos se debilita porque la globalización está alejando la gran producción industrial de baja calidad o de procesos mecanizados. En otros países lejanos emergentes el tema de la mano de obra es clave. Además, en España, el sector inmobiliario ya no genera empleo y gran parte del asalariado vinculado a la construcción está buscando trabajo de cualquier cosa. Otros sectores como el de servicios se va debilitando también pues el consumo se reduce y con él la contratación. Sin contratación no hay salarios. El régimen a base de verduras de la administración para reducir el déficit también adelgazara el nominal público. Es decir, el salario como lo entendemos ahora está en riesgo de ser una reliquia.

Ha llegado otro modelo de emolumento. Ahora la economía es mucho más dinámica y se basa en estructuras de productividad enlazadas con el capital tecnológico. La economía del conocimiento está avanzando y poco a poco generará espacios laborales sólidos pero con un tipo de repercusión salarial mucho menos estanca. El emprendedor y el autónomo dependiente da respuestas mucho más elementales a una economía flexible y dinamizada, donde lo que hoy es evidente, mañana es opaco y donde lo que ahora funciona perfectamente, mañana precisa de una metamorfosis brutal.

Una de las opciones para enfrentarse a un panorama complejo en lo laboral es inventarse el oficio, el puesto de trabajo y el modelo de negocio. Observar las necesidades y buscar el nicho. A partir de ahí ofertar una capacidad multiplataforma del emprendedor que sea capaz de autocrearse la actividad para crear valor añadido a otras existentes. En esa prestación de servicios inmediatos puede estar el origen de una empresa. ¿Por qué no?

Pero no nos equivoquemos, emprender por el mero hecho de emprender no lo soluciona todo, a veces nada. Lo que nos va a dar es la energía necesaria para adoptar los cambios vitales y personales que nos permitirán ser más libres, estar más en sintonía con nuestro propio destino y nuestros propios anhelos.

Considero que no quedan muchas alternativas. O nos ponemos o el cloroformo nos llegará a las orejas. La cultura emprendedora no se enseña en las escuelas, ahora parece que empiezan algunos postgrados al efecto pero dudo de su voluntad real de cambiar modelos y no tanto de mostrar un catálogo con palabras que ahora pegan y de las que este libro está “plagado” por cierto.

Tardaremos en girar la colcha pero la giraremos y una de las razones es que no hay otro remedio. Me niego a aceptar que esto ya no se moverá. Si se potencian redes de conocimiento, si se impulsa la proliferación del capital riesgo, si las administraciones reducen la fricción en los trámites, si el impulso a la innovación crece en lugar de menguar como en los últimos dos años, si la cultura emprendedora se transmite en las escuelas de secundaria y en las universidades, tal vez, si todo eso pasa, un asalariado que pasa a ser emprendedor lo tenga algo más fácil y con ello, un país como el nuestro, esté más cerca de la cabeza económica del mundo civilizado.

Emprender para muchos será la única salida, para otros no. Puede que muchos tengan otras opciones, pero, por higiene intelectual recomiendo ponerse en la piel del primero. Imaginemos que no tenemos más remedio que emprender. Poco a poco, conozco algún caso de emprendedores sobrevenidos, que llega el primer cliente, la primera factura, el primer empleado y el primer cobro. Esos momentos son gloriosos. Encajar la emoción que supone tocar la superficie de los sueños que hace unos meses desconocías tener es maravilloso.

Los que hemos puesto en marcha nuestros sueños, sin saber si era posible tan siquiera, sabemos que es eso de pasar noches en vela, redactando, corrigiendo, trabajando en la soledad de las noches y los días que se amontonan unos encima de las otras. Vivir es ese domingo por la tarde, exhausto pero ilusionado, viendo desde la ventana del despacho como las familias pasean, las parejas hacen cola para el cine y el mundo no se detiene en su curso sinuoso de fin de semana. Obsesiones y retos, momentos duros que a veces no producen más que disgustos pero que cuando se reproducen con todo su brillo y belleza son la entrada perfecta a un club diferente, el “club de los soñadores”. He escuchado este término en algún lugar, no es una definición mía, pero me parece tan especialmente sensible que me apodero de ella. Soñar y emprender van juntos, juntos en la búsqueda, tal y como están las cosas, de la única salida.

Sociedad Aumentada y más

Hoy publico en Cotizalia un artículo denominado “Sociedad Aumentada”. En él hago referencia a la denominada “burbuja 2.0” y al valor real de algunas empresas que considero son determinantes para entender el inmediato nuevo orden mundial. En esa línea, hoy La Vanguardia publica en su contraportada una entrevista que me hizo Ima Sanchís hace unas semanas. Aunque no hablo demasiado de tecnología si hablo de emprender, de sociedad narcotizada y de escasez de iniciativa. Considero que la red, y en especial, la red de caracter social y colectivamente desorganizada puede ayudar a romper con esos elementos que pueden ser parte de una decisión orquestada por otros. Considero que en gran medida esos entornos, esas plataformas están llamadas a ser el espacio natural que la web social nos ofrece a los ciudadanos. Las herramientas que disponemos son tremendamente poderosas para tomar las riendas de nuestra existencia. En apenas diez días he estado en Colombia, Venezuela, Panamá, Costa Rica y hoy en Honduras y en todos esos lugares he podido aprender de mucha gente, pero sobretodo he podido averiguar hacia donde se dirigen algunos elementos de la tecnología social y de la emprendeduría colectiva. Una sociedad aumentada está en camino. ¿O ya está aquí?