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El futuro de los medios, ¿‘media for equity’ o ‘media for future’?

El futuro de los medios, ¿‘media for equity’ o ‘media for future’?

La industria editorial de impresión ha ido perdiendo tracción, eso no es una novedad, y la advertencia de que el papel está en franco retroceso no deja de ser ya un mantra que todos los expertos repiten. Pero la crisis del sector no es ya, tan sólo, un hecho focalizado en el soporte. Podría ser algo más conceptual, más genérico, y que tiene su punto de interés en el propio papel que prensa, medios, entretenimiento y contenidos deben jugar en el futuro inmediato, posiblemente en este presente que nos va superando. 

'Empleo para el futuro' en ABC

Mi artículo de esta semana en ABC se titula “Crear empleo para el futuro”, y trata de ilustrar la que considero mala digestión, que de este momento histórico, está viviendo la mayoría de países de nuestro entorno. Intento definirla como un escenario que está lejos de ser una crisis de tipo financiera o monetaria y que para la creación de empleo de calidad y con garantías de futuro hay que trabajar de manera seria en ello. Hablo de que es mejor dejar las simulaciones que nos hacen ver “burros voladores por donde no sopla ni el viento“ o “simulacros de inversión o de mejora donde lo que hay es parálisis y tarifa plana“. En el artículo defino en parte la “hoja de ruta” que interpreto deberíamos de asumir todos, inclusive los que se miran todo desde la barrera.
A continuación, os dejo el texto completo del artículo:

Crear empleo para el futuro

Captura de pantalla 2013-11-03 a la(s) 22.43.18La tripulación dice que mires hacia la derecha. Por mi escotilla se puede divisar el Montblanc. Imponentes sus casi cinco kilómetros de altura te dejan pensativo. Se asoma entre la Europa decadente y la que dice estar saliendo de la crisis. Mirarlo en un día claro es ver la mancha que divide esas dos ‘Europas’ que no dejan de ser una misma pero mal interpretada. La mala digestión de este momento histórico por parte de la mayoría de países de nuestro entorno está lejos de ser una crisis de tipo financiera o monetaria. A parte nos quedan las simulaciones que nos hacen ver burros voladores por donde no sopla ni el viento. Simulacros de inversión o de mejora donde lo que hay es parálisis y tarifa plana. En lugar de vanagloriarse de que alguna personalidad tecnológica destacada decida invertir en constructoras con balances complejos, lo que se debería de hacer es localizar el problema real y no continuar con el engaño siniestro que nos podría hundir por mayor tiempo y desaprovechar la oportunidad que tenemos frente a nuestras narices y que, quienes deberían, no ven.

Siguen habiendo dudas sobre la capacidad de retornar inversiones en países como Grecia, Italia, Portugal o España por ejemplo. Se preguntan si estamos en condiciones de ser competitivos en un mundo global y por ello de ser atractivos a dicha inversión en el futuro. En España, por ejemplo, siempre habrá negocio, eso es evidente pues cincuenta millones de individuos lo generan por combustión espontánea. Pero ¿será atractivo siempre? El inversor medio busca rentabilidad y en ese punto localiza destinos atractivos.

Llegan noticias de que se trabaja para devolvernos a la ficha de salida. Eso es algo terrible. Inversiones millonarias en promociones inmobiliarias que nos conducen de nuevo a una vida anterior como si no hubiéramos aprendido nada del desastre monumental que hemos vivido. Se pretende convertir otra vez a este país en un polo de atracción por la vía de la construcción y el turismo. Dos sectores focalizados en la mano de obra (cada vez más barata) y no en el conocimiento o el valor añadido. Las cifras del paro en los próximos meses demostrarán que esta estrategia solo conduce al trabajo temporal y mal remunerado.

La solución para salir de este círculo vicioso pasa por la creación de empresas que aporten empleo de calidad. La austeridad a la que está siendo sometida la sociedad española (y europea) no tiene sentido si con esa política no se desarrollan planes de futuro y que impulsen modelos de crecimiento distintos. No vale de nada endurecerlo todo para luego volver a potenciar al sector que nos llevó al abismo o a la generación de empleo que nos encierra en una especie de microburguesía low cost que asusta. La mitad de los jóvenes en España está en paro. No tiene sentido mantener los modelos formativos que los empuja a las listas de desocupados y pretender que todos sean lo que no pueden ser. La huida es masiva. Aquí lo que hace falta son políticas concertadas que conduzcan nuestro modelo productivo a una economía del conocimiento, tecnológico y de alto valor que pueda complementarse de manera equilibrada con cuanto teníamos y que podemos recuperar ordenadamente.

La revolución que vive el mundo, mucho más que una crisis, responde al posicionamiento de las piezas de un puzzle socioeconómico y vital entre hombres, tecnología y política. Una economía en funcionamiento que se ajuste a la nueva realidad precisa de compradores y de vendedores y si queremos vender conocimiento español deberemos de activar todos los mecanismos para que así sea. La empresa privada, la banca, los sindicatos, la política, la prensa y la sociedad deberán poner de su parte. Todos están en condiciones de entenderlo pero no todos están dispuestos a hacerlo.

La empresa privada está a contrarreloj y las prisas suelen ser malas consejeras. La banca mantiene el discurso del saneamiento que no se cree ni el famoso Tato pues con un banco malo no se deja de ser el ‘ídem’. Los sindicatos a sus cosas (y nunca mejor dicho), la política valiéndose de su posición aristocrática para no meterse en el barro, la prensa dudando de cual es el discurso correcto y luchando contra un cambio de tiempo (que les pilló a destiempo) y la sociedad descubriendo que es eso de dejar de ser clase media. Con este panorama cuesta aprovechar el momento y darle la vuelta a la colcha.

Cuando en el siglo XIX entró una máquina de vapor a una fábrica de 400 trabajadores para que la llevaran sólo dos, hubo 398 personas que creyeron estar en una crisis absoluta y no sabían qué hacer. La sociedad nombró “crisis Industrial” a lo que siglos más tarde hemos llamado “Revolución Industrial”. Aquella sociedad aprendió a colocar a todas esas personas en diferentes sectores y a mejorar la vida de todos. Nosotros estamos aprendiendo a modificar nuestros ritmos vitales, económicos, sociales, políticos para que la gente se incorpore en esta revolución tan absoluta. Las culpas están repartidas en diferentes medidas y estamentos. Está claro que hay gobiernos que han hecho menos que otros, hay sociedades que abusaron del crédito y de la especulación absoluta, o que España no aprovechó las bonanzas para impulsar un cambio de modelo de crecimiento. Aún así, la respuesta al momento actual no está en recuperar nada, ni en hablar de crisis, sino en intervenir teniendo en cuenta que estamos viviendo una revolución en todos los sentido

Para poder vender hay que seguir con la austeridad y ajustar costes en todos los ámbitos. Esto no es solo un tema de ajuste salarial, también tiene que ver con reducción fiscal y así pelear contra la miserable curva de Laffer en la que tanta presión tributaria no consigue recaudar más dinero sino todo lo contrario por pura estrangulación.

Si queremos convertir a España en una verdadera potencia económica, esta vez no basada en la especulación y en acumular ladrillos en cualquier solar recalificado o si lo que deseamos es ver los modelos productivos vinculados al conocimiento y la tecnología, nos conviene a todos irnos dando cuenta de que esto no es una crisis y que no hay nada que recuperar, que lo que nos toca ahora es aceptar el nuevo momento, aprovechar la oportunidad, apoyar a los que peor lo están pasando y ajustar el gasto y conducirlo a donde realmente puede aportar valor.

Asusta pensar que esa hoja de ruta que nos debe conducir de un entorno en quiebra a otro de alto valor económico esté en manos de la clase política actual. Una casta que no son capaces de conectar las luces largas de la alta estrategia y se limitan a mirar el futuro en fragmentos cuatrianuales. Ahora más que nunca toca hablar de lo que importa, diseñar el modelo y actuar. La fiesta está apunto de empezar. El cambio de modelo es inminente y los ciudadanos pasaremos lista, quien no esté ahora se lo va a perder y además lo recordaremos.

Openshopen en ABC

La esencia del comercio no ha cambiado, tenemos un producto, un lugar para venderlo y un precio, por tanto probablemente sabes más de todo ello de lo que crees. Vender, entendido como proceso, no ha cambiado y por tanto estás preparado para hacerlo tú mismo si lo consideras oportuno. Conseguir que las púas de un erizo no se te claven cuando lo tocas es la mejor manera que encuentro para explicar cual es la esencia de Openshopen. Una plataforma multilenguaje dedicada al e-commerce para que puedas conectar tu negocio con el mundo o crear uno nuevo en apenas unos minutos. De esta herramienta y del resto que componen uno de los paquetes tecnológicos que lidero, habló ABC el pasado viernes.

Marc Vidal: «Cualquiera puede competir con una multinacional si encuentra los canales en internet»

ABC REDES | J.M.SÁNCHEZ / MADRID

La compañía española Idodi lanza tres herramientas de comercio electrónico OpenShopen, Ebnto y Emailfy basados en la filosofía del «háztelo tú mismo» y que en un futuro formarán parte de un ente mayor

Tener una potente tienda «online» de forma rápida, llegar a cualquier parte del planeta y que, encima, esté adaptada al conocimiento de todos los públicos. Esa es la filosofía de OpenShopen, una plataforma que permite la creación de un panel de gestión de productos de «ecommerce» que lleva dos meses tratando de abrirse hueco en el cada vez más competitivo mundo de las ventas a través de internet.Desarrollada y creada por la compañía con sede en Barcelona Idodi, esta web pone al alcance de «cualquier comercio» las herramientas necesarias para el crecimiento y la internalización a través de internet. Con más de dos millares de tiendas creadas en sus dos primeros meses, según datos de la compañía, esta web se basa en un principio fundamental: la experiencia de usuario. Estamos ante un producto «muy sencillo» y con una «tremenda facilidad de uso», destaca a este diario Marc Vidal, fundador de la compañía.

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La herramienta, disponible en español, tiene varios planes de servicios en función del catálogo de productos que el usuario desee comercializar. Hasta 10 artículos el servicio es gratis. Hasta 100 artículos, el coste asciende a 19 euros mensuales, mientras que la versión Premium, con soporte hasta 5.000 artículos, el precio es de 59 euros mensuales.

El giro hacia el «ecommerce» sigue al alza en España. El sector del comercio electrónico continúa expandiéndose y, según los expertos consultados por ABC, la mayoría de empresas que nacen actualmente vienen acompañadas de una importante inversión en su estrategia de internet. «Barreras hoy en día no hay», comenta este emprendedor de éxito, quien considera que la empresa se dirige hacia un mundo «totalmente desatomizado en el que cada uno va a tener que desarrollar sus propios proyectos personales. Hemos creado una máquina que se llama Red que puede focalizar de manera absoluta las operaciones de las personas. Cualquiera puede competir con una multinacional si encuentra los canales y la creatividad».

Enfocados al público convencional

Para su responsable, OpenShopen ofrece una serie de «ventajas únicas en el mercado» al contar con una galería de plantillas que permite personalizar cada negocio y seguridad e integración con pasarelas de pago, y al ser una «solución rentable, robusta y eficaz a coste reducido». «Está enfocada a ese público tradicional, aquel comerciante pequeño y aquel que no sabe que es comerciante. Con apenas 25 euros al mes puedes montarte una tienda potente. Tiene tan pocas barreras que cualquier persona lo puede hacer», comenta.

Este sistema forma parte de un entramado mayor, tres patas distintas de una empresa multidisciplinar que en un futuro, según aseguran sus creadores, trabajarán «al unísono» y formarán parte de un ente mayor interconectado. Junto con OpenShopen también se ha lanzado dos webs de comercio electrónico complementarias: Ebnto Emailfy. La primera de ellas es una plataforma que permite montar cualquier evento y gestionar las entradas, o gratuitas o de pago. La segunda es bien distinta: permite crear y difundir newsletters.

Gestionar las entradas de un evento

Por partes, Ebnto nace como respuesta al criterio de «háztelo tú mismo». Es un software en la nube que permite, sin conocimientos informáticos de ningún tipo, subir los datos de un evento en apenas un minuto. La web genera incluso la pasarela de pago. A través de su papel de gestión se puede detectar y monitorizar el ticketing, con un porcentaje de beneficio del 6% de la entrada en el caso de organizar un evento de pago. «Es tremendamente sencillo, intentamos llegar al usuario básico», agrega.

Crear newsletters

El tercer elemento en discordia dentro de esta estrategia se ha bautizado como Emailfy, una herramienta para la creación, envío y organización de newsletters, un servicio que muchos usuarios pensarán en desuso, pero que para este emprendedor tiene un importante impacto. «Así a primera vista, ya no [se utiliza] tanto, pero si se hace de forma profesional inteligente y coordinada con otras plataformas consideramos que sí se utiliza», insiste. «El newsletter bien estructurado puede servir para saber mucho de tu cliente. La bandeja de correo es donde acabas pidiendo recibir los datos, incluso de redes sociales. Algún lugar tiene que ser siempre el lugar de recepción».

'Delayed'

Esta semana ABC Empresa estaba dedicado a la formación para emprendedores. Por ese motivo mi columna ‘up in the cloud’ trató el tema pero desde la perspectiva de aquello que considero formación y no tanto modelo académico. Tengo la sensación que tratamos demasiado “business plan” y escasamente se tratan elementos esenciales en lo que no se aplica a un balance. Podemos tener una formación extrema y un grado de experiencia pésimo. Podemos haber sido protagonistas de un gran éxito y no haber aprendido nada. Sin hacer apología del fracaso considero que a los más jóvenes no les enseñan el compromiso vital que supone afrontar una derrota y, si en lugar de castigar los errores en las aulas, se les “enseñara” a entender y a valorarlos mucho de lo que ha pasado y pasa no estaría pasando. Os dejo con el artículo.

“Delayed”. Temida palabra. Suele comportar cancelar compromisos o esperas sofisticadas. Pero en ocasiones es un vocablo bendito. Hace un cuatro años, tras una conferencia en Orense, al llegar al aeropuerto de Santiago de Compostela un “delayed” protagonizaba repetitivamente el listado de vuelos pendientes. Entre ellos el mío. Fue una suerte. Conmigo estaban Felipe y Genís. ¡Que noche! Durante las casi tres horas de retraso estuvimos examinando como se hacen y deshacen las ideas. Llegamos a la conclusión que la formación era esencial, pero sin creatividad y estimulación emprendedora poco había que esperar. Y listamos como surgen las ideas. Sabemos que a la escuela fuimos con un interrogante y salimos con un punto y aparte. La formación para una cultura emprendedora debería surgir de la propia educación para tener ideas. Es fundamental que se prepare a los jóvenes, aunque parezca una obviedad, para tener creatividad. Y las ideas surgen con humor. A veces no me queda claro si lo paso bien porque tengo buenas ideas o tengo buenas ideas porque me lo paso bien. También es clave estimularse para pensar. El hombre puede vivir minutos sin respirar, días sin beber, meses sin comer, pero puede vivir años sin pensar. Por ello hay que darle cuerda. Debemos pensar como un niño pero antes de ir a la escuela, justo cuando todavía preguntan cosas como “la edad de la luna”. Debemos animarnos a vivir viajando. Es una experiencia vital extraordinaria y ayuda a pensar sustituyendo el mirar por el observar, el respirar por el vivir y el pensar por el cambiar.

Para ser creativo y emprendedor hay que valorar el fracaso. Ser un poco loco y saltar por un acantilado una y otra vez. No como un suicida, pues como decía Woody Allen “yo no tengo miedo a morir, simplemente no quiero estar allí cuando eso ocurra”. Ahora bien, la formación que otorga el fracaso es parte sustancial de la creatividad emprendedora y deben enseñar a los jóvenes a entender su valor. La formación emprendedora debe ser capaz de redefinir problemas. No generar nuevos problemas al problema principal suele rebajar al capacidad creativa. Como decía Picasso, “las computadoras son inútiles, pues sólo dan respuestas”. No nos comportemos como computadoras y generemos problemas y no tantas soluciones. Derribar barreras. En eso debe consistir la enseñanza para montar empresas. No hagamos todos lo “que hace la mayoría”. Hay que olvidar para inventar. Recomiendo hacer un fuerte ejercicio de pérdida de memoria para regenerar las ideas y combinar viejos elementos con nuevos totalmente limpios de toxinas mentales. Anestesia temporal, amnesia genérica para aprender, para innovar. La escuela de emprendedores, si la hubiera de verdad, debería ser capaz de explicar el “hazlo tú mismo, equivócate y persevera. Si no tienes dinero, pídelo, si no tienes tiempo, levántate antes y si no sabes del tema, aprende”. No hay excusa.

Finalmente, lo que deberían aplicar las escuelas, cursos, masters y derivados a sus alumnos, fans o interesados, es la capacidad de pensar con retraso. Con esa calma que otorga un “delayed” en la pantalla de todos nosotros. Vivimos tiempos en los que los jóvenes esperan demasiado pronto un fruto a su esfuerzo, a veces sin entender que no se lo merecen aun. Toca espíritu de sacrificio. A las puertas de perderse dos generaciones enteras, una diluyéndose en los embargos e hipotecas eternas, otra en la mala formación y la cultura del éxito sin esfuerzo. Hagamos caso de que un retraso, a veces, es el mayor valor de aprendizaje, creatividad y conocimiento posible.

'La hora Jean Claude' en ABC

BFklTaZCcAAN2TNEn mi columna de este domingo pasado de ABC, quise recordar a un hombre que marcó un momento concreto de mi vida. Se llamaba Jean Claude y, como cuento en el artículo, lo conocí por casualidad. Su actitud en un momento de la vida concreto se replicó en mí años después y creo que inspirado de alguna manera por sus consejos y estímulos. Perseguir retos es cuanto hago desde aquel mayo de 1987 en que guardé en una mochila algo de ropa, muy poco dinero y una enorme cantidad de sueños y me lancé a un viaje a lo desconocido que empezó en París pero que aun no ha terminado. En ese viaje he conocido gente extraordinaria, muchos ya no están en este mundo loco de los vivos. Hoy os hablo de uno de ellos.

UP IN THE CLOUD [ABC EMPRESA] - “LA HORA JEAN CLAUDE”

Hay vuelos que deberían de estar prohibidos. A las 6 de la mañana es inhumano obligarte a volar pero ahí estaba yo sin alternativas, en el aeropuerto de Paris-Orly, con un madrugón agresivo hasta el mareo. Hace años pero lo recuerdo como si fuera ayer. Un tipo mayor que yo con un traje caro, recibiendo palmaditas y flores, abrazos y consejos. Sucedía frente a al puerta 18. Era un directivo francés que tomaría mi mismo vuelo. Miré aquel hombre, sus gestos, su sonrisa forzada y por el cansancio o la falta de sueño me dormí. De repente un “on va!” enérgico me puso en guardia. Ese hombre me alertaba que perdería el vuelo. Sin embargo, quien decidió no tomarlo fue él. Me dio una tarjeta y se despidió de mí. Se llamaba Jean Claude y me escribí con él hasta hace apenas dos años en que falleció.

Aquel hombre, directivo, en el mejor momento de su vida, capaz de liderar la expansión de su compañía, de convertirse en parte de la literatura económica francesa, renunció a ese futuro y se lanzó a lo que le apasionaba: la formación. Ese mismo año, en 1999 fundó un centro de formación económica en el centro de Lyon. Ahora es un enorme centro comercial. En un correo pocos días después, Jean Claude me explicó aquella decisión radical, matinal e irreflexiva: “al igual que la sociedad vive tranquila y equilibrada por los narcóticos, noto que la seguridad de mi vida es tóxica. Dirigir una empresa es extraordinario salvo cuando eso no te deja sentir la vida”. Consideró que tenía que hacer lo que merecía la pena y lo hizo.

Pocos meses después yo volvía a retorcerme de gusto fundando otra compañía. Era la quinta y en mi retina permanecía todavía el color intenso del último fracaso. Cerré el ciclo en que trabajaba para otros y así pagar las deudas contraídas en aquel desastre anterior. Sin embargo, lo hice de nuevo. Sabía que estábamos a las puertas de una revolución como ya lo estuvieron otros antepasados, sólo que esta vez era digital, orgánica, distribuida y global. Yo quería ser parte. Lo sigo queriendo. Pensé que “quienes mandan” no identificaban el momento. Y siguen sin detectar el fragmento de historia que por suerte nos está tocando vivir. Además estaba convencido que vivimos una revolución emprendedora y horizontal. Entendí en un momento determinado que ya no era un tema de los que dirigen, era una revolución íntima que algunos tenemos la suerte de sentir desde dentro.

Sigue sin ser cuestión de cambiar modelos de crecimiento o de impulsar políticas, de renovar acciones complementarias o de estimular la emprendeduría, de mejorar las tasas tributarias o de impulsar la exportación, ni siquiera es tema de tecnología. Se trata de entender los tiempos que corren. Un cambio de actitud, un gesto global y entendible, la composición de un sueño colectivo que sea capaz de disolver en la nada tanta pesadumbre y tristeza. Es la hora de los soñadores, de los valientes, de los que ven en cada dificultad una aventura y en cada ruina una lección. Es la hora de ‘el Jean Claude’ que todos llevamos dentro.

España será emprendedora o no será

Mi columna en ABC Empresa de ayer versaba sobre algo que para mí es fundamental en cualquier orden de la vida, pero especialmente cuando lo que te ocupa es la voluntad de emprender, la ilusión.  No es un artículo más, os lo aseguro, no minimiza el sufrimiento que muchos viven en un día a día que se torna gris y desesperanzador. Lo tengo muy presente y precisamente por eso quiero que cada uno de los que me leen y piensen que queda poco que hacer o que lo que están haciendo no suerte efecto, que repasen en lo más íntimo de sus deseos. Allí localizarán la gasolina de toda esta locura: la ilusión. Ese es el motor del emprendimiento y ese es el único patrón que ahora nos puede ser válido para adecuarnos a los cambios que nos acechan. Mañana os presentaré una iniciativa muy interesante de un buen amigo a la que me sumo para estimular que la gente tome la iniciativa ante tanta queja.

España será emprendedora o no será

El primer fin de semana que pasé con la persona que comparto sueños, Lara, fue en Portugal. De eso hace ya tiempo y a las primeras expuse, sin pretenderlo, como sería eso de tener una relación conmigo. Le envié un billete de avión Barcelona-Lisboa y le dije que cuando llegara, en un SMS le informaría del hotel al que debía dirigirse. Yo debía llegar con un margen de apenas unas horas y debía ser desde otra capital europea. Así fue, y la mirada de sorpresa e ilusión que puso al comprobar que todo encajaba en el aparente caos que rodea mi día a día, se le enciende todavía hoy cuando le digo “haz la maleta, nos vamos”.

Hace mucho tiempo descubrí que una nueva pobreza se estaba inoculando en el sistema, pero que sorprendentemente no era de tipo económica aunque a medida que iban incorporándose en las listas de la miseria más ciudadanos y familias así lo pareciera dejar claro. Pero repito, no era una “crisis” económica la que se avecinaba. Lo escribí hace ya 7 años, era probablemente una gran bola de estiércol que avanzaba irremediablemente pues no había nadie con la voluntad de detenerla. Era pues, una crisis de carácter moral, de estímulo y sobretodo de espíritu de sacrificio y de valor emprendedor. El valor negativo del fracaso, la sospecha sobre el éxito y la falta de instrucciones para soñar un futuro distinto fueron minando nuestra sociedad. No nos educaron para emprender. No nos explicaron lo importante que es tomar las riendas de nuestra propia existencia. Seguramente nadie quiso transmitirlo me temo y nadie estaba dispuesto a escucharlo supongo. Ahora, con todo ello nace una nueva clase social soportada por herramientas privadas o religiosas que suman lo necesario para que en este país nadie se muera de hambre. Un nuevo estigma socioeconómico compuesto por familias jóvenes monoparentales, con el paro vencido, niños pequeños y con deudas de todo tipo incluyendo tarjetas y créditos al consumo que han ido inflándose con los primeros impagos. Un estrato social que roza la miseria y que, en su pobreza, esconde la ineficacia de los estímulos ofertados por la administración miles de veces.

La reacción sigue siendo lenta y casi imperceptible, pero se va larvando. Unos emigran, otros se reinventan, algunos se deciden por recortar, un buen número se lanza a la calle y, cada vez más, unos locos soñadores deciden apostarlo todo al “rojo par y pasa”, pues pase lo que pase, pasa lo que quieren que pase: que pase algo y eso sea lo que ellos han soñado. Tener esperanzas y sueños de negocio rentable no es suficiente para ponerlo en marcha, por supuesto, pero es el primer paso de un largo camino. La creación de empresas de modo deliberado es la evidencia de que se ha tomado una decisión por uno mismo y se ha dejado de lado toda una literatura rancia sobre montar negocios y una educación esclerotizada que culpa a los valientes creativos y osados de clase y premia a los “empollones” que siguen al pie de la letra cuanto les piden. Encontrar personas adecuadas y recursos será el siguiente paso.

Os animo a que cada jornada se encienda con la ilusión del primer día de cualquiera de vuestros sueños. Mirad bien, este mundo grisáceo que todos describen como “crisis” es una diapositiva apagada a primera vista, pero repleta de colores cuando, por fin, aceptas que no estamos en ninguna “crisis”. Lo duro no es no tener dinero, lo jodido es no tener ilusión. Lo primero se puede pedir, lo segundo no. Yo he perdido dinero muchas veces en mi vida, pero peleo para no perder la ilusión. Que los que me rodean no la pierdan es también mi mayor reto. Soy adicto a las miradas que dicen “hoy es el primer día de todo cuanto me queda por vivir”.

#200 ideas

Ayer ABC Empresa dominical fue un número especial donde doscientas personas intentamos dar algunas claves sobre como afrontar el reto socioeconómico que vive occidente. La mayoría de ellos focalizaron en España como es lógico y en diferentes medidas de tipo económico que debían procurar una “recuperación” económica. Entre ellos los líderes de las empresas más importantes de España, de los sindicatos, de la patronal y de entidades económicas y educativas de primer orden.  A mi sigue chirriando eso de “recuperar” pero digamos que al parto de un nuevo modelo en todos los cambios, algunos lo llamarán sin embargo “salir de la crisis”. Lo acepto aunque es sustancialmente muy diferente. En lo que yo defino aparece el elemento moral y de superación como individuo indispensable para entender porque para mí es clave el papel del emprendedor. Mi aportación estaba en la última página, el remate #200 me tocó a mí. Aquí os dejo con mi aportación.

Sin cloroformo

Dando una vuelta por la selva de tiendas dutty free que hay en el aeropuerto Hartsfield Jackson de Atlanta localicé el libro de Linda Stratman “Choroform: The Quest for Oblivion” y pensé que definía muy bien lo que se vivía en mi país. Rondaba enero de 2006. Apenas unos días después de una Navidad repleta de créditos y coches inalcanzables pero apretujados en el coste a treinta años de la hipoteca actualizada y engordada con turrones. ¡Que tiempos aquellos! Ahora vivimos el despertar disruptivo, el tránsito que nos lleva desde la opulencia a la realidad. Seguimos, no obstante viviendo un adormecido curso hacia no se sabe bien donde. Parece que seguimos sin ver que el plan consistía en adormecernos.

Que venía un cambio era evidente, que no se podría asumir el crecimiento en base a cosas que no necesitábamos también, pero sin embargo seguimos y seguimos hasta la extenuación. El sueño en el que entró la sociedad se ha terminado. Ahora el despertar es duro pero debemos reconocer exactamente lo que es: era un escenario onírico que retrasó el gran paso, la mutación de un modelo en el que todavía podemos participar y de manera determinantes. Los que se presentan a las elecciones, los que gestionan los procesos de reformulación bancaria y los que se han inventado un hipotético modelo de recuperación de una hipotética economía anterior siguen pretendiendo esclerotizarnos. Dicen: “no se molesten, ya nos encargamos nosotros”. Pero no se engañen, no se ocupan. Hablar así permite mantener a todo el mundo callado o en manifestaciones de escasa efectividad o huelgas generales tradicionalmente creadas para justificar a unos sindicatos que representan otros tiempos.

Es un cachivache muy efectivo para amansar a las fieras. Fue descubierto por los que asistieron a las meriendas aquéllas del G-20. ¿Recuerdan? Primero trasladaron que nos encontrábamos ante la peor de las crisis conocidas, que había sido algo imprevisto y que por lo tanto se ponían urgentemente a buscar soluciones. Inventaron la deuda infinita y santas pascuas. El efecto fue demoledor. Medio planeta cree que estamos saliendo del agujero. Funciona muy bien acobardar las ovejas primero y dejarlas pastar después. En España este efecto es superlativo. Somos un atajo de rumiantes. Se tragó tanta anestesia matutina que parece imposible reconvertirnos. Aquellos que ahora, en los albores de la cincuentena, de los sesenta, en plena facultad mental y física, capaces todavía de afrontar retos personales consideran que no van a poder ponerse de pie y liderar su propia vida.

La España de hoy es la de personas en plenitud derrotados por la versión oficial de que ya no tienen nada que aportar. Ya sea porque estoy a apenas una década de eso, sea porque conmigo trabajan jóvenes de cincuenta o que me niego a aceptar la meta como destino y prefiero saborear la carrera y el paisaje, no sé, pero la verdad es que invito y animo a tantos desahuciados laborales a inventarse su trabajo, a emprender y a proponer. Emprendedor no es sólo el que monta una empresa, es quien se descloroformiza y se lanza a la conquista de su propia existencia, dejando de lado convencionalismos, reglas y tópicos sociales.

“¿Algún equipo por ahí?”

Uno de mis mejores amigos es piloto de American Airlines. Se llama Stephen y vuela más que yo. Su mayor afición es subirse a un avión y resulta que de su pasión hizo su trabajo. Casi como yo, que me gusta aprender y viajar, de lo que surgió emprender y asesorar empresas. Lo primero me permite aprender y viajar y lo segundo viajar y aprender. A mi amigo piloto le encanta lo de los vuelos comerciales porque es un trabajo en equipo. Desde quien está en la torre de control, hasta el responsable de catering, pasando por auxiliares de cabina y copiloto. Un equipo. Que maravilloso concepto: sumar para crecer. En mi caso, la mejor de las vitaminas para que nada me frene y que me retuerza en el estimulante mundo de las ideas nuevas es trabajar en grupo, con mi gente, con la gente más joven y así llenarme de energía y con los más mayores para que me regalen toda su experiencia. Es una maravilla, un puente estructurado sobre el conocimiento y sobre la alfombra aterciopelada del éxito colectivo.
Y es que hoy no quiero que nadie me frene, alguien de mi equipo tuvo una idea nueva. Algo que estoy seguro va a revolucionar el mundo, la vida de la gente y convertirá este valle de lágrimas en algo extremadamente agradable. Es una idea más, una de tantas. Una idea que nos mueve, nos levanta de la cama y muscula mi espíritu emprendedor. Como siempre, cuando llegue el café, esa utopía se rebajará como un cortado y se asentará en el territorio de las cosas pendientes de análisis. Y así será. Esa gran idea, la que sea, se convertirá en un modelo de negocio o no, pero seguro que será motivo de debate, reuniones y estudios por parte de algunos locos más que me rodean todos los días. Me encanta rodearme de locos. Me da igual su género, su edad o su origen, sólo quiero que sean soñadores: son más creativos. Procuraré siempre no hacerlo solo pues emprender, como muchas otras cosas de la vida, es más divertido si lo haces en grupo. Me maravilla el proceso metálico que rodea su cimentación.

Cuando las ideas se amontonan y se comparten, en un restaurante, en un bar o en el gimnasio, donde sea, se complementan y eso es fascinante desde todos sus vértices. Los que hemos puesto en marcha algún proyecto y lo hemos hecho rodeados de amigos, socios o inversores implicados sabemos lo extraordinario del camino a seguir. Cuando pasan unos meses, aquella idea inicial se convierte en algo radicalmente distinta aunque mantenga el tronco conceptual del principio. Es tremendo mirar hacia atrás y ver como mutan las grandes ocurrencias hasta el punto que la inicial parece una idea penosa comparada con la resultante. Y les aseguro que en cada centímetro recorrido en esta vida, donde un grupo inexperto y apoltronado de políticos ha procurado que nuestra dependencia del sistema sea siempre la más alta posible y así no sepamos lo fascinante que es ser crítico y combativo, los proyectos empresariales me permitieron siempre trasladar a la vida real aquello de “tomar las riendas de mi propia existencia y olvidarme de todos ellos”. Otros lo harán revolucionando sociedades o vete tú a saber, pero en general todos lo haremos buscando alguien que nos acompañe en ese tránsito. ¿Algún equipo por ahí?

Publicado en mi columna “up in the cloud” en ABC.

Caramelos, relojes y corbatas

Mi columna de esta semana en ABC versaba sobre un tema recurrente en el mundo emprendedor: el equilibrio entre el seed capital y la implicación íntima del equipo fundador. La nueva economía implica una serie de cambios disruptivos a todos los niveles. Desde cambios en la cadena de valor, ya que las ideas son las que tienen importancia y no el soporte como en muchos de los modelos tradicionales, hasta cambios en los procesos y en la gestión de las organizaciones. Aceptar que este nuevo modelo implica nuevas condiciones y sólo aquellos capaces de inventarse un nuevo entorno laboral vinculado al nuevo modelo, te acerca al éxito. En ese campo entra el concepto de “emprender sin dinero”. Tiene mucho que ver con la creatividad, la imaginación y el espíritu de sacrificio. Este nuevo modelo, esta nueva etapa, implica apostar por la innovación, siendo ambiciosos y pensando en global (tanto para ofrecer el producto a cualquier pais del mundo como para ser capaces de conceptualizar un producto global para ofrecerlo a nivel local),  siendo capaces de trabajar en equipos y en organizaciones complejas, dinámicas, atemporales y aterritoriales y entender la empresa como un gran ser vivo. Todo es una cuestión de actitud, tenemos que estar en “beta” constante para afrontar los nuevos tiempos y no tener miedo al cambio y al fracaso.

“Caramelos, relojes y corbatas”

La Terminal 2 del nuevo aeropuerto de Hong Kong es una maravilla. Con la estética asiática es capaz de transportarte al futuro. Amplio, diáfano y tremendamente funcional. El sector que me fascina es uno que conjunta diversos espacios suspendidos y balcones. Los conectan una compleja pero eficiente red de pasarelas que permiten observar detenidamente todo lo que pasa ahí abajo. La última vez que estuve recuerdo que un hombre regalaba caramelos a los niños, vistosos relojes de plástico a las mujeres y elegantes corbatas a los caballeros. Lo estuvo haciendo durante horas. En un momento le cuestioné que vendía y me respondió que “aun nada, que de momento captaba futuros clientes pues como no tenía demasiado dinero había decidido buscar una masa crítica y luego investigaría que necesitan”. Pensé que, o estaba loco o era un emprendedor visionario capaz de jugarse todo su reducido patrimonio por una locura: emprender. Diferente a otros que uno tiene que lidiar todos los días. En estos tiempos sigue enquistado en el modelo emprendedor algún factor que no lo aleja demasiado de la cultura del subsidio. Hay quien sólo tiene una idea, un “powerpoint” interesante y muchas ganas de dar conferencias, pero su apuesta personal se deriva de la capacidad por encontrar en una “ronda de inversión” alguien que coloque la pasta. La apuesta personal, pocos son las excepciones, radica en que les “localices” capital suficiente para auto ocuparse. El capital debe llegar, pero cuando toca. No antes. La financiación es algo determinante pero no es imprescindible. Hay otras ramas que se deben cortar. Me está dando la impresión que emprender está como distorsionado. Ahora que las escuelas de negocio explican como hacerlo y los gobiernos se llenan la boca con el término, resulta que el modelo emprendedor no está engrasado.

Hemos pasado del glamour emprendedor a la evidencia que no todo es factible. Hoy en día es normal escuchar a un emprendedor decir: “yo no me dedico a vender, yo soy un técnico”. Eso es un error dramático, un emprendedor no puede diferenciar ese perfil como si se tratara de un directivo de una multinacional. ¿Cuando se ha visto un emprendedor que no sea un vendedor de su proyecto? No es necesario apostar al rey, esperar que un director comercial externo aparezca por arte de magia, con un sueldo astronómico por un proyecto “start-up” y que aporte negocio. Aquí toca patearse la calle, regalar caramelos, relojes y corbatas. Menos dinero y más acción, menos financiación y más perseverancia. El proceso de crecimiento condicionará esas acciones, esas incorporaciones. Responsables de marketing y financieros, desarrolladores, diseñadores, capataces o lo que haga falta irán llegando, pero de momento, al principio, el emprendedor, si hace falta, pasa el mocho. El paso de emprendedor a empresario es algo impreciso que se produce en un momento indeterminado, pero que algo tendrá que ver con eso. Seguramente pero hay empresarios que no dejan de ser nunca emprendedores pues el “capital aportado” no cambia el espíritu de construir proyectos desde abajo y disfrutar viéndolos crecer.

'Con miedo', en ABC

Ayer publiqué un artículo en mi columna de ABC que hacía referencia a un hecho vivido personalmente en un avión hace unos años. La casualidad hizo que mi compañero de viaje fuera un extraordinario periodista que, por desgracia, falleció este mismo año y con el que me unía un afecto especial y muchos Directs. El artículo intenta hacer una breve reflexión sobre el valor del miedo a la hora de emprender. Aquí hemos comentado el tema en más de una ocasión pero a veces no le damos el valor adecuado. Vienen tiempos muy duros, más de lo que nos dicen. Aquí tenemos experiencia en negar la evidencia y profundizar en lo oculto del análisis económico, pero en este caso no es una afirmación más. Hablamos de un parto, doloroso, pero de un parto, de algo nuevo y novedoso que pude ser una nueva y esperanzadora era o un desastre mítico. Dependerá de nosotros y de no perder el miedo del todo. Dependerá de que lo gestionemos adecuadamente.

La noche del 4 de septiembre de 2007 tuve el peor vuelo de mi vida. Embutidos en un Embraer 190ARB de la compañía Copa Air Lines que hacía la extinta ruta de Caracas a Managua, casi un centenar de pasajeros sufrimos el mayor catálogo de turbulencias y acrobacias que un vuelo comercial es capaz de soportar. A pesar de que estaba previsto y la ruta marcada de urgencia lo evitaba, el huracán de fuerza cinco llamado Félix, nos dejó un regalo para la memoria que no se me borrará en la vida. Sus residuales secuelas alejadas de donde estaba el verdadero y destructor efecto, eran tan agresivas que motivaron el pánico colectivo de casi todos los viajeros. Las azafatas previamente nos sirvieron todo el espumoso que quedaba en el avión y nos aconsejaron estar preparados para la diversión. Mi compañero de fila era Camilo Durán, el desaparecido periodista colombiano al que siempre admiré por sus ocurrentes opiniones. Cuando la cosa empezó a moverse le pregunté si tenía miedo. Me respondió: “la falta de miedo es la verdadera cobardía”. Lo que vino después no lo describo por no tener espacio y porque no se lo creerían.

Defiendo que estamos a las puertas de una revolución como ya lo estuvieron nuestros antepasados, sólo que esta vez es digital, orgánica, distribuida y global, y afecta a dos elementos trascendentales que repercuten en todo cuanto nos rodea: los modelos de producción y la transmisión del conocimiento. La revolución industrial y tecnológica fueron grandes elementos de cambio, y convivieron con una crisis sistémica que adelantaba una mutación real y evidente en todos los estadios de la economía. La manera de traducir aquellos cambios siempre condujo a mejores escenarios pero también con una fractura notable del propio sistema.

El modelo financiero actual que se sustenta en un crecimiento del valor del dinero por encima del coste real del capital, ha provocado un desajuste insalvable a estas alturas. Sin embargo considero que tanto desastre más que una causa, no deja de ser una consecuencia de algo mucho más transversal y contundente y que la tecnología de la información ha acelerado. Se avecinan turbulencias que nada tienen que ver con lo que anuncian los “pilotos” de este vuelo, ni se va a anestesiar a nadie con subsidios, ni servirá de nada ajustarse el cinturón.

Esta tormenta tropical es la revolución del conocimiento y se lo va a llevar todo por delante tal y como lo conocemos, es cuestión de tiempo. Sus efectos surgirán del valor de las cosas y no del coste de las mismas, será el momento de las grandes factorías de ideas, de pensamientos, de dudas y de estructurar la fabricación en base a su precio esencial y no tanto al especulativo. Todo ello vendrá de la mano de gente emprendedora que arriesgará todo cuanto tenga. Asumiendo el riesgo y gestionando su propio miedo.

'Aún estás a tiempo', en ABC

Mi columna en el diario ABC de esta semana se titula “aún estás a tiempo” (pdf), y pretende servir como aviso a quienes creen que van a lograr algo con una represión inservible en tiempos de tecnologías sociales, de mezquina ocultación de la realidad que no es más que una denuncia en si misma y de trucaje de los papeles de la sociedad que suponen la rotura del modelo. Tengo claro que la economía y sus derivas motivarán el cambio, un tremendo y justo agujero se cierne bajo los pies de los que se creen intocables.
El debate no es si la policia es agresiva o los manifestantes violentos, el asunto es que todo se ha roto definitivamente, que el camino de retorno está desmantelado y que ahora, mejor que nunca, tenemos una oportunidad de retorcer la realidad, haciéndolo cada uno como mejor sepa.

A continuación, el texto completo de la columna, junto con los enlaces que no puedo poner en la versión papel:

En una puerta de embarque te da tiempo de escuchar. Esperas que te trituren la tarjeta de acceso y puedes comparar las conversaciones cercanas. Ya no son sobre “que vas a hacer este finde” pasando a un “¿ha encontrado trabajo tu hermano?”. Durante tiempo circuló la idea que la economía real era independiente de las grandes decisiones financieras. Se quiso creer que una situación de crisis macroeconómica no tenía afectaría los bolsillos de los ciudadanos dramáticamente. El personal moreno de crucero vendía su alma por un Clase C mientras se cebaba en restaurantes de lujo a la vez que los telediarios escupían las primeras cifras de espanto. ¿Era cierto pues ese desequilibrio entre la macroeconomía y la economía real? La respuesta fue plomiza: no, y eso es la buena noticia.

Confio en la crisis pasada y la depresión económica actual como el catalizador de un nuevo futuro. Tim Harford dijo que nada mueve con mayor virulencia los sistemas. “En los años 70 el fútbol británico discriminaba claramente a los jugadores negros. Eran menos y cobraban poco. Pero los clubes que disponían de plantillas con jugadores negros gastaban menos y sus resultados eran similares en muchos casos. Esta regla económica, es preferible reducir costos siempre que se mantengan resultados, se convirtió en el mayor elemento de cambio social en materia de discriminación racial de cuantas se dispusieron en Inglaterra. Ninguna normativa o ley ayudó tanto a acabar con la discriminación como ese hecho deportivo y económico”. En Europa muchos se resisten en aceptar que vivimos tiempos de redes, de comunidades inteligentes, de empoderamiento ciudadano, de capacitación compartida y de transformación transversal del propio sistema, un sistema que se vino abajo hace tres años. No hay planos del destrozo, no hay reglas para repararlo. La modernidad y la tecnología al servicio del conocimiento traerá consigo mejores tiempos, estoy seguro. Por suerte, que el planeta vaya mutando hacia un escenario más horizontal, justo y conectadadamente solidario no depende de las estructuras del pasado, depende de, entre otros, de los que cada día emprendedemos una empresa, un proyecto, una vida, y lo hacemos con las manos en nuestro propio volante, lejos de autoescuelas, subsidios, de cloroformo en vena o de la dependencia de tanta mediocridad insitucionlizada y alejada de la realidad.

Y, como muchos lo habéis pedido esta semana, os enlazo aquí el video de un curioso almuerzo que tuve en 2008 junto a insignes periodistas, blogueros y amigos. La invitada de honor era una diputada socialista de por aquel entonces: Lourdes Muñoz. Las imágenes relatan los últimos minutos de una discusión acalorada que fue subiendo de tono a medida que nadie reaccionaba, nadie se inmutaba y la comilona se mantenía. Lo peor no era eso, lo que recuerdo con claridad es aquella especie de “tranquilízate, no es para tanto” que me repitieron. Hasta hace bien poco, cuatro años después aun me lo seguían diciendo: “tranquilízate, no es para tanto”. El título del video no lo puse yo, a alguien le pareció curioso que para terminar el debate la política acabara diciendo que yo parecía un político por que no dejaba hablar. Aparece la palabra “indignado“.

"Eres el mono cien" mi columna en ABC

Mi columna ‘Up in the Cloud’ de esta semana en el diario ABC se titula “Eres el mono cien”, y es simplemente una descripción de un caso particular que me sucedió en un viaje hace algunos años. La misma historia que me relató el protagonista del tema coíncide con la que algún lector replicó hace algún tiempo en este blog. Se refiere a los elementos de conectividad social que algunos primates tienen. El experimento fue firmado por Ken Keyes y está por determinar si fue exactamente así. Sin embargo, lo que si permite: masa crítica, conectores sociales y madurez circunstancial.
Independientemente de todo esto, si que me interesa referenciar el hecho que rige todo el modelo económico digital vinculado a las redes sociales. Bajo condiciones determinadas, la inteligencia alcanzada por un grupo suele ser mayor no sólo que la suma de sus partes, sino tambien que la de los individuos más inteligentes que lo componen. En ese sentido, no obstante, debemos atender a ¿cuáles son las condiciones que se han de cumplir? Que el grupo se componga de individuos con diferentes opinione, que los individuos no tengan temor a expresar estas opiniones, que el grupo sea diverso en su origen y que exista una forma de recoger toda la información generada y hacerla útil para un proceso de toma de decisiones. Obviamente el último punto se basa en un modelo de tecnología ofrecidas por plataformas sociales y por aplicaciones móbiles y diversas.

Lo expliqué en el post “la revolución del conocimiento“ pero sigue vigente.  El lector que informaba de este modelo de implementación de la inteligencia colectiva afirmaba que “algunas de las técnicas que servían para implementar la inteligencia colectiva podían ser:

  1. Hacer visibles lista de información generadas por tus usuarios. (desde productos concretos favoritos a temas, opiniones etc)
  2. Introducir la información colectiva de tus usuarios que influya sobre a otros: revisiones, puntuaciones-ratings y recomendaciones.
  3. Inteligencia extraida de la contribución de los usuarios que pueden influir en otros: contenidos generados por el usuario, p. ej. blogs, wikis, comentarios
  4. La Inteligencia Colectiva de los usuarios tiene que ser utilizada para destacar y lanzar contenido interesante, aprender de tus usuarios y usuarios conectados.  Tagging, bookmarking, votaciones, descargas.
  5. Clasificación dinámica de contenidos usando algunas de la siguientes técnicas: creando un algoritmo ad-hoc, taxonomia realizada por un profesional o generada por el usuario. Tag Cloud Navigation.
  6. Analizar el contenido asociado con un determinado usuario para extraer así palabras clave. Esta información es importante para construir perfiles de usuario.
  7. Hacer clustering de usuarios y productos para construir modelos predictivos.
  8. Recomendar contenido relacionado o usuarios basándote en la inteligencia recogida de la interacción de los usuarios y análisis de contenido.
  9. Muestra las búsquedas que sean de interés a cada usuario dependiendo de su perfil.
  10. Facilita información relevante procedente de la blogosfera y sitios externos.

A continuación, el texto completo de la columna:

“Eres el mono cien” Up in the Cloud

Me acomodé en la butaca 2C del vuelo AA6935 con destino aeropuerto de México Juárez Internacional. Hacía apenas unas horas que terminé una conferencia en el ‘Los Angeles Urban League Entrepreneurship Center’ sobre redes sociales y su afectación en la nueva economía. Justo a mi lado un hombre de origen oriental me dijo en un claro castellano: “usted es un mono, en concreto el mono número 100”. No sé si a ustedes les fastidiaría tal comentario proveniente de alguien que no conoces de nada, pero a mí,lejos de sentirme insultado me provocó una curiosidad inmensa.

Le pregunté: “¿cómo dice? ¿habla conmigo?” Se giró y me dijo: “he estado en su conferencia esta tarde, casualidades de la vida, y a medida que veía como muchos de los asistentes tuiteaban sus palabras pensé que “usted era un mono 100”. Le pedí que me dijera a que se refería y me explicó que “en 1952 en una isla al norte de Japón, un científico que estudiaba el comportamiento de un grupo de un millar de macacos, ofreció a esos animales unas patatas dulces, cosa que a los monos les gustaba. Sin embargo como estaban mezcladas con arena y suciedad apenas se las comían. Durante algún tiempo algunos de ellos mojaban la patata en un pequeño estanque y se la comía limpita.

Eso lo hicieron unos cuantos monos. En concreto el número nunca superó el noventa y nueve. La imitación no lograba superar esa cifra. La mayoría de ellos eran los monos más jóvenes. De mil monos sólo casi un centenar se hicieron partícipes del método. Finalmente, a finales de 1958 el macaco que sumaba cien hizo lo mismo. En apenas un par de días el resto, todos, hicieron lo mismo. En las islas cercanas donde había individuos de reposición también se producía una tendencia similar y no habían tenido ningún contacto”. Me quedé pensativo. Me comentó que ese mono era el punto de inflexión. Le negué la mayor y le comenté que ese mono debía ser el punto exacto de la masa crítica, el enlace social necesario y además, visto que en el resto de islas sucedía parecido, pasó cuando debía pasar.

Durante años he buscado que mis modelos de negocio y emprendeduría se rijan por esos tres principios: buscar el conector social que los impulse, alcanzar una masa crítica previa para estimularlos y esperar a que la innovación sea real gracias a que el mercado pueda asumirla. El avión inició su empuje para despegar y me retorcí durante seis horas bajo las imágenes de esos monos y sus patatas. Unos meses después creé una empresa que gestionaba redes y aviación social. Resultó.

Perdone la molestia

El domingo pasado en mi columna del ABC publicaba algo sobre el papel de la gente que decide tomar las riendas de su destino. Suelen ser molestos e incómodos. Ese es nuestro papel. Os dejo con este artículo mientras perfilo los últimos detalles del de mañana, uno de esos que hace años no escribo y que volverán a quitar el sueño a muchos. Dosis de realidad y de crudeza. De momento un poco de incordio.

Decía Littlewood que “si no nos perdemos nunca, no encontraremos otros caminos”. Como otras veces, escribo esta columna en alguna sala tranquila de algún aeropuerto mientras espero un enlace de destinos, un nuevo camino por el que perderme para encontrar otros.

Vivimos tiempos convulsos, tiempos de redes y de comunicación exponencial, donde todos tenemos que aprender rápidamente a comportarnos con el entorno como nunca antes habíamos hecho. La tecnología, las comunidades y la interacción entre grupos estimula tendencias, criterios y acciones que no eran ni imaginables cinco minutos antes. Para muestra todos los sucesos que cambiaron la fisonomía del norte de África en los últimos dos años. Ahora toca emprender y hacerlo independientemente de si alguien nos pone en bandeja el mecanismo. Todo ha cambiado.

Dejemos los estereotipos del emprendedor de los últimos años. Emprender no es esperar financiación y luego ponerse en marcha, no es solo ir en búsqueda de subvenciones y ayudas. En España cuando alguien monta un negocio lo primero que se plantea es “donde puede obtener alguna ayuda o subvención”. Eso no es malo necesariamente sino fuera lago estructural en portadores de “powerpoints”. Emprender es equivocarse y sentir en la epidermis el frío del fracaso. Enseña y motiva. Ayuda a haccerlo mejor la próxima vez. No se puede iniciar un proyecto que quieres vender como “el de tu vida” sin apostar apenas nada y esperando que te lo ponga todo un “Business Angel”, un inversor incauto o una administración protectora.

Todavía hay demasiada gente esperando que el Estado los identifique como ciudadanos débiles, les reduzca su criterio individual, les conceda una plaza en la incubadora social, les muestre las ayudas posibles, les conceda soporte y les recorte libertades. Al depender de más ayudas, el ciudadano cada vez tiene menos opciones de autogestión. El emprendedor debe salir de ese circuito viciado y vicioso y olvidarse por un momento de todo ese barrizal y afrontar sus retos con lo dispuesto. La cultura asociada a las ayudas “de partida finalista” se acerca en gran medida a la del subsidio. Que gran invento este de tener a todo el mundo esperando un rescate.

Imaginemos un desierto. Dos ciudadanos anónimos esperan hace horas que alguien los saque de ahí. Si el tiempo pasa y nada ocurre seguramente morirán. Uno de ellos empieza a andar. No hay dirección concreta ni plan. Sólo intuición y valor. El otro espera que llegue un helicóptero. ¿Quién tiene opciones de salvarse? Quien se queda esperando no molesta. Si llega o no el helicóptero es indiferente. El otro, el que busca un oasis es un ciudadano complejo, incómodo, activo y pertinaz. Eso molesta mucho. ¡Molesten!

Foto: Lane Turner

"Less is more"

Mi columna de esta semana en ABC trataba una de mis obsesiones a la hora de emprender un nuevo negocio o proyecto emprendedor: la no fricción. Cuando alguno de los emprendedores que se acercan buscando financiación, mentoring o apoyo logísitico para poner en marcha sus ideas, lo primero que analizamos es el grado de complejidad que tiene el modelo de negocio y el de gestión en cuanto a la cadena de valor y los pasos intermedios entre comprador y vendedor, en un entorno de usuario y plataforma. Tengo claro que la economía digital y por derivación la Nueva Economía serán la clave del cambio que se tiene que imponer en nuestra sociedad inminente. Es imprescindible simplificar los procesos, aprender de la mutación que se está produciendo y generar modelos de negocio cada vez más innovadores.

Los bocadillitos blandos de queso y jamón que hay en la sala Admirals de la Terminal E del aeropuerto de Miami son de desmayo. Me pregunto como algo tan simple puede estar tan bueno. La vida enseña que lo simple es lo más complejo y que eliminar la fricción en los elementos que te rodean al final genera valor añadido. Una contradicción aparente que la gran Coco Chanel convirtió en mantra después que Mies Van der Roe lo definiera con su “less is more”.

Las nuevas profesiones se basan en eso, en reducir tensión entre las partes, en algo simple convertido en una pequeña maravilla. A pesar de que los datos recientes de ocupación fueron buenos me temo que son consecuencia de derivados coyunturales y no tanto de génesis de un cambio de tendencia. Por eso, aprovechando que aun queda algo de tiempo para retomar caminos de creación de puestos de trabajo orgánico, sería bueno modificar el concepto de empleo/ocupación. Por ejemplo, es imprescindible apostar por la gestión del fracaso modelo de aprendizaje y permitir que un error se convierta en virtud a medio plazo. El talento y el riesgo van juntos. Es ahí donde, a mi modo de ver, la economía digital juega un papel histórico.

Es la clave, permite incorporar nuevos factores de crecimiento, modelos de creación y escenarios de valor en mercados deteriorados por la crisis. La Nueva Economía es capaz de lograrlo, permite obviar las barreras y las limitaciones de las herramientas tradicionales y analógicas. Ayuda a cambiar, incluso, la manera de pensar de las personas y sus relaciones con la realidad económica, política y social. Un país más moderno, tecnológico y digital es también más plural, eficiente y competitivo. Los emprendedores son los estimulantes de ese nuevo rumbo, los dinamizadores del proceso. Su hoja de ruta se define por objetivos, por retos y por sueños.

En esos objetivos deben estar incorporados los proyectos “low cost”, en esos retos los que sean “long tail” y en los sueños los “escalables” internacionalmente. Esas tres líneas definen el éxito emprendedor digital a mi entender: producto a bajo precio, con un amplio escenario comprador y un espacio global. Tan simple como un bocadillito de jamón y queso que unos hacen normal o bien pero otros, unos pocos, lo convierten en una delicioso pedazo de gloria. La diferencia estriba en hacer lo sencillo en algo excepcional.

Saltando al vacío

Estos días, entre un ir y venir por aeropuertos algo más intenso de lo normal y que ando enfrascado en el nuevo libro, me está costando postear. En principio mañana volveré a la periodicidad diaria con un post sobre otro nuevo proyecto que lanzamos a nivel mundial y que estoy seguro os va a encantar. De momento os dejo con este artículo que ayer publiqué en ABC y que define en gran medida lo que me pasa el día antes de presentar otro “salto” emprendedor.

Aterrizar en Lisboa es un placer. Ese recorrido previo sobrevolando la ciudad mientras el comandante busca enfocar el acercamiento a pista permite ver una amalgama imperfecta de edificios decadentemente bellos. Es una ciudad compuesta por plazas cortadas como infinitos acantilados de piedra que invitan a saltar. La capital de Portugal vive un momento muy duro y se evidencia una miseria estructural y una extraña resignación. Estos últimos días he visitado Irlanda, Italia, España y Portugal. Sólo queda Grecia para completar el famoso grupo de los PIIGS. La verdad es que cada uno afronta el reto de salir de su propio círculo vicioso de diferente modo. He visto personas distintas con actitudes parecidas. En todos esos países hay quien emprende y quien desiste antes de intentarlo. Ahora que parece haber más técnicos de apoyo a la emprendeduría que emprendedores, o más buscadores de financiación que locos persiguiendo sueños, la actitud colectiva es clave. En Portugal o donde sea lo que cuenta de verdad es creer que en la ilusión por intentarlo está el valor. Sino quieres emprender, no lo hagas, no pasa nada, pero no traslades tu desidia o pánico a quien decide volcar su rabia personal contra lo que le rodea y lo enfoca en un proyecto vital y profesional.

Vivimos en la sociedad del “no lo intentes sino vas a lograrlo”. Se dice que el aprendizaje que se logra en el salto no es válido, que sólo cuenta caer bien. En una sociedad acomplejada e incapaz de enfrentarse al fracaso, la cantidad de gente que emprende suele ser menor que en otra que valore ese factor. Lo crudo es que esto es determinante: cuanto menos intentos menos éxitos, cuanto menos éxitos menor competitividad, a menor competitividad menor crecimiento y por ello mayor déficit, deuda, prima de riesgo y derivados idóneos para titulares periodísticos sin interés práctico. Al final intentarlo, con sus fracasos, genera riqueza. Por eso es interesante aceptar que los emprendedores siempre están en crisis. Aceptan esa condición como un elemento básico. Un tipo que se pone en marcha con un proyecto que aun no está consolidado, que se enfrenta a mil obstáculos y que además está obligado a superar sus miedos y los estereotipos de una sociedad drogodependiente, es alguien que acepta la crisis como su estado de ánimo y su ecosistema natural. De ella saca el combustible al contrario que el resto de mortales. Cuanto mayor sea el riesgo más apasionante es el reto. Que hay dos maneras de vivir: sentado frente al abismo o saltando. No sabemos que hay ahí abajo, a veces ni importa, lo que si tenemos claro, los que saltamos, es que el de la silla frente al vacío no se va a enterar de lo fascinante que es volar unos segundos.

Sobre la actitud

Mi columna de esta semana en ABC se titula “Reconstruir el Puzzle” (pdf), e intenta plantear la importancia de la actitud en el momento de afrontar la dificultad de lo que vivimos y combinarla con algunos patrones de estímulo económico. En concreto considero que la baja tributación y la actitud por emprender se diluyen de manera inmejorable. En mi reciente viaje a Irlanda, donde vamos a poner en marcha las nuevas oficinas centrales de la matriz de mis empresas en unos meses, pude comprobar ese espíritu en las personas y el modelo de estímulo político. En unos días os explicaré mis reuniones con emprendedores, cargos públicos, profesores universitarios, alumnos, gestores, tecnólogos y amigos y lo compararé con mis últimos meses en Londres. Hoy os dejo con el artículo de ayer y con el maravilloso mini relato que nos regala Rafa Camacho y que describe metafóricamente la clave de todo el cambio que precisa este mundo.

RECONSTRUIR EL PUZZLE

El aeropuerto de la capital de Irlanda se llama sencillamente Aeropuerto de Dublín. Su nombre en gaélico es “Aerfort Bhaile Átha Cliath” que viene a ser lo mismo. Ellos son así. Una vez llegas a este maravilloso país te cuentan que están bajo el yugo de la intervención europea, que la burbuja inmobiliaria explotó hace años y que, no obstante, tras haberlo pasado muy mal ahora están bien. Definen que su incipiente crecimiento se debe a su especial modelo impositivo y a ese espíritu de lucha y superación que, de una manera tremendamente humilde y amable, este pueblo es capaz de afrontar. Creo que la suma de los estímulos públicos y la actitud de un pueblo es la clave. Dicen que por esto la clase media está recuperando espacios y que lo hace atendiendo otros modelos socioeconómicos y aceptando elementos que eran impensables hace años. Es una nueva clase media emergente que no se mide por su capacidad económica sino por su actitud socioeconómica.

El sueldo medio en España en 2006 era de casi 20.000 euros al año. Cuatro años antes era de algo menos de 20.000 también. En los tiempos que la economía española vivió su mejor época los salarios cayeron en términos brutos. Algo que se mantiene ahora. La clase media tiene los días contados. Esta “crisis” aparentemente sólo afecta a unos cuantos mientras otros siguen consumiendo como si nada. Es la evidencia que se está estrechando la clase media, el estrato intermedio que componía este invento raro en el que habitamos. Esta “crisis” repercute en tedio y desgana. Sin embargo podría ser el detonante energético de una manera de ver la vida más emprendedora, “más de uno mismo”. Convivimos con una generación perdida compuesta de gente anestesiada frente al expolio de sus sueños. Está gestándose un nuevo sistema social polarizado, con una clase tecnócrata reducida y crecientemente más rica en un extremo, y en el otro un tumulto social sin clase donde se confunden las antiguas clases media y baja, con una capacidad de consumo cada vez más limitada. ¿Por qué no tomamos el espíritu naranja, verde y blanco de los irlandeses y nos inventamos la tercera vía: aquellos que no escuchan a los tecnócratas y se niegan a ser tumulto. Montemos este viejo puzle pero con estas nuevas piezas. Como dicen Paddy y Mary, al final todo es más fácil de lo que parece y sino siempre nos quedará el “country”

Y ahora la historia emocionante sobre un niño que decidió reconstruir un puzzle. Sentémonos a pensar que tenemos que reconstruir, un mundo dels que no disponemos planos o una vida que sabemos como estimular.

EL PUZZLE, EL CIENTÍFICO Y SU HIJO

Un científico estaba trabajando en su laboratorio cuando entró su hijo de cinco años dispuesto a ayudarle. El científico, que tenía mucho trabajo y no quería ser interrumpido, pensó en darle un entretenimiento al niño para que no le molestase.

Recortó de una revista un mapa del mundo, lo cortó en muchos trocitos y se lo dio a su hijo para que lo reconstruyera. El científico pensó que tardaría horas en hacerlo porque su hijo nunca había visto ese mapa.

Cuál fue su sorpresa cuando al cabo de unos minutos el niño le dijo: —¡Ya está papá, ya lo terminé!

El científico se quedó sorprendido por unos momentos, pero se giró pensando que no vería más que una chapuza típica de un niño de cinco años. Sin embargo, el niño le mostraba el puzle totalmente hecho y con todas las piezas en su sitio.
Le preguntó asombrado:

—¿Cómo lo has hecho, hijo?
—¡Muy fácil, papá! Cuando lo recortaste de la revista, me di cuenta de que detrás del mapa, había la foto de un hombre. Cuando me diste los trocitos, les di la vuelta e hice el rompecabezas del hombre. Cuando terminé de arreglar el hombre, le di la vuelta y me di cuenta de que había arreglado el mundo…

Sociedad Aumentada

El pasado domingo mi columna en el ABC no salió en la versión digital, únicamente en versión papel. Por ello replico aquí el post que como sabéis, por exigencias del medio no puede sobrepasar una extensión determinada. Para mi gusto este tipo de artículos no permiten el análisis, son simplemente un esbozo, una pequeña línea de apertura del debate que considero que se puede mantener en el blog. Os dejo con lo que para mí va a determinar en gran medida los tiempos y los procesos en la economía productiva inmediata.

En el Logan Airport de Boston un anuncio luminoso al fondo de la terminal desde la que suelen salir los vuelos con destino a Los Ángeles dice “aumenta tus expectativas con nosotros” y aparece un teléfono inteligente desde el que se ve el rostro de un adulto y una serie de datos sobre impresionados encima de su imagen. El fotograma intenta mostrar el futuro y lo enlaza con una empresa que desarrolla aplicaciones para “smartphones”. Parecía impensable tan solo hace unos años que alguna de las startups que ahora diseminan sus programas por millones de dispositivos fueran capaces a estructurar la vida cotidiana de tanta gente. Una docena de estos engendros me simplifican la vida, la hacen más eficiente y me permiten relacionarme en lo personal y en lo profesional como hace apenas un lustro no hubiera imaginado. Mi agenda es un algoritmo inteligente que se estructura automáticamente y mis enlaces sociales se ordenan gracias a un modelo compartido que depende de este tipo de herramientas. Siempre he preferido Massachussets a California. El ecosistema inteligente en Boston sobrevuela la rentabilidad de Sillicon Valley. Es ahí donde tuve contacto por primera vez con lo que se denominaba “realidad aumentada”. Ahora estamos descubriendo como se pueden sumar expectativas personales, dispositivos con aplicaciones aumentadas y sus enlaces sociales provocando la emergencia a la superficie de un nuevo concepto: la sociedad aumentada.

El futuro premio Nobel, Lazslo Barabasi, me dijo que estamos ante una evidente “sociedad aumentada”, que en ella se cimenta todo ese valor aparentemente desorbitado de algunas empresas vinculadas a las redes sociales. Parece evidente que algo de eso está pasando con el fracaso de la salida a bolsa de Facebook por ejemplo. Sin embargo también me confesó que lo cotidiano de vivir enlazado, socializado, entre múltiples plataformas y en constante flujo bidireccional informativo, nos concedía un valor desconocido que demostraba la enorme diferencia de la “crisis” actual y cualquiera de las anteriores. Se refería a que una sociedad que es capaz de nutrirse de todos estos elementos, digerirlos con cierta tranquilidad y dinamizar su uso en planos genéricos, es una sociedad aumentada y en pleno tránsito a una nueva era. Este y otros elementos no hacen más que demostrar que vivimos el paso complejo y el ilusionante salto a un nuevo mundo, más horizontal, complejo, inteligente, abierto y humano. Es curioso ver como cada máquina que interiorizamos, nos facilita el difícil escenario de las relaciones humanas. A más tecnología, más humanidad. A más sociedad aumentada, más inteligencia compartida, más experiencia social y más oportunidad global. Vamos bien aunque a veces cueste verlo.

'No es el Titanic', en el ABC

En mi columna dominical en el ABC, ayer comenté que el momento actual de la economía no puede compararse con una metáfora como el Titanic. Si bien a todas luces estamos en pleno hundimiento, que el golpe con el iceberg se ha producido, también cabría otra opción. A mi modo de ver, y supongo que es una deformación profesional de cuando me dedicaba a temas de bolsa, cuando todo el mundo apunta a una dirección, cuando el consenso general defiende una idea, yo suelo investigar la contraria. Ya viví eso de defender lo que nadie consideraba factible. Ahora tengo la impresión que unos pocos volvemos a identificar un vértice distinto a todo este entuerto. A mi modo de ver no estamos en crisis, no se hunde ningún barco, estamos cambiando de nave. Un nuevo modelo que entre todos debemos definir y no permitir que los de siempre, los que han pervertido el actual, los que se han zampado todos los bocatas de la merienda, se monten otra fiesta a costa de nuestros sueños que siguen desparramados por el suelo. El artículo decía:

La sala Club Lounge del aeropuerto de Juan Santa María de Costa Rica es un espacio pequeño y singular. No parece el típico punto de encuentro VIP de ejecutivos de empresa. Con algo de suerte, cuando llegas, puede que una banda de jazz te reciba en la puerta de embarque. Así da gusto. Un placer que acompaña al diálogo, a la conversación y a las confidencias entre viajeros. Hace unos días estuve charlando con empresarios hispanos que afrontan el reto de sobrevolar el drama europeo y vender sus productos lejos. No huyen, no escapan, sólo intentan tener la oportunidad de prosperar, de perseguir sus sueños en otros horizontes. Comentaban un símil entre el Titanic y España. Aseguraban que hemos golpeado definitivamente el iceberg. Exponían que nos quedan un par de horas para que el buque se hunda, que el barco de rescate no llegará a tiempo y que el que está cerca no atiende a las señales de SOS. Consideraban que a pesar de que todos queremos ir a popa y obviar la realidad, la aritmética es plomiza demostrando que la grieta es inmensa en el casco y que sólo los de primera tienen bote asegurado.

A mi me da que no. Mantener la teoría de que no hay colisión es difícil. Creo que ha empezado el traslado de pasajeros a otro buque, no por hundimiento del primero, sino por viejo. Vamos de un enorme vehículo marino pesado y lento, tremendamente clasista e injusto a otro más pequeño y tecnológico, menos vertical, sin camarotes reservados y con zonas de debate donde opinar todos y emprender. En mi opinión la pasarela que conduce de un navío a otro es poco segura y se mueve, requiere concentración y seguramente que alguien te ayude a cruzar. Suelo acompañar en ese paso a muchos emprendedores y empresarios que buscan en otras tierras alcanzar un nuevo entorno. Ese nuevo crucero tiene destinos internacionales, pero también representa ideas por encima de productos, usuarios por encima de clientes.

Hemos pasado del país de los parados al país de la parálisis y debemos poner remedio. La solución es la actitud y pensar que esto se hunde no ayuda, confiar en quien pilotaba el barco que golpeó con el bloque de hielo tampoco. ¡Tírate al agua, nada y sálvate tú mismo! El California viene lento, pero viene.

Y es que, como dije alguna vez, la ‘catastrofe ya no es cool‘ por mucho que unos cuantos así lo sigan defendiendo. Lo más divertido es ver como los que defienden ahora “el fin del mundo” son los que lo negaban hace apenas unos meses, los que vaticinaban el arreglo de todo este barrizal y la imposibilidad de vernos en lo que ahora es el escenario natural. Es cierto que la que aun nos queda por vivir es terrible, pero pienso que a cada uno le queda su propia aventura personal por vivir. Llevo veinte años cumpliendo mi hoja de ruta particular. No voy a dejar ahora de seguir mi propia corriente.

Estamos a las puertas de una revolución como ya lo estuvieron otros antepasados, sólo que esta vez es digital, orgánica, distribuida y global. Hace algún tiempo, al confluir diversos factores se reprodujeron sistemáticamente otros grandes cambios. La revolución industrial y tecnológica fueron grandes elementos de cambio, y  convivieron con una crisis sistémica que adelantaba una mutación real y evidente en todos los estadios de la economía. La manera de traducir aquellos cambios siempre condujo a mejores escenarios pero también con una fractura notable del propio sistema. El modelo financiero actual que se sustenta en un crecimiento del valor del dinero por encima del coste real del capital, ha provocado un desajuste insalvable a estas alturas, pero considero que más que una causa, no deja de ser una consecuencia de algo mucho más transversal y que la tecnología de la información ha acelerado, en definitiva es la gran oportunidad que unos pocos, espero que miles, sepan aprovechar para cambiar el mundo de otros muchos, espero millones.

La revolución del conocimiento surgirá del valor de las cosas y no del coste de las mismas, será el momento de las grandes factorías de ideas, de pensamientos, de dudas, de estructurar la fabricación en base a su precio esencial y no tanto al especulativo, de emprender para convertir los sueños en realidad. En esta nueva era, en este nuevo ecosistema plagado de ideas, en ese nuevo mar en el que deberemos navegar, los que antes entiendan que deben impulsarse con vientos desconocidos, los que sepan que es tiempo de veleros y no de lanchas motoras, esos sobrevivirán, crecerán y serán mucho más felices. Los que escuchen a sus mandatarios, a esos dirigentes aparentemente perdidos, a esos que cambian sus previsiones una y otra vez, los que esperen de ellos que les ayuden a sobrevolar este momento crucial de la historia sufrirán mucho más.

'Hola soy Google' en ABC

Ayer publiqué mi columna en ABC como cada semana. En esta ocasión trato el tema de como se gestionan los equipos y las contrataciones en Google como ejemplo de como no lo hacemos en Europa. Sin querer demonizar modelos o santificar procesos, y poniendo de ejemplo mi reciente experiencia con algunos directivos de California y del Sillicon Valley o Boston, he procurado abrir el debate acerca de una realidad cada vez más evidente y que se confiere a la realidad empresarial de nuestros tiempos. Una idea vale más que su ejecución. Entenderlo es fundamental para ver el cambio de socioeconómico que nos invade y que algunos llaman crisis.

En la vida hay dos llamadas que soñaba recibir. La primera: “¡corre ven, he roto aguas!” y la segunda, algo más sofisticada sería: “¡hola, soy Google!”. En distinto momento recibí las dos. Está claro que llegar a desarrollar algo que le pueda interesar al gigante de Mountain View no es sencillo y, a parte de una gran dosis de esfuerzo, tienes que tener algo de suerte. De todo lo que aprendí en ese tiempo me quedo con el nuevo valor del término “ocupación”. Estamos ante una retorcida escala que proporciona la contratación de ideas y de las personas que las contienen. Se contrata el tiempo en el que se piensa, no en el que se “ejecuta”.

Gracias a esta generosa experiencia localizada entre California y Massachussets pude descubrir que la economía digital permite atender con eficiencia el valor de emprender ideas y aportar crecimiento a medio plazo. Está pasando en USA y podría pasar en Europa. Aprender emprendiendo y emprender aprendiendo no dejan de ser las características principales de las “startups” que cada día nacen. De ellas es el futuro en los países que apuesten por el valor añadido, los sectores complementarios (aportación de ideas a cualquier industria o servicio) o lasociedad de conocimiento (razonable y constructivo). Las ideas no sólo son ideas, son la textura con la que se modelan las cosas justo antes de que sean reales. Afrontemos las ideas como resultado de la experiencia. ¿Qué pasa si sumáramos esa destreza que otorga la veteranía con la irreverencia del idealismo joven emprendedor?

Hoy en día, si con cincuenta años te quedas en paro, es probable que no vuelvas a trabajar por cuenta ajena en la vida. Más de la mitad de los jóvenes españoles no trabaja. Nadie les contrata por más del salario de un esclavo. Millones de experimentados profesionales se desangran en las colas de empleo. Estimulemos la suma, dinamicemos la fusión de voluntad, desesperación y sueños. Hagámoslo por nuestra cuenta y dejemos de desayunar cloroformo. Recordemos que nadie les regalo nada a los segundos en su día y nadie va a regalarles ya nada a los segundos. Regalémonos un sueño común y posible todos.

Cronología de una catarsis

Sigo por tierras lejanas. Cada vez son más los clientes y amigos que piden que les ayudemos a salir del complicado escenario español y buscar nuevos horizontes para sus negocios. Aunque la mayoría lo hacen empujados por la necesidad y no tanto por una estrategia estructural si es cierto que es una buena opción si se hace de manera bien organizada y consultada. El número de emprendedores y empresarios que deciden ponerse en marcha en territorios distantes aumenta desde hace años y a ritmo cada vez más acelerado. Mucho ha llovido desde que aquí habláramos sobre quiebras bancarias, cierres de empresas y aumento de paro que multiplicarían por cinco los que había entonces.

Viviremos tiempos de millones de parados, de huelgas y de altercados en las calles. Los policías se esconderán, los ciudadanos buenos serán atacados para silenciarlos y los emprendedores sólo emprenderán la huida. No vienen tiempos de coyuntura, es una crisis sistémica. Muchos querrán llamarla crisis durante mucho tiempo, pero otros, los que aquí seguiremos, sabremos mucho antes que los demás que eso no será una crisis sino un cambio rotundo de modelo social y económico. Espero equivocarme en lo que interpreto y no me atrevo a escribir. Un país que verá caer bancos, que se disfrazaran con fusiones o con lo que sea pero que al final en 2013 o 2014 o incluso después todos tendremos que pagar. En esta Era de la avaricia, el horizonte se nos presenta oscuro. Durante tres o cuatro años pintarán bastos. Los españoles han saqueado su país, cuya realidad económica vive bajo un estado lisérgico permanente.

Los efectos de este tripi gigante acabaron y ahora, la política y sus actores, deberán gestionar el enorme chasco. El sueño ha acabado y el despertar es como una garrafa de agua helada. Ningún político fue lo suficientemente suicida como para avisar de lo que se avecinaba pues hubiera certificado su derrota electoral. ¿Quién iba a votar a alguien que garantizaba la mayor crisis económica de los últimos cincuenta años y sus recortes y subidas de impuestos sin compasión? Que alguien les explique que no es una crisis. Que es hora de liderar un nuevo mundo. Y se lo advertimos, la cosa se puso más fea en los circuitos bancarios, en los ayuntamientos y sus derivados. Hoy todo eso es ya una evidencia y el peso de lo cotidiano es tan alto que no podemos ni respirar a pesar de que me rebelo contra todo ese malestar tatuado de manera transversal y espero poder retomar mi espíritu optimista y trasladárselo a mis socios, colaboradores, amigos y clientes.

No todo será malo. En muchos casos, la estrechez resultante provocará que algunos servicios que hasta la fecha se hacían sin mesura, deban adaptarse a los nuevos y gélidos tiempos. Las corporaciones municipales que quieran apostar por un valor en el servicio público deberán modificar sus objetivos si estos son faraónicos o desmedidos. Procurarán, los que puedan, atender exactamente a las necesidades de sus vecinos. El entendimiento por mancomunidades será uno de los efectos inmediatos a esta nueva situación. Algunas poblaciones que ahora no puedan afrontar la construcción, por ejemplo, de un polideportivo de según que dimensiones o coste de mantenimiento, podrán asociarse con otras para afrontar el proyecto con garantías de uso y equilibrio económico. Esto es diferente, duro y poco electoral pero no habrá otro remedio. Lo bueno que conlleva es que el dinero público deba invertirse de un modo mucho más eficiente.

Aun recuerdo la noche de hace un año en la que hablé con un buen amigo que vivía en aquel entonces en Grecia y que dirigía una de las empresas más importantes de Tesalónika. Me decía: “ahora me dedico, tras desayunar en casa de mi madre, a tirarle piedras a cualquier coche oficial que pase frente a mi”. Me dijo que así era hacía tiempo, que lo ejecutaba en equipo y rodeado de parados y embargados cada día durante cuatro o cinco horas.  Unos días después publiqué algo que me confesaba otro amigo. Este era directivo de una entidad financiera española y decía que “si la gente supiera la verdadera liquidez que tiene el sistema no se lo creería”. Y a todo eso, hace un año, un 15M, la gente salió a la calle y se habló mucho de ello. Algunos regresaron a sus ordenadores, otros a sus reuniones de barrio y la mayoría a un limbo líquido donde se regeneran las pasiones.

El asunto es grave, ahora lo dicen todos los medios. Mucho más tarde de lo que hubiera sido de agradecer. Tal vez, con algo de tiempo, la gente podría haberse buscado la vida y no estar ahora en este barrizal cada vez más siniestro. Seguimos dando vueltas al mismo circuito y ese ahora ya es un cortocircuito que evidencia la majestuosa incompetencia de cuantos nos han dirigido en las últimas décadas y de cuantos se creyeron que la bonanza sobre la especulación no tiene fin. Lo que vivimos es un robo organizado en concepto de socializar las pérdidas y legalizado por la subida de impuestos que no estamos preparados para soportarla ni en el tiempo previsto, ni en la intensidad prometida, y menos para compaginar un crecimiento económico que pueda salvar todo esto a medio plazo. Por mucho que hagamos, el agujero es tan profundo y oscuro que nos engulle inapelablemente. Les pasó a irlandeses, griegos y portugueses y nos va a pasar a nosotros, a los italianos, belgas y derivados. En ese planteamiento de incerteza dramática hay que poner los tacos y preparar el punto de partida. Un nuevo mundo, una nueva oportunidad.

Esto lo escribo, peleando y arriesgando mi patrimonio otra vez, mirando desde las nubes el majestuoso Océano Pacífico, pensando lo lejos que queda todo, incluido mi hijo de casi siete años y recordando sus palabras en Viber: “papá, ¿cuándo terminará la crisis mundial?”. Le he respondido: “hoy”. Esto termina cuando a cada uno de nosotros se nos meta el gusano obsceno de la rabia, de la revolución personal y de las ganas de tomar las riendas de nuestra propia vida. “Me da igual lo que digan que harán por mí, yo sé lo que yo voy a hacer: emprender”.

Que no nos engañen más. Que le digan a todos que no tienen la más remota idea de cómo desmontar ahora el desastre que han organizado. Primero vertiendo dinero sin reparo, ahora retirando los estímulos, luego acelerando la modificación del sistema financiero, luego salvaguardándolo, primero hablando de reformas, luego de impuestos. Que acepten que el desastre es de tal calibre que no hay por donde cogerlo. Yo ya no cuento con ello y por eso me lo monto yo mismo y me lo organizo a mi manera, esperando el fracaso ilusionadamente.

La sociedad que no arriesga, no avanza. Hoy en día el valor de equivocarse parece un síntoma de final irrecuperable, cuando debería ser todo lo contrario. Sólo se hace gigante aquel liliputiense capaz de acumular errores. Un buen empresario no lo es hasta que no ha fracasado alguna vez. En Estados Unidos ese valor prevalece en cada proyecto que sus ciudadanos ponen en marcha. No hay fracaso malo, sólo hay oportunidad fallida. Hay más. En nuestro país y en algunos de nuestro entorno inmediato entrar en default es sinónimo de imposibilidad de poder afrontar otro reto emprendedor en tu vida. Las catalogaciones contra el histórico crediticio te amputan todas las opciones. Ese es uno de los motivos por los que, poco a poco, hemos ido deconstruyendo una sociedad que en su momento estuvo llena de vida.

Por mucho que nos llueva el mensaje a mi no me cuadra tanto discurso emprendedor. Los que ahora hablan de todo eso no son más que los creadores de tanta miseria prefabricada y tanta burguesía de plástico donde se esconde la escasa capacidad para emprender estratégicamente en muchos puntos de la vieja Europa, de producir competitivamente y de activar los pocos recursos que ya quedan en planes de estímulo que generen un nuevo modelo de crecimiento. Y en eso estamos cuando a uno se le quiebran las piernas pensando en sus ahorros, esos que tanto costaron reunir y que en gran medida dependen de “la buena gestión” de los que no vieron o negaron la que se avecinaba. ¡Menudos como para dejarles a sus merced nuestro capital!

Que obliguen a algún banco a digerir en sus balances a una caja con una agujero bíblico, no ayuda mucho a que el sistema cure sus deficiencias. Que se avance la creación de un banco malo no ayuda demasiado. ¿Alguien puede confiar a estas alturas que un banco repleto de basura financiera va a ayudar a que la realidad se convierta en algo mejor? ¿Alguien cree que tomar todos los activos tóxicos de la banca española y convertirlos automáticamente en los activos de una entidad de resguardo lo soluciona todo? ¿Nos toman por estúpidos? El banco malo se compone de las cosas que nadie va a pagar, de las deudas que se deben eliminar en los balances que evidenciarían quiebras y fallidas técnicas en algunas entidades. El gap es que se confía demasiado en que algún día alguien querrá esos activos malos. Si eso no pasa en un tiempo prudencial, la hostia será soberana y todos tendremos que refinanciar el macro agujero.

Foto: Reuters