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El riesgo que corremos cuando la Transformación Digital pública es pura cosmética.

El riesgo que corremos cuando la Transformación Digital pública es pura cosmética.

Las preguntas son sencillas. ¿Tiene España un plan para el impacto de la Inteligencia Artificial en la sociedad? ¿Tenemos un plan para que la transición entre el empleo que se genera ahora y el que va a precisarse en menos de cinco años sea lo menos traumática posible? ¿Qué leyes sobre economía circular se están preparando? ¿Se ha previsto legislar en aspectos como la economía colaborativa? ¿Hay alguna comisión trabajando ya en el estudio de la tributación robótica? ¿Quiénes y desde que ministerio se está analizando el coste que tendría una renta mínima universal?

'No es una burbuja, es un nuevo modelo económico'. Entrevista para Sintetia

Ayer salió publicada la entrevista que me hizo la semana pasada Javier Garcia para la publicación digital Sintentia. Durante una larga entrevista hablamos de emprender, de tecnología, de la ronda de financiación de Openshopen, del proyecto Conector, de que se considera éxito y que no, del papel de la administración en este momento histórico y de algunos detalles de tipo más personal. Lo pasamos bien. Aquí os la dejo por si es de vuestro interés o no la habéis leído ya.

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Marc Vidal, “No es una burbuja, es un nuevo modelo económico que requiere un tipo de análisis distinto”

JAVIER GARCIA. 9 de Fegrero.- Hoy entrevistamos a quién para mí es una referencia en muchos ámbitos: como emprendedor, mentor, comunicador y pensador afilado. Marc Vidal es un emprendedor de éxito y un prestigioso consultor en innovación. Ha fundado una decena de compañías. Actualmente lidera las multinacionales Openshopen e Idodi. Su vocación por las startups le ha empujado a impulsar la importante aceleradora Conector. Es un inversor de referencia para empresas de base tecnológica a través de varios fondos que él mismo gestiona. Ha sido director de postgrados para la Universidad de Barcelona y actualmente imparte clases en buen número de escuelas de negocio de Latinoamérica y Europa. Es miembro del grupo de Investigación en Nueva Economía de la Universidad Politécnica de Madrid. Desde su blog, galardonado con el 3er premio de los EuroBlogs Awards al mejor blog europeo, alertó de los peligros de la crisis varios años antes de que se produjera y de cómo afrontar el cambio de modelo económico en el que estamos transitando. Ha sido seleccionado una de las diez personas más influyentes de Internet en España por su capacidad de interpretación de los cambios tecnológicos y socioeconómicos. Reside en el conocido Silicon Valley europeo, Dublín pero es conocido por su tendencia nómada y viajera. Ha publicado diversos libros, como ‘Contra la cultura del Subsidio’, o el último de los cuales, ‘Una hormiga en Paris’, da título a una de sus conferencias más populares y que narra, en primera persona, como alcanzar nuestros sueños como emprendedores a pesar de las dificultades. Y por si fuera poco, dirige la revista Westinghouse Future Economy.

Marc, ¿Por qué los grandes éxitos comienzan con una pequeña victoria? Ésta frase destaca en la portada de tu nuevo libros, “Una hormiga en Paris”.

Hay que definir que es éxito. Hacer lo que quieres y cuando quieres y que además eso te permita vivir como tu consideras que es suficiente puede ser éxito. En mi caso necesito poco, por eso, cada pequeña victoria, cada logro por minúsculo que parezca, va construyendo tu más que probable éxito.

Vives casi en un avión :) y tienes acceso a muchos ecosistemas empresariales, a diversas formas de hacer negocios e, incluso, palpas diversas culturas sociales. ¿Qué hace que un país tenga un mayor dinamismo empresarial y tecnológico que otro?

Hay países que definen el tiempo actual como un mal paso. Me refiero a la crisis. Hablan de todo esto como de una situación temporal a la que hemos llegado por ‘agotamiento’ del consumo o porque ‘tocaba’. Ahí se encuentran la mayoría de quienes deberían de liderar los procesos de cambio o, como mínimo, estimularlos en los países donde ese dinamismo tecnológico no se produce. Los otros son los que los que disfrutan de la complejidad que supone enfrentarse al reto de escalar en los términos de una nueva economía, de abrazar a la tecnología como hicieron nuestros antepasados en otros momentos de la historia y de convertir este escenario digital que nos rodea en el motor de una sociedad mejor y más automatizada. Que la gente quiera montar negocios requiere ponerlo fácil. Casi es mejor que no se intervenga mucho y que se deje hacer cosas que sean innovadoras y que a veces chocan con lo establecido, porque el tiempo corre y lo hace siempre hacia lo eficiente y lo tecnológico. Que esos negocios se quieran montar de manera digital, tecnológica, depende de estímulos, educación digital y entender dónde estamos y hacia dónde vamos.

¿Qué está fallando en España? ¿Es un problema cultural? ¿Es un problema educativo?

Es una mezcla de muchos factores. Tampoco tengo claro que esté fallando nada. Probablemente recogemos la herencia de un modo de plantear la vida: si no tienes una casa no tienes garantizada la jubilación, todos debemos tener hipotecas y eso de la movilidad si no es obligatoria ni se plantea. En otros lugares del mundo, donde el emprendedor es el tronco sobre el que gira el futuro inmediato, muchas de las barreras culturales y educativas que nosotros hemos vivido son muy distintas, por ejemplo, el hecho de valorar el fracaso como un lastre de por vida de tipo cultural y fiscal. Es duro que te salga algo mal, pero cómo vas a aprender de ello si encima tienes que pagar el resto de tu existencia por él. El éxito, a veces, también está visto de igual manera. Si te sale mal, ya te lo decían, si te sale bien, ha sido suerte. El trabajo se valora en proporciones muy distintas en otros lugares. Por ejemplo, los que tenemos la manía de abrir muchos proyectos, de participar en mil cosas, eso que llaman ‘en serie’, nos arriesgamos a que algo salga mal y será por eso que se nos acusará muchas veces. El resto de logros se diluyen.

 ¿Qué quitarías de todo nuestro entramado institucional, legal, fiscal y financiero para que en España pueda emerger un ecosistema empresarial dinámico y con capacidad para competir a escala global?

Casi todo. En España, como en algún país más del entorno, todo lo que tiene que ver con montar un negocio es un calvario y una vez montado todo son elementos de fricción. Además es que es una detrás de otra. Leyes de emprendedores que fueron papel mojado, muros en la normalidad de la gestión de los datos, regulaciones casi inéditas en el mundo para que la búsqueda de financiación beneficie a los bancos o un modelo tributario fuera de toda lógica de los tiempos que vivimos, por ejemplo la ‘exit tax’ para startups. Sigo pensando que hay lugares donde la administración, cuando interviene, perjudica. En lugar de ser un facilitador se ha convertido en un inconveniente. Dudo ya que lo hagan con mala fe, creo sencillamente que lo hacen porque viven en un mundo distinto, lejano y donde la mayoría de las características que podrían convertir un país en crisis en una economía moderna y con expectativas, los ciega.

Con la proliferación de aceleradoras, incubadoras y tanto “bombo” que llevamos dando a los emprendedores, sobre todo desde el inicio de la crisis, ¿hay espacio para Conector una de las iniciativas que lideras junto a un equipazo de socios? ¿En qué osdiferenciaiss?

Permíteme que te confiese que Conector es lo mejor que me ha pasado en tiempo. Además de ser socio, lo cual es una inversión, poder trabajar con el lujo de socios que tengo, hay un aspecto que deriva de la posibilidad de ser mentor intensamente. Debería de pagar en lugar de recibir. A cada ‘board’, a cada entrevista, a cada momento en el que junto a un grupo de emprendedores te traslada sus sueños y proyecto, el que aprende soy yo, el que se carga de energía soy yo. Dicho esto Conector representa aire fresco al escenario de las aceleradoras. Carlos Blanco defiende, y con razón, que nuestro papel privado en todo esto ha sido clave. El modelo de seguimiento de las aceleradas que proviene de un ‘matching’ entre mentores y startups está siendo un éxito. La selección no se hace bajo tablas o modelos preestablecidos, hay mucho trabajo detrás que en algo más de un año ya ha logrado que el 90% de las startups que han pasado por nuestro programa lograran cerrar sus rondas de financiación y pusieran en valor de mercado sus productos. En Conector vemos cómo un proyecto que llega, evoluciona y se hace mayor en 6 meses.

Ves muchos proyectos ¿Qué tiene que tener un equipo o una idea para que estudiéis la “oportunidad”?

Nos llegan por diversos lugares. A mi desde Latinoaméricaa, Irlanda y España me ocupan mucho tiempo revisar, leer y preguntar sobre lo que se me envía. Son decenas de proyectos cada semana. En Conector, por ejemplo, la cifra es gigantesca. Hay muchas ganas de hacer y mucho talento esperando su oportunidad para que gente que sabe mucho les ayude. En algunos casos tenemos a quien más sabe de ello en el país. Eso es real. Pero también a gente tremendamente bien conectada, un tema clave para trabajar el network de salida. Para que nos ‘entre’ debe cuidar más el equipo que la idea. Ideas hay muchas y cuando crees tener algo único resulta que hay otros que ya lo están haciendo. Es preferible en ese caso diferenciarte por la capacidad del equipo emprendedor. Buscamos gente, buenos equipos, por encima de las ideas. Obviamente ese equipo debe defender grandes ideas, pero repito, esas a veces son de menor valor.

En el ámbito de la tecnología, ¿Dónde crees que están los retos y las oportunidades de inversión?

En el ocio de las personas. Automatizar el ocio, el gaming y el tiempo libre. Permitir que una plataforma facilite todo eso siempre será un plan de negocio interesante. El ser humano tenderá a tener más tiempo ‘libre’ por el trasvase laboral hacia los robots y los automatismos. Ahí entra, aunque hay quien lo duda, todo lo que tiene que ver con la compra, el comercio electrónico. Creo en el crecimiento imparable de todo ello, también como ámbito para invertir y para atender su evolución. El nicho, el producto fuera de los grandes ‘marketplaces’ son grandes oportunidades de negocio escalable. También, y por derivación, todo el M2M o llamado IoT (Internet de las cosas), donde la comunicación entre máquinas se llevará por delante a muchos grandes dinosaurios empresariales que no se están adaptando. El big data o el small data, me da igual, en concreto las empresas capaces de gestionar de manera inteligente y automática los datos. Las empresas que llevaban campañas electorales de comunicación hace apenas 4 años eran expertas en redes sociales, ahora son equipos de gestión matemática que analizan tendencias. También me interesan mucho las plataformas que se llevan por delante intermediarios. Es la economía socializada. Hay más pero los conozco menos. Robótica aplicada y temas de biotecnología obviamente también.

¿Crees que es más difícil emprender fuera de los entornos urbanos más densos como puede ser Barcelona, Madrid o Bilbao?

No debería porque la tecnología lo ha aproximado todo, pero sigue siendo así. Tiene más que ver con el ‘como te ven’ que con el que realmente eres. Además hay ecosistemas muy fuertes que se focalizan en zonas y olvidan otras. Eso es una lástima, pero es así. Aquí en Dublín, por ejemplo, está todo. Apenas hay nada tecnológico fuera del núcleo. Dos ciudades grandes que por motivos inmobiliarios ocupan alguna multinacional, pero esto es algo global.

¿Qué elementos son esenciales para involucrar a más inversores no profesionales en el ámbito de las startups? ¿Qué elementos dan más respeto miedo a la hora de invertir en fases tempranas?

Deben pensar que todos tenemos parte de responsabilidad en que una economía se modernice y se presente ante el futuro con garantías. Los que piensan, los que ejecutan, los emprendedores, las aceleradoras, el gobierno, la prensa, pero también los bancos y, por que no, los inversores no profesionales. Pero también pueden pensar que si se hace con cierto cuidado –invertir-, o diversificando bien, por ejemplo a través de fondos para inversores no profesionales, las opciones de que salga bien son mucho más altas. En este sentido, acabamos de montar un fondo a este efecto del que soy parte, Idodi Venture Capital, destinado a pequeños inversores que quieran ir de la mano de gente que de esto sabe mucho. La idea es invertir en una docena de empresas en cantidades importantes, no sólo simbólicas, y que permita influir en la gestión de esas participadas. El objetivo es que el riesgo se reduzca por tres puntos, i) el de que solo se invierta en empresas muy bien elegidas y con vocación de pasar una temporada en Dublín para preparar el salto a Estados Unidos; ii) que se pueda participar en el control del proyecto, de ahí que sean inversiones que busquen acompañar a los emprendedores, y finalmente que durante el tiempo de vida del fondo este busque colocarse en un número suficiente de startups para evitar el temido porcentaje de mortalidad. Para ello iii) nos apoyaremos en Conector en gran medida que está logrando una mortalidad casi insignificante.

¿De cuáles de tus proyectos empresariales te sientes más orgulloso? ¿Cuál está generando ya unas grandes y reales expectativas de crecer?

Siempre debes sentirte más orgulloso de aquello que estés haciendo en ese momento. Openshopen, el cual no lidero yo pero si lo fundé, es un proyecto muy importante. Hemos pasado por varias etapas y seguimos aprendiendo mucho. Quisimos hacer algo que ya hacen otros y enfocarlo de un modo distinto, hacerlo mas simple y fácil de usar para adentrarnos en mercados emergentes donde el ecommerce crece rápido y donde los grandes players aún no han ido por su complejidad. Ahora mismo tenemos clientes en medio centenar de países y equipos concretos en México, Nigeria, Kenia, Colombia, Brasil y otros. Estamos en plena ronda de financiación y, además, te das cuenta de la calidad humana de las personas que tienes en el equipo y de las oportunidades de crecer aun más rápido. Idodi es otro de esos proyectos de los que me siento orgulloso por cómo ha sabido reinventarse. Ahora lo dirige alguien muy especial para mí, mi hermano, y está enfocado en la transformación digital de las empresas y a lograr que aquellos que quieren vender por internet lo logren. Conector, ya explicado, o proyectos de moda como Zytto, algo que empezó casi en broma junto a mi socia Lara y que ella ha consolidado en muy poco tiempo. En su día, estuve muy orgulloso de fundar y poner en valor la empresa Cink.

Twitter se dispara en bolsa aun cuando tenía importantes pérdidas, SnatChat con la entrada de Alibaba la valoran en 10.000 millones de dólares (sin prácticamente facturación alguna), esta semana nos enteramos que un fondo ha comprado La Nevera Roja a valor 40 veces su facturación… ¿Estamos otra vez en una burbuja respecto a las empresas tecnológicas o es otra cosa?

En algunos casos será así. Por supuesto que en los ‘mercados’ hay para todo. Vengo de ahí, me pasé un tiempo trabajando en bolsa y sé que no siempre las cosas valen lo que cuestan, pero pueden valerlo. En los casos que comentas hay otros factores. El inversor busca ganar dinero y lo hace invirtiendo incluso en empresas que pierden dinero, y mucho, porque a pesar de ello, cuando decida o pueda vender, sabe que seguirá siendo una empresa invertible. Y eso puede pasar de nuevo en pérdidas, por que el valor de Twitter no es lo que ahora se logra, es lo que se espera de ellos. Amazon pierde tanto dinero que a veces sorprende que siga vivo, pero su valor es otro, su futuro está en liderar un modelo de logística y negocio que requiere invertir mucho. Las startups viven de rondas de financiación y eso no es malo, es la lógica de los tiempos. A unos les sale bien rápido, a otras se les retrasa y algunas no lo logran. En un gran número de ocasiones, éstas que cierran antes de lograr el éxito a pesar de recibir inversión, les faltó el ‘extrapoint’ que llamamos, ese extra de financiación que las hubiera puesto en su lugar soñado. No es una burbuja, es un nuevo modelo económico que requiere otro tipo de análisis a los tradicionales.

¿Nos puedes contar en qué startups estás poniendo ahora mismo energías y cómo es el modo en el que a ti personalmente te gusta participar en ellas?

A parte de mis proyectos ya descritos participo como socio y advisor en fondos como Sitka Capital o como socio activo en un buen número de startups o proyectos. Estoy en algo que me divierte mucho y que va a demostrar que en el mundo no hay monstruos, se llama ‘Rien’ , en el proyecto de economía social PopPlaces, en una aplicación que va a revolucionar el modo en el que las personas se relacionan con las marcas Adictik, en el periodismo robótico de Cilenis. Cada cierto tiempo abandono el seguimiento de las que ya van mejor (o salen mal) y elijo dos o tres más en las que ayudar. En breve habrá un par de entradas importantes en empresas, una de M2M y otra vinculada al big-data que tienen una visión internacional tremenda. Todo basado en el mercado anglosajón.

Hemos entrevistado a Guy Kawasaki y nos dijo algo muy interesante: “un prototipo vale más que mil palabras”. ¿Se necesita esa “beta” para que los inversores y tu “red” o los clientes, confíen en ti?

Si. Quien va a negar algo que diga Guy. Yo no.

Y para finalizar te pedimos que completes algunas frases:

1.- Mi mayor fracaso… es personal,
2.- Lo que aprendí tras ese fracaso… que debo viajar menos.
3.- El éxito para mí… despertar cada mañana con un poco más de ilusión que la que tenía el día anterior.
4.- Un autor de referencia que siempre me acompaña… Ray Bradbury, Asimov y Stanislav Lem.
5.- Para organizarte bien y ser productivo respondo correos entre las 7 y las 9 y no lo abro entre las 9 y las 12 AM.
6.- Mi propósito en la vida… todos están en mi hijo.
7.- Me preocupa que quienes lideran viven en una aurora boreal.
8.- Un blog… me encanta Backchannel y, si, soy un clásico, casi a diario como una costumbre, Enrique Dans, ahora en Medium no obstante.
9.- Una iniciativa que me ha sorprendido en España… me gustó mucho el proyecto de crowdfunding cientifico ‘Precipita’ en su día.
10.- Un lugar para recuperar mi paz interior… Cliffs de Moher.

Emprendedores incómodos

El titular del post de hoy responde al que la Agencia Efe destacó de modo similar tras entrevistarme la semana pasada. Considero que el discurso favorable a los emprendedores y toda esa merienda de apoyo y soporte por parte de la administración no es más que papel mojado. Creo que el emprendedor no es el cuerpo social más agradable para la administración por diversos motivos.

Un emprendedor es un agente incómodo para la administración al preguntarse por qué tiene que pagar una cosa o acatar una decisión determinada, ya que ser emprendedor requiere un fuerte compromiso con la innovación pues precisa de ella para competir con empresas que estaban antes que él, ser emprendedor obliga a ser optimista, pues sin ese valor casi irreflexivo a veces no se conquistan nuevos territorios. Pero ser emprendedor exige ser crítico con tu entorno para facilitar la creación de riqueza y de supervivencia de un negocio a fin de crear empleo. No es lo mismo acudir al trabajo a las 9 y salir a las 5 a no tener hora de entrada ni salir nunca pues el proyecto que llevas entre tus manos requiere de concentración constante. Esa exigencia superior aborta cualquier imposición irreflexiva y te pone en alerta de la ineficiencia pública.

A las 3 de la madrugada quedan muchas luces encendidas, son ingentes manadas de corredores de fondo que siguen preparando sus proyectos, que dejaron de dormir pues sueñan despiertos. Cuando no puedas más, mira por la ventana, observa, en tu ciudad, en tu país, en el mundo, hay millones de luces abiertas, de pantallas, de bombillas pequeñas, de alógenas, blancas o tibias, todas dan luz a un rostro cansado pero repleto de ilusiones, una hora tras otra, un día tras otro, una vida tras otra, todos tecleando, dibujando, en el aire, en la computadora, todos, pensando: “es posible”. La entrevista que me  hizo José Castán de la Agencia Efe se divide en dos partes. La primera es de reflexiones del tipo más económico y emprendedor y la segunda atiende a la presentación del libro ‘Una Hormiga en París

Marc Vidal: el emprendedor “no es algo agradable” para el Gobierno

JOSE CASTÁN | MADRIDLUNES 28.10.2013

Marc Vidal emprendedor, empresario, analista económico, blogger y especialista en startups señala que “lo que tiene que hacer el Gobierno es ponerse a trabajar, que facilite a los emprendedores el poder emprender” porque lo que “no tiene mucho sentido es que a un emprendedor que se acaba de poner en marcha, en su primera factura le metan un 42% de costes añadidos sobre lo que me va a facturar que no es para él, tanto el IVA como la retención del IRPF”.

Encarecer el producto

De esa manera, añade Marc Vidal, “se está encareciendo su producto, generando muy poco con lo que le queda, con lo que no puede reinvertir y sobre todo no puede contratar a nadie”. Además, “los costes en este país para contratar a alguien son los que son y están fuera de lugar para el momento en el que estamos”. Por ello, lo primero que debe hacer el Gobierno, en lugar de aprobar leyes que son “difíciles de llevar a cabo”, es cambiar “la política fiscal, fundamentalmente, para los emprendedores tecnológicos”. En su opinión, un emprendedor no es solamente una persona que decide poner un modelo de negocio en marcha sino “alguien que va a tener que arriesgar su patrimonio o el de aquellos que han decidido apostar por él, que va a tener que innovar para enfrentarse a la competencia y que según avanza se preguntará porqué tiene tantas trabas”.

No sólo un soñador

Marc Vidal lamenta que la sociedad de a los emprendedores “un papel de alguien qué está todo el día soñando proyectos”, cuando se trata de “un tipo que se está enfrentando todos los días con un montón de problemas e impedimentos”. Por ello, considera que lo que mejor pueden hacer los Gobiernos con los emprendedores es “no meterse mucho porque cuando intervienen es un inconveniente”. Se perdió “una oportunidad para fomentar el emprendimiento cuando este país crecía. Ahora vamos con prisa” “Si dejan un poquito de espacio y ese espacio son políticas fiscales, rebajas impositivas como a la fundación de una empresa, sería todo mucho mejor”. A su juicio, se perdió “una oportunidad para fomentar el emprendimiento cuando este país crecía. Ahora vamos con prisa”.

Marc Vidal cree que el problema es que los políticos “no tiene luces largas”, ya que la política trabaja “a cuatro años vista en el mejor de los casos, incluso menos, porque se pasan un año de campaña previa”. De esa forma “no pueden interpretar el verdadero momento histórico en el que estamos, en el que se desaprovecharon años de bonanza a un nivel como nunca habíamos tenido y se podía haber reinvertido en cambiar el modelo de crecimiento, darle riqueza al PIB en lugar de especulación”.

“Si se hubiese aprovechado ese momento ahora estaríamos hablando de otra cosa. Fue entonces cuando se tenía que haber hablado de emprendedores”, argumenta. “Ahora se habla de emprendedores porque así parece que quedas bien. Antes tocaba hablar de redes sociales y ahora de emprendedores pero la realidad es que estos señores (los políticos) dicen apoyar tanto a los emprendedores y les meten un 42% a los autónomos.”.

Marc Vidal presenta el libro “Una hormiga en París” o cómo innovar sin saberlo

Marc Vidal se decidió a contar su viaje a París de hace más de veinte años, tras una conferencia y darse cuenta de que muchas técnicas sobre innovación y emprendimiento que se estudian ahora en las escuelas de negocios se asemejan a las que inconscientemente planteó para mantenerse en París.

Este empresario y analista económico, que ahora está embarcado en la startup además de otras colaboraciones, explica que “Una hormiga en París” trata de su viaje a París y cómo hace para poder estar más en esta ciudad que las dos semanas previstas. “Encontré una oportunidad al observar a un grupo de músicos y a partir de ahí inicié una serie de elementos que años después he ido sabiendo que lo que hice allí fueron modelos de innovación, básicos, pero que responden a un estudio de mercado”, apunta.

Su primer plan de negocios

Vidal reconoce que el pasaje del libro en el que se acerca a los músicos y coge una gorra para recolectar unas monedas por la actuación de éstos, no es su primer momento emprendedor.”Mi primer emprendimiento fue con doce años cuando en el colegio nos intercambiamos cromos”. “Yo confío en que si tengo muchos más cromos accedería a esos que nadie tenía, para ello tenía que comprar muchos cromos y pensaba que ganaría dinero con los cromos que nadie tiene porque los vendería”. Entonces, añade, “presenté a mi madre un plan de negocios en una hoja y básicamente le dije que si tu me das dinero, yo te voy a conseguir más, pero no funcionó”. “No contaba con un elemento clave como es que las marcas que fabricaban los cromos no editaban algunos precisamente para que entráramos en esa dinámica de búsqueda”.

Experiencia en París

Marc Vidal con el tiempo se ha ido dando cuenta de que su experiencia en París, demostraba que dentro tenía un emprendedor en potencia. “Detecté una oportunidad, le cojo la gorra sin pensar, pero luego percibí que lo que hice me daba beneficios y a partir de ese instante se inicia una relación con estos músicos orientales, de los que aprendí mucho pero a los que yo tenía que ir aportando algo. Les empecé a proponer cosas, algo difícil hasta que uno de ellos se hizo mi mentor, él era el jefe y yo su director de innovación”.

Para Vidal, su viaje a Francia no tiene que ver con la salida de jóvenes ahora de España en busca de un trabajo que no encuentran aquí. “Yo no me fuí huyendo de nada sino más bien persiguiendo algo”. No obstante, reconoce que algunos de estos jóvenes si que “buscan encontrar su sueño”, al tiempo que lamenta que que la “huida” de estos jóvenes, sea “sin vuelta porque cuando “encuentras con mucho esfuerzo algo en un lugar, es difícil volver”. “Eso no quiere decir que sea malo no volver sino que el problema es cuando esta huida es tan masiva desde el punto de vista del talento, de la capacidad y del futuro porque es precisamente el futuro lo que se le escapa a un país”.

Depende de nosotros

Escribo esto desde la sala Velázquez de la Terminal Internacional de la T4 de Madrid. Como cada mes, vuelvo a Latam y a Estados Unidos. Esta vez es un viaje con premio. Me permite tener una excusa formal para no ver el debate electoral de esta noche y también para, durante este tiempo, alejarme de una campaña electoral de escaso valor, tanto técnicamente como en aspectos de fondo. Los asuntos que ocuparán el mundo estos días no serán muy distintos a los de los últimos meses. Una amalgama imperfecta de personas intentado que se les escuche, otro cúmulo preguntando que hacer con sus vidas para no perder todo cuanto tienen, los mismos tertulianos de siempre retocando sus discursos según convenga y un selecto equipo de gestores determinando una y otra vez acciones que no sirven apenas para retrasar el desenlace.

Italia seguirá su curso hacia el abismo porque nadie se ha atrevido a ejecutar un plan de rescate serio, Grecia, en cuanto se diluya el efecto vaporoso y la transferencia ingente de dinero sea absorbida por la seca economía helena, volverá a poner contra las cuerdas el euro, España, tras las elecciones recibirá los ataques de todos los ejecutivos de mercado que verán en nuestro país una presa mucho más fácil y sin cortafuegos. España vive el desmantelamiento total y el robo organizado.

A cambio seguiremos pendientes de lo que somos capaces de hacer. Os aseguro que, lejos de campañas como “estoloarreglamosentretodos” que rozaban el insulto en el pasado y de las que ahora nadie habla ni nadie pide responsabilidades, lo que debemos hacer es estudiar el escenario, en todos sus ángulos, deducir y tomar decisiones. Aquí nos vamos a dedicar a eso en los próximos meses. Seguiremos analizando lo que pasa pero desde la distancia, desde el valor objetivo y tranquilo que nos otorga a todos el que durante los últimos siete años ya lo llevamos haciendo. Deduciremos gracias a la aportación de los nuevos colaboradores de este espacio y daremos las claves. Emprender, redes, nuevos escenarios, nueva economía y aprendizaje invisible. Sólo nos queda eso. Como dije, cuando la cometa vuela es porque el viento sopla en su contra.

En el tiempo que trabajé como broker aprendí que el talento y la capacidad no suele ser un aliado en esos entornos. Es difícil vencer, por muy bueno que seas, a un aprendiz con muy mala sangre, sin escrúpulos ni ética. La criba que se hace en ese territorio es de tal calibre que no vale como punta de análisis en ningún estudio. Sin embargo si que permite entender que el salto, a veces, incluso en los momentos más extraños hay que ser capaz de darlo. No sirve quedarse quieto pensando que todo va bien. Si no te gusta lo que ves, a mi me pasó, lo mejor es abandonar y hacerlo a tiempo. Si las circunstancias te vencen, puede que te veas en el peor de los juegos.

Tras escoger un centenar de clientes y dividirlos en dos, a unos asegurarles que una acción subirá y a otra mitad que bajará, llamar al día siguiente a los que hipotéticamente creen que acertaste y volverlos a dividir con el mismo criterio y hacerlo hasta que sólo queda una persona que confía ciegamente en un agente de cambio y bolsa que lleva siete aciertos consecutivos, descubres que manipular a quien quiere ganar fácilmente es fácil. Eso lo viví de cerca, lo hacían algunos brokers y lo dejé a tiempo de no tener que hacerlo. Tras una de mis quiebras como emprendedor no pude más que trabajar en lo que sabía y hacerlo como asalariado. Por suerte pude huir sin intoxicarme demasiado, pero aprendí mucho, de mercados, sobre la avaricia, los sofás y las tormentas. Gran parte de lo que ahora somos como sociedad depende de esa actitud mediocre que muchos hemos tenido alguna vez de la vida. La misma que tiene muchísima clase dirigente. Cuando digo dirigente me refiero a todos los estamentos, no sólo político sino también empresarial, social, cultural y, si me apuran, nacional.

Ahora hagan un esfuerzo de imaginación. Piensen en un montón de empresarios de primer nivel. Reúnanlos todos en un foro, en un salón de actos de una escuela de negocios muy prestigios. Pongan en la sala los responsables de las cámaras de comercio, asociaciones patronales, juntas directivas y otros elementos de juguete como esos. Escojan un tema reivindicativo como por ejemplo la solicitud de un aeropuerto como dios manda para una ciudad importante. Una ciudad que siendo un enclave estratégico, no deja de ser una segundona en el país que conforma. No abran aun los ojos, sigan imaginando el acto. Críticas a una hipotética organización centralista que ha apartado a la sociedad en cuestión del éxito y derecho a tener un aeropuerto como Dios manda, alegatos a un futuro empresarial que debe levantarse en armas para lograr lo que merece y aplausos reiterados a los discursos manidos de siempre.

Imaginen que tras ese soporífero evento, meses después se inaugura un aeropuerto fastuoso que deja inservible otro que ya funcionaba a menor capacidad. Piensen en el dispendio que supone dicha idiotez, cavilen sobre el evento y las caras de todos esos señores que debían poner en marcha el país. Gentes que no parecían darse cuenta que el aeropuerto que exigían estaba a punto de ser acabado y que, en lugar de pedir y pedir, debieran de hacer y hacer.

Dejen de imaginar, eso ha pasado aquí hace apenas un año y medio. Un mastodonte aeroportuario medio vacío frente a otro monstruo vacío del todo. Ese es el gran escenario logístico del futuro para los catalanes. Y no hablo del resto de barbaridades que se han hecho en ese campo de las infraestructuras aeroportuarias.

Los de la reunión aquella, quietos y callados, ya parece que lograron lo que esperaban y se acabó. Ahora que toca hacer de verdad algo, resulta que lo que tenemos es una línea aérea que pagamos entre todos pues en realidad, en lugar de eliminarla como se eliminan las empresas inservibles o sobrantes, es imprescindible para llenar unas cuantas puertas de embarque de ese aeropuerto infrautilizado.

Hagámoslo entre todos, sobretodo entre los que tenemos mucho que jugarnos. Si esperamos que otros lo hagan por nosotros vamos dados. Todo ese grupo de prohombres de bien siguen sentados en su cómodo social de alcántara esperando que las cosas cambien a su ritmo, por entonces ellos ya habrán pensado algo para que parezca que lo impulsaron ellos.  Que maravilla.

Emprendedores alemanes

Hablando ayer con un emprendedor alemán durante el vuelo de Los Ángeles a Panamá entendí me reafirmé en algunos de los elementos que reflejé en mi último libro sobre el modo en que otros países afrontan el modelo de emprendeduría y acción social en todo su conjunto. El germano en cuestión resultó ser uno de los fundadores de Zusammen. Eso me ha hecho recordar lo que considero de ese espíritu emprendedor alemán, el modo en que se implica la administración y, sobretodo, como se contempla socialmente su ecosistema natural con el resto de layers.

Si atendemos al modelo alemán veremos que en lo administrativo los esfuerzos han ido encaminados a reducir la fricción a la hora de montar un negocio. Allí, por ley, una empresa debe estar disponible en dos días. Eso ayuda a que grupos de emprendedores sin grandes recursos y mucha prisa puedan adoptar sus modelos de negocio con mucha más facilidad. Sin embargo el cambio en Alemania con respecto a otros entornos es que ese proceso está liderado por un cóctel informal de capital riesgo, proyectos audaces y charlas de bar. Las conversaciones ahora en algunos centros de desarrollo tecnológico de las principales ciudades alemanas gira en torno al número de usuarios únicos y de audiencias digitales. En España es cierto que hay una efervescencia en ese sentido pero parece responder más a una salida calculada a la imposibilidad de montar negocios con infraestructura compleja y que la digitalización de todo permite reducir costos e implementar el teletrabajo como sistema inicial. Luego ya se verá. En Alemania nada es improvisado. La burbuja puntocom también se cebó allí hace una década y lo saben bien.

Al contrario de lo que pasa por estos lares, los patrocinios son mucho más heterogéneos. Son muchas las empresas que están dispuestas a apoyar proyectos y a emprendedores en sus eventos o en sus productos más radicales. Aquí eso sólo pueden llevarlo a cabo las grandes empresas de siempre, coaccionando el desarrollo de nuevas iniciativas a las del gusto del patrocinador, y este siempre acaba siendo el mismo. El resultado: poca variedad emprendedora.

Leí a Rodolfo Carpintier en cierta ocasión describir ese modelo de apoyo a la emprendeduría digital. Se trataba de que un grupo de emprendedores alemanes que se habían hecho de oro gracias a Internet se organizaran en Berlín fundamentalmente para apoyar como Business Angels a otros emprendedores germanos. El resultado fue impresionante y algunos de esos apoyos se han convertido en verdaderas multinacionales que operan en medio mundo.

Se debe decir que, guardando la diferencia, precisamente están intentando lo mismo en España. Hay decenas de encuentros, citas, reuniones, clusters, que dinamizan los mecanismos que permitirán ayudar a emprendedores noveles a triunfar. Todavía la diferencia entre países, y eso lo conozco bien, es cuando el apoyo limita el territorio. Me explico, mientras que el inversor o ‘angel‘ empieza a examinar tu proyecto y se toma unos días o semanas para analizar la viabilidad de entrar en tu empresa, en España te impone muchas veces “focalizar en este país y luego ya veremos si salimos fuera”, en Alemania eso es completamente al revés. La filosofía y el valor emprendedor de los alemanes va directamente ligado a su voluntad por exportar. Ser la primera potencia exportadora del mundo es algo que se lleva en el modelo estructural y el emprendedor lo sabe, por ello afronta sus proyectos en ese sentido.

En términos generales, podemos decir que hay países que la emprendeduría es un estado de ánimo. Algo que va en paralelo a la manera de afrontar la vida. El caso es que no siempre ese “estado” es el que esperamos o creemos. Hay mucho tópico que viajando se curan. En Estados Unidos es evidente que lideran lo de ponerse manos a la obra, en Alemania su voluntad de exportar y en otros países el enfrentamiento al cloroformo social se interpreta de muchos modos.

Entre emprendedores y funcionarios

En la mañana de ayer participé en la grabación de un programa de televisión que analizará el valor, peso y futuro del sector público en España y el papel de los funcionarios en particular. Desconozco que día se emitirá y soy consciente que mi intervención se centrará en las frases y afirmaciones más “televisivas“ de todo lo que dije, pero, no obstante, supongo que se reflejará mi opinión acerca de que nuestro cuerpo funcionarial está sobredimensionado y no responde a los estándares de calidad y eficiencia que se requiere.
Generalizar con respecto al volumen y papel de los funcionarios sería un error, pues el tópico gris sobre el “vuelva usted mañana” para nada responde a la actual administración, que en gran medida está ya muy enfocada al entorno electrónico. Funcionarios son bomberos, médicos o policías, también. Ese tipo de trabajador público, en gran medida vocacional, se enfrenta al nuevo patrón que me parece identificar actualmente en un importante número de los mismos.

Hoy en día, ser funcionario es el objetivo laboral de toda una generación, y de hecho ese puede ser el último circuito para permanecer dentro de la clase media. Tras un enorme esfuerzo y superar unas oposiciones muy complejas en la mayoría de los casos, la vocación es un valor secundario cada vez más y el hecho de asegurarse una hipotética vida tranquila patrimonialmente hablando, la prioridad número uno. Sin embargo, considero que hay un riesgo latente. Es improbable que se pueda mantener el pago de dicha factura y más a medida que el paro aumenta y los ingresos públicos se reducen también. Este es un país donde los ingresos por cotizaciones sociales están bajando debido al descenso de recaudación de los impuestos ligados a la actividad o a la renta, pero durante años, mientras crecía el número de parados, la administración aumentaba las plazas públicas en centenares de miles. Sirvió para maquillar cifras, pero ahora supone un montante difícil de asumir como está quedando evidenciado. Reducir el sueldo de los funcionarios es un error. Seguramente habría que procurar establecer modelos de eficiencia.

Ayer supimos que el número de desempleados aumentó de nuevo, que las contrataciones en el sector privado volvieron a  caer y que nada parece indicar que la creación de empleo sea algo inminente. En ese escenario parece poco lógico que el cuerpo funcionarial creciera tanto en los últimos años que sobrepasan con creces la cifra de tres millones, lo que supone una factura salarial superior al 15% del PIB. ¿Es factible una nómina pública de este tamaño? La respuesta es no y el fin de la seguridad aparente del funcionariado también podría estar en camino. La opción que contrapuse ayer en el programa fue la de emprender.

Ahora bien, contraponer lo que significa emprender con lo que también supone entrar en el sistema funcionarial más garantista de Europa, no es sencillo.Emprender es lo contrario a la seguridad pública. Un emprendedor siempre está en crisis y el fracaso es un elemento consustancial con la propia actividad emprendedora. No entraré en la crítica al funcionario como género, hay todo tipo de individuos, pero nadie puede negar la diferencia evidente entre jugarse cada día todo y el no hacerlo.

Si hay algo que está mal visto en este país no es ser funcionario, ni tan siquiera el ejercicio empresarial, lo que no se soporta es el fracaso en si mismo. En una sociedad de valores en crisis como la nuestra, el miedo al fracaso tiene su sentido, puesto que el nivel de tolerancia hacia este hecho es cero. No hay transigencia ninguna. Se fabrican ciudadanos narcotizados cuyo miedo al fracaso es supino. Por ejemplo, a los jóvenes, les ayudamos a conseguirlo todo y a evitar que se enfrenten al fracaso. Muchos de esos chicos y chicas que analizan su futuro inmediato lo hacen pensando que “ser funcionario es lo más seguro y tranquilo”.

Vivimos en la sociedad de “no lo intentes sino vas a lograrlo”. Para los bancos y profesionales afines, para el cuerpo social en general, los intentos no valen, el aprendizaje que se logra en el salto y el posible intento fallido no es válido, lo que cuenta es conseguir el objetivo. Y no debería de ser así, sin tentativas no se aprende. No puedes saber si las cosas van a ir bien o mal antes de intentarlo. Me preocupa que una sociedad que considera mayoritariamente que lo mejor es ser funcionario deba afrontar los tiempos estrechos y difíciles que nos está tocando vivir.

Es mi opinión pero estoy convencido de que el espíritu crítico y analítico por necesidad de los emprendedores es mucho más estimulante para un cambio de modelo económico que el planteamiento seguro y tranquilo de un funcionario de carrera.

Os dejo con un cortometraje divertido que satiriza la relación entre autónomos emprendedores y funcionarios públicos. Cualquier parecido con la realidad es casual.

Este artículo ha sido publicado hoy en Cotizalia