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'No es una burbuja, es un nuevo modelo económico'. Entrevista para Sintetia

Ayer salió publicada la entrevista que me hizo la semana pasada Javier Garcia para la publicación digital Sintentia. Durante una larga entrevista hablamos de emprender, de tecnología, de la ronda de financiación de Openshopen, del proyecto Conector, de que se considera éxito y que no, del papel de la administración en este momento histórico y de algunos detalles de tipo más personal. Lo pasamos bien. Aquí os la dejo por si es de vuestro interés o no la habéis leído ya.

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Marc Vidal, “No es una burbuja, es un nuevo modelo económico que requiere un tipo de análisis distinto”

JAVIER GARCIA. 9 de Fegrero.- Hoy entrevistamos a quién para mí es una referencia en muchos ámbitos: como emprendedor, mentor, comunicador y pensador afilado. Marc Vidal es un emprendedor de éxito y un prestigioso consultor en innovación. Ha fundado una decena de compañías. Actualmente lidera las multinacionales Openshopen e Idodi. Su vocación por las startups le ha empujado a impulsar la importante aceleradora Conector. Es un inversor de referencia para empresas de base tecnológica a través de varios fondos que él mismo gestiona. Ha sido director de postgrados para la Universidad de Barcelona y actualmente imparte clases en buen número de escuelas de negocio de Latinoamérica y Europa. Es miembro del grupo de Investigación en Nueva Economía de la Universidad Politécnica de Madrid. Desde su blog, galardonado con el 3er premio de los EuroBlogs Awards al mejor blog europeo, alertó de los peligros de la crisis varios años antes de que se produjera y de cómo afrontar el cambio de modelo económico en el que estamos transitando. Ha sido seleccionado una de las diez personas más influyentes de Internet en España por su capacidad de interpretación de los cambios tecnológicos y socioeconómicos. Reside en el conocido Silicon Valley europeo, Dublín pero es conocido por su tendencia nómada y viajera. Ha publicado diversos libros, como ‘Contra la cultura del Subsidio’, o el último de los cuales, ‘Una hormiga en Paris’, da título a una de sus conferencias más populares y que narra, en primera persona, como alcanzar nuestros sueños como emprendedores a pesar de las dificultades. Y por si fuera poco, dirige la revista Westinghouse Future Economy.

Marc, ¿Por qué los grandes éxitos comienzan con una pequeña victoria? Ésta frase destaca en la portada de tu nuevo libros, “Una hormiga en Paris”.

Hay que definir que es éxito. Hacer lo que quieres y cuando quieres y que además eso te permita vivir como tu consideras que es suficiente puede ser éxito. En mi caso necesito poco, por eso, cada pequeña victoria, cada logro por minúsculo que parezca, va construyendo tu más que probable éxito.

Vives casi en un avión :) y tienes acceso a muchos ecosistemas empresariales, a diversas formas de hacer negocios e, incluso, palpas diversas culturas sociales. ¿Qué hace que un país tenga un mayor dinamismo empresarial y tecnológico que otro?

Hay países que definen el tiempo actual como un mal paso. Me refiero a la crisis. Hablan de todo esto como de una situación temporal a la que hemos llegado por ‘agotamiento’ del consumo o porque ‘tocaba’. Ahí se encuentran la mayoría de quienes deberían de liderar los procesos de cambio o, como mínimo, estimularlos en los países donde ese dinamismo tecnológico no se produce. Los otros son los que los que disfrutan de la complejidad que supone enfrentarse al reto de escalar en los términos de una nueva economía, de abrazar a la tecnología como hicieron nuestros antepasados en otros momentos de la historia y de convertir este escenario digital que nos rodea en el motor de una sociedad mejor y más automatizada. Que la gente quiera montar negocios requiere ponerlo fácil. Casi es mejor que no se intervenga mucho y que se deje hacer cosas que sean innovadoras y que a veces chocan con lo establecido, porque el tiempo corre y lo hace siempre hacia lo eficiente y lo tecnológico. Que esos negocios se quieran montar de manera digital, tecnológica, depende de estímulos, educación digital y entender dónde estamos y hacia dónde vamos.

¿Qué está fallando en España? ¿Es un problema cultural? ¿Es un problema educativo?

Es una mezcla de muchos factores. Tampoco tengo claro que esté fallando nada. Probablemente recogemos la herencia de un modo de plantear la vida: si no tienes una casa no tienes garantizada la jubilación, todos debemos tener hipotecas y eso de la movilidad si no es obligatoria ni se plantea. En otros lugares del mundo, donde el emprendedor es el tronco sobre el que gira el futuro inmediato, muchas de las barreras culturales y educativas que nosotros hemos vivido son muy distintas, por ejemplo, el hecho de valorar el fracaso como un lastre de por vida de tipo cultural y fiscal. Es duro que te salga algo mal, pero cómo vas a aprender de ello si encima tienes que pagar el resto de tu existencia por él. El éxito, a veces, también está visto de igual manera. Si te sale mal, ya te lo decían, si te sale bien, ha sido suerte. El trabajo se valora en proporciones muy distintas en otros lugares. Por ejemplo, los que tenemos la manía de abrir muchos proyectos, de participar en mil cosas, eso que llaman ‘en serie’, nos arriesgamos a que algo salga mal y será por eso que se nos acusará muchas veces. El resto de logros se diluyen.

 ¿Qué quitarías de todo nuestro entramado institucional, legal, fiscal y financiero para que en España pueda emerger un ecosistema empresarial dinámico y con capacidad para competir a escala global?

Casi todo. En España, como en algún país más del entorno, todo lo que tiene que ver con montar un negocio es un calvario y una vez montado todo son elementos de fricción. Además es que es una detrás de otra. Leyes de emprendedores que fueron papel mojado, muros en la normalidad de la gestión de los datos, regulaciones casi inéditas en el mundo para que la búsqueda de financiación beneficie a los bancos o un modelo tributario fuera de toda lógica de los tiempos que vivimos, por ejemplo la ‘exit tax’ para startups. Sigo pensando que hay lugares donde la administración, cuando interviene, perjudica. En lugar de ser un facilitador se ha convertido en un inconveniente. Dudo ya que lo hagan con mala fe, creo sencillamente que lo hacen porque viven en un mundo distinto, lejano y donde la mayoría de las características que podrían convertir un país en crisis en una economía moderna y con expectativas, los ciega.

Con la proliferación de aceleradoras, incubadoras y tanto “bombo” que llevamos dando a los emprendedores, sobre todo desde el inicio de la crisis, ¿hay espacio para Conector una de las iniciativas que lideras junto a un equipazo de socios? ¿En qué osdiferenciaiss?

Permíteme que te confiese que Conector es lo mejor que me ha pasado en tiempo. Además de ser socio, lo cual es una inversión, poder trabajar con el lujo de socios que tengo, hay un aspecto que deriva de la posibilidad de ser mentor intensamente. Debería de pagar en lugar de recibir. A cada ‘board’, a cada entrevista, a cada momento en el que junto a un grupo de emprendedores te traslada sus sueños y proyecto, el que aprende soy yo, el que se carga de energía soy yo. Dicho esto Conector representa aire fresco al escenario de las aceleradoras. Carlos Blanco defiende, y con razón, que nuestro papel privado en todo esto ha sido clave. El modelo de seguimiento de las aceleradas que proviene de un ‘matching’ entre mentores y startups está siendo un éxito. La selección no se hace bajo tablas o modelos preestablecidos, hay mucho trabajo detrás que en algo más de un año ya ha logrado que el 90% de las startups que han pasado por nuestro programa lograran cerrar sus rondas de financiación y pusieran en valor de mercado sus productos. En Conector vemos cómo un proyecto que llega, evoluciona y se hace mayor en 6 meses.

Ves muchos proyectos ¿Qué tiene que tener un equipo o una idea para que estudiéis la “oportunidad”?

Nos llegan por diversos lugares. A mi desde Latinoaméricaa, Irlanda y España me ocupan mucho tiempo revisar, leer y preguntar sobre lo que se me envía. Son decenas de proyectos cada semana. En Conector, por ejemplo, la cifra es gigantesca. Hay muchas ganas de hacer y mucho talento esperando su oportunidad para que gente que sabe mucho les ayude. En algunos casos tenemos a quien más sabe de ello en el país. Eso es real. Pero también a gente tremendamente bien conectada, un tema clave para trabajar el network de salida. Para que nos ‘entre’ debe cuidar más el equipo que la idea. Ideas hay muchas y cuando crees tener algo único resulta que hay otros que ya lo están haciendo. Es preferible en ese caso diferenciarte por la capacidad del equipo emprendedor. Buscamos gente, buenos equipos, por encima de las ideas. Obviamente ese equipo debe defender grandes ideas, pero repito, esas a veces son de menor valor.

En el ámbito de la tecnología, ¿Dónde crees que están los retos y las oportunidades de inversión?

En el ocio de las personas. Automatizar el ocio, el gaming y el tiempo libre. Permitir que una plataforma facilite todo eso siempre será un plan de negocio interesante. El ser humano tenderá a tener más tiempo ‘libre’ por el trasvase laboral hacia los robots y los automatismos. Ahí entra, aunque hay quien lo duda, todo lo que tiene que ver con la compra, el comercio electrónico. Creo en el crecimiento imparable de todo ello, también como ámbito para invertir y para atender su evolución. El nicho, el producto fuera de los grandes ‘marketplaces’ son grandes oportunidades de negocio escalable. También, y por derivación, todo el M2M o llamado IoT (Internet de las cosas), donde la comunicación entre máquinas se llevará por delante a muchos grandes dinosaurios empresariales que no se están adaptando. El big data o el small data, me da igual, en concreto las empresas capaces de gestionar de manera inteligente y automática los datos. Las empresas que llevaban campañas electorales de comunicación hace apenas 4 años eran expertas en redes sociales, ahora son equipos de gestión matemática que analizan tendencias. También me interesan mucho las plataformas que se llevan por delante intermediarios. Es la economía socializada. Hay más pero los conozco menos. Robótica aplicada y temas de biotecnología obviamente también.

¿Crees que es más difícil emprender fuera de los entornos urbanos más densos como puede ser Barcelona, Madrid o Bilbao?

No debería porque la tecnología lo ha aproximado todo, pero sigue siendo así. Tiene más que ver con el ‘como te ven’ que con el que realmente eres. Además hay ecosistemas muy fuertes que se focalizan en zonas y olvidan otras. Eso es una lástima, pero es así. Aquí en Dublín, por ejemplo, está todo. Apenas hay nada tecnológico fuera del núcleo. Dos ciudades grandes que por motivos inmobiliarios ocupan alguna multinacional, pero esto es algo global.

¿Qué elementos son esenciales para involucrar a más inversores no profesionales en el ámbito de las startups? ¿Qué elementos dan más respeto miedo a la hora de invertir en fases tempranas?

Deben pensar que todos tenemos parte de responsabilidad en que una economía se modernice y se presente ante el futuro con garantías. Los que piensan, los que ejecutan, los emprendedores, las aceleradoras, el gobierno, la prensa, pero también los bancos y, por que no, los inversores no profesionales. Pero también pueden pensar que si se hace con cierto cuidado –invertir-, o diversificando bien, por ejemplo a través de fondos para inversores no profesionales, las opciones de que salga bien son mucho más altas. En este sentido, acabamos de montar un fondo a este efecto del que soy parte, Idodi Venture Capital, destinado a pequeños inversores que quieran ir de la mano de gente que de esto sabe mucho. La idea es invertir en una docena de empresas en cantidades importantes, no sólo simbólicas, y que permita influir en la gestión de esas participadas. El objetivo es que el riesgo se reduzca por tres puntos, i) el de que solo se invierta en empresas muy bien elegidas y con vocación de pasar una temporada en Dublín para preparar el salto a Estados Unidos; ii) que se pueda participar en el control del proyecto, de ahí que sean inversiones que busquen acompañar a los emprendedores, y finalmente que durante el tiempo de vida del fondo este busque colocarse en un número suficiente de startups para evitar el temido porcentaje de mortalidad. Para ello iii) nos apoyaremos en Conector en gran medida que está logrando una mortalidad casi insignificante.

¿De cuáles de tus proyectos empresariales te sientes más orgulloso? ¿Cuál está generando ya unas grandes y reales expectativas de crecer?

Siempre debes sentirte más orgulloso de aquello que estés haciendo en ese momento. Openshopen, el cual no lidero yo pero si lo fundé, es un proyecto muy importante. Hemos pasado por varias etapas y seguimos aprendiendo mucho. Quisimos hacer algo que ya hacen otros y enfocarlo de un modo distinto, hacerlo mas simple y fácil de usar para adentrarnos en mercados emergentes donde el ecommerce crece rápido y donde los grandes players aún no han ido por su complejidad. Ahora mismo tenemos clientes en medio centenar de países y equipos concretos en México, Nigeria, Kenia, Colombia, Brasil y otros. Estamos en plena ronda de financiación y, además, te das cuenta de la calidad humana de las personas que tienes en el equipo y de las oportunidades de crecer aun más rápido. Idodi es otro de esos proyectos de los que me siento orgulloso por cómo ha sabido reinventarse. Ahora lo dirige alguien muy especial para mí, mi hermano, y está enfocado en la transformación digital de las empresas y a lograr que aquellos que quieren vender por internet lo logren. Conector, ya explicado, o proyectos de moda como Zytto, algo que empezó casi en broma junto a mi socia Lara y que ella ha consolidado en muy poco tiempo. En su día, estuve muy orgulloso de fundar y poner en valor la empresa Cink.

Twitter se dispara en bolsa aun cuando tenía importantes pérdidas, SnatChat con la entrada de Alibaba la valoran en 10.000 millones de dólares (sin prácticamente facturación alguna), esta semana nos enteramos que un fondo ha comprado La Nevera Roja a valor 40 veces su facturación… ¿Estamos otra vez en una burbuja respecto a las empresas tecnológicas o es otra cosa?

En algunos casos será así. Por supuesto que en los ‘mercados’ hay para todo. Vengo de ahí, me pasé un tiempo trabajando en bolsa y sé que no siempre las cosas valen lo que cuestan, pero pueden valerlo. En los casos que comentas hay otros factores. El inversor busca ganar dinero y lo hace invirtiendo incluso en empresas que pierden dinero, y mucho, porque a pesar de ello, cuando decida o pueda vender, sabe que seguirá siendo una empresa invertible. Y eso puede pasar de nuevo en pérdidas, por que el valor de Twitter no es lo que ahora se logra, es lo que se espera de ellos. Amazon pierde tanto dinero que a veces sorprende que siga vivo, pero su valor es otro, su futuro está en liderar un modelo de logística y negocio que requiere invertir mucho. Las startups viven de rondas de financiación y eso no es malo, es la lógica de los tiempos. A unos les sale bien rápido, a otras se les retrasa y algunas no lo logran. En un gran número de ocasiones, éstas que cierran antes de lograr el éxito a pesar de recibir inversión, les faltó el ‘extrapoint’ que llamamos, ese extra de financiación que las hubiera puesto en su lugar soñado. No es una burbuja, es un nuevo modelo económico que requiere otro tipo de análisis a los tradicionales.

¿Nos puedes contar en qué startups estás poniendo ahora mismo energías y cómo es el modo en el que a ti personalmente te gusta participar en ellas?

A parte de mis proyectos ya descritos participo como socio y advisor en fondos como Sitka Capital o como socio activo en un buen número de startups o proyectos. Estoy en algo que me divierte mucho y que va a demostrar que en el mundo no hay monstruos, se llama ‘Rien’ , en el proyecto de economía social PopPlaces, en una aplicación que va a revolucionar el modo en el que las personas se relacionan con las marcas Adictik, en el periodismo robótico de Cilenis. Cada cierto tiempo abandono el seguimiento de las que ya van mejor (o salen mal) y elijo dos o tres más en las que ayudar. En breve habrá un par de entradas importantes en empresas, una de M2M y otra vinculada al big-data que tienen una visión internacional tremenda. Todo basado en el mercado anglosajón.

Hemos entrevistado a Guy Kawasaki y nos dijo algo muy interesante: “un prototipo vale más que mil palabras”. ¿Se necesita esa “beta” para que los inversores y tu “red” o los clientes, confíen en ti?

Si. Quien va a negar algo que diga Guy. Yo no.

Y para finalizar te pedimos que completes algunas frases:

1.- Mi mayor fracaso… es personal,
2.- Lo que aprendí tras ese fracaso… que debo viajar menos.
3.- El éxito para mí… despertar cada mañana con un poco más de ilusión que la que tenía el día anterior.
4.- Un autor de referencia que siempre me acompaña… Ray Bradbury, Asimov y Stanislav Lem.
5.- Para organizarte bien y ser productivo respondo correos entre las 7 y las 9 y no lo abro entre las 9 y las 12 AM.
6.- Mi propósito en la vida… todos están en mi hijo.
7.- Me preocupa que quienes lideran viven en una aurora boreal.
8.- Un blog… me encanta Backchannel y, si, soy un clásico, casi a diario como una costumbre, Enrique Dans, ahora en Medium no obstante.
9.- Una iniciativa que me ha sorprendido en España… me gustó mucho el proyecto de crowdfunding cientifico ‘Precipita’ en su día.
10.- Un lugar para recuperar mi paz interior… Cliffs de Moher.

Cronología de una catarsis

Sigo por tierras lejanas. Cada vez son más los clientes y amigos que piden que les ayudemos a salir del complicado escenario español y buscar nuevos horizontes para sus negocios. Aunque la mayoría lo hacen empujados por la necesidad y no tanto por una estrategia estructural si es cierto que es una buena opción si se hace de manera bien organizada y consultada. El número de emprendedores y empresarios que deciden ponerse en marcha en territorios distantes aumenta desde hace años y a ritmo cada vez más acelerado. Mucho ha llovido desde que aquí habláramos sobre quiebras bancarias, cierres de empresas y aumento de paro que multiplicarían por cinco los que había entonces.

Viviremos tiempos de millones de parados, de huelgas y de altercados en las calles. Los policías se esconderán, los ciudadanos buenos serán atacados para silenciarlos y los emprendedores sólo emprenderán la huida. No vienen tiempos de coyuntura, es una crisis sistémica. Muchos querrán llamarla crisis durante mucho tiempo, pero otros, los que aquí seguiremos, sabremos mucho antes que los demás que eso no será una crisis sino un cambio rotundo de modelo social y económico. Espero equivocarme en lo que interpreto y no me atrevo a escribir. Un país que verá caer bancos, que se disfrazaran con fusiones o con lo que sea pero que al final en 2013 o 2014 o incluso después todos tendremos que pagar. En esta Era de la avaricia, el horizonte se nos presenta oscuro. Durante tres o cuatro años pintarán bastos. Los españoles han saqueado su país, cuya realidad económica vive bajo un estado lisérgico permanente.

Los efectos de este tripi gigante acabaron y ahora, la política y sus actores, deberán gestionar el enorme chasco. El sueño ha acabado y el despertar es como una garrafa de agua helada. Ningún político fue lo suficientemente suicida como para avisar de lo que se avecinaba pues hubiera certificado su derrota electoral. ¿Quién iba a votar a alguien que garantizaba la mayor crisis económica de los últimos cincuenta años y sus recortes y subidas de impuestos sin compasión? Que alguien les explique que no es una crisis. Que es hora de liderar un nuevo mundo. Y se lo advertimos, la cosa se puso más fea en los circuitos bancarios, en los ayuntamientos y sus derivados. Hoy todo eso es ya una evidencia y el peso de lo cotidiano es tan alto que no podemos ni respirar a pesar de que me rebelo contra todo ese malestar tatuado de manera transversal y espero poder retomar mi espíritu optimista y trasladárselo a mis socios, colaboradores, amigos y clientes.

No todo será malo. En muchos casos, la estrechez resultante provocará que algunos servicios que hasta la fecha se hacían sin mesura, deban adaptarse a los nuevos y gélidos tiempos. Las corporaciones municipales que quieran apostar por un valor en el servicio público deberán modificar sus objetivos si estos son faraónicos o desmedidos. Procurarán, los que puedan, atender exactamente a las necesidades de sus vecinos. El entendimiento por mancomunidades será uno de los efectos inmediatos a esta nueva situación. Algunas poblaciones que ahora no puedan afrontar la construcción, por ejemplo, de un polideportivo de según que dimensiones o coste de mantenimiento, podrán asociarse con otras para afrontar el proyecto con garantías de uso y equilibrio económico. Esto es diferente, duro y poco electoral pero no habrá otro remedio. Lo bueno que conlleva es que el dinero público deba invertirse de un modo mucho más eficiente.

Aun recuerdo la noche de hace un año en la que hablé con un buen amigo que vivía en aquel entonces en Grecia y que dirigía una de las empresas más importantes de Tesalónika. Me decía: “ahora me dedico, tras desayunar en casa de mi madre, a tirarle piedras a cualquier coche oficial que pase frente a mi”. Me dijo que así era hacía tiempo, que lo ejecutaba en equipo y rodeado de parados y embargados cada día durante cuatro o cinco horas.  Unos días después publiqué algo que me confesaba otro amigo. Este era directivo de una entidad financiera española y decía que “si la gente supiera la verdadera liquidez que tiene el sistema no se lo creería”. Y a todo eso, hace un año, un 15M, la gente salió a la calle y se habló mucho de ello. Algunos regresaron a sus ordenadores, otros a sus reuniones de barrio y la mayoría a un limbo líquido donde se regeneran las pasiones.

El asunto es grave, ahora lo dicen todos los medios. Mucho más tarde de lo que hubiera sido de agradecer. Tal vez, con algo de tiempo, la gente podría haberse buscado la vida y no estar ahora en este barrizal cada vez más siniestro. Seguimos dando vueltas al mismo circuito y ese ahora ya es un cortocircuito que evidencia la majestuosa incompetencia de cuantos nos han dirigido en las últimas décadas y de cuantos se creyeron que la bonanza sobre la especulación no tiene fin. Lo que vivimos es un robo organizado en concepto de socializar las pérdidas y legalizado por la subida de impuestos que no estamos preparados para soportarla ni en el tiempo previsto, ni en la intensidad prometida, y menos para compaginar un crecimiento económico que pueda salvar todo esto a medio plazo. Por mucho que hagamos, el agujero es tan profundo y oscuro que nos engulle inapelablemente. Les pasó a irlandeses, griegos y portugueses y nos va a pasar a nosotros, a los italianos, belgas y derivados. En ese planteamiento de incerteza dramática hay que poner los tacos y preparar el punto de partida. Un nuevo mundo, una nueva oportunidad.

Esto lo escribo, peleando y arriesgando mi patrimonio otra vez, mirando desde las nubes el majestuoso Océano Pacífico, pensando lo lejos que queda todo, incluido mi hijo de casi siete años y recordando sus palabras en Viber: “papá, ¿cuándo terminará la crisis mundial?”. Le he respondido: “hoy”. Esto termina cuando a cada uno de nosotros se nos meta el gusano obsceno de la rabia, de la revolución personal y de las ganas de tomar las riendas de nuestra propia vida. “Me da igual lo que digan que harán por mí, yo sé lo que yo voy a hacer: emprender”.

Que no nos engañen más. Que le digan a todos que no tienen la más remota idea de cómo desmontar ahora el desastre que han organizado. Primero vertiendo dinero sin reparo, ahora retirando los estímulos, luego acelerando la modificación del sistema financiero, luego salvaguardándolo, primero hablando de reformas, luego de impuestos. Que acepten que el desastre es de tal calibre que no hay por donde cogerlo. Yo ya no cuento con ello y por eso me lo monto yo mismo y me lo organizo a mi manera, esperando el fracaso ilusionadamente.

La sociedad que no arriesga, no avanza. Hoy en día el valor de equivocarse parece un síntoma de final irrecuperable, cuando debería ser todo lo contrario. Sólo se hace gigante aquel liliputiense capaz de acumular errores. Un buen empresario no lo es hasta que no ha fracasado alguna vez. En Estados Unidos ese valor prevalece en cada proyecto que sus ciudadanos ponen en marcha. No hay fracaso malo, sólo hay oportunidad fallida. Hay más. En nuestro país y en algunos de nuestro entorno inmediato entrar en default es sinónimo de imposibilidad de poder afrontar otro reto emprendedor en tu vida. Las catalogaciones contra el histórico crediticio te amputan todas las opciones. Ese es uno de los motivos por los que, poco a poco, hemos ido deconstruyendo una sociedad que en su momento estuvo llena de vida.

Por mucho que nos llueva el mensaje a mi no me cuadra tanto discurso emprendedor. Los que ahora hablan de todo eso no son más que los creadores de tanta miseria prefabricada y tanta burguesía de plástico donde se esconde la escasa capacidad para emprender estratégicamente en muchos puntos de la vieja Europa, de producir competitivamente y de activar los pocos recursos que ya quedan en planes de estímulo que generen un nuevo modelo de crecimiento. Y en eso estamos cuando a uno se le quiebran las piernas pensando en sus ahorros, esos que tanto costaron reunir y que en gran medida dependen de “la buena gestión” de los que no vieron o negaron la que se avecinaba. ¡Menudos como para dejarles a sus merced nuestro capital!

Que obliguen a algún banco a digerir en sus balances a una caja con una agujero bíblico, no ayuda mucho a que el sistema cure sus deficiencias. Que se avance la creación de un banco malo no ayuda demasiado. ¿Alguien puede confiar a estas alturas que un banco repleto de basura financiera va a ayudar a que la realidad se convierta en algo mejor? ¿Alguien cree que tomar todos los activos tóxicos de la banca española y convertirlos automáticamente en los activos de una entidad de resguardo lo soluciona todo? ¿Nos toman por estúpidos? El banco malo se compone de las cosas que nadie va a pagar, de las deudas que se deben eliminar en los balances que evidenciarían quiebras y fallidas técnicas en algunas entidades. El gap es que se confía demasiado en que algún día alguien querrá esos activos malos. Si eso no pasa en un tiempo prudencial, la hostia será soberana y todos tendremos que refinanciar el macro agujero.

Foto: Reuters

Lectores emprendedores

El próximo jueves en un restaurante del centro de Madrid nos reuniremos un buen número de lectores de este blog, la mayoría ya buenos amigos. Entre otros invitados estarán Juan Carlos Barba y Alberto Artero. Un evento impulsado por Suso y apoyado por muchos de los históricos del blog. La verdad es que el tema poco tiene que ver con las fechas, que casualmente son cercanas a la Navidad, mucho con el deseo de afrontar retos, poner en común iniciativas y, sobretodo, con la necesidad orgánica, de gente que se niega a desayunar su tazón de cloroformo, de descifrar lo que está sucediendo en nuestro entorno inmediato. Hablaremos del verdadero calibre de nuestro tiempo, de que la crisis como tal ya se ha terminado, hablaremos de nuevos tiempos, de objetivos, de volver a empezar. A los que vienen, nos vemos, a los que no, será en la próxima. Ahora me gustaría que comentárais los temas que os apetece que tratemos y que luego difundiremos.
 

Desvirtualizando

Al final podrá ser. Ya hay un día y un lugar para que una parte del colectivo creativo e inteligente que se da cita a diario en este blog se conozca en persona. A muchos ya os conozco a través de correos personales y a otros a partir de encuentros en alguna conferencia. A veces, tras algún evento, se acerca alguien y me dice “vengo desde muy lejos para verte y saludarte” y me viene una sensación extraña entre orgullo, responsabilidad y una enorme gratitud.
Será un almuerzo en algún restaurante por decidir de Madrid el próximo 1 de diciembre. Siento no poder ser más flexible, pero los que conocéis un poco mi vida seguro que entendéis la dificultad. Para los que queráis asistir no tenéis más que poneos en contacto con Suso, que es en gran medida el culpable de todo esto.

Por cierto, ya tengo confirmado que van a venir dos personas más muy conocidas y que van a permitir darle un toque muy estimulante al encuentro. Gente que han estado estos años en la misma linea que nosotros y que han volcado todo su esfuerzo en crear un escenario de pensamiento alternativo más allá de ideologías o de patrones, simplemente han procurado descloroformizar a la gente. Ellos son lectores también de mi blog. Lo iré desvelando en breve.

Aclaraciones y Cambios

Este blog está a punto de inaugurar aspecto, procedimiento y temáticas. Hace meses que trabajo en ello con algunos colaboradores y el resultado está casi listo. He decidido ofrecer cambios significativos, primero por que hay que renovar la imagen por algo más actual, segundo para incorporar modelos de moderación de comentarios que permita que vosotros los ocultéis por votación y tercero para incorporar temas que me ocupan ahora mucho más desde el punto de vista económico.
Hablaré de economía digital, nueva economía, de emprender, de modelos de negocio, de viabilidad empresarial, redes sociales aplicadas, gestión de estrategia digital política y económica, de modernización de compañías, recoger que dice la prensa económica internacional y, por supuesto, no dejaré de traducir algunos aspectos de la economía tradicional pero sin entrar en las proyecciones. Este seguirá siendo un foro abierto pero la moderación social impedirá que las temáticas deriven hacia lo desagradable u ofensivo. Espero poder recuperar aquel espacio de debate constructivo y enriquecedor que siempre tuvimos aquí.

En otro sentido, no suelo escribir posts que aclaren lo que he querido decir en otro anterior. Lo he hecho en un par de ocasiones al notar que, una “aparente” mala interpretación de mis palabras, produce una cadena de comentarios que conducen a la perversión de la fuente. Con respecto al último publicado en Cotizalia, puedo aseguraros que mi ánimo no era herir a nadie y si así fuera, lo siento. Mi intención era poner sobre la mesa varios aspectos que me parecen fundamentales y por eso, a partir de la provocación y del estímulo semántico, intenté generar debate.

Quise poner de relieve que hay supuestos “emprendedores” que vampirizan el subsidio de empleo e inician negocios en “B”, perjudicando en consecuencia al resto que procura hacerlo según la legalidad pues generan estructuras paralelas también en “B”. Eso no sólo conlleva competencia desleal o economía sumergida, sino trabajadores sin derechos, sin prevención de riesgos y otras lindezas que en muchos comentarios se han obviado creo.

Por todo ello me gustaría puntualizar lo siguiente:

  1. Que el propio Estado no es capaz de plantear soluciones viables a la gravísima situación que vivimos.
  2. Que una de las consecuencias de esa inoperatividad estructural de la cosa pública es la gestación de abusos y fraudes que se acaban aceptando como admisibles. El “fraude social” es un virus que afecta a todos y se transmite en sociedades acomodadas como la nuestra.
  3. Que por ello es preciso poner en marcha dinámicas desde la sociedad civil que impulsen el valor de emprender.
  4. Que obviamente no todos los ciudadanos deben ser emprendedores, pero que no podemos negar el papel y el valor trascendente de éstos en un momento como el actual.

Con respecto a las críticas a mi papel en todo este circo me parece que lo peor ha sido mantener mi dinámica habitual de no censurar ni un solo comentario. En este caso por una razón simple. Si bien acepto todas las críticas e insultos hasta niveles que no todos soportan (y trato con muchos bloggers que me dicen que no trague), lo que no parece demasiado lógico es que mantenga comentarios en “mi blog” que incorporan mentiras sobre mi vida. Sin embargo no he eliminado ninguno todavía. Sólo he censurado comentarios ofensivos hacía mi madre, hijo o pareja.

Pero, ¿por qué me retorcí este viernes con un artículo tan áspero? Como empresario, consultor, miembro de diversas instituciones financieras y económicas, ciudadano y padre de familia, quiero confiar en que mi entorno sea un marco empresarial y social que permita a todos (trabajadores, emprendedores, niños, abuelos, hombres, mujeres, inmigrantes, etc.) a tener la posibilidad de vivir y trabajar por cuenta propia o ajena. Considero que para que eso se cumpla es necesario que:

  1. Quien haga la norma la haga bien y que rectifique cuando sea necesario
  2. Se aplique y se haga cumplir siempre y en todo el territorio por igual
  3. Los gobernantes observen sus efectos y efectúen giros si es preciso a tiempo real
  4. El sistema sea capaz de detectar si los efectos que tienen sus decisiones son coherentes con aquello que quieren o con aquello que intentan evitar.

Os puedo asegurar que el post no iba en contra de los parados, era un critica con muy mala leche (responde a la estética semántica de lo que buscaba provocar), sobre los efectos perversos que tiene la mala gestión de la crisis, ya que como ciudadanos también pagamos los abusos que parte de la sociedad hace de estas lamentables situaciones y, en alguna medida, enquistan el asunto.