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Tecnología, personas y las 8 claves de la Transformación Digital.

Tecnología, personas y las 8 claves de la Transformación Digital.

Realmente no necesitas una estrategia de transformación digital, lo que realmente precisas es entender que el mundo está cambiando. Algo que parece tan obvio no lo es a tenor de lo que se escucha y lee estos días. El pánico que una app ha generado al entrar en el mainstream de los noticiarios es de aurora boreal. Que si tus datos van de un lado a otro, que si mercadean con ellos, que si dices ‘reggae’ y ‘gasolina’ en la misma frase te aparecen anuncios de Daddy Yankee por todas partes, etc. No voy a alimentar esa paranoia. Otro día lo comentamos. Lo que realmente me interesa hoy es definir con claridad las claves de lo que se llama Transformación Digital en todo tipo de organizaciones y, que por lo normal como pasa con la susodicha aplicación que te envejece, suele vestirse de sucedáneos que dañan más que benefician. De ahí, como decía al principio, es fundamental entender primero que algo profundo e irrenunciable está pasando y, después, establecer una estrategia. No al revés.

La industria del coche autónomo será china y su gasolina serán tus datos.

La industria del coche autónomo será china y su gasolina serán tus datos.

La semana pasada escribí sobre el temido ‘peak car’ que los fabricantes temen. Esa amenaza en el modelo de uso del automóvil tiene otro gran reto: la conducción autónoma. Un concepto que debemos establecer en diferentes fases o niveles que, además, nos darán las pistas de como va a evolucionar y dónde esta tecnología y la industria en general. Existen seis niveles distintos cuando calificamos el nivel de autonomía de un vehículo. Desde la automatización de nivel 0 a nivel 5, los coches autónomos compiten en la conquista de un futuro en la que, por cierto, China empieza a destacarse y se ofrece como el referente más claro del futuro. Otra industria en la que, a parte de los avances en inteligencia artificial y en el despliegue de la tecnología 5G, tendrán una posición de cierta ventaja.

Con el 90% del trabajo en manos de Robots poco empleo se va a crear.

Mientras se debate sobre los anuncios de aurora boreal que los gobiernos y oposiciones hacen sobre como van a crear millones de empleos, el mundo gira al revés. Salir en plena campaña electoral con un chorro de tonterías envueltas en papel celofán acerca de que en los próximos años se van a crear miles o millones de puestos de trabajo evidencia algo lastimoso. No lo digo porque no tengan intención o no crean que puedan hacerlo, hasta eso podría ser, es básicamente porque parece que viven en otro mundo y la lectura que hacen de su entorno es muy superficial.
El futuro no generará empleo, asúmanlo. El futuro inmediato (y cuando digo inmediato digo ¡ya!) se dirige irremediablemente a un mundo sin empleo, con otra consideración de que y quienes lo ejecutarán y como se va a retribuir todo ello. De lo que tienen que hablar estos señores, de la derecha, de la izquierda, de lo nuevo y de lo viejo, de la casta y de la anticaspa, todos, es de cómo piensan estructurar un país, un continente, una ciudad o un barrio ante la absoluta paralización del mercado laboral como ahora lo entendemos.

Donde algo lo pueda hacer un robot, lo hará y donde menos te lo esperes. Quien decide no es el trabajador, ni siquiera el empresario, ni un gobierno hipotético poniendo cuotas de humanos en una fábrica, supermercado u hospital, ni un deseo, ni un anhelo, quien lo decide es el que consume todo ello. Si es más barato, rápido y eficiente, será. Y, hay que decirlo, ahora mismo, casi nada (y cuando digo casi nada es por no decir nada directamente), un humano es mejor que una máquina. Es cierto y negarlo es no haber investigado mucho el tema o querer vivir en el romanticismo aquel que asemeja lo que es humano a algo más ‘cierto’ y sensible. Cuidado con poner según que adjetivos. He visto más sensibilidad en el comportamiento de Watson que en el de muchas ‘personas’.

Y es que esto va rápido. Muy rápido. Tan rápido que muchos lo vivimos en el día a día cuando consumimos, compramos, viajamos o leemos. Empresas en las que precisábamos equipos de 20 personas para un desarrollo cualquiera ahora son de 4 y se apoyan en ‘doing intelligence’, software que automatiza todo a través de inteligencia artificial.

Ayer, el South China Morning Post informó que Shenzhen Evenwin Precision Technology Co., una empresa de fabricación que hace piezas de teléfonos celulares y otros aparatos electrónicos, tiene la intención de sustituir a aproximadamente el 90 por ciento de su fuerza laboral de 1.800 personas con máquinas. La compañía ha planeando gastar 322 millones de dólares en una nueva fábrica en Dongguan que utilizará ‘sólo los robots para la producción’ y dónde el asunto de ‘las condiciones laborales’ pasará a mejor vida. Lo curioso es que en la noticia dicen, que ‘de momento’, 200 humanos vigilarán las máquinas. Al final, un software, vigilará con lo que de 200, pasaremos a 1.

Es un ejemplo que se extiende por todas partes, y que en otros países también está acelerando. Parece que China ha decidido tomar la delantera en este tema no obstante con la importancia que esto supone y la urgencia de adaptación del resto de países que quieran ser competitivos. China quiere llegar a la robotización de toda su producción. En 2017 está previsto que sea el país con mayor número de robots en fábricas del planeta superando a Estados Unidos, Alemania o Japón según la Federación Internacional de Robótica.

No es preciso ir muy lejos aunque muchos digan que seguimos una especie de guión de Asimov. Allí donde Amazon tiene almacenes, poco a poco puedes ver cosas como la del video que acompaña aquí abajo. Durante un debate en televisión el pasado viernes, alguien me dijo que ‘eso de que los robots se encarguen de tareas humanas de forma masiva era algo de ciencia ficción’. Era profesora de una importante escuela de negocios. Pues eso.

https://www.youtube.com/watch?v=UtBa9yVZBJM

La Federación Internacional de Robótica estima que en 2014 se vendieron alrededor de 225.000 robots industriales en todo el mundo, 27% más que el año anterior. Los cálculos oficiales apuntan a la instalación de sistemas automatizados puede destruir unos 30.000 empleos a la vez las empresas implicadas aumentan su volumen anual de ventas hasta en 4.880 millones de dólares. ¿A que parece lógico que la vida mejore si sabemos cómo adaptarnos a ese punto de eclosión? Más dinero, más producción, mejor calidad y menos horas trabajando. Me recuerda a aquel momento de la Revolución (le llamaron crisis) Industrial

El mundo, incluida España, Irlanda, Camerún o Chile, da igual, verá en una década que crear empleo será una quimera y que la única salida será adaptar nuestro modelo de vida y equilibrar su riqueza antes de que estalle todo. No nos dirigimos a un escenario de creación de empleo, eso es poner películas de Buñuel con un cartel de ‘estreno’. Que habrá momentos en los que si, claro. Que los porcentajes actuales son fáciles de mejorar con acciones puntuales o estacionales, también relativamente. Que aun no estamos en ese ‘futuro perfecto’, evidentemente, pero que en 2018 vaya a haber muchísimo más empleo disponible es sencillamente imposible. En las listas de ofertantes a nuevos empleos hay más robots que humanos.

De lo ilusionante que puede ser un mundo donde la tecnología nos facilite la vida a la ansiedad que produce pensar que no nos preparemos o adaptemos a todo ello hay una fina gasa. La que se ponen en los ojos los que deberían inspirar y estimular este proceso. A mi no me preocupa que en 2018, 2020 o cuando sea, el espacio laboral disponible sea menor, más automatizado y mucho más eficiente, lo que realmente es de susto es ver que no se hace nada para atender ese momento. Es como si los que deberían estar preparando las butacas, el escenario y las luces para asistir a una obra muy difícil de comprender, estén en el hall del teatro parloteando de fútbol. ¿Se entiende la metáfora?

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Europa cada vez más lejos de liderar económicamente el mundo

Aun recuerdo estas propuestas que desde el mundo emprendedor se lanzaron al gobierno español y que bien podían derivarse al resto de Europa. Eran medidas que buscaban ayudar a crear un clima económico para las empresas a fin de estimular la hipotética recuperación que se comentaba por entonces. Se presentaban como punto de vista al valor añadido, al proceso tecnológico y al estímulo emprendedor y que, sobretodo, pusiera las bases para que grandes compañías locales lograran ser algún día miembros de una lista en la que no hay manera de aparecer.
Una lista que se conforma de las firmas cotizadas más valiosas del mundo. Algo así como un big picture del poder empresarial global. Un listado que demuestra que, si bien la tecnología es omnipresente, lo que es abrumador es que la mayoría son empresas norteamericanas. De las 50 empresas del mundo con mayor valor en Bolsa, 33 son yankees. Cinco más que doce meses antes. No es casual, de hecho el empuje del modelo económico basado en el conocimiento y la tecnología aplicada es brutal y se deriva de mucho tiempo trabajando en esa dirección. Políticas activas, capital riesgo, formación, ecosistema emprendedor, todo, ahora se consuma en un espacio en el que las cinco primeras empresas de mayor valoración bursátil en el mundo son de allí. Del top10, ocho.

A los americanos les sigue China con casi una decena de grandes compañías entre ese medio centenar. Destaca la entrada de Alibaba que definirá con toda seguridad el inicio de un tipo de empresa tecnológica de ese país al que nos iremos acostumbrando a ir recibiendo. Otros, como Rusia, ya ni aparecen cuando apenas hace un año tenían tres macrocompañías entre las más valoradas del planeta. Esto va rápido.

Hay detalles curiosos. Japón y Corea del Sur solo tienen a Toyota y Samsung, respectivamente. Ninguno de los gigantes está en Latinoamérica. La primera mexicana de la lista es la firma de Carlos Slim y no aparece hasta el 116.

Las empresas son reflejo directo del estado en valor de una economía y de su criterio de crecimiento. Es verdad que hay muchos más valores pero son muchas veces, éstas, las que generan flujos económicos alrededor de sus intereses, los cuales, de rebote tocan a miles de empresas y circuitos complementarios que enriquecen una sociedad y la hacen similar a los valores que expresan. Empresa tecnológica trae sociedades tecnológicas, más tarde o más temprano.

Y en esto que Europa se apaga. Poco o nada que ver en esa lista. Por no haber no hay ni alemanes. A parte de farmacéuticas y algún banco, salvo suizos, belgas y británicos la cosa no está como para tirar cohetes. El valor que se le puede dar a todo esto es significativo.

¿Y las empresas españolas? España sigue sin aparecer entre las 50 principales del mundo por valor en Bolsa. Telefónica llegó a estar en 2008, en seis años ha perdido 100 puestos. Ni Banco Santander, Inditex, BBVA, Iberdrola, CaixaBank, Repsol o Gas Natural aparecen. No valen lo suficiente como para estar entre los 50 primeros.

Pero tranquilos, pan para todos, consuelo de tontos. Ninguna de las cuatro grandes potencias de la zona euro compuesta por Alemania, Francia, Italia o España, tienen a una sola empresa entre las listadas como las cincuenta de mayor valor del mundo. Y es que la distancia entre el poder empresarial de Estados Unidos y China frente al de la zona euro es de aurora boreal. Algo que, visto lo visto y viendo lo que vamos viendo, no va a cambiar e, incluso, empeore.

¿Cómo afrontar la próxima 'recesión'?

Que hay mar de fondo se sabe hace meses. Que lo seguirán nombrando como la tercera etapa de una recesión a plazos también. Probablemente sea complejo otorgar a lo que se avecina el mismo catálogo de elementos que le dimos a las anteriores bofetadas recibidas. Mientras unos culpan políticas monetarias por un lado, fiscales y económicas por otro e, incluso, procederán a satanizar a los mercados como si con ellos fuera este lío.
Cuando parecía que aumentaba la opinión de que cuanto nos pasa tenía que ver con algo menos visual y que se escondía tras el velo de un cambio de época sofisticado y revolucionario, va y se divisa en el horizonte otra recesión de narices. Y es que los palos que van a caer son destacables. Avisan porque no son traidores. Dicen que viene de todas partes. De un mundo emergente con problemas para mantener su emergencia, de un mundo sumergido con cifras de paro que lo anclan al fondo de su propia miseria y de un mundo arrogante que descubre que depende de elementos que desconoce.

Pero no viene nada. Estaba aquí. No se ha acabado. Este parto es de los largos, de los dolorosos. Cuando leáis que se detiene la máquina exportadora alemana, que los americanos han dejado de consumir, que cae la demanda en los supermercados, que la deflación avisa, que China se embarranca, que falta gas o que no hay manera de ofrecer empleo a tantos millones de personas que llevan años esperando un milagro, aceptad que todo ello no es más que reflejo de cuanto llevamos tiempo diciendo y que se trata de cómo el mundo se adapta a este cambio absoluto de patrones.

Las exportaciones alemanas caen como no lo hacían en cinco años. Una de las máquinas exportadoras más completas y eficientes del planeta se ahoga y con ella el tren se detiene. Francia ha pasado el peor verano en este sentido de los últimos años al igual que las ventas en los emergentes se caen. Algunos, como España, sufren de rebote y dejan de vender pues sus clientes, a un lado y a otro, no están para leches.

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El caso español es para enmarcar no obstante. Si tuviéramos algo que exportar, si hubiéramos preparado los cimientos con tecnología, ahora estaríamos exportando conocimiento y no, como sucede, lo que enviamos al exterior son jóvenes hartos de esperar. Si se hubiera decidido activar políticas destinadas a modificar un modelo de crecimiento que ya no crece y que cuando parece que lo hace es de juguete, otro gallo cantaría.

Y seguirán perdiendo el tiempo. No parece que nadie tenga intención de transformar nada. Es difícil que tomen directrices hacia un nuevo modo de entender la vida y la economía aquellos que difícilmente la entienden. No hablo de saber usar un smartphone. Eso, sus señorías, lo hacen muy bien sobretodo en época electoral. Me refiero a descubrir el ‘big picture’ de lo que está pasando y de los retos como sociedad que nos ha tocado disfrutar. Cambiar el mundo no es fácil, pero si ni siquiera se sabe que hay que participar, es imposible.

Leer que el descenso de venta de mercancías retrocedieron significativamente en España por culpa de todo ese barrizal que comentamos, lo cual ponía en riesgo la ‘frágil recuperación de España’, es como un insulto a la inteligencia. Que recuperación, que fragilidad. Aquí no se ha hecho nada que pueda considerarse que está en riesgo de haberse hecho para nada. Nada es nada, aquí y en la China popular.

Todo gira en torno a una curiosa estadística inmediata, tóxica, que se esfuerza en retorcer los números cuando te concede un rédito positivo al comparar el desastre miserable absoluto con el siguiente mes algo mejor. El titular interesado suele ser ‘ya nos recuperamos’. Lo grave es que, estando muy abajo, en el comparativo inmediato sigas bajando.

No obstante, cada vez que escucho la palabra recuperación tiemblo. ¿Qué querrán recuperar? Cuando admiten que ‘sus políticas han iniciado la senda de la recuperación’ quieren decir que sus conservadores y acomodados sistemas socioeconómicos se sienten más tranquilos. El riesgo, la apuesta, el cambio de paradigma podrá esperar. Eso es la recuperación para todos ellos.

Pero el mundo no se detiene a pesar de la colisión. Unos lo miran desde la ventana y les parece que se mueve lento, pero la verdad es esa, que no se detiene. Modelos de negocio cambiando todo, inventos que se vuelven cotidianos, conexiones completas en redes permanentes, un mundo conectado hasta el extremo, un mundo abandonando su dependencia de sistemas autocráticos a otros mucho más distribuidos y sin intermediarios. Vivimos en un Berlín permanente. No dejan de caer muros, económicos, políticos, formativos y sociales. Todo está retumbando y eso es lo que los diarios económicos se esfuerzan en llamar ‘tercera recesión’, crisis, o lo que les quede bien a cinco columnas y con un fondo salmón la mar de bonito.

En agosto las exportaciones alemanas se redujeron un 1% con respecto al mismo mes de 2013 y las francesas cayeron un 5,7. También retrocedieron las ventas al Reino Unido, que sufrieron de nuevo una importante caída del 20,5%, acumulando en su caso ocho meses consecutivos de descenso. El resto del mundo va igual. Cae un 7,1%, sobre todo a América Latina (-28,8%), Brasil (-22,3%) y México (-16,5%). Con decir que es por que hay menos demanda se termina el análisis.

Lo que hay que explorar es porque cae la demanda o, mejor dicho, porque esa demanda no satisface la expectativa. Si revisamos muchos de los negocios que hace apenas unos años tenían una cadena de valor determinada con diversos procesos físicos, humanizados y plagados de intermediaciones, ahora, cada vez más veremos procesos digitales, automáticos y huérfanos de intermediación. Algo que, por cierto, sólo hará que aumentar.

Parece mentira en que gastamos el tiempo. En que lo gastan los que deberían procurar por el futuro a medio plazo. Para los que las etapas vitales son tramos de cuatro años, es complicado ver más allá, pero haberlo haylo. Un mundo automatizándose a toda velocidad, revolucionándose y jodiéndole la vida a mucha gente que no es capaz de atrapar un tren en marcha. El maquinista no escucha, los jefes de estación no escuchan, los pasajeros no escuchan. Aquí no escucha nadie y una multitud corriendo tras el tren y otros esperando el próximo que no llegará.

Y es que todo está cambiando a tal velocidad que ni lo percibimos hasta que lo tenemos encima. En la actualidad, menos del 1% de los objetos del mundo físico están conectados, lo que significa más de 10.000 millones de un total de 1,5 trillones de objetos. Y cada uno de esos objetos con acceso a redes IP de ordenadores, teléfonos, tablets, sistemas GPS, coches, TVs, máquinas, teniendo el potencial de conectarse a ese otro 99% de objetos que todavía no están conectados. A la vuelta de la esquina, en el año 2020, el número de conexiones ascenderá a 50.000 millones (el 2,7 por ciento del total de objetos en el mundo). Así, pasaremos de los miles de millones de objetos conectados hoy a cientos de miles de millones o incluso billones en un futuro inmediato. Ese mundo automático se lo va a llevar todo por delante, por lo menos eso que dicen que ‘se estaba recuperando’. Cuanto más malo pinte todo, más intenso estará siendo el cambio.

Nadie puede parar las revoluciones, ninguna. Nunca pasó. Pero todo ello se puede ver desde la ventana, divisando las luces del cambio que lo retuerce todo, esperando los titulares alejados de lo que realmente pasa sumidos en miles de intereses creados o, sencillamente, ser una de las luces que otros solo alcancen a mirar. Al final, todo lo que viene, y a pesar de que mucho de lo que suceda, y del modo en que suceda, dependerá de quienes nos gobiernan, hay algo sustancialmente íntimo y que siempre derivará de ti y de como quieras vivirlo. ¿Protagonista o espectador?

Sobre desapalancamientos, tropezones y el futuro digital

Hace apenas unos dos días un informe alteró muchas oficinas de inversión, despachos de análisis financiero y foros donde hace mucho se debate sobre si la ‘recuperación’ que vive el mal llamado occidente es real o no. Lo curioso, de nuevo, resultó ser lo difícil de localizar algún medio que referenciara dicho documento que, repito, puso de vuelta y media a muchos centros de análisis e inversión a lo largo y ancho de Europa.
Se trataba del informe del ‘International Center for Monetary and Banking Studies’ con sede en la calle Chemin Eugène-Rigot de Ginebra y en la Bastwick Street de Londres, titulado ‘Deleveraging? What Deleveraging?’ (‘¿Desapalancamiento? ¿Qué desapalancamiento?’) firmado por Luigi Buttiglione de Brevan Howard Investment Products, mi conocido Philip R. Lane del Trinity College Dublin, Lucrezia Reichlin de la London Business School y Vincent Reinhart de Morgan Stanley. En el han participado un buen número de gente significativa en el contexto del estudio económico mundial.

Dicho informe asegura que estaríamos ante una nueva crisis inminente por culpa de que nadie ha hecho su trabajo correctamente. El solicitado ‘desapalancamiento’ de deudas diversas no se ha producido sino que se ha engordado lo que se debe y eso, como ya sucedió antes, podría estar conduciendo el tren directamente contra un muro. Hay alguna frase memorable acerca del ‘no hemos aprendido nada’ o ‘estamos en manos de irresponsables‘ que, con educación suiza, viene a decir que hay dirigentes más preocupados por sus próximos cuatro meses que por los siguientes cuatro años.

De hecho el número 16 de los informes publicados por este Instituto es claro en su planteamiento y horizonte. Asegura que ‘la ruta de la política actual con respecto a la dinámica de la deuda es suicida. Que para evitar la reedición de todo ello se debe procurar un bajo crecimiento prolongado o una nueva crisis vendría en camino’

Que los que tienen que dirigir el mundo no lo hacen muy bien parece obvio. Que no se ha comprendido la dimensión de los cambios que vivimos como sociedad parece que tampoco está en la agenda de muchos de estos señores. Solicitar a quien apunta sus citas con pluma y tinta en una cartera de piel que guarda en el bolsillo interior de su chaqueta, que comprenda hacia donde van todas las nuevas lógicas económicas que rodean la gestión de datos, el dinero electrónico o la eliminación de intermediarios en casi todos los procesos económicos en los que nos vemos envueltos cada día, es complejo.

Y son ya varios los avisos en muchos foros los que regresan al discurso de ‘tengamos cuidado’ que nada está sujeto a no volver a tener problemas. Tras los discursos de políticos y mandatarios que permiten el gasto sin mesura para poder vender y venderse se esconde nuestro futuro y puede que, otra vez, estén jugando con él.

Es global. La economía china va entrando de nuevo en zona inestable últimamente. Las ganancias de las grandes empresas industriales se redujeron un 0,6% en agosto respecto al año anterior, tras crecer un 13,5% en julio. Y los datos recientes sugieren que está siendo muy difícil para estimular la economía a través de dinero barato. Si la desaceleración de China sigue así, podría ser un drama para los países que venden metales y energía a China.

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Pero no es solo Europa y su deuda, o China y su desaceleración. En Estados Unidos no han aprendido nada. Increíblemente, los préstamos de alto riesgo están impulsando la economía americana de nuevo. El gasto que los consumidores de Estados Unidos es de casi el 70% de toda la actividad económica en los Estados Unidos y, curiosamente, una vez más impulsado por el auge de los préstamos subprime. Basta con mirar a los datos de los gastos personales de estos días y se detecta que la gente compra coches y productos de consumo doméstico a plazos como no lo hacía desde antes de la hecatombe de finales de la década pasada.

Y por España similar, aunque hay casos cuanto menos divertidos, la tendencia habla de cosas muy diferentes. Como dice el Financial Times, mientras se recuperan las ventas de viviendas, se conceden más hipotecas y barrios fantasma empiezan a tener habitantes que deberán hasta la vida de sus nietos, el mundo gira a su ritmo implacable. No aprendemos. El mundo cambia, se retuerce en sus viejos pliegues, en aquellas tramas que nos dijeron que eran lógicas. Supimos que todo aquello temblaba, que nada estaba anclado a una base sólida, y se cayó. Ahora cuando todos vamos aceptando la realidad, cuando la tecnología nos da la clave para enfocar un escenario nuevo con ilusión y esperanza, la política y sus derivados nos ponen el caramelo de consumir lo que consumió nuestro futuro.

Que los que mandan son tela marinera fijo, pero que los mandados tienen lo suyo también. No voy a escribir mucho más de esto. Agota y deprime. Por eso, aquí, seguiremos interpretando todos juntos hacia donde va este barco que ha entrado de pleno en una revolución gigantesca con decenas de factores que nos dan pistas y que son apasionante. Impresión 3D, drones, big data, vehículos autopilotados, economía distribuida, reducción de intermediarios, automatización de los comercios, internet de las cosas y tantos otros. Ahí esta el verdadero futuro, que no nos jodan los que todo eso no lo entienden o, por el contrario, entienden muy bien que pone en riesgo sus privilegios. Por suerte, el peso de lo inevitable, siempre, les pasó por encima. Es cuestión de tiempo. Ellos suelen procurar evitarlo, pero solo lograrán retrasarlo. Algo es algo.

La 'no burbuja' de los billones

Ayer se supo que Twitter perdió 645 millones de dólares el pasado ejercicio. Sin embargo su valor nominal es brutal y, a pesar de que a estas horas su valor bursátil se ha desplomado, en cuestión de días que se recuperará. Aunque no aparezca en la lista, bien podría ser miembro de una de las listas más selectas del mundo empresarial y tecnológico actual. The Wall Street Journal publicó un gráfico interactivo en el que figuraban más de 30 startups con una valoración superior a los 1.000 millones de dólares. Son valoraciones objetivas en base a las entradas de capital que han vivido recientemente.
Curiosamente, aunque no es una sorpresa, en este club casi no hay empresas europeas, pero si hay chinas. Tengamos en consideración que el futuro que ahora estamos labrando en términos como ‘la Internet de la cosas’, ‘el Big-data’ y la ‘metamorfosis de la sociedad’, se construye desde la empresa, es la apuesta tecnológica que hacen las organizaciones privadas las que marcan los comportamientos, la evolución y los ritmos sociales. Si en Europa cada vez es más difícil reconocer propuestas que puedan ser consideradas determinantes en la escena empresarial y tecnológica del futuro mal vamos. Esta lista, a parte de ofrecer una posible tendencia hacia la sobre valoración de las compañías, también nos dice que Europa envejece. Es obvio y que lo hace de la pegajosa mano de sus dirigentes también.

Me cuesta ver como algo etéreo e inconsistente un volumen tan grande de afectados. Miles de millones de personas activando y desactivando procesos que, independientemente del rango y cálculo en el que se ubiquen sus cuentas de resultados, está claro que rigen y condicionan el presente y asignarán las bases del futuro. Seguramente, en cinco años se hablará de Facebook como se hace ahora de la Yahoo de hace una década, de Twitter de cómo se hablaba de Myspace y así con muchas otras. Esa es la esencia y esa es la maravillosa realidad. Nadie está en manos del monopolio de los usuarios aunque lo parezca, sin embargo el valor de todas ellas está en la inmensa gestión que hacen y podrán seguir haciendo aunque varíen sus modelos de negocio y experiencia de uso, de toda esa montaña de conocimiento adquirido a tiempo real.

Las opciones son dos: que la ‘digitoburbuja’ explote y nos muestre que valorar las empresas y cotizarlas por expectativas de facturación es un error, que otorgar valoraciones mil millonarias cuando apenas tienen ingresos (Tumblr fue comprada por más de mil millones cuando solo facturaba trece) conduce irremediablemente a la quiebra para enriquecer a especuladores atentos.

La otra opción. ¿Y si no explota? ¿qué aprenderíamos entonces? Tal vez, que todo ha cambiado y mucho. Que el balance no se mide como si estas empresas fueran una cadena de venta de electrodomésticos o una petrolera, ni tan siquiera como un medio de comunicación o un gestor de contenidos. Tal vez nos demos cuenta que en plena nueva era, en los albores de un cambio de sistema inédito, estas no dejan de ser otra muestra del nuevo escenario. Un lugar donde lo que se piensa tiene valor y lo que se hace deriva de ello, un espacio comercial donde se maneja información combinada y no sólo emitida, un cuadrante social donde se gestiona el coste de la interpretación colectiva de las ventas que la contabilidad resultante.

Vamos irremediablemente a la programación colectiva, a la utilización compartida de productos que fabrican otros, al desarrollo en beta constante de una plataforma sin límites ni fronteras que no podrá venderse de unos a otros, que no será capaz de saber donde empieza Facebook o donde termina Twitter, vamos a un sistema operativo global que mutará de estas (hoy llamadas) compañías. Pero también vamos a las impresionantes cadenas del longtail, de la economía low cost y a la diversión monetizada.

Ahora bien, algunas de estas empresas están muy valoradas mientras sus modelos de negocio siguen sin estar validados y lo único que aportan es unas cifras de usuarios y escalabilidad brutal, aunque eso no se monetice. Su valor no deja de ser otro que su expectativa y no tanto la cuenta de resultados. Está claro que el mundo ha cambiado mucho pero no creo que podamos mantener por más tiempo ese recorrido por el desierto a menos que esto responda a la creación de una enorme y reluciente burbuja tecnológica. Creo que no, pero también creo que veremos caer alguna y que su derrumbe arrastrará algunas que si estaban en condiciones de soportar ese escenario de futuribles pero que precisaban más tiempo.

La exhuberancia de la época de las puntocom y su posterior quiebra no es comparable. En aquella época se vendían por miles de millones un ‘powerpoint’ sobre un portal donde no había ni un usuario registrado. Eran tiempos en los que un tipo con un ‘vespino’ y un ‘portátil’ preparado con una presentación basada en plantillas ‘cool’ se plantaba ante un consejo de administración de un banco europeo y en apenas diez segundos le compraban la idea, el proyecto y metían a media familia en el paquete. Ahora no es así pero la valoración desmedida de algunas compañías podría ser un hándicap, pues si alguna de éstas al final se la valora en revisión y pierde esa enorme consideración, arrastrará a muchas otras y con ello estaremos en un escenario que tampoco responderá a la realidad pero que se basará en el pánico, sobre todo de los mismos que ahora están engordando los valores de estas mismas empresas.

Mi impresión coincide con la del Harvard Business Review que ofrece una sencilla explicación a esta lista de empresas con valoraciones mil millonarias: “un dólar en el año 2000 no equivale a un dólar en 2014, sino a 1,35 dólares. Eso para empezar. Si en lugar de realizarse la comparación en términos nominales se lleva a cabo en términos reales, se descubre de que de las 25 empresas estadounidenses en la lista, solo 15 superarían una valoración de 1.000 millones de dólares en términos reales

Creo que si entramos en argumentos más técnicos, como se reflejaba recientemente en una publicación como Sintentia, “veríamos que la razón contraria a la existencia de una burbuja sería una comparativa entre los ratios Valor y Ventas en 1999 y en el momento actual. Veríamos pues que mientras que en 1999 este ratio indicaba que se estaban valorando a las empresas por importes de 26,5 veces las ventas, las valoraciones actuales son de solo 5,6 veces las ventas”, lo que parece situarnos lejos de una hipotética burbuja, al menos en lo que a la relación entre valor y ventas se refiere. ¿Tú que piensas?

Facebook maneja datos de más de mil millones de personas, sus gustos, condiciones, relaciones y ocupaciones. Twitter es capaz de ofrecer información a tiempo real y, en breve, a conceder predicciones inverosímiles que los modelos ‘big data’ están atrapando. Gestores digitalizados de posicionamiento aplicados a compañías aéreas se basan en gestores de color o impresiones como las que entregan Pinterest o Tumblr establecen valores de empresa que hasta ahora no se contemplaban. Trescientos millones de usuarios en aplicaciones móviles como Whatsapp conceden expectativas muy distintas a todo ese universo de esa llamada ‘burbuja’.

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Como se podía leer recientemente en el Wall Street Jounal, una de estas empresas que aun no están en esa lista pero que probablemente lo estarán, Foursquare, ha logrado materializar un contrato con Microsoft por algo que si será determinante: los datos. Mientras que la publicidad en esa plataforma no arranca, lo datos que maneja de los millones de usuarios si son oro de muchos kilates. Ahora mismo la entrada de estos 15 millones por un convenio de colaboración vinculante ponen a los de la red de geolocalización en los 650 millones de dólares de valoración nominal. Yo sigo pensando que lo que se está organizando y posicionando es el futuro esencialmente y el modo en el que lo vamos a vivir, comprar y vincular a las empresas que diseñarán como nos acercamos a nuestros intereses más inmediatos.

 

Próxima estación: 'emergentes'

La semana pasada se vivió la peor liquidación de divisas registrada en los mercados emergentes en cinco años. La reducción gradual de los estímulos monetarios en Estados Unidos están provocando los primeros síntomas de tipo global. Hay monedas con las que no solemos interactuar o saber poco pero que tienen un papel muy importante en, por ejemplo, la internacionalización de una compañía o de una startup. No todo funciona en dólares ni tampoco, en caso de que al final las pasarelas de pago locales así lo determinen, se puede operar con él.

La lira turca, el rand sudafricano y las monedas de Brasil o Mexico se fueron a niveles de 2008. En este cuadro yo no incluyo ni a Argentina ni a países de órbita compleja como Venezuela. Estos tienen otros problemas y son países donde yo no invitaría nunca a invertir ni un céntimo.

Mientras que Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica fueron algunos de los motores del crecimiento mundial tras la crisis financiera de 2008, los mercados emergentes estarían empezando a representar una amenaza para la estabilidad financiera mundial. Nada es gratis en esta vida y lo que te dieron se lo vendrán a cobrar. Países como Colombia, que suponen un destino muy interesante para los que exportamos tecnología y que pertenece a un modelo comercial ideal pues su penetración digital es creciente, su nivel de vida ha mejorado notablemente y la proyección productiva es espectacular, también pueden estar en la sala de espera de su propia equivocación. Son crecimientos poco orgánicos y muy vinculados a que muchos inversores buscaban resquicios por donde invertir en el momento que el ‘primer mundo’ flaqueaba. Es importante ahora asegurar lo que era auténtico de lo que era fachada.

Me temo que pueden encontrarse en una encrucijada para la que no se han preparado y eso que llamaron crisis y que yo denomino ‘revolución’ esté iniciando su segundo capítulo ahora en ‘los países emergentes’. Oiremos cosas como que “el entorno actual es potencialmente muy tóxicos para los mercados emergentes“ o “es mejor no aconsejar invertir en mercados emergentes“. Ambas frases las pronunció la semana pasada Eamon Aghdasi de Société Générale, un tipo que conocí hace unos cinco años en Nueva York y que era el abanderado de la inversión en China, Brasil, México y otros.

Y es que el susto lo tienen en el cuerpo unos más que otros. China se puede contraer por primera vez en seis meses, sumándose a la preocupación de que el crecimiento está perdiendo empuje en la segunda economía más grande del planeta. Eso nos guste o no tiene que ver con ese macroajuste universal al que se está viendo sumida la humanidad. Tiene que ver con unos tiempos que parecían sólo afectar a las economías más desarrolladas y que, esa revolución, solo atacaba y se producía en el occidente desarrollado. La revolución digital y socializada tiene ya una expresión financiera y productiva en todos los países, incluso aquellos que no parecían implicados en esta metamorfosis socialmente y tecnológicamente planetaria.

Esto el principio del gran ajuste. De nuevo, como ciudadanos, pagaremos el desconocimiento general de quienes nos gobiernan. No es culpa de ellos, es, básicamente, motivo de que vivimos tiempos de cambio de época.

El Fondo Monetario Internacional pronostica que la ventaja que tuvo en el pasado el crecimiento de los mercados emergentes en relación a las economías más avanzadas, se reducirá este año a su menor nivel desde 2001. Que lo diga el FMI no es garantía de que tenga que suceder. No es necesario listar toda la cantidad de sandeces que han pronosticado estos burócratas alejados de la realidad. Sin embargo es cierto que, sin explicar el motivo, lo que se avecina es un cobro brutal por parte de los países ‘avanzados’ sobre los que ‘se aprovecharon de la crisis de éstos’. El cobro puede ser sangrante. Ya lo veremos.

De momento, sólo aconsejar a los que estamos trabajando modelos de negocio basados en escenarios complejos vinculados a países que van a vivir tormentas financieras, productivas y de, probablemente, cambios políticos y convulsiones sociales, que reajusten los planes de expansión y preparen diferentes modelos de flexibilización de esas campañas internacionales. Ya no va a ser tan fácil, será preciso tener un buen background, experiencia y espíritu de sacrificio para soportar muchos más viajes a fin de concluir operativas abiertas que se pueden romper en minutos.

Aunque hablamos de divisas, y hace muchos años que dejé de trabajar en ese mundo de la mano de Forex, la realidad y mi memoria me hace percibir que las antesalas de muchos procesos económicos empiezan o por la deuda o por el cambio de moneda. Mi consejo es asesorarse bien, no aventurarse si no se conoce el escenario y sumar con experimentados exploradores si es el caso. El mundo sigue su transformación, dura en los países ‘avanzados (sumergidos)’, progresiva en los ‘emergentes’. Para que todos floten será preciso un mundo más equilibrado y la tecnología lo estimula pero el hombre lo retrasa. Tengo claro que la primera se llevará por delante la voluntad de los segundos. De momento la siguiente parada de la revolución ya se ve a lo lejos: los mal llamados emergentes. ¿Porque no les contamos lo mal que lo hemos hecho nosotros?

Emergentes y sumergidos

Al paso que vamos, pronto tendremos que cambiar las terminologías y dejar de llamar “economías emergentes” a algunos países. En muchos casos ya nos gustaría estar como están ellos. En un informe de PricewaterhouseCoopers se decía que “las economías del G-7 serán sobrepasadas en tamaño por los mayores mercados emergentes en apenas dos décadas conforme la crisis financiera acelera el desplazamiento del poder en la economía global”. Ese mismo informe decía que “el producto interno bruto combinado de las siete mayores economías en vías de desarrollo excederá al de esas mismas siete potencias en 2032”
No seré yo quien ponga en duda esos datos, pero parece obvio que China reemplazará a los Estados Unidios como la mayor economía del mundo a medio plazo, como ya ha hecho con Japón como la segunda. Es evidente que muchos de esos países que se denominan “emergentes” son los que están liderando la salida de la recesión planetaria que provocaron los considerados potencias mundiales. En ese escenario hay otros, países en caída libre, que deben ser rescatados de modo oficial o utilizando algún mecanismo complejo que disimule la realidad.

En el informe que PricewaterhouseCoopers publicó hace unas semanas los siete emergentes (China, India, Brasil, Rusia, Indonesia, Mexico y Turquia) eran el tercio del G-7. Se estima que en una década el PIB de los primeros sea el 70% de los segundos y en apenas tres décadas los emergentes serán un 64% mayor que el de los denomiandos “economías dominantes”. A la velocidad actual Brasil superará Alemania en apenas quince años, India apagará Japón y Turquia a Francia y Gran Bretaña.

En esas que algunos ya han decidido oficializar su apuesta por Amércia Latina. Hace años que ayudo a empresas a instalarse o a internacionalizar sus productos en esos países. Ahora observo como los aviones que van desde Europa a América latina han pasado de ir pocos días y llenos de expatriados en busca de oportuniddes en Europa o de visita a sus familiares en las zonas de origen a unos aparatos repletos de hombres de negocios y operarios dispuestos a buscar su oportunidad. España, Europa en general, se estrecha y hay que buscar nuevos mercados.

Algunas entidades lo saben y empiezan a solidificar inversiones serias. Por ejemplo, la empresa suiza de capital riesgo Partners Group Holding AG, va a invertir más de 300 millones de euros.

Como ejemplo, lo que piensa hacer Partners es gastar cerca de un tercio de la cantidad en el sector de obras públicas e inmuebles y el resto en inversiones de capital riesgo. La compañía hará cuatro adquisiciones como mínimo, centrando sus gastos en Brasil, e invertirá también en Colombia y Chile, dijo el ejecutivo. Es una buena noticia para los que estamos intentando abrir mercados por aquí. En concreto, ayer cenando en su casa, con uno de los empresarios judíos más importantes de Panamá, supe de la idea de potenciar la integración de empresas europeas en toda América Latina por parte de lobbys locales. Este hombre, mexicano de origen, tenía claro que todos tienen que aportar, los originarios con su know how y los destinatarios con su interés y facilidad.

Ante un 2011 que parece una réplica mala del anterior, donde la carretera para emprendedores y empresarios se reduce por momentos, donde cae el consumo, o donde no se reduce se limita por la caída de precios, donde el paro no dejará de aumentar por culpa de la falta de crecimiento orgánico, donde los impuestos alcanzarán nivéles desconocidos y donde los servicios públicos dejarán de estar garantizados, atender a lo que pasa en el exterior es una opción cada vez mayor. La apuesta no es emigrar como lo hicieron nuestros antecesores, la idea es internacionalizar en la medida que la nueva economía lo permite. Bajos costos, comunicaciones abiertas y rápidas, eficientes mercados mixtos y mucho conocimiento por transmitir pueden ser nuestros valores.

Hace varios años que llevo empresas a esos países y el éxito suele ser alto, aunque un factor de riesgo siempre se debe tener en cuenta, algo de picar piedra y un mucho de saber como y con quien te asocias. No todo es llegar y vender, ni esperar que nos reciban con los brazos abiertos siempre, saben que lo estamos pasando mal y empiezan a ver una opción de negocio en esos viajes de exploradores que se multiplican por momento. Mi recomendación es asesorarse evitando las agencias públicas que dicen servir para ello, pues la perdida de tiempo suele ser inmensa y la energía derrochada mucha.

En mi opinión, como he escrito en mi último libro, “la emprendeduría latinoamericana es tan diversa como estimulante. La oportunidad son sus desequilibrios, unos desequilibrios que irán desapareciendo y que se convertirán en el patrón de cambio económico. Ahora son ellos los que empujan y los que piden estímulos externos. Mientras medio mundo se movía en cifras negativas, Chile, por ejemplo, creció al 7,1% en mayo de 2010. Lo bueno de viajar es que descubres que aprendes. Es sencillo. Muchos europeos o norteamericanos viajan por el planeta con la voluntad de internacionalizar sus proyectos, de crear en esos países, pero al final resultará que en Latinoamérica especialmente, donde fuimos algunos a desarrollar proyectos de emprendeduría digital y de la Nueva Economía, notando y creyendo que exportaríamos know howacabaremos aprendiendo más que enseñando. Cuando nuestra sociedad más inmediata se levante del sofá y descubra que tiene que afrontar retos en el exterior deberá saber que, a otros países aparentemente menos desarrollados que nosotros no se va a enseñar, se va a aprender, y en el mejor de los casos a comprender”.

Está claro que podemos mostrar usos y estrategias que no se conocen en esos países para poner en marcha negocios, pero las dosis de realismo y de uso práctico de todo ello suponen toneladas de modestia que los europeos necesitamos digerir si queremos hacer negocio en América. Aquí, en Latinoamérica, pasan cosas, allí, en Europa, nos las cuentan.

La burbuja de las reservas federales

La burbuja de las reservas federales

La semana pasada pudimos leer que el Tesoro colocó 3.000 millones de euros en bonos a quince años con un cupón del 5,14%, frente al 4,44% de la subasta inmediatamente anterior. Es decir, un 15% más. Sobre una demanda que superó los 7.000 millones, el Estado captó todo lo que precisaba aunque el precio empieza a ser preocupante. Pero lo que debe inquietarnos es quién compra esta montaña de papel. China, el mayor adquiriente de bonos internacionales y propietaria de una especie de burbuja de deuda soberana imponente. Resulta que ahora se han decidido por la compra indiscriminada de bono español, portugués y griego en una carrera por aumentar la rentabilidad por riesgo.