digitalizar

Si crees que transformarse digitalmente es caro, prueba con el coste de no hacerlo.

Si crees que transformarse digitalmente es caro, prueba con el coste de no hacerlo.

La expresión ‘transformación digital’ ha multiplicado por diez sus búsquedas en Google en apenas un par de años. Se menciona en redes y se colonizan todo tipo de eventos con este concepto. La combinación cloud, mobile y big data han retorcido definitivamente nuestras relaciones sociales y económicas sin posibilidad de vuelta atrás.

Diferenciar entre digitalizarse y transformarse digitalmente. El caso del 'Mall-Data'.

Diferenciar entre digitalizarse y transformarse digitalmente. El caso del 'Mall-Data'.

La Asociación Española de Centros Comerciales me propuso dar una conferencia en su XV Congreso Nacional. Me pidieron que ofreciera una exposición que tratara de manera general el momento que vivimos a la vez que expusiera algunos casos de transformación digital en clientes que pudieran ser comparables a los que asistían al congreso. La idea era cambiar el habitual modelo de conferenciante que habla de un modo teórico, casi académico, de cosas que el público ya sabe, conoce y quiere cambiar, y que se olvida de dar claves concretas para mejorar la fase de transformación de todo un sector y aporta ejemplos para inspirarse en cómo hacerlo. Así me lo pidieron y así lo intenté hacer

Ordenando el puzzle de la transformación digital.

Ordenando el puzzle de la transformación digital.

Un científico estaba trabajando en su laboratorio cuando entró su hijo de cinco años dispuesto a ayudarle. El científico, que tenía mucho trabajo y no quería ser interrumpido, pensó en darle un entretenimiento al niño para que no le molestase. Recortó de una revista un mapa del mundo, lo cortó en muchos trocitos y se lo dio a su hijo para que lo reconstruyera. El científico pensó que tardaría horas en hacerlo porque su hijo nunca había visto ese mapa.

Niños del futuro en escuelas del pasado.

Si tienes hijos debes estar con eso de comprar ‘libros de texto’. Un momento que afecta considerablemente a la contabilidad familiar. Le llaman la ‘verdadera cuesta de enero’. Algo que me hace pensar en la cantidad de metáforas fuera de su tiempo que seguimos utilizando. ‘Cuesta de enero’ debería de pasar a ser la febrero pues hace mucho que la gente fracciona sus pagos navideños o los incorpora a la liquidación del segundo mes del año. Algo así como mantener un icono que representa un ‘disquette’ como símbolo de guardar archivos informáticos cuando hace mucho tiempo que hacerlo con ese objeto es imposible.
La ‘vuelta al cole’ en España, este año, supone un gasto más alto que nunca debido al cambio de los libros de texto ordenado por la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa. Un gasto que ascenderá a los 200 millones de euros para las familias de los alumnos de 1º, 3º y 5º de Primaria, los cursos a los que afecta ya la reforma. No voy a entrar en el tema de la reutilización, o de la justificación de esa revisión de los contenidos si es que es necesaria. De hecho es hasta doloroso ver como se organizan entidades diversas para ‘aprovechar’ libros viejos o usados, obviando el tiempo que nos ha tocado vivir.

Me produce una especie de impotencia y tristeza detectar en todo ese ejercicio curioso lo lejos que está el sistema educativo en su conjunto de la realidad y el tiempo que vivimos. O bien por intereses empresariales o bien por inutilidad manifiesta, no hay manera de que nadie en eso que llaman Ministerio de Educación, Consellería d’Ensenyament o lo que sea, vea que todo esto es un despropósito fuera de la lógica del siglo XXI, de la modernidad y de una sociedad digitalizada.

El asunto del libro de texto ‘en papel’ no es más que la evidencia del esfuerzo por detener el progreso, el conocimiento y el empoderamiento de una sociedad que tarde o temprano progresará, conocerá y se empoderará de verdad. Que sigan dirigiendo el tren, la carreta, que el mundo va en una nave espacial. La lástima es que cada segundo (curso) que pasa ese cohete se aleja y costará más de tomar.

No tengo ni idea, ni me importa, de lo que costaría digitalizar todo el momento educativo español. Seguro que mucho menos de lo que se gasta en cualquier paquete de medidas para ‘incentivar’ la economía del ladrillo puesta en marcha una y otra vez, sea a la vista o por detrás.

Es de aurora boreal mantener este desperdicio. Nos aleja de los tiempos que corren, nos empobrece moralmente y nos desprotege como sociedad. Que los libros de texto fueran en formato digital, descargables, actualizables cada año, incluso semanalmente, no es una quimera.

El problema es que seguramente, de golpe, eso es inviable. Existen barreras en el profesorado, en las empresas, en la administración, en algunos padres, en los propios alumnos y en la brisa del mar. La merienda que nos evitaríamos sería de valor calculable y el efecto educativo exponencial. Que no se puede comparar una lectura tradicional de un libro a la divertidamente e instructiva funcionalidad del hipertexto, es algo obvio. Además, nuestros hijos son nativos digitales que se mueven mejor entre ‘tablets’ que con lápiz y papel. Sin dejar de utilizar tan sagrados elementos, los dispositivos digitales no son simplemente anécdotas divertidas y ‘cool’ para que el aula quede más moderna. Son sencillamente la puerta natural del futuro educativo, la ventana por la que las generaciones del nuevo mundo entran en el conocimiento.

No es nada raro, es sencillamente una revolución que también debe llegar urgentemente a las aulas. Mientras los que mandan siguen discutiendo la lengua, la reforma y el objeto educativo, el tiempo pasa y con él las oportunidades. La educación es algo que debería de ser prioridad digital, un ultimátum de los tiempos futuros. Tenemos niños que siguen releyendo el pasado sin que sus profesores sepan que dominan el inglés de los videojuegos, que navegan con facilidad en entornos complejos y que cuando necesitan saber algo no van a sus libros ‘de texto’, ni a ninguna biblioteca, sencillamente tocan con un dedo una pantalla.

Es imprescindible tomarse esto en serio o se nos llevará por delante el pasado sin apenas haber visto el futuro. Dejen de discutir sobre como será la escuela de sus viejos sueños y empiecen a pensar en una escuela que no precisa de tanto gasto ridículo e insultante en libros de texto. Un libro que se puede descargar y actualizar puede ser perfectamente un ‘concepto educativo’ que no tiene ni principio ni final. Sencillamente es una especie de app que se adapta al alumno y no un alumno adaptándose al texto de un libro.

Esto que parece tan difícil ya funciona en un buen número de países, obviamente, avanzados. Lugares donde ya se están analizando como será la educación de los próximos años. Modelos educativos que forman al ciudadano de este siglo que deberán ser creativos, capaces de emprender, críticos con su entorno, muy digitales y preparados para un modelo laboral completamente distinto al que ahora vivimos y que ya se insinúa.

El liderazgo de las administraciones es algo más que redactar reformas una tras otra. La digitalización de la sociedad es un hecho y las escuelas no pueden permanecer más tiempo en un escenario analógico, lejos de los modelos de gestión basados en la inteligencia artificial, colectiva o social.

Los contenidos también pueden ser revisados pero sobre todo ‘actualizados’. Ahora ya no tiene sentido eso de ‘reutilizar’ libros, sino que lo que debemos hacer es ‘descargarnos la actualización’. Es imprescindible que se atienda a una verdad absoluta que nos dice que el analfabetismo inminente será el de los que no son capaces de establecer actos digitales complejos.

Esto no es solo un tema de contenidos, libros o formatos. Va de nuevos modos de evaluación y de nuevas materias o habilidades a examinar. No es tanto si se memoriza algo o se adquieren muchos contenidos, eso lo hace Google, se debe premiar la capacidad de trabajar esos contenidos en modelos colaborativos. Hoy en día la economía colaborativa está poniendo en jaque muchos modelos económicos. Algún día la educación socializada pondrá en la picota a la enseñanza tradicional.

Sin llegar a la ansiedad tecnológica, es obvio que la educación, hoy en día y según que lugares, ya no educa a tiempo real, lo hace con modelos y sistemas lejos de la vida que nuestros hijos conocen y disfrutan.

Digitaliza tu vida, será más real

A medida que la vida se fue digitalizando se hizo más real. O por lo menos la información tiene un criterio social y compartido que la hace más auténtica. Fijaros sino en lo que ahora es noticia en cualquier medio ‘analogico’, u oficial y lo que es en el mentidero de las redes, blogs y comentarios de los medios digitales que no existían hace apenas tres o cuatro anos. Hay ejemplos de cómo el mundo respira independientemente a lo que se nos dice que sucede.
Este mapa del Frontex European Commission publicado en el Wall Street Journal que hoy acompaña este post muestra los flujos y el aumento de los emigrantes que llegan a la UE. En concreto los que han sido detectados sin documentación adecuada aumentó un 48%. Más de cien mil personas ‘sin papeles’ que prioritariamente utilizan la ruta marítima que va de Libia a Italia.

Parece mentira que cuando el foco hiriente de la televisión en directo se apaga, pareciera que los problemas se diluyen con las sombras. Sin embargo la realidad es de plomo y pesa, permanece allí y es el espejo de nuestra vergüenza y egoísmo. Las cifras son espeluznantes y, por ejemplo, la crisis no ha frenado la avalancha. Italia afirma que ha rescatado a unos 25.000 inmigrantes en esta ruta desde comienzos del año. La ‘primavera árabe’ no hizo más que agravar el éxodo en lugar de limitarlo. El resto de países que recibían históricamente la inmigración africana y asiática seguimos siendo receptores. Cada dia se lanzan en un intento suicida centenares de subsaharianos esperando ser, irónicamente, como nosotros.

La asignatura pendiente no es sólo la modernización del mundo, también es la de equilibrarlo. Podemos hablar de ‘cambio de modelo’, de socieadad de la información, de big-data y de todo cuanto nos parezca ‘cool’ y estimulante, pero el planeta seguirá siendo tremendamente injusto con quienes les tocó habitarlo en algún lugar donde no se goza de las ventajas que otros si tenemos.

La tecnología debe servir para eso, para equilibrar. Invertir en la sociedad del conocimiento desde la empresa privada y que ella llegue a territorios donde merece la pena hacerlo y donde con muy poco se logra mucho. Si no hacemos nada seguiremos igual. Pasará como cuando la ‘crisis’ se nos llevo por delante, permanecieron los responsables y sufrieron los de siempre. Todos participaron del desastre mirando hacia otro lado durante mucho tiempo. Muchos se creyeron ricos por tener concedida una hipoteca inmensa.

Hace unos años, el The Economist dijo que España y en gran parte ‘Europa regresaría a su innegable mediocridad’. Lo dijo cuando se derribaban los primeros pilares de una burbuja inmobiliaria que no era más que la fachada de todo el desmantelamiento general que viviríamos en breve. Ahora, esa mediocridad, permanece. Ahora si que es culpa nuestra. Ahora si que tiene que ver con que la sociedad civil ha elegido desayunar cloroformo. Ahora si puedes ponerte en marcha y procurar los cambios desde tu propia revolución íntima.

La falta de vergüenza y decoro se ha trasladado por todas las cañerías y ha derivado en un consumo generalizado de analgésicos sociales.

Desde territorios en conflicto o donde comer es una epopeya diaria llegan personas con la desesperación bajo el brazo. Seguimos ignorando que pasa y seguimos pensando que cuanto tenemos, lo merecemos por algún tipo de suerte divina. Pensemos donde estan las reglas, los límites y las oportunidades. A veces, revisar lo que pasa no es mirar el telediario. Digitaliza tu vida, será más real.