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Tu papel en este reto histórico

Tu papel en este reto histórico

Hace tiempo leí en The Economist que si nos hacemos la pregunta ‘¿qué es un emprendedor? sólo tendremos dos posibles respuestas o puntos de vista. El primero es el más popular y asegura que los empresarios son personas que dirigen sus propias empresas. La segunda opinión es la que defiende Joseph Schumpeter quien asegura que los empresarios son los innovadores de la economía y de la sociedad. Asegura que las personas tienen ideas, que quienes las convierten en empresas aportan valor social que se traduce en bienestar tarde o temprano. Ha pasado antes y seguirá pasando.

'Emprender no es un verbo', en Westinghouse

Ya está en tu quiosco digital el número 4 de Westinghouse. Este número ya está disponible para iPhone y para Android además de, como hasta ahora, para iPad. El crecimiento de descargas y difusión no ha hecho más que crecer desde su nacimiento y eso se debe obviamente a la calidad de los redactores que he tenido la suerte de poder sumar en este proyecto y al gran equipo de desarrollo y diseño de la editorial Mediazines. Este número 4 gira en torno al papel que juega ‘el emprendedor en el cambio social y de su propio reto durante ese tránsito’. No sómos héroes, ni villanos, de hecho no queremos ser moneda de cambio en un programa electoral, ni queremos palmaditas en la espalda, no nos hace falta una foto o un abrazo. Se trata de que emprender transforme tu entorno y que te dejen hacerlo. Que eso se haga abrazado de tecnología, porque los emprendedores deben ser, fundamentalmente, exploradores. De ellos, nosotros, depende que lo quememos todo para que emprender no sea un verbo, sino un modo de revolucionarlo todo. No os perdáis algunos de los artículos más brillantes que he leído en tiempo y que tengo la suerte de leer antes que nadie. Os dejo, como es habitual, con mi editorial que intenta definir lo que en el interior de este número dedicado a un verbo que no lo es.

Emprender no es un verbo.

ii_14c97e35ffe5074aCada uno es como puede y lo que debería ser es lo que quiere. Escuchar a quienes explican su vida forzando las frases, esperando llegar a la parte en la que dejan de definir su tiempo de trabajo para iniciar la que describe su ocio, es una lástima. En un mundo donde todo cambia y lo hace para automatizar nuestras relaciones, vida y condición, el concepto trabajar también cambia. Yo no trabajo para vivir. No lo hacen muchos de los que me rodean. Viven para trabajar, vivimos trabajando pues en el ejercicio de nuestro trabajo vivimos intensamente los retos y tocamos la textura de nuestros sueños. Y no siempre sale bien. Ni mal. A veces ni sale. Pero lo importante no es tanto si acabas, lo estimulante es vivir.

Este número de WFE que tienes en frente gira entorno al valor que tiene conducir por la carretera que nos han puesto delante. Es la que es, no hay otra. El resto sería impracticable. Las claves de cómo recorrerla es el modo en el que lo vives. El papel de los llamados ‘emprendedores’ no es otro que indicar cual el camino, como debe tomarse y, ¿por qué no?, mostrar las heridas que produce salirse o caer. El futuro espera, el presente se muestra tremendamente exótico para los que queremos vivir intensamente cada avance en la Nueva Economía, en su digitalización y eliminación de procesos. Ser parte de todo eso puede ser, desde el interior de una empresa de alguien, o a través de tu propio anhelo empresarial.

Funda una empresa si quieres. O no. Pero vive este momento con el valor real que tiene. No lo dudes, no es ciencia ficción, es tan real que quema. Déjate quemar. La tecnología llegó, impregnó toda la economía hasta cambiarla muchas veces, y lo hace ahora a mayor velocidad e intensidad que nunca. Emprender en estos momentos es una exploración, algo reservado para conquistadores. Los mismos que se lanzaron a interpretar su presente, sus inventos, convertirlos en negocio y trasladarlos a sus semejantes para mejorar sus vidas.

Como hizo George Westinghouse, emprendedor ejemplar no solo por sus empresas, sino por como entendió el papel de ellas en el cambio de modelo económico y social que se avecinaba.

Para mí, emprender es soñar y conectar con un nuevo mundo inminentemente hipersocial. Emprender no es un verbo, es una manera de ser. Es una representación de cómo cristaliza la esencia humana que quiere explorar. Si aquellos que soñaban con cambiar el mundo lo hubieran creado empresas, seguiríamos viviendo en cavernas. Ese perfil inconformista, que se revela y que no se acomoda es el que tanto molesta a los que nos pretenden “dirigir”, ese modelo de vida es el que no teme fracasar, no siente dolor y escucha, no dice no, no dice imposible sino ¡vamos!, no piensa en si va solo o acompañado, solo decide ir. Entra en Westinghouse Future Economy y verás de que te estoy hablando. Ven.

No somos héroes

Beautiful_cartoon_doll_scene_Desktop_wallpaper_02_1920x1080Hace dos años Ima Sanchís me hacía esta entrevista para la Contra de La Vanguardia. Hace apenas unos días alguien me la recordaba durante la cena posterior a una conferencia que ofrecí. Hicieron memoria por lo que al final de la misma comento sobre que los emprendedores serán los responsables de la “salida” de la crisis. Hoy sigo pensando lo mismo pero con matices debido a la ridícula dirección que está tomando todo esto. Si bien no hay nada de lo que salir, ni nada que recuperar, si es cierto que continuamos construyendo un nuevo modelo económico y social en el que los emprendedores, especialmente los que se mueven en la Nueva Economía, serán los motores determinantes. Sigo pensando así. El matiz proviene de que el concepto “emprendedor“ empieza a tomar un tono teatral y publicitario.
Tratar de convertir en héroes necesarios, en cómplices del proceso de parálisis o en “teaser” de campaña es a parte de un insulto a la inteligencia una osadía. Ni somos héroes ni queremos serlo. Hay emprendedores de todo tipo, que buscan sobrevivir, que persiguen sueños, que no quieren jefes, que precisan una cancha donde innovar, que llevan mal procesos rutinarios o que, sencillamente, sintieron la llamada extraña y metálica que todos los que odiamos el sofá social, hemos escuchado en algún momento. Pero no somos héroes ni queremos serlo. Aburre y agota el discurso recurrente por todas partes acerca de las miles de acciones y ayudas que estamos recibiendo por todas partes. Entre post grados, cursos, becas, concursos, semi ayudas y créditos blandos el jardín está agotado. Limpiar conciencias de algunos bancos que embargan negocios y viviendas de emprendedores que no lo lograron, en gran medida por la presión indecente de estos mismos, aguantar un negocio determinado. Son los mismos bancos que otorgan concursos con premios ridículos e insignificantes que suponen en la práctica la limpieza de conciencia de algunos.

No somos héroes, somos saltadores. Un tipo que se pone en marcha con un proyecto que aun no está consolidado, que se enfrenta a mil obstáculos y que además está obligado a superar sus miedos y los estereotipos de una sociedad drogodependiente, es alguien que acepta la crisis como un puesto de trabajo y de hecho su ecosistema natural. De ella saca el combustible al contrario que el resto de mortales. Cuanto mayor sea el riesgo más apasionante es el reto, pero no es un gesto heróico, es algo que sale de dentro y que no puede depender de que un banco, un ayuntamiento, un business angel o un funcionario que necesita justificar una nómina pública te empujen.

Hay dos maneras de vivir este impulso que a veces sale de dentro: sentado frente al abismo o saltando. Obviamente no todos son iguales ni tienen las mismas circunstancias, pero si son iguales los efectos secundarios de una decisión como la de montar un negocio. Al iniciar el salto no sabemos que hay ahí abajo, a veces ni importa, lo que si tenemos claro, los que saltamos, es que el de la silla frente al vacío no se va a enterar de lo fascinante que es volar unos segundos. No somos héroes y no queremos que nos definan como tal, como si casi fuéramos una especie de etnia sofisticada, o un grupo “cool” que da votos o queda bien apoyar. Sólo queremos que dejen de utilizar el concepto emprendedor como si fuera una cataplasma. Si de verdad se quiere apostar por la emprendeduría es necesario dejar de lado esta especie de discurso parvulario insoportable.

 

LA CONTRA DE LA VANGUARDIASOMOS UNA SOCIEDAD ANESTESIADA A BASE DE SUBSIDIOS’ . MARC VIDAL22/02/2011 – 00:09

Estamos al final de la crisis?
Sí, pero lo que hay es lo que va a quedar.

No es muy halagüeño.
En el nuevo modelo económico mundial unos países emergen y otros se estabilizan en un lugar más bajo del que estaban; y España, en un lugar extremadamente más bajo.

¿Nos subirán más y más los impuestos?
Sí, los irán subiendo progresivamente y en cuatro años la presión fiscal será altísima porque alguien tiene que pagar todo esto.

¿La clase media se hunde?
Se estrecha, porque depende en gran medida de que el consumo se mantenga, y el consumo se está reduciendo sin remisión.

¿Y emerge una nueva clase?
Sí, la que yo llamo microburguesía low cost: millones de personas que se manejan con apenas 1.000 euros al mes. Una clase social satisfecha por comer en el Pans & Company, viajar con EasyJet y montarse sus propios muebles de Ikea.

Es usted cruel.
La sociedad está cloroformizada, es drogodependiente: vive de ayudas, subvenciones, soportes del Estado, servicios que acaban reclamando como derechos fundamentales. Y a la Administración ya le va bien una sociedad anestesiada a base de subsidios y entretenimiento, no sea que salgan a la calle 

¿Una clase social formada por la clase media que ha ido cayendo?
Sí, la sociedad se está desequilibrando, hay una clase baja y una alta que se mantiene por la endogamia del consumo entre ellos, pero cuando uno cae, lo hace abajo del todo.

¿Sin remisión?
En España el número de familias que tienen a todos sus miembros en paro supera ya el millón y medio; y hay un millón largo de personas (entre 45 y 50 años) que llevan más de un año en paro y que no volverán a encontrar trabajo. No hay una respuesta laboral prevista para ellas ni ningún impulso para que se pongan en marcha por sí mismas. Vivirán de los subsidios y las ayudas.

¿No se acabarán?
No, simplemente nos subirán los impuestos, hemos llegado al límite de la deuda externa. En Occidente muy pocos trabajarán mucho para que muchos no trabajen. El Estado providencia ha convertido a la sociedad en un grupo homogéneo que vive a la expectativa, esperando que alguien les solucione sus problemas.

... Es sangrante con la Administración.
El Estado es interventor e inconveniente para los ímpetus emprendedores. Las cargas que debe soportar una persona que monta su empresa o se declara autónomo son un peso insignificante en otros países. En el Reino Unido apenas hay cláusulas para iniciar una actividad, a medida que la empresa crece van apareciendo requerimientos.

¿Con qué resultados?
Como muchos lo intentan, son más los que lo logran, y con el tiempo el empleo se multiplica. Nuestro país tiene la tasa de paro más alta del mundo civilizado porque aquí no hay manera de montar una empresa con pocos recursos. Si aun así lo logras, los salarios con sobrecoste acaban contigo.

También hay ayudas, ¿no?
Sí, que acaban siempre en manos de los grandes grupos financieros e industriales y nunca en las pymes y los autónomos. Es un error histórico de este país gastar demasiado en estimular sectores desde arriba en lugar de dinamizar desde abajo. Además, las ayudas a los emprendedores suelen ser más un discurso que una realidad.

Aquí el que innova es el inmigrante.
Sí, sólo un 7% de los españoles decide poner en marcha un negocio,  mientras que más del 14% de los inmigrantes lo hacen. Somos uno de los tres países europeos con el nivel más bajo de empresa innovadora de nuevo cuño; y la mitad de los nuevos negocios cierra en menos de un año.

La burocracia no ayuda mucho.
Para montar un negocio en España requieres una media de cuarenta y siete días, en EE.UU., tres. Y las teóricas ayudas de la Administración acaban siendo un inconveniente porque ralentizan el proceso.

¿Qué podemos hacer?
Reducir impuestos, porque aumentándolos lo único que logramos es que las empresas tengan menos capacidad de inversión; apostar a largo plazo, hay que empezar a pensar de qué vamos a vivir, e impulsar la  internalización de las pymes, porque si no es en el exterior no van a crecer.

Y nadando en esas aguas coloca usted a la generación perdida.
Sí, gente entre 35 y 45 años que debe una hipoteca a 30-40 años y que está a las puertas del embargo. Toda una generación hipotecada en un patrimonio que no vale lo que cuesta y que los bancos ejecutan como parte del botín.

Menudo panorama.
Son la generación de las tarjetas de crédito sofocadas, de yeseros cobrando como ingenieros de la NASA. Gente que pensó que sus negocios no requerían esfuerzo, que tuvieron en sus manos la opción de mejorar su entorno y sólo mejoraron su trono.

Puro pelotazo, ¿pero ahora qué?
En el tercer mundo los emprendedores están por todas partes porque es la única opción, aquí la opción es el subsidio. Los poderes políticos y económicos son siempre los mismos, muy poca gente accede ahí y muy pocos caen, y eso se logra cloroformizando a la sociedad; hay que reaccionar.