impuesto

El debate económico se olvida peligrosamente de lo relevante.

El debate económico se olvida peligrosamente de lo relevante.

Ayer, como cada semana participé en el programa ‘Liarla Pardo’ en La Sexta. Es un programa divertido, a tiempo real, frenético, que aborda muchos temas en apenas dos horas y que, como pasa en la televisión, el tiempo es oro y un minuto sabe a una hora. La verdad es que es un lujo ser parte de todo ello a la vez que, también, sirve para darme cuenta de cómo se generan los criterios informativos de actualidad. Al igual que prácticamente todas las cadenas, radios y diarios escritos en digital o en papel, el tema económico de estos días fue ‘las consecuencias del decreto sobre el impuesto a los Actos Jurídicos Documentados que el gobierno de Pedro Sánchez aprobó en el pasado Consejo de Ministros y que empezará a aplicarse hoy mismo desdiciendo al Tribunal Supremo. Que se trate esto es normal. Sin embargo, a veces tengo la sensación de que lo relevante, lo que de verdad va a modificarlo todo en breve, no aparece y, en consecuencia por falta de desinformación, no se le puede exigir a nuestros gobernantes que lo tengan en cuenta.

¿Cómo ganar sin riesgo?

La diferencia entre un leopardo y una gacela es que el primero puede equivocarse una vez. Lo mismo le ocurre a la serpiente respecto a un sapo. Durante siglos la banca se ha equivocado en innumerables ocasiones, pero sin embargo no ha permitido que sus fieles lo hicieran. Durante decenios el sagrado sistema financiero ha permitido sin que le temblara el pulso que miles de personas fueran embargadas por cometer un error en el mejor de los casos. En el peor, por no cometerlo.
¿Cómo ser leopardo y no gacela? Es difícil cambiar las reglas de un juego siniestro como el que representa comprar dinero y retornarlo a un interés determinado. Obviamente no vamos a inventar nada nuevo, pero permítanme explicar un mecanismo sencillo para que los que posean una tarjeta de crédito estándar ganen dinero por el mero hecho de gestionar adecuadamente su uso.

Me encuentro en un país donde el uso de moneda de plástico es masivo y donde la deuda se genera para superponerse a un déficit personal anterior. Sin embargo los ricos a crédito no son exclusivos de América, están por todas partes, especialmente en España. Muchos de estos individuos que estructuran su vida en base al pago a crédito, para abonar todo su consumo cotidiano en términos que ya se han convertido en un “retainer” a perpetuidad, son “expertos” financieros que consideran estar amortiguando sus gastos gracias al mal llamado “cómodos” plazos.

Hoy les voy a explicar a estos “inversores” el mecanismo por el que pueden ganar una media de un 21% anual sin ningún tipo de riesgo y así convertirse en leopardos y dejar de ser gacelas. Pongamos como ejemplo que disponen de un pequeño ahorro que se suele denominar “fondo familiar de garantía” y con el que el afectado tiene la ilusión de tener algo de liquidez, una liquidez que por otro lado, está revertida en el pasivo adeudado por su vida de plástico. Un ahorro que en el mejor de los casos está “fabricando” un 5% anual. Incluso si lo que ha hecho es meter parte de ese capital en fondos garantizados tras la “honesta” asesoría de su director de sucursal de cabecera, el rédito obtenido no sobrepasará ese porcentaje.

Obviamente esto es un juego simple de aritmética de bar, pero la fórmula es tan básica que asusta. Si pagan el montante pendiente de la tarjeta de crédito inmediatamente es como si hubieran ganado un 21% sobre su inversión total. Lo mejor es que este retorno es sin ningún tipo de riesgo, ya que está garantizado, pues se ahorrarán los intereses que hubieran pagado al banco.

Financieramente tiene mucho más sentido pagar una deuda con tasa de 21% que ahorrar en una cuenta al 5%. Digamos que el resultante sería un beneficio sin riesgo del 16% sin arriesgar nada, garantizado desde el mismo principio de la operación.

Les cuento esto, en un día en el que el sistema financiero español sigue con su juego de trileros fusionándose a costa del  fondos que pagamos todos, porque sigo recomendando depender lo menos posible de subsidios, créditos abusivos o ayudas. El ahorro puede ser un buen mecanismo para sobrevolar la escasez de crédito, pero cuando éste depende de no saldar créditos de consumo vinculados a productos financieros humillantes como las tarjetas que reparten en las terminales de los aeropuertos, se convierte en un pesado lastre justo en frente de este estrecho escenario que nos tocará vivir desde ya.

NOS VAN A CRUJIR A IMPUESTOS

Hoy me preguntaba un cliente, “¿de donde sale ahora todo ese dinero que el gobierno está dispuesto a poner para solucionar la crisis?” La respuesta es sencilla: de nuestros bolsillos y de la deuda pública fundamentalmente. De nuevo me ha cuestionado, “y si ahora es posible aplacar la crisis con nuestra deuda, “¿porque antes no se hizo para mejorar la vida de “todos” los españoles?” La respuesta empieza a complicarse pero también es comprensible: porque hubiera significado un aumento de los impuestos. Finalmente, mi cliente y amigo me cuestiona si nos van a subir los impuestos. Le he contestado encogiéndome de hombros que, sí no lo hacen, no habrá modo de salvarnos de un déficit monstruoso. Ahora bien, el problema es que, sí subes impuestos para obtener el rédito de pago sobre la deuda adquirida en una etapa recesiva de la economía, lo más probable es que la hagas crónica. A más impuestos, menos consumo, a menos consumo, menos trabajo, a menos trabajo, más subsidios, a más subsidios, más deuda, a más deuda, más impuestos, a más impuestos, menos consumo,…