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Un año de 'hormiga'

Hace veintisiete años empecé a escribir un libro. Por aquel entonces ni lo sabía. Pasaron dos décadas y finalmente lo teclee sobre un impensable, por aquel entonces, artilugio digital. Trataba de los meses que pasé en París y de cómo, a cada suceso, conversación, experiencia, miedo o ilusión, le acabaría dando un sentido, un valor, un motivo y, sobretodo, un aprendizaje. Un viaje que finalmente, y sin saber muy bien porqué, acabó tatuado en miles de ejemplares de un libro en cuya portada aparece una hormiga y la Torre Eiffel. Forzando la vista, se puede identificar a quien hoy lees en su propio blog.
Y es que ya ha pasado un año desde que ‘Una hormiga en París’ fue lanzado al mercado. Se presentó en noviembre y rápidamente se situó en los primeros puestos de los libros más vendidos aquel invierno. El lanzamiento tuvo mucha prensa, una puesta de largo con muchísimos amigos y tres ediciones. Todo ello ha permitido que conocidos que sabían la historia, amigos que recordaban mi regreso de París por aquel entonces, mi familia que lo sufrió, lectores y curiosos entraran en el universo particular de aquella hormiga que un día decidió perseguir sus sueños e irse a París. Y se fue a no saber exactamente que, pero que se convertiría en el preludio de un modo de vida y de una manera de entender los retos, la innovación, los miedos y la amistad.

Ya son veintisiete años. Mucho tiempo desde que todo aquello sucediera aproximadamente de un modo muy similar a lo que el libro explica. Entre las peticiones más extrañas que he recibido destacan dos que pensaré con detenimiento. La primera solicita que escriba en detalle la ‘cara B’ del libro. Los detalles. Como un ‘cómo se hizo’ que a veces emiten sobre una película. Una recopilación de anécdotas que en si mismas compongan un relato distinto a la vez que acompaña al original. Una especie de ‘relectura’ en el que mientras sabes lo que esta pasando, pues has leído ‘la hormiga’ vas recogiendo otras informaciones. Este estaría bien, pero se debería de basar en recuerdos que seguramente no lograré encontrar en los bulevares de mi memoria. Tampoco sería fácil, yo no soy historiador, en focalizar bien las cosas que sucedían en aquel momento en el mundo y en París.

La otra propuesta divertida es la de explicar la misma historia pero ambientada en la actualidad. Un joven, de similar edad que decide iniciar una aventura, a otra ciudad con un valor parecido a París para la hormiga y un método de vida improvisado y apoyado en las nuevas tecnologías y la innovación. No sé. Tal vez. Sería distinto, pero factible. No obstante ahora soy padre. En siete años mi hijo tendrá la edad que yo tenía cuando me fui a París. Hace mil años. Estaba muy lejos, mucho más que ahora. No era posible saber que hacías porque no había redes sociales, ni teléfono móvil. Era todo muy difícil y, porque no decirlo, arriesgado. Por eso pienso en como yo respondería a un impulso similar de mi hijo. La verdad es que dudo en si sería capaz de animarlo.

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Pero lo más gratificante ha sido saber del uso que del libro se está dando en algunos lugares. Una decena de escuelas de negocios confirmaron haber incorporado el libro en su plan de trabajo de este año, desconozco el número de escuelas de secundaría que proponían su lectura como ‘estímulo’ emprendedor. Sin embargo, en este campo, algo me hizo tremendamente feliz. La directora de una escuela de primaria gallega me escribió para pedirme autorización puesto que habían ‘arreglado’ la Hormiga en una versión infantil. La adjuntaron y era una pequeña obra de arte.

Más tarde vino la propuesta de hacer una obra de teatro. Todo iba bien, pero no llegó a cerrarse por falta de presupuesto a pesar del gran trabajo realizado por su director y adaptador del texto al lenguaje teatral. Estoy seguro que, tarde o temprano, la hormiga subirá al escenario. Y es que de esto va todo al final. De retorcerse ante lo que es injusto, de revolucionarse íntimamente. A veces eso es emprender, pero otras muchas no. Todo se trata de cómo lo afrontas y como te enfrentas. Saltar por saltar no parece lógico, pero es una opción. Si lo haces, y de eso trata ‘La hormiga’ que lo hagas por que lo deseas, sabes a lo que te enfrentas y estás dispuesto a sufrir si no lo logras. Que no sea porque está de moda saltar por precipicios o porque te dice todo el mundo que es súper ‘cool’ estrellarse contra el suelo.

Estos días estoy redactando mi nuevo libro para Grupo Planeta. Un ensayo mucho menos divertido en lo formal pero mucho más intenso en lo conceptual. Un trabajo que nos lleva a un mundo que nos parece de ciencia ficción pero que no es más que algo inminente, y en muchos casos, tan real como conectarse a la red hoy en día. Un libro que intentará dar las claves para entender el presente económico desde un punto de vista tecnológico y social. El objetivo del mismo es dar las herramientas conceptuales para revolucionarse en lo personal y en lo profesional ante el reto inmenso que nos ocupa como especie. Todavía falta. Estoy en ello.

100 días de 'La Hormiga'

Hoy se cumple tres meses del lanzamiento de ‘Una Hormiga en París’. Pronto serán 100 días que han supuesto un revulsivo en muchos aspectos de mi vida que os quiero compartir. Por un lado tiene que ver con lo que supone explicar parte de tu propia historia, ese desnudo emocional que significa este libro por ser el punto de partida de un modo de ser y de vivir. Por otro este libro siempre será especial debido a que me ha ayudado a mi mismo a entender aspectos que desconocía tener tan integrados en mi día a día.
Al definir puntos de cómo se organiza una empresa, como se innova o como se persiguen modelos de gestión diversos y compararlo en como lo hice en aquellos años en París de la mano de un grupo de músicos orientales me ha permitido rebajar y mucho la presión de lo que se supone que es ‘teoría económica’, ‘management directivo’ y espíritu de sacrificio. Viví aquellos meses hace ya muchos años como una aventura y vivo este libro como tal. Es curioso como se superponen las capas de ambas cosas. El éxito de ventas que está suponiendo ahora mismo es lo de menos. Aunque ha sido catalogado como bestseller en algunos puntos de venta y aunque permanece en el TOP100 de los libros más vendido en Amazon.es, lo que realmente me hace sentir bien es lo que está suponiendo para mucha gente ese montón de letras que escupí sobre el papel el pasado verano. Es una tremenda alegría, no obstante, comprobar que sean muchos los interesados en comprarlo y en contratarme la conferencia asociada al libro que tengo ya lista. Una conferencia que transcurre entre la historia del libro y la didáctica empresarial.

Vivo con tremendo agradecimiento cuanto me está pasando. Miles de libros que suponen ya la petición de traducirse en inglés, francés, italiano y portugués, de convertirlo en lectura recomendada en algunas escuelas de negocio y universidades. Ilusionado por la posible puesta en escena de la historia de manera teatral o de que este verano lancemos una promoción en Estados Unidos, México y Argentina entre otros países que se van sumando que permitirá conocer como se siente y percibe la historia desde puntos de vista tremendamente distintos. Sigo sorprendido de cuanto ya os debo y de cuanto espero poder seguir aportando en este vuestro espacio. Por cirto, hoy me despertaba con un regalo más. No dejéis de leer este maravilloso resumen que hace Luis Miguel Delgado en su potente blog. Me parece muy útil para incorporar a lo que supone en términos formativos el propio libro. Os recuerdo algunos puntos de venta del libro para su compra digital pues en las librerías ha estado agotado en diversas ocasiones estas fiestas pasadas. En Amazon y en Casa del Libro.

 

Anticipo del primer capítulo

Mañana sale al mercado mi último libro. Una hormiga en París es un corto relato en el que intento dar las claves del éxito empresarial desde un punto de vista muy particular. En el prólogo que Bernardo Hernández, CEO de Flickr y ex vicepresidente de Marketing de Google, ha escrito para este fragmento de mi vida, dice que “la ambición está hecha de sueños, de patrones modelo, de pequeñas metas, de insatisfacción, de saber quién somos.
Me siento un poco como aquella hormiga que llegó a París hace tantos años. Apenas faltan 24 horas para el lanzamiento de su pequeña historia y las sensaciones son similares hoy a las que viví entonces llegando a París. La incertidumbre y los sueños mezclados con los retos y la voluntad de hacer las cosas cada vez mejor. Os dejo el primer capítulo de los diez que lo conforman. Si queréis más información podéis ir pasando por la web de la hormiga donde poco a poco iremos aumentando la información, los detalles y los complementos gráficos que harán de ese lugar un site intenso y nutritivo. En unos días os digo donde y cuando se hará una presentación oficial. Espero de corazón que os guste.

UNA HORMIGA EN PARIS

1. PERSEGUIR TUS SUEÑOS

«Si puedes soñarlo puedes hacerlo, recuerda que todo esto comenzó con un ratón.»
Walt Disney

Y aquí estoy. En un Boeing 747. Mientras el pasaje duerme a oscuras, soy la luz del 1H. Soy esa pantalla que parece un puzzle de ventanas y letras. Siempre soy ése. Hoy no iba a ser una excepción. Un vuelo de algo más de once horas y mi cara azulada por el resplandor hipnótico del Mac. A mi lado, nadie. Acabo de cerrar el documento con la oferta final de compra de mi desarrollo. Finalmente he aceptado, pero no ha sido fácil. Uno se siente como si le arrancaran un órgano, un elemento frágil pero necesario, como si de repente todo cuanto has construido se desvaneciera por el deseo de un poderoso. Apenas unas horas atrás en el despacho de un gigante digital, en Chicago, pusieron sobre la mesa un regalo que nadie en su sano juicio rechazaría.

En Estados Unidos les gusta reunirse en sitios raros. Por lo menos a esos directivos modernos, de fondos de inversión modernos, palabras modernas y modernas gesticulaciones. Te citan en parques soleados, cafeterías cutres o paradas de metro. Son sitios curiosos para reunirse. Alguien, en alguna escuela de negocios de nombre irrepetible, les debe haber enseñado que así se «juega al desconcierto». Yo fui citado en el Brookfield Zoo Park, cerca de la bañera gigante en la que viven unos enormes osos polares. Allí, sí, allí mismo.

Tras los saludos y el rápido «coaching» de mi abogado mercantil, pasamos a la «reunión» propiamente dicha. El encuentro se fue desplazando progresivamente hasta un banco exterior, punto intermedio hacia un destino incierto que ellos situaban en su oficina y yo en el notario. En un instante, entre el rumor de sus voces, la de mi asistente, que me ayudaba con ciertos aspectos que sonaban a chino mandarín y la de la gente que andaba por allí, vi un pequeño insecto. Se trataba de una hormiga, pequeña, nerviosa y solitaria. Estaba parada, daba un paso, acercándose a mí y se alejaba cuando sus antenas captaban mi presencia. Giró de golpe y se trasladó hasta el hueco de tierra por el que se había colado al parque. Era extraordinariamente minúscula en comparación con las dimensiones de aquel lugar. Tan pequeña, tan lejos de su hormiguero, tan abandonada a su suerte y tan parecida a mí hace algunos años.

Su presencia, casi imperceptible, me trajo recuerdos del primer viaje a París. Tenía poco más de diecisiete años cuando decidí conquistar la ciudad de la Luz. Hacía mucho que no pensaba en aquellos meses de verano de 1987. Tras proponer a mi familia que me permitiera conocer lo que consideraba el centro del Universo, recibí una severa negativa.

Dicho obstáculo, no hizo más que acrecentar mis deseos de viajar y ser parte de aquella gigantesca masa de cultura, conocimiento, vida. Mi espíritu explorador se expandía. En mis sueños y en mis sensaciones, París aparecía como la oportunidad perfecta para conocerme a mí mismo. Con esas edades, uno es incapaz de negarse a sus instintos. En aquella época, saliendo de la pubertad, la capital francesa estaba tan lejos que asustaba. Un vuelo era algo impensable y el Talgo que hacía el recorrido Barcelona-Orly resultaba demasiado oneroso.

Careciendo del apoyo de mi «friends family and fools» para ese proyecto, tuve que resignarme con un complicado método de viaje: colarme sucesivamente en trenes de cercanías hasta llegar a mi lugar de destino. Esta travesía consumió tres días. Mi incipiente francés no ayudaba a la hora de planificar correctamente los itinerarios. Hacer noche en la estación de Nantes no es lo mejor ni lo más rápido cuando lo que se pretende es ir a París desde Barcelona.

Aquellos tipos del Brookfield Zoo Park estaban acostumbrados a devorar desarrollos y start ups. Sus agresivos lenguajes eran desagradables. Me arrastraban a mis tiempos como agente de cambio y bolsa. No era lo que yo quería. Algo me pedía abandonar y dejarlo ir. Ellos insistían en lo beneficioso que sería para «mi idea» pasar a sus manos. Con prepotencia afirmaron aquello de «si no lo podemos comprar, tarde o temprano, lo haremos».

Decidimos ir a un lugar donde se respirara ambientador a pino y hubiera hilo musical. Mi abogado y yo fuimos en un taxi. Ellos lo desconozco, pero siempre he tenido la sospecha de que se teletransportaron. Al llegar al 121 de Wacker Dr. Street, el café ya estaba frío y casi todo parecía prepara- do y negociado. Me senté, miré desde la altura de aquel edificio hacia lo lejos y escuché sin mirar. Sobre la mesa, sus documentos y sus ceros, también todos mis sueños. No es- taba dispuesto a ceder tan pronto ni de forma tan sencilla.

La voz de aquellos hombres retornaría, como un murmullo sin valor, cada vez que intentaba concentrarme en algo. Mi mente viajaba primero hacia el parque y después a París. De una hormiga pasaba a otra, de la pequeña y perdida del Zoo a la que yo mismo representaba en el viaje a París.

Desoyendo todas las advertencias de mi familia, amigos de mis padres y expertos en viajes de riesgo, puse rumbo a la estación de Barcelona-Término sin saber que empezaba la historia de mi vida. Desconocía que en ese primer tren, uno de tantos necesario para alcanzar mi meta, iban conmigo un puñado de sueños que han sido mi sostén a lo largo del camino. Sentado en aquel vagón, orgulloso con la mochila nueva, un cierto pavor invadió mi cabeza. Supongo que se trata del mismo que experimentaron los exploradores de lo desconocido o los descubridores de continentes. Así me sentía. Pensé en los riesgos que implicaba el viaje. Sin embargo, con dieciocho años no piensas que te pueda pasar algo malo. Te crees eterno, invencible, como si fueras de acero. Pasaron los minutos hasta que el jefe de estación silbó y el convoy empezó a moverse. Ya no había vuelta atrás.

En aquella oficina, la oferta aumentó dos veces pero se- guía siendo sólo eso, una oferta. Aceptar el dinero y olvidar- se del reto. Me levanté y dije que me lo pensaría. La sorpresa se dibujó en la cara de todos ellos, incluida la de mi abogado. Todos allí sabíamos que superaba lo que en términos objetivos podía valer aquel desarrollo sin comercializar. Sin métricas, resulta casi imposible vender nada en Estados Unidos. A pesar del riesgo de perder el hilo de las negociaciones, no cambié de opinión. Quería pensar. No estaba dispuesto a renunciar a mis sueños ni a mi manera de emprender, crear y explorar.

Les dije que necesitaba dar un paseo. Eran las dos de la tarde y a las seis les aseguré que tendrían mi respuesta definitiva. Aceptaron a regañadientes, como suelen hacerlo quienes creen que son especiales por sentarse en sillones especiales.

Escasas horas atrás, aceptar parecía la única opción plausible pero desde la aparición de aquel insignificante himenóptero algo había cambiado. Recorrer el bulevar de mis recuerdos había marcado de manera definitiva toda la negociación. Sabía que a lo largo de mi vida, cada proyecto, cada reto, cada noche en vela, cada business plan, cada analítica, cada dolor de cabeza, cada domingo exhausto envidiando a las parejas paseando, cada centímetro cuadrado de cristal que te aprisiona en los días que no terminan nunca, cada obsesión o momento de penuria no habían sido en vano ni un producto del azar sino el resultado de un modo de ver la vida. Su origen era aquel crío, lleno de ilusiones, entrando en París como una hormiga. Se trataba de seguir una opinión. Se trata de vivir como otros no quieren hacerlo, para vivir como otros no podrán hacerlo. Se trata pues de enfrentarte a todo porque confías en ti mismo. En este sentido, el principal motor para el cambio de nuestro entorno somos nosotros mismos.

Paseando por las calles de Chicago, me encontré sin dar- me cuenta en el Millennium Park. Pensaba que el espíritu que me llevó a París debía estar rondando cerca de mí. De hecho, parecía a punto de surgir otra vez. Otra barbaridad a ojos de los «expertos». El vocabulario del típico negocio me molestaba, al igual que la verborrea característica de los directivos. No obstante, ya en París había empleado los resortes básicos de los negocios para sobrevivir y éstos vendrían en mi ayuda.

Vivimos una época en la que el plan de negocio tradicional debería enterrarse en un baúl y bajo llave. En la actualidad, las empresas pueden nacer, crecer y morir en cinco o seis años y no pasa nada. Un modelo de venta puede ser intensivo en un período e inservible en otro. Una sociedad en la que los negocios se adaptan a redes sofisticadas y a sus relaciones distribuidas. Una selva sin patrones fijos y donde todo se presenta como extremadamente nuevo e innovador. No lo es tanto. Las novedades de libro y máster en negocios estaban presentes en las fases que atravesó mi empresa callejera durante aquel verano parisino de 1987.

Quizá fue el café o fueron los nervios pero el tiempo transcurrió muy rápido. Las caras de los peatones que se cruzaban conmigo resultaban más anónimas que nunca. ¡Qué extraordinario sentirse tan solo, tan extremadamente dependiente de uno mismo! Cuando llegas a un lugar desconocido, con apenas capacidad para interpretar el espacio y sus señales es como si te lanzaras de nuevo a explorar. Por ello, resulta fascinante ir a lugares nuevos. Recorrer sus calles, más allá de la similitud que guarden con miles de otros lugares ya visitados. Circular, señalar un nuevo lugar en nuestro cerebro. Ver callejuelas y plazoletas inéditas, más allá de la comodidad vital que uno haya alcanzado.

Pasó en Chicago pero había pasado también en París. La conexión entre ambos lugares, las sensaciones y los aromas me impulsaron con decisión hacia el encuentro con aquellos compradores de desarrollos tecnológicos. Sentía como si me empujara una locomotora diésel. Retornaba al despacho mucho antes de lo previsto. Regresar al ring, como si tras una buena paliza, uno decidiera no tirar la toalla, y apretando la mandíbula, levantando la cuerda del cuadrilátero, hiciera gestos de «¡ven!, ¡vamos!, ¡aún no me rindo!».

Se abrieron las puertas del ascensor, un paso tras otro y al fondo todos sentados en una mesa eterna, repleta de portátiles, teléfonos y tabletas. Me vieron venir, me vieron son- reír. Eran las cinco de la tarde, la misma hora en la que un día, con osadía e inconsciencia, llegué a la Gare du Nord de París. Una hormiga entraba en la sede del gigante informático, como si fuera por el mismo extraño agujero de aquel lejano 25 de mayo de 1987, cuando estaba a punto de cumplir dieciocho años.

Las puertas automáticas de vidrio templado se mimetizaban en mi memoria con las del vagón francés. Los mismos pasos que di para bajar del tren, mi mochila de entonces convertida en un maletín de piel marrón. La misma mirada pero más cansada. Mi reloj más pesado pero contando el tiempo al mismo desconcertante ritmo. Mis sueños impecablemente similares, abarrotados de mis valores, los calcetines siempre de colores estridentes. Las palabras, iguales en ambas ocasiones: «Je suis ici!».

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Una web para la hormiga

Ya falta menos. En una semana estará en las librerías físicas y virtuales mi próximo libro. Aprovecho para presentaos la página web que se ha diseñado para albergar todo lo que vaya surgiendo alrededor de “Una hormiga en París”.
Os dejo con la nota emitida por Editorial Planeta para la promoción del libro que explica un poco lo que suponen esos diez capítulos. También os dejo los datos de quienes se encargan de organizar las entrevistas, presentaciones y conferencias que, atendiendo al modelo de innovación que explica este relato, se están contratando para el año que viene.

“De París me traje varias lecciones de vida y de empresa. Cuando observo el momento que vivimos como sociedad pienso en lo dramático que es ver tanta gente parada, exhausta y yerta en su sofá social. La esencia de lo que logré residía en actuar, innovar y enfrentarme a mis miedos para convertirlos en retos.”

Un tipo que roza los cuarenta está reunido con una de las más importantes empresas del mundo. Son más de las tres de la tarde en Chicago y la oferta de compra del proyecto es, sin lugar a dudas, más que suculenta. Sin embargo, y contradiciendo toda lógica,inicialmente dice no. Lo hace porque mientras escucha las palabras de todos ellos, mientras se va perdiendo en el murmullo la millonaria oferta, él recuerda a una hormiga que le hace volver a lo que pasó en París hace más de dos décadas cuando contaba tan solo con diecisiete años. No había llegado hasta allí para renunciar a sus sueños. 

Con este argumento se inicia Una hormiga en París, un relato corto escrito en primera persona, de lectura fácil pero intensa, divertido pero realista y con un trasfondo íntimo pero didáctico que nos muestra el camino de un joven que persiguió lo que quería y acabó alcanzando el éxito. Al menos lo que para él era el éxito y le hacía sentirse feliz.

A través de diez trepidantes capítulos el autor cuenta cómo se las ingenió para vivir en esa jungla llamada París siendo joven y sin apenas dinero y explica cómo se puede innovar fracasando, sobrevivir a una decisión dura, sobreponerse con creatividad y “crear” una empresa cariñosamente llamada (ficticiamente) ‘14 chinos y un español S.A.’. Luchar por los sueños propios es la receta más importante que debe aplicar cualquier emprendedor a la hora de montar un negocio por su cuenta. Ésta es la premisa que ha regido la vida de Marc Vidal desde sus comienzos como empresario con tan solo diecisiete años hasta la actualidad. Aunque las cosas le hayan salido bien o mal, él ha hecho siempre lo que mejor sabe hacer: observar, investigar, escuchar y analizar para lanzarse enseguida al ruedo de la creación de una empresa y de la búsqueda de oportunidades.

“Tenía poco más de diecisiete años cuando decidí conquistar la ‘Ciudad de la luz’. Desoyendo todas las advertencias de mi familia y amigos puse rumbo a la estación Barcelona-Término sin saber que empezaba la historia de mi vida. Desconocía que en ese primer tren, uno de tantos necesarios para alcanzar mi meta, iban conmigo un puñado de sueños que han sido mi sostén a lo largo del camino.”

“Cada proyecto, cada reto, cada noche en vela, cada business plan tiene su origen en aquel crío, lleno de ilusiones, entrando en París como una hormiga.”

“Se trata de seguir una opinión. Se trata de vivir como otros no quieren hacerlo, para vivir como otros no podrán hacerlo. Se trata pues de enfrentarte a todo porque confías en ti mismo. En este sentido, el principal motor para el cambio de nuestro entorno somos nosotros mismos.”

“Uno de los principales problemas en el momento de emprender es el miedo al error. Decidirse y luchar por los propios sueños es la receta definitiva que debe aplicar cualquier emprendedor. Convertir el miedo al fracaso en una oportunidad.”

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EXTRACTOS DEL LIBRO

Analizar tu entorno

“Mi mirada se centró en un guitarrista chino. No podía dedicarse a dos cosas al mismo tiempo: o tocaba o cobraba. Me acerqué a él, tomé su gorra y, tras advertirle como pude que venía a ayudarle, la pasé entre los que allí se encontraban. Así fue como encontré mi primer empleo fuera de España.”

Innovar en la estructura

“El cambio está en nuestras manos y en la ilusión que tengamos. Si uno no cambia el mundo no cambiará.”

Innovar en el producto

“’14 chinos y un español SA’ estaba a punto de iniciar otra fase de innovación que era arriesgada pero que resultaría definitiva. Había pasado de un interés artístico por París a saborearlo numérica y estadísticamente.”

Innovar en la cadena de valor

“He oído demasiadas veces aquello de que ‘montar un negocio es una mala idea’. En un par de ocasiones, pude comprobarlo en mi propia epidermis. En otras tantas, lo llegué a pensar yo mismo. Todavía hoy, en ocasiones, la energía disponible se resiente por tantos esfuerzos del pasado y pueden llegar a jugarte una mala pasada. En esos momentos suelo cambiar mi manera de pensar y me refugio en el valor de aquellos días en París.”

Innovar con el talento

“¿Quién mejor que yo para entender el valor de la diferencia? Respetaba y admiraba a mis compañeros hasta el punto de sentirme chino.”

Innovar en red

“La renovación del repertorio fue determinante. Establecer ubicaciones nuevas permitió abrirse, las tarjetas de transporte buscar territorios, la capacidad de trabajar por las noches potenció la estructura. La modificación del producto ayudó a sentirse mejor a cada uno de los miembros del grupo. La aparición del comisionista y de los agentes revendedores completó el ciclo.”

Innovar en el control

“Los errores servían para mejorar. Un método rudimentario de prueba-error que nos ayudaba a descartar escenarios, plazas, bares, colaboradores, instrumentos o piezas teatrales.”

Valorar tu esfuerzo

“Me monté la vida a cada instante. Viajé y siempre supe rodearme de gente más sabia que yo. Aprendí que tener no era lo importante, sino compartir. En cada proyecto supe que lo óptimo no era la acumulación sino la reinversión. Dejé la vida que los demás habían diseñado para mí y empecé a vivir la mía propia.”

 

El libro intenta explicar un modelo de innovación basado en una experiencia narrada como un relato.

  • Atender una necesidad
  • Establecer una manera de lograrlo
  • Localizar una oportunidad
  • Observar el mercado
  • Establecer cambios radicales pero de forma progresiva
  • Recurrir a la diversión
  • Explorar nuevos territorios
  • Modelar un plan comercial distribuido
  • Organización en beta constante
  • Saber poner punto y final”

 

Para concretar entrevistas, presentaciones o conferencias contactar con M. Helena Gaya en el  +34 93 676 43 00 o en el correo electrónico hgaya@idodi.eu 

Est voilà!, la portada

Mi editor me ha hecho llegar la portada de mi próximo libro. El Grupo Planeta ha decidido que vea la luz de los escaparates en otoño. La verdad es que, a pesar de ser un libro corto, se podrá leer en una tarde tranquilamente, y tratar de manera tremendamente simple los procesos de innovación en la empresa, ha sido un parto largo y difícil. Lo escribí en pocos días pero lo fui creando durante décadas en mi mente y sobre todo en mi corazón. Muchos han oído hablar de esta historia, pero ya os adelanto que el cúmulo de detalles, lugares y momentos que no he explicado nunca sobre aquellos meses en París, os sorprenderán. El detalle que Bernardo Hernandez, ex vicepresidente de Google y actual líder de Flickr, me lo prologue será la guinda del pastel. El libro trata de cómo un tipo que ya supera los cuarenta y que no ha hecho más en la vida que emprender, para bien algunas veces y para mal otras tantas, decidió con 17 años tomar un tren y largarse a un lugar que estaba mucho más lejos que ahora y que él consideraba “la capital del Mundo”. El emprendedor que ahora soy, el espíritu de mejorar, innovar y encontrar las respuestas ante cualquier reto, se lo debo a cuanto me ha pasado en la vida, seguro, pero en especial a aquellos meses en los que me sentí como una hormiga en París. Este es un libro corto, fácil pero intenso, divertido pero realista, con un trasfondo íntimo pero didáctico. A través de nueve episodios cuento como me las ingenié para vivir en esa jungla siendo tan joven y sin apenas recursos. Durante algo menos de un centenar de páginas explico como se puede innovar fracasando, sobrevivir a una decisión dura y a sobreponerse con creatividad. El hilo conductor es esa vivencia personal sucedida en París hace ya más de veinte años. A través de la necesidad convertida en ventaja, de la ilusión y de la picaresca, hace más de dos décadas fui capaz de convertir un desordenado grupo de músicos orientales que trabajaban en las calles de la capital de Francia en una engrasada máquina de hacer dinero. La historia trata de cómo a los pocos días de llegar a la capital del mundo tuve que idear algo para sobrevivir. Por casualidad, como el que caza oportunidades, lo descubrí. Un chino que tocaba con una guitarra música de los Beatles en la plaza George Pompidou me dieron la clave. En ese libro contaré como se puede innovar para sobrevivir y a continuación, con ese espíritu, lograr organizarte y, como las hormigas, construir un pequeño ecosistema donde incorporar mejoras, propuestas y posibilidades. Lo que allí pasó me conecta directamente con mi determinada manera de ver la empresa y la manera de vivirla, y por supuesto quien quiera podrá ver el origen de un emprendedor.

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¿Me sugieres un título?


Ya han pasado dos años desde que lanzara el libro ‘Contra la Cultura del Subsidio‘. A pesar del beneficio que pueden otorgar miles de ejemplares vendidos en tres ediciones y un buen número de conferencias a partir del mismo, lo más interesante ha sido aprender que hay dos escenarios de lectura. Ha sido muy nutritivo llegar a lectores que no lo eran de este blog y que ahora algunos lo son a diario y otros continúan no siéndolo. Otros, lectores del blog desde hace años, jamás leyeron el libro. Ha sido curioso detectar como lo digital y lo analógico, en esto de los libros funcionan como dos mundos separados. También tengo otra percepción: el lector de posts, no es necesariamente un lector de libros y viceversa.

A pesar de que tengo encargado otro libro en Planeta y que está avanzando a un ritmo mucho más lento de lo que yo querría, el que ahora estoy finalizando de escribir verá la luz en tres meses. Lo editaré digitalmente a un coste simbólico y en papel bajo demanda a un coste inferior del habitual. La edición será profesional y habrá una campaña de lanzamiento similar aunque no podrá encontrarse en aeropuertos y las estanterías de las librerías de momento. Me apetece hacerlo así. Se editará en castellano, catalán, inglés, portugués y francés y estará basado en lo que cuento en la primera parte de esta conferencia que os detallo en el video del encabezamiento. Concretamente lo que explico entre la secuencia en el minuto 3:20 y el 8:55. Durante casi un centenar de páginas explicaré en siete episodios como se puede innovar fracasando, sobrevivir a una decisión dura y a sobreponerse con creatividad. El hilo conductor es una vivencia personal sucedida en París y hace ya más de veinte años. A través de la necesidad convertida en ventaja, de la ilusión y de la picaresca, hace más de dos décadas fui capaz de convertir un desordenado grupo de músicos orientales que trabajaban en las calles de la capital de Francia en una engrasada máquina de hacer dinero. La verdad es que lo único que no tengo claro es como titularlo. Los editores dicen ‘13 chinos en Paris’ pero a mí no me convence. Os pido sugerencias para el título, una de ellas será la elegida y así empieza la vida de un libro que os aseguro será divertido, útil y vuestro.

En Telemadrid

Ayer pasé por los estudios de Telemadrid. Estuve en Diario de Noche con Ana Samboal. Aquí os dejo el vídeo del programa. Mi participación se inicia en el minuto  14 y 15 segundos. Es una intervención breve pero repleta de cosas que quería decir. No hablo de mi libro, del que por cierto acaba de ordenarse la impresión de la segunda edición. Quiero agradecer el apoyo de todos los que lo han leído, comprado o difundido, sin vuestro esfuerzo distribuido en las redes y fuera de ellas no hubiera sido posible llegar a esas cifras de venta, más cuando hablamos de un libro que ataca la comodidad de conciencia y acción. Permitidme también que haga una referencia acerca de un apoyo espontáneo que ha surgido en la red y que pretende que el bueno de Andreu Buenafuente me invite a su programa. Es una iniciativa que nace de los alumnos del Postgrado que dirijo y que debía ser un mero ejercicio pero que está traspasando los límites de lo que se le supone a un experimento para convertirse en algo más. No sé que pensar ni que decir. Veremos, pero en todo caso, gracias aunque va a ser difícil que, en el caso de que acepten o me lo propongan, esté en disposición de asistir. Mi agenda es como es.

¡En exclusiva!

Aquí os dejo el primer capítulo de mi próximo libro. “Contra la Cultura del Subsidio”. Su salida está prevista para el 16 de noviembre. He logrado que, como regalo para los que habéis estado esperando la reapertura del blog, tengáis este detalle en “exclusiva”. Espero que os guste y os anime a querer seguir leyendo. Aun no tengo la agenda definitiva de presentaciones y firmas que la Editorial Planeta está determinando pero en cuanto sea posible os lo plantaré aquí. Sé que se están preparando cosas muy interesantes y foros en redes sociales para generar conversaciones sobre el propio libro.

EMPRENDER EN ESPAÑA

Todasdirecciones
Emprender es un modo vivir. Arriesgado pero apasionante. Decidir que haces con tu propia vida sin que por ello no dejes de escuchar. El método más exacto para aprender. El mecanismo más rápido para perderlo todo. Un camino inseguro pero donde los mejores tienen un hábitat para desarrollarse. El Grupo Planeta me ha pedido que me ponga a escribir un libro sobre la emprendeduría en España

Me han sugerido que comparar los modelos internacionales que existen en ese campo podría ser ilustrativo. Así lo voy a hacer pero también pretendo construir un relato, un mecano de experiencias donde se denuncie como en nuestro país a muchos se les llena la boca de “apoyar a los emprendedores” o de “aportar lo necesario para cambiar el modelo de crecimiento” pero que al final todo eso son palabras vacías. Pretendo analizar eso que se ha venido a llamar "atonía ciudadana" y el perverso "sofá social", puesto que no todo es culpa de la administración, todos tenemos nuestro asunto pendiente.

Pienso que un emprendedor es un ejemplo a seguir porque encuentra oportunidades, asume riesgos y ejecuta acciones para generar riqueza. A medida que la distribuye creando empleos se va transformando en empresario. Algunos emprendedores abandonan en ese instante el nuevo perfil de empresario para volver a emprender. Son los emprendedores recurrentes, una raza en peligro de extinción por culpa de las múltiples trampas del sistema. ¿Me ayudáis a canalizar el libro? ¿Qué cosas debo incorporar? ¿Qué datos tenéis? 

¿Es un emprendedor aquel que hace crecer un negocio existente? ¿Sería emprendedor aquel que tiene una idea pero no la ha ejecutado? ¿Es un emprendedor el empresario que crece? ¿Emprender es una actitud o es un tipo de persona?

CRONICA DE UNA CRISIS…

Acabo de concretar con Editorial Planeta la preparación de un libro sobre emprendedores y atonía social. Justo ahora que en unos días empezará la distribución del libro "Crónica de una crisis anunciada" a través de una de los sellos vinculados a Editorial Noumicon, en concreto Welton. Debo decir que la portada no es de mi agrado y eso de que subtitulen mi nombre como "gurú" tampoco, pero las dos cosas responden a criterios editoriales. El volumen es una selección de artículos de este mismo blog pero con aportaciones que complementan conceptualmente lo que busqué al aceptar su edición: por un lado advertir a aquellos que no leyeron en la blogosfera los avisos de la que se nos venía encima, y por otra, demostrar que seguimos bajo un engaño perverso, que lo mismo que nos ocultaban permanece escondido. 

También es una denuncia de la dejadez y abulia social. De hecho el propio editor remarca que "Crónica de una Crisis Anunciada es el relato de una de las mayores crisis económica, financiera, social y de valores de nuestro tiempo. Con un lenguaje ameno y directo y con la autoridad propia del gurú que anticipó en la blogosfera lo que parecía inevitable (...) es la oportunidad para entender cómo y porqué se fue gestando esta crisis en tiempos en los que reina un desconcierto fruto de la incertidumbre y la desinformación interesada. Una obra que confirma el valor de la blogosfera como medio para construir la verdad desde la sociedad civil y una puerta a la esperanza para entender un mejor equilibrio futuro en nuestra economía global"

Para mí hay dos opiniones que me enorgullecen especialmente. Por un lado la de Mario Conde que dice "el libro de Marc Vidal puede analizarse desde diferentes ángulos. Para mi, al margen del valor de su contenido, es un testimonio de importancia, no solo de la crisis sino de algo que debe estar presente ya en todos nosotros: el valor de la información al margen de los mecanismos convencionales. Es por ello un testimonio que invita a la reflexión y a darse cuenta de que no es que algo esté cambiando, es que ya ha cambiado, y en muchos aspectos para mejor”, y por otro la de Juan Garcia: “Este libro demuestra que en la red se avisó de la que se nos venía encima”.

Me gustaría, no obstante, aportar mi opinión. Este libro es para los que me leéis desde hace años, funciona como réplica en papel, recuerdo físico de tantos años trabajando juntos, vosotros aportando ideas y yo aplicando a golpe de post todo ello. También puede ser útil para los nuevos, esos que a veces se pierden buceando por los archivos de este blog, de manera que en formato papel podéis concluir, a momentos, con una idea global de lo que aquí y en otros lugares conté en los últimos años. En todo caso, los royalties que obtenga serán destinados a una de las operativas de ayuda que estoy montando en Granollers. En breve os pediré apoyo.