procesos

Conectar cosas eliminando procesos

Leí hace unos días una entrevista a Steve Wozniak, uno de los fundadores junto a Steve Jobs, de Apple hace unas cuantas décadas. El hombre decía que parece muy difícil hacer predicciones en el sector tecnológico y que lo único que se puede decir es lo que no va a funcionar. Decía que “todo el mundo está hablando de la informática que podrá llevarse incorporada en la ropa, lo que permitirá que los ordenadores sean incluso menos visibles“.

El átomo es el pasado. El símbolo del siglo que viene es la red. La red no tiene centro, no tiene órbitas, no tiene incertidumbre. Es una red indefinida de causas. La red es el arquetipo diseñado para representar todos los circuitos, toda la inteligencia, toda la interdependencia, todas las cosas económicas, sociales o ecológicas, todas las comunicaciones, toda la democracia, todas las familias, todos los grandes sistemas, casi todo lo que nos parece interesante e importante. Mientras que el átomo representa la simplicidad bien definida, las redes representan la complejidad desordenada. La red es nuestro futuro.

Me parece interesante el término de tecnología invisible y sobre todo me gusta mucho la idea de llevarla encima. Sin embargo, como dice Wozniak,  no sabemos cómo será su tamaño ni su forma, ni en qué parte del cuerpo la llevaremos, ni lo que funcionará y lo que fracasará aun. De hecho no hay nadie que pueda decirnos cómo será ese tipo de informática. Tengo claro que el comercio electrónico deberá basarse en ese principio que marcará la internet de las cosas y que la voz también generará flujos de órdenes y ejecuciones. Con la voz lanzaremos una idea y sin recordar los pasos para llevarla a cabo, ese aparato inteligente la ejecutará de manera eficiente.

La dinámica de nuestra sociedad, y particularmente nuestra economía, cada vez más se atendrá a la lógica de las redes. Comprender cómo funcionan las redes será fundamental para comprender cómo funciona la economía. Todas las redes tienen dos elementos: nodos y conexiones. En la enorme red que estamos construyendo, el tamaño de los nodos está disminuyendo mientras que la cantidad y calidad de las conexiones está aumentando muchísimo. Estas dos esferas físicas, constituyen la matriz a través de la cual fluyen las ideas de la nueva economía. Estamos conectándolo todo Algo misterioso sucede cuando tomamos varias cosas que son bastante limitadas y las conectamos entre sí. Cuando tomamos cada uno de los chips poco inteligentes que contiene cada caja registradora de una tienda y los conectamos entre sí para formar un entramado, obtenemos algo más que poco inteligente. Tenemos sistemas de compras en tiempo real que se pueden ocupar de la gestión del inventario.

Para mí la clave estará en la eliminación de procesos y en la amnesia inducida, es decir, en el hecho revolucionario de que podamos ir olvidando los pasos y fases que un proceso se lleve a cabo porque un device inteligente lo resolverá inteligentemente por ti. Google será nuestra memoria y la internet de las cosas inteligentes nuestro actor principal.

Y en eso de definir un modelo económico están los que dirigen el mundo. Muchas veces olvidando cosas determinantes o entendiendo el punto exacto en el que nos movemos. Por ejemplo, seguir no definiendo nuestra era como la de la Nueva Economía es un error. Esa nueva escena tiene reglas y modos. Intentaré desgranarlo en otros artículos pero permitidme que los enumere en una primera aproximación.

Cuando permitimos que un objeto transmita una pequeña cantidad de datos y reciba información de su alrededor, cambiamos un objeto inerte por un nodo animado, vivo. No es necesario que todos los objetos conectados transmitan muchos datos. Un pequeño chip introducido en el interior de un depósito de agua de un rancho australiano sólo transmite el mensaje telegráfico de dos bits que indica si el tanque está “lleno” o si “no lo está”. Un ordenador personal es como una sola neurona del cerebro dentro de una caja de plástico. 

Kevin Kelly definió las bases de un modelo económico digital y descentralizado. Se le llamó Nueva Economía y en eso se cuadra todo el modelo de crecimiento que un país de nuestro entorno debe zambullirse. Sería interesante que algunos de los que definen y estimulan procesos de cambio económico, ya sean bancos, políticos o derivados, entendieran exactamente en lo que se encuadra todo esto. Para refrescarles les cuento que la Nueva Economía tiene tres características básicas. Por un lado es global, por otro apoya las ideas, la información y los sistemas relacionados, es decir, lo intangible y está intensamente conectada. Esos tres elementos se basan en el poder de la descentralización.

Las partes poco inteligentes, adecuadamente conectadas para formar una red, proporcionan resultados inteligentes. La red no está compuesta únicamente por seres humanos que se comunican entre sí a través de AOL, a pesar de que estos constituyen una parte de la misma y lo seguirán siendo mientras que la seducción y la pasión estén presentes. En realidad, la red es la interacción total colectiva de un trillón de objetos y de seres vivos, conectados entre sí, por medio del aire y del vidrio. Varias pequeñas cosas conectadas entre sí para formar una red, generan un poder increíble. Pero este poder interconectado necesita un mínimo gobierno desde arriba para maximizar su utilidad. La supervisión adecuada depende de la red. Durante muchos siglos, hemos estado obsesionados con el papel del gobierno. Pero la gran excitación de la nueva economía es que sólo ahora hemos empezado a explorar el poder del nivel más bajo, donde está el reino de los iguales. Con la invención de unos pocos sistemas distribuidos, como Internet, hemos podido demostrar el potencial de lo que las redes mínimamente centralizadas son capaces de hacer. Primero, fabricamos un chip para cada objeto, después los conectamos. Seguimos conectando todos los seres humanos, Ampliamos nuestra conversación para incluir el mundo y todos sus artefactos. Dejamos que la red de objetos se gobierne a sí misma con la máxima autonomía posible; nosotros mandamos cuando es necesario. En esta matriz de conexiones, interaccionamos y creamos. Esta es la red que constituye nuestro futuro.

La totalidad del proceso no se completará mañana, pero el destino está claro. Estamos conectando todas las cosas, hasta que lleguemos a agrupar todo lo que el hombre ha creado. Y en esa agrupación hay un nuevo poder. Estrategias “Hacer que la tecnología sea lo más invisible posible”. A medida que la tecnología es cada vez más ubicua, cada vez es más invisible. Cuantos más chips proliferen, menos advertiremos su presencia. Cuantos más éxitos se consigan a través de las redes, menos seremos consientes de ello. La tecnología informática está experimentando el fenómeno de la desaparición. Si la revolución de la información triunfa, eventualmente el ordenador de sobremesa aislado acabará desapareciendo. Sus chips, sus líneas de conexión, incluso sus interfaces visuales se sumergirán en nuestro entorno hasta que ya no seamos consientes de su presencia.

A medida que la era de las interconexiones vaya evolucionando, sabremos que los chips y las fibras de vidrio han triunfado, sólo cuando los hayamos olvidado. Puesto que para medir el éxito de una tecnología hay que ver lo invisible que se vuelve. “Si no es una tecnología viva, haga que lo sea”. Del mismo modo que la tecnología de la escritura abarca prácticamente todo lo que hacemos, muy pronto, las tecnologías de la interacción abarcarán todo lo que hacemos. “Si no está conectada, conéctela”. Como primer paso, cada uno de los empleados de una institución debería tener un acceso íntimo, fácil y continuo a los medios de comunicación de la empresa, correo electrónico, buzón de voz, radio, lo que sea. Cualquier avance que promueva conexiones más baratas, más extensas y universales, será un progreso en la dirección correcta. “Distribuir el conocimiento”. Utilizar el mínimo número de datos para mantener informados a todos los miembros que integran el sistema. Intente que las máquinas se comuniquen entre sí directamente. La información debería fluir lateralmente y no únicamente alrededor a un centro, sino fuera y entre el centro. “Si no funciona en tiempo real, está muerto”. Las redes necesitan comunicación en tiempo real. Los sistemas vivos no se pueden permitir el lujo de esperar toda la noche para procesar una señal entrante. Si se duermen, pueden llegar a morir mientras están durmiendo. Con muy pocas excepciones, la naturaleza reacciona en tiempo real. Con muy pocas excepciones, las empresas cada vez tienen que reaccionar más en tiempo real.

Un puñado de granos de arena nunca formará una avalancha, por mucho que uno lo intente. En realidad, uno podría estudiar un solo grano de tierra durante cien años y nunca llegar a la conclusión de que esa tierra podría provocar una avalancha. Para formar una avalancha hacen falta millones de granos. Una red con un millón de nodos actúa significativamente de forma diferente de una con cientos de nodos. Por ejemplo, 20 millones de martillos de acero moviéndose al unísono siguen siendo 20 millones de martillos de acero. Pero 20 millones de ordenadores interconectados en una red, es mucho más que 20 millones de ordenadores funcionando individualmente. “Haga todo lo que pueda para hacer más”. En una red el problema del huevo y la gallina puede ser un problema desde un principio, no hay audiencia porque no hay contenido, y no hay contenido porque no hay audiencia. De este modo, algunas veces, los primeros esfuerzos al conectarlo todo dan muy pocos frutos. El juego de la economía interconectada consistirá en descubrir lo pequeño que se ha pasado por alto y averiguar la mejor manera de hacer que entre a formar parte de un entramado o red.

El post de hoy está dedicado a uno de mis referentes en cuanto a teoría de la información y del modelo de sociedad en red, el gran Kevin Kelly.

El chatarrero digital

Que hay españoles emprendedores en cualquier parte del mundo es una realidad que supera cualquier novela. Ayer, desayunando en la sala club del aeropuerto Juan Santa María de Costa Rica, estuve charlando con algunos empresarios hispanos que allí afrontan  el reto de rodear el escenario económico en Europa. No huyen, no escapan, sólo intentan tener la oportunidad de prosperar, de perseguir sus sueños.
Hablar de emprender lejos de tu país no comporta olvidarte de él, sino todo lo contrario. Ninguno de los presentes contemplaba el impulso de sus empresas deslocalizándolas, más bien, planteando modelos de gestión que permitieran la internacionalización de sus productos y marcas.

La verdad es que, atendiendo a la gran farsa que se está orquestando en España, poca gana queda de ser cómplices del desmantelamiento. A mí no me la dan. Si quieren seguir llamando reestructuración a la voladura controlada de todo el sistema financiero encabezado por las cajas de ahorros, adelante, lo miraremos desde la butaca en primera fila.

Estuvimos leyendo prensa, algunos ya tenían los titulares de los diarios digitales que hablaban de la rueda de prensa de la  ministra Salgado. Otros comentaban no sé que de Laporta. Cada uno a lo suyo. No obstante, que el ejecutivo español decidiera comunicar ayer a bombo sin platillo que se van a nacionalizar las cajas y su posterior privatización, no es más que ratificar tanto lo que unos llevamos denunciando hace años y otros negando hace tiempo. No va a quedar ni el Tato.

No tiene nada que ver, lo acepto, pero todo está relacionado. El gobierno sigue sin entender donde está el problema, la banca continúa sin redimir sus pecados y otros permanecen sentados frente al televisor esperando su cucharada de cloroformo semanal. Pues eso, que el banco resultante de la operativa Caja Madrid y Bancaja precise 10.000 millones adicionales para el arreglo del dobladillo es un insulto a todos cuantos están cerrando sus empresas y dejando sin ingresos a sus familias por falta de crédito y liquidez. Hemos pasado del país de los parados al país de la parálisis. O ponemos remedio a esta tomadura de pelo o no nos van a dejar espacio para emprender, para afrontar nuestras vidas y nuestros objetivos con posibilidades para crecer.

En esa conversación de ayer tuve la oportunidad de conocer a un empresario asturiano que tenía un negocio aparentemente imposible de modernizar, de digitalizar, de estructurar en un modelo de vanguardia. Había llegado a la conclusión de que sólo podía internacionalizar si replicaba el modelo en otro país, había escogido Costa Rica y Panamá. Le demostré que eso no era necesariamente así y le conté una de las experiencias profesionales de las que más orgulloso estoy.

Hace un par de años un amigo me llamó para pedirme ayuda. Su negocio estaba en quiebra. Tenía un desguace de vehículos y, contrariamente a lo previsto, la crisis no le estaba beneficiando. Sus ventas habían caído en picado. Su modelo de negocio dependía de que los automóviles que debía descuartizar no eran suficientes para ofrecer un recurso atractivo a los escasos compradores que se acercaban a su superficie en las afueras de una pequeña población al norte de Barcelona.

Me instalé en su empresa durante dos semanas. Examiné los procesos y hablé con los implicados. Al poco le ofrecí una solución que resultó ser muy beneficiosa. Lo primero que le comenté era que su sistema de desguazar los autos debía estar sintetizado. Para ello compré una base de datos que aportaba la mayoría de modelos y marcas del mercado. El sencillo software que instalamos en una PDA permitía que el desmontaje se codificara y concediera una ubicación ordenada de todas la piezas. Asi se lograba una eficaz distribución y una eficiente inventario a tiempo real. Ese listado se incorporaba a una base de datos en las oficinas de la empresa.

Hasta ese punto nada nuevo, nada especial. No disponíamos de ninguna característica que diferenciara ese negocio de otros que ya hacían algo parecido. La singularidad, el diferencial, el valor añadido se logró en el preciso instante que esa base de datos, esa eficiente máquina de ordenar las existencias, se digitalizó en la red. A partir de ese instante las ventas online empezaron a producirse. En menos de un año la facturación aumentó a niveles impensables durante la crisis.

A pesar de todo esto, no nos paramos. Ramón, que así se llama el hombre que decidió no detenerse ante las dificultades, preguntó si era factible vender piezas de coches clásicos por Internet. Fue posible. Esa es ahora una de sus principales ofertas. Se ha convertido en un hub de captación para los coleccionistas y un conector para los exclusivos clientes que se esconden tras el apasionado mundo de los coches de autor. Ahora sus ventas se miden por países y no por comarcas.

Escuchando a los que nos gobiernan y atendiendo a los que garantizan nuestro ahorros, no puedo más que pedir a todos los que nos encontramos aquí que no se detenga nadie, que no se duerman, que hay oportunidades pero todas requieren afrontar los retos con entusiasmo y valor. Si una chatarrería clásica pudo convertirse en un referente digital, que no podemos conseguir cualquiera de nosotros.