¿Por qué no podemos salir de esta crisis del mismo modo de siempre?
Muy preocupante. Ante la peor crisis sanitaria, social y económica desde la postguerra, todo lo que son capaces de mostrar nuestros dirigentes políticos es un espectáculo bochornoso, deplorable y de un nivel intelectual muy preocupante. Estamos solos. ¿Dónde está la grandeza de la política tras tres meses de una crisis histórica y decenas de miles de muertes? ¿Por qué siguen con la retórica partidista de siempre? Siguen echándose en cara la misma montaña de temas de corto recorrido y de interés particular. Ninguno habla del medio ni el largo plazo. Y lo vamos a pagar los de siempre. Y es que estamos en la antesala de la mayor crisis económica que ninguno de los que estamos en edad de trabajar haya podido conocer. Y es cierto que de todas las quiebras surgen oportunidades, cambios y modelos de crecimiento personal y colectivo. Y cierto es también que esta no será una excepción, el problema es que hay diferentes maneras de vivirlo. Una depresión económica se explica en diez minutos pero se vive durante diez años. El modo en el que se viva depende de la estrategia y liderazgo de quienes tienen que marcar las políticas de salida.
Le llamaron transformación digital pero la conoceremos como ‘salida de la crisis’.
Después de la peor erupción del Vesubio, los napolitanos que sobrevivieron, volvieron a construir sus casas por la misma zona por las que bajaron los ríos de lava un tiempo antes. La suerte es que el volcán no ha vuelto a escupir fuego con la misma intensidad nunca más. Tras cualquier crisis es importante comprender su verdadera dimensión y la virulencia con la que llegó. Sin esos parámetros es imposible estructurar una salida razonable. Y eso es bueno. Dice Boris Cyrulnik, neurólogo y psiquiatra que ‘después de una catástrofe, siempre hay una revolución’ y que ‘resisten mejor los que ya tenían una buena disposición antes de que se produjera’. Desde un punto de vista económico, tener miedo a lo que se avecina es normal, pues en un contexto como este, el miedo siempre ha resultado ser un mecanismo de defensa.
La prensa escrita y la transformación de su modelo de negocio.
Que imprimir periódicos es algo que va a desaparecer está asumido por todos. Especialmente por la propia industria periodística. Lo que no comparten todos es la velocidad a la que esto se va a producir. Los datos que llegan mes tras mes son de puro pánico para los que se sujetan todavía a mantener de algún modo ese modelo porque ‘todavía da algo’.
La trampa del final de la crisis
Uno de las claves para entender que en los mercados ya se empieza a descontar el hecho de que la deuda publica española no la quiere ni el famoso TATo. El lunes durante la ejecución de uno de los transfers de asistencia a la venta de bonos pude ver con mis propios ojos algo que en las últimas semanas se viene publicando. Esta desconfianza se percibe claramente cuando se observa la evolución del mercado de los credit default swaps, los conocidos seguros contra el riesgo de impago de la deuda de un país. La deuda proveniente de España ocupa el segundo lugar del mundo como emisor sobre el que más seguros contratan los inversores, para cubrirse del riesgo de impago. Peor que nosotros solo está Italia.
SUMERGIDOS EN LA RECESION
En la crónica que ayer publicaba La Tribune ayer, titulada “España sumergida en la recesión”, Thierry Maliniak señalaba que “España continúa hundiéndose en la crisis. Todo lleva a creer que las cifras definitivas del 20 de mayo indicarán un nuevo y fuerte repliegue tanto del consumo de las familias como de la inversión que, en el cuarto trimestre de 2008 descendieron, en términos anuales un 2,3% y un 9,3% respectivamente. Y, si mejora el comportamiento de la demanda exterior, será por el retroceso de las importaciones inducido por la recesión”. Por Creo que las cifras van a ser muy similares a lo que en ese artículo se refiere. Lo sabremos mañana.
NOS VAN A CRUJIR A IMPUESTOS
Hoy me preguntaba un cliente, “¿de donde sale ahora todo ese dinero que el gobierno está dispuesto a poner para solucionar la crisis?” La respuesta es sencilla: de nuestros bolsillos y de la deuda pública fundamentalmente. De nuevo me ha cuestionado, “y si ahora es posible aplacar la crisis con nuestra deuda, “¿porque antes no se hizo para mejorar la vida de “todos” los españoles?” La respuesta empieza a complicarse pero también es comprensible: porque hubiera significado un aumento de los impuestos. Finalmente, mi cliente y amigo me cuestiona si nos van a subir los impuestos. Le he contestado encogiéndome de hombros que, sí no lo hacen, no habrá modo de salvarnos de un déficit monstruoso. Ahora bien, el problema es que, sí subes impuestos para obtener el rédito de pago sobre la deuda adquirida en una etapa recesiva de la economía, lo más probable es que la hagas crónica. A más impuestos, menos consumo, a menos consumo, menos trabajo, a menos trabajo, más subsidios, a más subsidios, más deuda, a más deuda, más impuestos, a más impuestos, menos consumo,…