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Cuando se presenten, votaré al Partido Robot

Muchas de las cosas que hacemos de manera cotidiana hace apenas unos años eran de otro modo. Voy a generalizar con el riesgo que eso conlleva, pero espero se me entienda. Ya no escribimos cartas, no elaboramos álbumes de fotos, nos reunimos sin estar juntos, no compramos entradas en ninguna taquilla, no se utilizan mapas callejeros, las guías turísticas son reliquias, no compramos periódicos, no visitamos tiendas de música y no votamos por ideología sino por múltiples factores que tienen que ver con el debate en red, más bidireccional y complejo.
Europa está en estado de shock. Draghi decide que lo mejor para el futuro es meter todo el papel que le queda por imprimir en el sistema y que sea lo que dios quiera. Pues querrá, pero no lo que ellos consideran. La masa ingente de liquidez en euros se va a llevar por delante el valor del mismo. Pon diez monedas donde antes había una y lograrás que esas diez valgan menos ahora que cuando las contabas por separado. Si eres un vendedor de algo, póngamos moneda, y sabes que los que vienen a tu tienda tienen diez veces más dinero que antes, ¿no subirás el precio de todo? Y, eso, ¿no deflacionará el valor del dinero en términos generales? Pues eso.

En Grecia viudas y jubiladas con hijos que pagaron toda la vida sus impuestos, que cotizaron ellas y sus maridos, se ven obligadas a trapichear con cualquier cosa por las calles, y esperar el miserable cheque de 320 euros que el Estado les ‘regala’ por los servicios prestados. Y se sorprenderán de la victoria de Siritza, o de que Europa esté en juego. Aquí en Irlanda todas las encuestas ponen de ganador a un indefinido cuadro de ‘independientes’ que lideran todas las batallas locales contra la subida de tasas, impuestos, recortes y meriendas oficiales. En España Pablo Iglesias tres cuartos de lo mismo. Mira este video de la señora Katsulis.

¿Es todo esto un tema político? ¿Sociopolítico? ¿No tendrá que ver, previsto o no, estratégico o no, con algo más técnico, tecnológico y de adaptación al momento desde un punto de vista automático? Tengo la impresión que si. No niego que la aparición en programas de televisión ayuda, que un líder que diga lo que todos quieren escuchar también, que poner de vuelta y media a unos cuantos que no hay manera de sacar ni con agua caliente ayuda, pero también el cómo todo eso se ha enlazado entre los potenciales votantes, las estructuras (des)organizadas y las ideas es tremendamente menos ideológico y político de lo que parece.

El mundo sigue su curso hacia un escenario sin empleo. Todo lo que pueda ser automatizable, ‘robotizable’ y todo lo que pueda sustituir un grupo de humanos por un ‘software’ o un brazo mecánico, será. Periódicos sin periodistas, bibliotecas sin bibliotecarios, bares sin camareros, tiendas sin vendedores, empresas sin directores, taxis sin taxistas, hoteles sin intermediarios, transporte sin transportistas, clínicas sin doctores y, quien sabe, parlamentos sin políticos. ¿Para que se precisa un político?

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Hoy en día las decisiones políticas se toman en base a tres criterios: presupuesto, interés partidista y capacidad de gestión. La primera la gestionaría increíblemente mejor un software inteligente que una docena de ministros de economía visto lo visto. Lo segundo, más divertido, un gestor de datos masivos capaz de trabaja en base a variables de bienestar social no dependiente de votos, podría gobernar sin esperar ‘encuestas’ o lo que fuera. La tercera es pura evidencia. ¿Quien más eficiente que un robot?

Permitidme el juego. Yo votaría a un robot, pero mientras eso no llega veamos a que se dedican los actuales ‘líderes’. Les llamamos líderes vete tú a saber porque, pues su lejanía de lo que sucede es de tal calibre que probablemente cuando todo esto se los lleve por delante pasarán años hasta que se den cuenta. Ellos seguirán yendo a su puesto de trabajo como si nada hubiera pasado, como en un guión de Asimov entrarán en su despacho rodeados de máquinas, se sentarán a ‘gestionar’ y nadie se dará cuenta de su presencia. Tanto tiempo ralentizando el mundo, tanto tiempo derivando sus responsabilidades, jugando a sus juegos de tertuliano de bar, tanto tiempo hablando de ellos mismos, que nada cambiaría con su presencia. Fin del juego.

Y a este cuento de ciencia ficción de un futuro inminente le cabe algo de realidad desde ahora mismo. Resulta que la televisión pública española, la de todos, ha decidido montar dos programas tertulia, uno para los viernes y otro para el sábado noche, no sea que te quedes a medias en el lavado de cerebro. El objetivo es el de contrarrestar la presencia de ‘Podemos’ en el resto de debates en otras cadenas. En mi caso, no veo la televisión por lo menos no en el sentido agendado y de horarios programados. Busco lo que quiero ver y lo veo, pero entiendo que eso aun es genérico y que los de Podemos han estado sobre expuestos durante los últimos tiempos.

Ahora bien, no conozco a nadie que ya ha decidido votar al partido de Pablo Iglesias y que sea asiduo de ninguno de esos programas que proponen un debate como si fuera un ‘Sálvame Deluxe‘. Que los ven, de vez en cuando, que les influye, supongo. Como a los votantes griegos que han pasado de declararse incondicionales de los conservadores y ahora matarían por un excomunista que les ha prometido poner en el paro a toda (y allí también la llaman así) la casta.

Pero, donde esta el ‘bug’ de la política tradicional. De los ‘expertos’ de los partidos de siempre. ¿Dónde se han pasado los últimos diez años los estrategas de partido, los directores de comunicación y táctica política? ¿De que leches hablan cuando plantean estrategias a sus clientes? Es divertidísimo leer las propuestas de algunas consultoras políticas sobre eso de ‘estrategia de partido’ en redes sociales o ver como muchos ‘políticos’ se ven la mar de actuales poniendo un ‘@’ delante de su nombre. 

Es que esto ya no es lo que era. Digamos que la gente va decidiendo lo que votar por otros canales que no tienen mucho que ver con la estrategia (mejor dicho, táctica) de los que llevan tanto tiempo en un sillón de alcántara, del cual, cuando se levanten no habrá manera de que regrese a su forma original del tiempo y peso que lleva sufriendo el probre. No se han dado cuenta que el concepto ‘googleliano’ de ‘los círculos’ de ‘Podemos’ va mucho más allá que una sede local, una agrupación de distrito o una estructura determinada.

Te gusten o no, la sociedad en red (que si, también consume tele), se nutre del debate entre ellos y no de la visualización de unos teatros que simulan ser nutritivos para el intelecto político de los ciudadanos. Esos ‘círculos‘, esa estrategia orgánica y viva, que no depende de órdenes directas sino de su voracidad distribuida, que la tecnología y su enlace con lo analógico permite, está canalizando (y muy bien) un descontento social que, en muchos casos, tiene que ver con esos programas televisivos de juguete.

Pero no es sólo eso, es más automático de lo que parece. Ni el tal Errejón es un genio, ni Iglesias un enviado del MIT. Están canalizando un proceso de desajuste y les ha tocado a ellos. Estuvieron donde había que estar, lanzaron un mensaje que caló por los canales que tenían a su alcance y a partir de ahí, si que lo han hecho bastante bien. Sólo decirles que si ahora, por vete tu a saber que bacteria politiquera, deciden ‘reorganizarse’ en modo ‘partido on’ mucho o poco de cuanto llevan alcanzado se desmontará. Esto no va de mensaje, ni de líderes, es un tema más complejo. Los americanos lo inventaron pero quienes mejor lo manejan ahora son los escandinavos. Creas un entorno, derivas un mensaje, utilizas la tecnología y la dejas fluir. Luego, sólo tienes que dejar que los datos y su gestión capaciten tus decisiones.

El problema para ello es que se necesita ‘open mind’ y eso ya no es tan sencillo. Dejar que la gente tome su senda y que la política se adapte es chungo. Deberíamos pasar de un escenario en el que los partidos proponen y la sociedad dispone a otro en el que la sociedad exige y los partidos se adaptan. Para ello hace falta mucha democracia, viva y constante, algo que precisa no sólo de ‘circulos’, sino de todo tipo de modos. La convivencia entre lo tecnológico aplicado a la política (¿o es que van a ser lo politicos los únicos que no les afecte ese mundo sin empleo?) y la gestión pública que la sociedad demanda más pronto que tarde sucederá.

Y hablando de cosas concretas. Se sorprenderán también del ascenso de ‘Ciudadanos‘ y del reconocimiento social de Albert Rivera. Pues eso, que se sorprendan, pero si lo miraran bien verían que la estructura de ese partido no tiene nada que ver con la de los partidos tradicionales. Va de como te estructuras y de un problema adaptativo. Luego si el mensaje fluye, lo tienes de cara. C’s se sujeta en los apoyos y no en los militantes, en la propia red, en la distribución derivada de información, en la empatía (digital) y en la creación de redes de que utilizan Internet como canal de aceptación de unos a otros.

Pero no es ‘técnica digital’, para nada. No es que tengan un Community Manager con una varita mágica. Es otra cosa. Es que su estructura desestructurada permite la participación en plataforma y ahí si que es importante la red y las redes. UPyD por ejemplo, empezó bien en eso, pero su obsesión por crear ‘estructura’, formatos de siempre, les ha paralizado el ascenso. Ya van tarde.

¿La tele? si, ayuda, pero más tele que se chupa la Cospedal no hay nadie, y a ésta no le nutre nada. Si consideran en las estructuras de los partidos tradicionales (incluyo al resto) que Sainz de Buruaga y su programa de doble tertulia (donde irán los de siempre supongo) genererá el desgaste a los de Pablo Iglesias, Rivera o los que salgan todavía, van listos. Si ‘Podemos’ baja expectativas o se la da al final no será por estos movimientos tácticos tan fuera de tiempo, será porque sus ‘circulos’ dejen de estar conectados adecuadamente, reflejen lo que dicen ser o empiecen a gobernar ejerciendo el poder de manera contraria a lo que proclaman.

‘By the way’ esto pasa aquí, Irlanda, y allí, Catalunya. Los catalanes que están debatiendo sobre el futuro independiente o no, también se están despistando. Hay una inmensa mayoría de catalanes que no son independentistas, claro, pero es que tampoco son ‘dependistas’. No son nada. Nada de lo que se propone ahora. Cuando se organicen desorganizadamente, como hacen los clientes de Uber, Airbnb o cualquier plataforma social que no precisa de intermediarios ni gestores, que todo sea mucho más automático que las órdenes de nadie, la sorpresa va a ser mayúscula.

Tiempos nuevos que nadie interpreta correctamente, ideas de siempre (todos), estrategias de pena y tácticas de gente desconectada de la realidad. Cuando la realidad haga ‘turn on’, va a ser divertido.

Si nunca bajara el paro ¿que sucedería?

Sabemos que la mitad de los empleos que ahora existen serán automatizados en apenas quince años. El mismo tiempo en que únicamente apenas un centenar de personas acumularán el mismo dinero que la mitad más pobre del planeta. Diríamos que, si no lo remediamos, la automatización del mundo no hará más que amontonar la riqueza en manos de unos pocos.
Hay tres aspectos que podrían darnos las claves para amortiguar el cambio inminente y que lo haga menos dramático. Tenemos conocimiento de que las máquinas aprenden, se estructuran en red y, además, abaratan todo. Los robots son la sublimación de la eficiencia y, por ese motivo, serán capaces de apartar de un puesto laboral a cualquiera que realice una tarea susceptible de ser sustituida.

El ‘machine learning’ ya no solo es capaz de disponer de algoritmos para procesar en tiempos casi imperceptibles, sino que lo puede hacer con cantidades de datos totalmente descomunales hasta llegar a deducir. No hablamos de lógica sino de conceptos. No estoy hablando de un capítulo de alguna trilogía de Asimov, hablo de algo que ya es real, se está derramando por nuestra vida cotidiana y que representa la capacidad de una máquina para aprender de la experiencia.

Por otro lado las redes entre máquinas sustituirán las que ahora suponen el paisaje actual. Redes entre humanos y redes sociales darán paso a redes entre máquinas. El mundo de los sensores es la antesala. Apostar por empresas que ahora mismo están desarrollando aplicaciones que permiten el diálogo entre personas y máquinas o de máquinas entre si, es una buena apuesta. En breve los aviones, los hospitales, las compañías energéticas, el tráfico, las ciudades, algunos procesos administrativos, la enseñanza y mil campos más retirarán personas e incorporarán sensores. El salto se avecina y la fisonomía de nuestro mundo no se va a parecer en nada al actual.

La tercera arista de este cambio tiene que ver con las redes de robots. Ahora mismo todo esa evolución sigue detenida en el ámbito legal, político o administrativo. El miedo a perder el control instalado en las clases dominantes evita que sea real. Ya pasó con la imprenta. Se pensó que el conocimiento y los avances permitirían a todo el mundo leer y eso, por derivación, influiría en cultura. Cultura que empoderaba a los siervos. Sucedió con otras revoluciones. El ferrocarril permitía a la gente moverse con facilidad, los hacía conocedores del mundo, de su entorno más lejano. Aparecieron los exploradores cotidianos y con ellos el riesgo de comparar. A los que mandan no les gusta que los comparen.

Ahora, el salto está a pocos metros. Es un salto al vacío del que ya no podemos tirarnos atrás. En Estados Unidos hay robots que recogen lechugas por si solos en base a un pedido recibido por Internet. Un pedido que ha hecho una nevera inteligente. Son los Warehouse que empresas como Kiva ya tienen listos y preparados para comercializar. Su robot-nevera descubre que falta algo, selecciona el proveedor que no es más que un software, éste comprueba que no tiene en stock, lo solicita a otro software que a la vez ‘ordena’ a un robot que lo recoja y que en apenas unos segundos lo suba a un vehículo autopilotado. No es ciencia ficción, repito, verlo como tal es cerrar los ojos a un hecho que ya se está produciendo con prototipos. En algunas partes de este proceso hay eslabones que son ya cotidianos por cierto.

Al igual que ricos y pobres serán como siempre ha sido las dos partes de este pastel, la eficiencia y el ahorro económico mandará en la hoja de ruta global que vivirá este mundo en muy poco tiempo. Si algo es más barato, más rápido y más ecológico será.

La velocidad en la que nuestro mundo avanza es de tal magnitud que la década de los cincuenta del siglo pasado es el pleistoceno. Haced el esfuerzo, comparad. Pero no lo hagáis mirando Facebook o Google sólo. No lo hagáis pensando en lo accesorio. No tiene que ver con un ‘likes’, ni con smartphone, ni tan siquiera con la televisión interactiva, ni tampoco con los mapas y sus satélites. No tiene que ver con nada de todo eso o tiene que ver con todo. No es sólo tecnología, que también, es comportamiento social. Es la relación de todos nosotros con un mundo invisible que nos rodea por todas partes y nos atraviesa.

Cada vez son más los productos que pasan a ser servicios por el poder de la digitalización. El abismo se agrandará entre ambos escenarios laborales pues mucho de lo que hay que producir ya no es preciso hacerlo. La última etapa de la automatización va a llevarse por delante casi todos los empleos conocidos.

De todo esto sólo me preocupa una cosa. Como explica The Economistla prosperidad desatada por la revolución digital ha ido mayoritariamente a los dueños del capital y los trabajadores de mayor cualificación. Durante las últimas tres décadas, la participación del trabajo de la producción se ha reducido a nivel mundial del 64% al 59%, a la vez que los ingresos acumulados por el 1% más rico ha aumentado de alrededor del 9% al 22%’

No va a bajar el paro. Es algo que ya no puede suceder. Se sucederán cifras de vez en cuando, altibajos provocados por diversos aspectos de la economía tradicional, estacional o política, pero serán simplemente pinceladas que no compondrán el cuadro real. El ‘big picture’ es de otro calibre.

Los países ‘de vanguardia’ a los que les pilla esto con más de una cuarta parte de su población activa en paro se les plantea un futuro inmediato de mierda. Hay tiempo para reaccionar, lo que no hay es clase dirigente para establecerlo.

El desempleo está en niveles alarmantes en casi todo el mundo rico, y coinciden muchos organismos e instituciones que ya no sólo es por razones cíclicas. En 2000, el 65% de los estadounidenses en edad de trabajar lo hacían; desde entonces, la proporción ha caído igual en años de bonanza que en años de crisis hasta el nivel actual de 59%.

Estas tendencias se producen en todas partes. Durante el Foro Económico Mundial de Davos se certificó una cifra elocuente. Ahora mismo, ya casi sin esperar esas dos décadas que comentaba al principio, los 85 tipos más ricos del planeta acumulan una riqueza combinada similar a las de los 3.500 millones de personas más pobres del mundo. Que la riqueza del 1% de la población rica equivale a 65 veces la de la mitad más pobre. Esto va en serio.

El efecto de la automatización debe ser bueno, pero debe ser capaz de repartir, de crear justicia social, de equiparar oportunidades. No es lógico que no sea así. Siempre fue así. Los avances tecnológicos ayudaron a reducirlo. ¿Por qué no ahora?

Aunque sea por un puro hecho egoísta, sino queremos atender a lo que pasa por el mundo y solo queremos mirarnos al ombligo, pensemos que el ritmo de destrucción de empleos automatizables es superior, muy superior, al que los que puedan ser reemplazados por las nuevas tecnologías. Normalmente en un ciclo lógico de modernidad, cuando las nuevas tecnologías desplazan a las antiguas, se reemplazan los trabajos antiguos por otros nuevos. Pero esta vez, ese ciclo es unilateral. Durante mucho tiempo, probablemente para siempre, habrá muchos menos puestos de trabajo que se crean en la nueva economía basada en la información que en la anterior basada en la fabricación.

La tecnología ayudará a distribuir mejor, automatizará para vivir más cómodamente. Que todo ello se produzca sin traumas ni fracturas depende más de ordenar el crecimiento que de prohibirlo. Cada vez que una administración prohíbe, complica o multa a una aplicación de economía social, cada vez que un gobierno retrasa la aprobación de leyes que permitan el avance en coches autopilotados, drones o lo que sea, lo que logran es estimular las diferencias y la quiebra de dos mundos. Dejen que los avances lleguen a todos, legislen en su tiempo y no en el de otros, haganlo pues el futuro ya llegó aunque ustedes no se dieron cuenta. Aun hay tiempo. Si lo hacen, un mundo robótico se desplegará adecuadamente entre todos. Si siguen empecinados en sus guerras de juguete y sus luces cortas, harán que mucha gente sufra.

La emergencia de una nueva publicidad

Los datos son la llave maestra. Los son para Google y también para Facebook. Lo son para cualquier empresa que maneja centenares de millones de usuarios o ‘clientes’. Empresas que ofrecen productos sin coste para lograr armar perfiles con todo detalle de cual el uso que haces en sus plataformas o herramientas. Digamos que ambas compañías ofrecen a los usuarios un contrato claro. Si me das acceso a tus productos sin tener que pagar nada, tu puedes obligarme a consumir publicidad totalmente segmentada.
Lo curioso de este hecho es que, cuanto más peso tiene nuestro ‘pool’ de datos, cuanto más nos abrimos a esas plataformas, mejor y más interesante se muestra la publicidad recibida. Digamos que la experiencia de usuario se beneficia de nuestra ‘confianza’ en el soporte. La integración y transformación sistemática de la información puede generar la aplicación inteligente de diversos procesos, entre ellos la inserción de publicidad. Si asumimos como principio fundamental que las redes sociales, independientemente del uso más o menos mercantilista que pueden tener en momentos concretos, son redes de conocimiento, veremos que el proceso dinámico del propio conocimiento desarrolla espacios compartidos que otorgan más, y nuevo, conocimiento.

Recordemos que el conocimiento en la red se basa en la creación de ideas, en la búsqueda e intercambio de información, en el apoyo de decisiones en base a la comunicación y en la administración de cuanto obtenemos debatiendo y desarrollando conceptos. No es bueno satanizar la publicidad porque esta venga del origen televisivo, radiofónico o textual. No es lo mismo.

Igual que centenares de oficios y profesiones se están viendo afectados por este nuevo tiempo, los publicistas buscan su encaje, los gestores de contenidos publicitarios también y el ‘branded content’ aparece como alternativa. No tengo ni idea de por dónde acabará desembocando pero tengo claro que hay una revolución pendiente en el sector y va mucho más allá de la gestión de banners, interpretación de ‘adwords’ o la más o menos creativa atención a ‘influencers’. Me temo que lo que se avecina en este campo tiene que ver con los datos, pero unos datos masivos, socializados y conjugados entre máquinas y humanos. La creatividad es, de momento, un territorio biológicamente reservado a las personas, pero nadie puede asegurar que sea para siempre.

De momento los datos van tomando espacio. Las compras de empresas con millones de usuarios por precios desorbitados y que desencadenaron críticas furibundas, van tomando sentido. Los usuarios de Instagram en el Reino Unido comenzarán a ver los anuncios en sus feeds desde hoy mismo. Es un claro ‘paga por el contenido’ pero tranquilo que te pondremos lo que realmente te interesa.

La prueba piloto utiliza marcas de primer nível, pero es eso, una apuesta inicial. Las seleccionadas son Starbucks, Cadbury, Channel 4, Rimmel London, Sony Music, Estee Lauder y Waitrose. Muchos usuarios (clientes ahora) de Instagram pensaran que es una ingerencia en su ‘timeline’ que ellos no pidieron. Probablemente muchos se darán de baja o reducirán el uso, pero lo que es cierto es que con los datos que Facebook posee sobre ti y tu cuenta de Instagram enlazada, lo que te van a mostrar en el futuro es lo que quieres comprar antes de que lo sepas.

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El modelo elegido es mostrar fotos y videos de alta calidad y reservando el estilo de una revista ‘cool’. Digamos que el usuario ha ganado algo: la publicidad ya no se atreve a meterse sin cuidar antes las formas. Otra cosa será cuando y que decidirá mostrar.

Esto de la publicidad targeteada aun está lejos del uso certero que tendrá en los próximos años. Recuerdo cuando Facebook era capaz de interpretar que me estaba divorciando o que me podía interesar un tratamiento para las uñas. Un desastre si atendías a los anunciantes de la columna derecha. Eso ha ido mejorando, se basan en tu ritmo de navegación, conexiones y complejas fórmulas que entregan mayor veracidad e interés a lo que podrías querer. Sin embargo eso acelera. Cada vez será más sofisticado y eficaz. El uso del big data es el origen, pero la interpretación social de todo ello, el destino.

James Quarles, jefe de Instagram, justificaba la apuesta publicitaria de la red de las fotos ‘vintage’ diciendo que ‘la gente viene a Instagram para expresar su creatividad y ser inspirados, y los negocios siempre han sido una parte significativa de esa experiencia. Nuestra comunidad en el Reino Unido creará hermosas imágenes patrocinadas’. Veremos. Poco a poco la publicidad deberá de ir tomando conciencia de su nueva condición. Los que primero lo hagan mejor publicitará.

Esto no va a parar

Vamos a toda leche. Esto no va a parar. Leí hace unos días un artículo firmado por Dana Ardi, fundadora del Corporate Anthropology Advisors Center y autor de un libro magnífico sobre el futuro empresarial titulado ‘The Fall of the Alphas: The New Beta Way to Connect’, donde decía que todo lo que creemos saber sobre el modelo laboral ya no está actualizado. Asegura que ‘atrás han quedado los días en que las decisiones se tomaban de arriba hacia abajo. Como antropóloga corporativa, Dana estudia la cultura de las organizaciones y la forma en que evolucionan’. En su libro describe esa mutación como el modo de interpretar el momento actual de nuestra civilización desde una de las entidades de mayor valor y capacidad de cambio: la empresa. Estoy de acuerdo con ella en que los negocios marcan, aceleran y establecen la mayoría de los cambios pues en su propia dinámica de supervivencia está la adaptación. Estos son los elementos principales que describe:

1_ El depósito global de talento crecerá. Como el uso de la robótica y la tecnología de automatización va en aumento, pronto no se les pedirá a los seres humanos realizar tareas rutinarias. Eso significará que la naturaleza de los puestos de trabajo va a cambiar. A mayor conectividad mayor acceso al talento, literalmente, en todo el planeta.

2_ Colaborar será el proceso natural. El tipo de empresa del futuro inmediato que prosperará mejor en este nuevo entorno, abrazará la colaboración y el trabajo en equipo. Serán los ‘Betas’. La conocida forma ‘Alfa’ de hacer negocios de arriba hacia abajo, de control y de comando ya no será viable y por supuesto poco competitivo. Habrá un cierto seguimiento que esperará que los trabajadores sientan suyos los procesos para activarlos en colectivos inteligentes. Hay que crear esos espacios de desarrollo de manera natural.

3_ La especialización será determinante. Está claro que si las organizaciones empresariales del futuro serán más horizontales y abiertas, será esencial que la gente pueda construir según sus habilidades y mantener un nivel de especialización que les permite sobresalir en una multitud de talentos.

4_ Las redes sociales y los entornos digitales se convertirán en un nivel de relación en todos los campos. El asociacionismo ya no precisa del contacto, y una acción digital tiene efectos cada vez mejor definidos. Los trabajadores de todos los niveles tendrán que comercializar, a través de sus redes sociales, la formación de asociaciones y la obtención de influencia por ofertas llamativas en función de su especialización de las competencias de profundidad.

5_ Todo el mundo será emprendedor o sus derivados. Aunque suene absurdo el mundo laboral del futuro exigirá que la gente trabaje en un estadio de exigencia voluntaria sobre su propia actividad que generará marca personal y acción transversal. Al mismo tiempo, los individuos deberán tener mayor control sobre el tipo de trabajo que abordan y cómo se les compensa, de manera que el ‘intraemprendedor’ irá tomando forma cada vez con mayor intensidad.

6_ Las contribuciones individuales no podrán recompensarse con ascensos laborales y eliminará el valor de las titulaciones de cualquier titulación teórica. Con una red establecida de igual a igual las recompensas estarán ligadas al valor de la contribución de un individuo y no a cualquier título artificial.

El futuro del trabajo será diferente de lo que es hoy y, como dice un viejo proverbio ‘ la fortuna favorece a los preparados’. ¿Qué otros elementos consideras que transformarán el puesto laboral del futuro?

¿Como lo vas a afrontar?

¿Como lo vas a afrontar?

Los cambios se suceden de forma constante y sin descanso. Negarse a la evidencia te aparta del curso de la historia. Puedes no estar en ella, puedes convertirte en un ‘neoludista‘ y maldecirla públicamente, pero ella seguirá su curso imparable hacia le infinito con su compleja transformación y evolución permanente.
 

Perspectiva digitalizada

A petición de algunos de los alumnos del postgrado para emprendedores en el que participo en Miami invitado por Globovisión, replico un artículo que escribí hace unos meses y que se utilizó en clase hace unas semanas. Desean detectar el feedback sobre el mismo y detectar si sus opiniones son equiparables a la de los lectores.  El post versa sobre modelos económicos inminentes y en los cambios que se avecinan y sobretodo como afectarán los procesos de modernización irrenunciables a la realidad empresarial de tipo tradicional. En ese sentido referencio un caso personal que ejemplifica un proceso de transformación de un negocio analógico en otro entroncado en la nueva economía a través de la innovación bien entendida. Os dejo con el caso.

Hace un par de años un amigo me llamó para pedirme ayuda. Su negocio estaba en quiebra. Tenía un desguace de vehículos y, contrariamente a lo previsto, la crisis no le estaba beneficiando. Sus ventas habían caído en picado. Su modelo de negocio dependía de que los automóviles que debía descuartizar no eran suficientes para ofrecer un recurso atractivo a los escasos compradores que se acercaban a su superficie en las afueras de una pequeña población al norte de Barcelona.

Me instalé en su empresa durante dos semanas. Examiné los procesos y hablé con los implicados. Al poco le ofrecí una solución que resultó ser muy beneficiosa. Lo primero que le comenté era que su sistema de desguazar los autos debía estar sintetizado. Para ello compré una base de datos que aportaba la mayoría de modelos y marcas del mercado. El sencillo software que instalamos en una PDA permitía que el desmontaje se codificara y concediera una ubicación ordenada de todas la piezas. Asi se lograba una eficaz distribución y una eficiente inventario a tiempo real. Ese listado se incorporaba a una base de datos en las oficinas de la empresa. Hasta ese punto nada nuevo, nada especial.

No disponíamos de ninguna característica que diferenciara ese negocio de otros que ya hacían algo parecido. La singularidad, el diferencial, el valor añadido se logró en el preciso instante que esa base de datos, esa eficiente máquina de ordenar las existencias, se digitalizó en la red. A partir de ese instante las ventas online empezaron a producirse. En menos de un año la facturación aumentó a niveles impensables durante la crisis. A pesar de todo esto, no nos paramos. Ramón, que así se llama el hombre que decidió no detenerse ante las dificultades, preguntó si era factible vender piezas de coches clásicos por Internet.

Fue posible. Esa es ahora una de sus principales ofertas. Se ha convertido en un hub de captación para los coleccionistas y un conector para los exclusivos clientes que se esconden tras el apasionado mundo de los coches de autor. Ahora sus ventas se miden por países y no por comarcas.

Escuchando a los que nos gobiernan y atendiendo a los que garantizan nuestro ahorros, no puedo más que pedir a todos los que nos encontramos aquí que no se detenga nadie, que no se duerman, que hay oportunidades pero todas requieren afrontar los retos con entusiasmo y valor.

El panorama no invita a la tranquilidad. Todo lo contrario pero si a la reacción. El Estado, cobardemente, esconde la tasa de pobreza real, pero esos números van suministrando el veneno necesario para que, por mucho que se estimule la economía, cada vez haya menos masa real para que las medidas sean eficientes. A medida que pasa el tiempo hay un mayor número de personas que dependen del servicio público y cada vez menos del estímulo público. Con lo primero sobrevives, con lo segundo emprendes. En mucho de estos casos de pobreza incipiente se esconde una perversa reacción en cadena. Un ciudadano que se ve expulsado de su modelo de vida por culpa de una crisis imperceptible aparentemente, un intento de lograr ser de nuevo asalariado y un rechazo persistente del sistema por diversos motivos. El camino se tuerce y cada vez está más lejos la salida. En el caso de que considere que lo mejor es emprender, es tomar las riendas de su vida y sus proyectos, se encuentra con mil obstáculos como hemos ido viendo. Desde los legales, los culturales y los intelectuales. Incluso uno mismo no se ve capaz de saltar, pues todos los resortes y herramientas de una sociedad apalancada caen sobre ti cada vez que piensas en el modo de salir del agujero.

Cómo las secuoyas

Hoy replico uno de los capítulos de mi último libro. En concreto el que trata del valor de emprender en red, de la capacidad humana de pensar colectivamente y de estimular con ello los modelos de creación de proyectos emprendedores. Este episodio motiva normalmente, cuando lo aporto en las reuniones de trabajo, una dinamización sistemática e inmediata de la voluntad de colaborar, de crecer en grupo.

Existen muchos modelos de emprendeduría. La que me interesa a mí es la que encaja con los tiempos que me ha tocado vivir, tiempos de tecnología, de redes, de fuegos artificiales y de conversaciones. Precisamente en ese nuevo modelo digital de proyectar empresa está el de actualizar una nueva economía basada en la colaboración y en la experiencia colectiva.

No hay nada más importante en un mundo como el actual, en el que las manadas duermen en las planicies esperando que alguien les informe por donde deben escapar, y donde lo más probable es que nadie cambie si no lo hacemos colectivamente, el valor de lo enredado, de lo cambiante y dinámico se hace tremendamente imprescindible.

Existe un árbol que ha alcanzado los 115 metros de altura. Está al norte de San Francisco y es una secuoya. La altura media de este tipo de cupresácea está cerca de los 80 metros. Son muy longevas, existe una secuoya roja de más de dos mil años que ahí está, esperando que todo cambie a su alrededor.

Lo más extraordinario de este tipo de árbol no es la longitud vertical que logra sino como el mecanismo que utiliza. ¿Qué profundidad deben tener las raíces de un árbol que alcanza esa tremenda altura? Cuando cuestiono esto a conocidos o en charlas públicas, las respuestas son de todo tipo. Cien metros, doscientos, cuarenta, diez, hay de todo. Sin embargo la sorpresa es general cuando descubro la gráfica que demuestra que la profundidad de las raíces de este tipo de planta es muy inferior a lo previsto.

Apenas tienen unos pocos metros de profundidad, hay casos incluso que muestran árboles de casi un centenar de metros de alto con unas raíces de apenas uno de profundidad. El método para soportar la presión lateral es una maravilla de la naturaleza. Las secuoyas sólo pueden crecer en grupo. Las pocas que hay de modo aislado en alguna zona europea (tras una replantación en el siglo XIX) no alcanzan apenas los treinta metros de talla.

Para alcanzar su altura media y su longevidad, las secuoyas son los únicos árboles capaces de enlazarse los unos a los otros hasta el punto que llegan a perder el sentido de quien es uno y quien es otro. Se han hecho pruebas de inyectar un líquido coloreado en la raíz de una de ellas ubicad en un punto concreto y esperar unos años. Tras ese tiempo se descubre como ese líquido puede detectarse en todo el bosque.

Aunque estén unidos hasta el punto de fundirse los unos a los otros, lo cierto es que mantienen su propia individualidad genética y biológica pero si uno de ellos precisa savia por algún motivo, el bosque entero en general, y los árboles más cercanos en concreto, le proveen.

Ese lazo extremo entre todos permite enfrentarse a la inclemencia atmosférica aunque estén a tanta altura y tan expuestos, les permite crecer hasta una altura inconcebible por la naturaleza de un modo lógico.

Estos árboles representan un modelo de gestión en equipo, global, comunitario. Si una de las secuoyas empieza a ceder, si su verticalidad se pierde por algún motivo, el bosque hace fuerza contraria durante décadas hasta que recupera el eje. Todo el conjunto de árboles ayuda a recuperar el punto de equilibrio. Es tremendamente emocionante pensar como se produce ese efecto extraordinario.

Pensemos que importante es esto. Cuando una sociedad es capaz de estructurarse hasta el punto de llegar a la excelencia de grupo es porque es madura, capaz y autosuficiente como colectivo. Pensemos también que atendiendo al ejemplo de estos maravillosos seres vivos que son las secuoyas, y observando lo que pasa cuando no están en un bosque, sólo es posible alcanzar grandes alturas si están juntas, y lo más asombroso es detectar que son todas las secuoyas al unísono las que logran tales cotas. El éxito no es para una, sino para todas. Trabajar en red proporciona el valor a todos. Este proceso de emprender es clave en una sociedad enfrentada a la competitividad mal entendida.

La comunidad es capaz de estructurarse en red, lo demuestran miles de actos y acciones digitales que se han sucedido en los últimos años. Diseñar modos que permitan convertir tanta energía en proyectos y empresas es el reto de nuestra sociedad actual.

Las secuoyas son una lección que como sociedad no debemos obviar. Convencer a nuestro entorno del valor de enredarse y hacerlo digitalmente en una amalgama desordenada de individuos vinculados en redes sociales complejas es la opción que nos queda.

Mejor que Botswana

Se comenta que el lunes Zapatero convocará elecciones para finales de septiembre atendiendo al desastre monumental que se avecina en términos de deuda y riesgo país que podría llevarnos a zona de no retorno. La verdad es que importa muy poco o nada que esa convocatoria sea en una fecha o en otra, el desastre permanecerá independientemente de quien gane las elecciones. Es más, si me apuran, el sustituto a este hombre que se le acusa de no haber hecho nada para gestionar la transición de un modelo económico ineficiente, es otro que fue el vicepresidente del gobierno que lo instauró. Que el Cosmos nos coja confesados.
Ser idiota es un privilegio, una bendición que, si eres capaz de no derramarla, te ayuda a  afrontar cualquier reto por difícil que parezca. Por ejemplo, en política puedes pasarte una legislatura entera sentado en una esquina del pleno y no abrir la boca a cambio de una aportación económica que pagamos todo y que curiosamente se llama, hay que ser cínico, “indemnización”. También puedes estar dispuesto a soportar el ridículo sin miedo, porque eres idiota.

El problema de ser idiota es que te des cuenta un día que lo eres. Algo así como cuando quieres montar un negocio en España y te das de bruces contra un funcionario y toda la maquinaria penosa que le viste. En ese país incomparable llamado España se precisan 13 trámites administrativos para poner en marcha una empresa frente a los 9 de media que se necesitan en el resto del mundo moderno. Es, aparte de una mal trato al emprendedor nacional, un tabique interpuesto para que empresas pequeñas extranjeras se instalen por aquí. Ese capital nuevo más comprometido, que introduce nuevas tecnologías, estilos nuevos de gerencia y que al final crea empleo, lo que quiere es la menor fricción posible y aquí nuestra administración es de papel de lija.

En España la historia sigue su adormecido curso. Lo importante es mostrar que la cosa se pone fea, pero alguien lo solucionará. “No se molesten, ya nos encargamos nosotros” parece que nos digan. Pero no se engañen, no se ocupan. Hablar así permite mantener a todo el mundo callado. Es un cachivache muy efectivo para amansar a las fieras. Fue descubierto por los que asistieron a las meriendas aquéllas del G-20. Primero trasladaron que nos encontrábamos ante la peor de las crisis conocidas, que había sido algo imprevisto y que por lo tanto se ponían urgentemente a buscar soluciones. Inventaron la deuda infinita y santas pascuas. El efecto fue demoledor. Medio planeta creía que estábamos saliendo del agujero y resulta que seguimos como al principio de este tinglado o peor.  Pero, queridos, en España ese truco funciona muy bien acobardar las ovejas primero y dejarlas pastar después. En España este efecto es superlativo. Somos un atajo de rumiantes.

¿Cómo se anestesia una sociedad que cada vez está más jodida? La respuesta es fácil. Primero te muestro lo funesto del asunto y luego te decoro la solución. El autor será un Estado que busca someter cada vez más la capacidad crítica de sus habitantes con mecanismos técnicos absolutamente ridículos en muchos casos. Los españoles somos usuarios de España, no ciudadanos, lo demuestra que la información se digiere al gusto del que la sirve para que todo ello no suscite más sobresalto del exactamente necesario entre la gente de bien.

¿Cómo se prepara a una sociedad para lo peor? ¿Cómo se la duerme? ¿Cuál es el modelo de intoxicación? ¿Cómo la preparan? No es muy complejo. Lo imprescindible es la paz social y la anestesia colectiva bien administrada. Se procura que la sociedad viva cómoda y eso la hace delicada. Esa comodidad la debilita irremediablemente y cuando pasa lo que pasa, cuando entramos en cifras de parados inverosímiles, o cuando la evidente ineptitud de nuestros dirigentes es de tal calado que insulta, nadie dice nada, o casi nadie. Vivimos en una sociedad que no sólo ha perdido el dinero, que aunque grave no es definitivo, vivimos en un escenario de derrotados que han perdido la dignidad y la libertad, nos arrastramos por el territorio de los desinformados. ¡Que gusto da no saber!

La Administración en España es un inconveniente para el progreso. Da igual el color. Unos fomentando un modelo de crecimiento que se basaba en la compra masiva de viviendas por parte de gente que no las necesitaba para simular ser ricos sin hacer más que quedar en un café de barrio para negociar el precio con un agente inmobiliario formado a distancia. Otros no supieron desinflar el asunto y les reventó en la cara. Lo peor es que lo negaron como los otros negaban su majestuosa montaña de mierda construida adecuadamente durante años. Un desastre en general. Nos toca a los emprendedores poner en marcha el motor oxidado de este país.

Os dejo con un grafico que clasifica las 183 economías del mundo respecto a su facilidad para hacer negocios. Un alto rango en la facilidad de hacer negocios significa que el entorno normativo es más propicio para la puesta en marcha y de una empresa. Este índice promedio de puntuación porcentual del país el 9 de temas, compuesto por una variedad de indicadores, dando igual peso a cada tema. La clasificación de todas las economías están referidas a junio de 2010. España es la 49. Hemos logrado que Botswana no nos adelante.

El Tren De La Nueva Economia

Nadie se libra del deterioro si no se pone las pilas. En concreto, en términos de posicionarse en la considerada “nueva economía”, es preciso mantener la actualización. Algo que a los EUA empieza a fallarle con respecto a sus capacitaciones en la red y la telefonía. La falta de presupuesto aplicado en derivados tecnológicos empieza a afectar a su ya perdido liderato. Ahora son otros como Suecia o Singapur que se ponen a la cabeza. Si vamos al detalle descubrimos que hace mucho que los americanos no lideran este elemento de la modernización de la economía. Ha sido el Foro Económico Mundial quien a través de su informe “disponibilidad de redes” que difunde la Escuela de negocios Insead ha puesto a cada uno en su sitio.

Nadie está vacunado contra la competitiva búsqueda de la excelencia en una economía global, tecnificada y drogodependiente de la sociedad del conocimiento. Cabe poner en duda que los que dirigen ese país tengan verdadero interés por lograr que el conocimiento y la inteligencia social se difunda con facilidad y libertad descontrolada por las redes, pero en todo caso lo que sabemos es que van perdiendo el tren del futuro mucho más rápido del que nadie se está dando cuenta.

En teoría, para no perder ese tren, Obama ha previsto gastar 16.000 millones de dólares en modernizar el sistema de Internet del país para que los estadounidenses se conecten a redes de banda ancha desde cualquier punto. AT&T ha dicho que los teléfonos inteligentes están saturando la red. Ahora la culpa será de Steve Jobs. Otros países, los considerados emergentes, recortan espacio en estos factores de un modo extremadamente rápido. China acepta la inversión privada cuando le conviene y la India realiza subastas del especto inalámbrico a toda velocidad.

¿Corre peligro el modelo de capital tecnológica para redes que ahora posee EUA? ¿Seguirá siendo Silicon Valley la capital de la gestión del conocimiento para redes del mundo? No lo sé, pero lo que si sé es que los inversores buscan los territorios que les facilita empezar negocios. También cabe aceptar que la modernización de las redes permite adaptar herramientas que ayuden a proveer mejores condiciones de vida.

Por cierto, España está en el 34, bajando del 24 que estuvo en 2005. Si queréis mejor ancho de banda que la que ofrecen las operadoras españolas capitaneadas por la “punible” Telefónica podéis ir a países como Bahrein, Estonia, Chipre o, incluso, Portugal.

TIEMPO DE REDES

Si, lo sé, el video es una maravilla. Es una metáfora de lo que os voy a hablar hoy. Continúo con mi voluntad de aportar valor diferencial a este blog. Vamos a darle una vuelta de tuerca al asunto y, sin olvidarnos del patronaje que viste este espacio digital en torno a la economía en todos sus vértices, hoy vamos a entrar en un nuevo planteamiento que seguro os va a interesar. Os cuento. Ayer en una mesa de debate junto a Albert László Barabási e Icaro Moyano pude hablar de redes sociales, crisis, innovación y propiedades emergentes. Moderados por la periodista Mara Torres, analizamos el concepto de “tiempos de economía en red”. Este evento era la segunda jornada del ciclo de debates organizados por el área de Debate y Conocimiento de Fundación Telefónica.