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Las pensiones del futuro dependen de la Transformación Digital de nuestra economía.

Las pensiones del futuro dependen de la Transformación Digital de nuestra economía.

El gobierno ya no tiene caja para pagar la cuota extra de las pensiones como adelantó. Ya lo dijo y el que avisa no es traidor. De hecho, la decadencia del poder adquisitivo de los pensionistas futuros es ya una previsión innegable. Se va a ir reduciendo como se establecieron y, por el contrario, no parece que se esté trabajando seriamente en la contraprestación de servicios públicos que puedan amortiguar esa situación.

¡Mira, un burro volando! La economía española y el debate pendiente.

¡Mira, un burro volando! La economía española y el debate pendiente.

El debate económico en España sigue instalado en la duda. En una especie de tránsito lisérgico dependiente de los golpes de guion vinculados al ‘procés’. La economía española sigue lejos de haberse recuperado a pesar de lo que digan algunas cifras que, retorcidas a gusto del emisor, pueden incluso llegar a parecer extraordinarias. Pero no lo eran, no lo son, y lo peor, no lo serán. No lo van a ser por dos razones complementarias. Por un lado porque no estamos haciendo nada realmente profundo que pueda considerarse efectivo en el cambio de ciclo económico y por otro lado porque tampoco se ha aprovechado esa teórica recuperación para iniciar un cambio de modelo de crecimiento que modificara la dependencia en sectores cíclicos.

El rescate bancario y el cambio de modelo de crecimiento pendiente.

El rescate bancario y el cambio de modelo de crecimiento pendiente.

Cuando en un gran premio de Formula 1 deja de llover los bólidos pasan por boxes y cambian los neumáticos. Lo hacen para no gastar la goma blanda prevista para suelo mojado. De ese modo logran no desgastarla y, a pesar de que inicialmente no se agarran tanto, a medida que pasa el tiempo, esas ruedas se convierten en la mejor opción. En la gestión de la economía pasa algo parecido. Si deja de llover, si la situación abandona la tempestad, es momento de cambiar la fijación que sustenta un modelo de crecimiento que se amparaba en el desgaste y la gestión de una hipotética liquidez perdida inicialmente.

Llamaron crisis a una deflación del capital. Ahora llaman recuperación a una deflación social.

Llamaron crisis a una deflación del capital. Ahora llaman recuperación a una deflación social.

En agosto de 2008 el mundo empezó a tambalearse. Alguien se dio cuenta de que en los paquetes financieros que se enviaban los agentes de cambio franceses y americanos había un componente que apestaba. En unas horas medio planeta sabía que la bola de estiércol que habíamos anunciado algunos años antes había empezado a rodar y se iba haciendo cada vez más grande. Se desconocía cual iba a ser su tamaño. Y así, creciendo una denominada crisis financiera, fue engordando y engordando. La esfera pasó de ser un asunto bancario a convertirse en el lodazal donde la economía ‘real’ ha estado embarrada todo este tiempo.

La urgencia de que un software se encargue de conformar gobierno.

La urgencia de que un software se encargue de conformar gobierno.

Al período anterior a la hipotética recuperación económica que vivimos se le llamó crisis y destacó, por encima de todo, por se la responsable de la destrucción de 3,8 millones de empleos. A partir de 2014, justo cuando se establece el punto de inflexión, según los expertos, se han creado 1,4 millones de puestos de trabajo. Del 26,9% de paro, que se dice rápido, hemos descendido a una tasa que ronda el 20% según la EPA. El ritmo no es malo, el modelo elegido sí.

El día después de que se agote el Fondo de Reserva. La oportunidad de cambiar un modelo ineficiente.

El día después de que se agote el Fondo de Reserva. La oportunidad de cambiar un modelo ineficiente.

Hace unos días advertí a quien ganara las elecciones, o a quien pudiera conformar gobierno, que tendría que llevar a cabo el segundo mayor recorte desde la crisis. Algunos de éstos ya han empezado aunque no tengan nada que ver con el grueso de lo que quise decir. Hace pocos días el gobierno en funciones, y previsiblemente el que renovará, recortaba una de esas partidas significativas en materia de economía del futuro, Mal inicio para el necesario modelo de modernización económico. La reducción de un 90% del capital previsto para ayudar a startups en España no es para nada un indicativo que pueda tranquilizar a quienes vemos en este tipo de empresas uno de los mecanismos a medio plazo para crear empleo de valor, innovación socioeconómica y un modelo de crecimiento distinto al que hemos tenido hasta ahora.

Se acerca el segundo mayor recorte desde la crisis. De eso deberían de hablar los re-candidatos del 26-J

Se acerca el segundo mayor recorte desde la crisis. De eso deberían de hablar los re-candidatos del 26-J

Una cosa está clara, gane quien gane las elecciones del próximo 26-J, en su primer mandato tendrá que poner en marcha un gigantesco plan de recortes. Así es. España deberá hacer la segunda mayor reducción de déficit desde que la crisis es crisis. Digan lo que digan, y lo digan los púrpuras, los naranjas, los rojos o los azules, la decisión es inapelable y está pasando sin pena ni gloria entre programas y propuestas. Ninguno lo explica claramente, al igual que no explican cómo piensan crear empleo cualificado en los próximos años por cierto. Ellos a lo suyo. La mercadotecnia política marca la semántica y elimina lo que ‘no toca’.

Por qué Irlanda sí puede decir ‘la crisis ya es historia’.

Cuando hablamos de que la tecnología y la economía que se le vincula pueden perfectamente entenderse como algo estructural y no un adorno, el caso de Irlanda es paradigmático. En apenas unos pocos años Irlanda ha pasado de ser uno de los ‘PIGS‘ a posicionarse como el modelo a seguir. Según la última publicación de la Oficina Central de Estadísticas de Irlanda, su PIB interanual creció un 7,7%, más o menos como China. Mientras unos, Francia o Italia, debaten sobre reformas que nunca se materializan y otros, España, da la brasa acerca de una hipotética salida de la crisis, aquí en Dublín los deberes se fueron haciendo y en la dirección correcta: potenciar el sector exterior, facilitar la vida a las empresas y estimular la tecnología a lo grande.
Y es que a Irlanda casi todo le sale bien. Sus exportaciones crecen casi al 8% cada trimestre y la política monetaria europea les favorece al ver como cae la rentabilidad de sus bonos, su principal debilidad, pues tienen la deuda pública por encima del 120% del PIB.

El trabajo del gobierno de Enda Kenny va dando sus frutos. Hablaron poco e hicieron mucho. No salían cada dos por tres en televisión, de hecho aún no lo hacen, para decir que ‘la crisis ya es historia’. De hecho la dos veces que he visto al Primer Ministro en directo ha sido durante dos entrevistas realizadas durante el noticiero diario y como si fuera un invitado cualquiera, esperando el paso de la publicidad. No salen mucho porque el coste ha sido alto y el desgaste para muchos tremendo. Saben que la gente lo pasó mal y lo sigue pasando mal a pesar de las cifras. Las reducciones tremendas de los salarios en el sector público, el descenso de los sueldos en el sector privado, una ingente inversión para renovar la industria y, sobre todo, el impulso de un tejido tecnológico que fue el motor de la economía irlandesa en la pasada década, han sido las claves del milagro.

Pero hay más. En el estudio que el The Irish Times publicó el pasado año sobre las principales 1000 empresas en Irlanda se confirmó lo que ya hace más de una década sucede. La presencia de empresas extranjeras y particularmente de empresas tecnológicas en los primeros lugares es formidable. Tras la primera, el gigante de materiales de construcción Celtic Resources Holdings, aparecen las delegaciones europeas de Google y Microsoft.

Lo que empezó siendo un modelo de ahorro tributario se ha convertido en un motor de crecimiento. La inversión exterior es clave para comprender el crecimiento económico que Irlanda experimentó en la primera década de este siglo y su brutal recuperación que se vive ahora con un crecimiento programado que superará el 6%. Hay que destacar que el 65 % de las empresas irlandesas experimentaron un crecimiento de su volumen de negocios en el ejercicio más reciente y que eso se trasladó al resto de pymes pues el 70 % de ellas también aumentaron su volumen de negocio. Especialmente los emprendedores tecnológicos están dando el empujón más efectivo.

Irlanda en muchos aspectos es un lugar muy atractivo para hacer negocios. Aunque algunos trámites se han complicado, ahora se exige la residencia legalizada del administrador de cualquier empresa, la revista ‘Forbes’ coloca a Irlanda como el mejor país del mundo para los negocios. Lo es en base a parámetros como el derecho a la propiedad, impuestos, tecnología, corrupción, libertad o burocracia. Puede que tema del Impuesto de Sociedades funcione como reclamo pero la verdad es que quien quiere instalarse en un país donde pagar menos impuestos puede ir a lugares mejores. Si no quieres impuestos deberías ir a Luxemburgo, Suiza, Holanda o Singapur, en Irlanda se pagan muchas otras cosas que amortiguan el tema. Un salario mínimo que dobla el de España, costes sociales elevados y tasas de todo tipo, encarecen la factura fiscal.

Además, en ese tema, es necesario diferenciar entre tipos nominales. Francia, con un tipo nominal para el impuesto de sociedades al 34%, el nivel efectivo es del 8%. En Irlanda, el tipo efectivo es del 11,8%, muy cercano al 12,5% nominal. Igual todo no es tan bonito como lo pintan los interesados en ‘señalar’ el tema del impuesto, y depende más de hacer las cosas como toca y dedicarse a robar menos.

Aparte del Impuesto de Sociedades bajo, la posición geográfica de esta isla y el idioma principal son los factores que convierten a Irlanda en el lugar más atractivo para un gran número de compañías norteamericanas interesadas en establecer sedes en la Unión Europea y, de rebote, un lugar ideal para instalar cualquier startup que desee dar el salto al mercado británico o americano.

La competencia laboral en Irlanda es muy alta. Esta gente es global y está muy bien formada. Les gusta vivir temporadas por el mundo. Les gusta mezclarse. Son cosmopolitas. El 17% de la población ha nacido fuera de la isla y se nota. Ahora bien, lo que realmente hace que este lugar vaya a toda máquina es el peso de sus exportaciones, y especialmente de tipo tecnológico. El sector exterior representa el 106% del PIB, frente al 30% que le supone a España por ejemplo. Irlanda es el segundo mayor exportador de software del mundo. Las exportaciones irlandesas superan a las de India y Suecia juntas, y son superiores a las de países como Australia, Brasil y Dinamarca.

Lo que realmente ha funcionado en Irlanda es su capacidad para convencer a otros a fin de que inviertan en su país. La agencia de desarrollo de negocio e inversión con oficinas en el centro de Dublín no está de adorno. Su estrategia nunca fue táctica y se dedicaron a localizar empresas en crecimiento que pudieran instalarse aquí y, casi, convertirlas en celtas. Así lo hicieron con Zynga, cuando apenas tenía una docena de empleados en Silicon Valley. Hoy tienen casi dos millares en Irlanda.

Aparte de los mejores tiradores de ‘pintas’ de Guiness del mundo, este pequeño país es la sede de nueve de las diez farmacéuticas más grandes del planeta, la de tres de las cinco principales empresas de juegos del mundo, y tienen los ‘headquarters’ europeos ocho de las diez principales tecnológicas que existen. Y, obviamente, que estén estas multinacionales deriva en empleo y riqueza. No es sólo dinero electrónico buscando atajos fiscales. Estas empresas tecnológicas internacionales generan la quinta parte del empleo y suponen tres cuartas partes de las exportaciones totales.

Las inversiones desde Estados Unidos en empresas locales es cinco veces mayor que el que se recibe desde Europa. Tener una startup en Irlanda es una ventaja si buscas inversión a pesar de que la competencia es mucho mayor.

Sin embargo no todo puede ser tan bueno y tan deprisa. Hay dos irlandas. La doméstica, con impuestos y tasas que la ahogan, y la de las empresas que va a toda leche. La demanda interior de los irlandeses sigue cayendo y parece que eso no va a cambiar de momento. Los servicios públicos dejan mucho que desear. La sanidad no cubre nada, los transportes son un verdadero desastre y caros, la cobertura social deficiente y muchos de los ‘derechos’ que se viven en España, aquí no son más que ‘servicios’ que, si pueden, te condonan y sino te los pagas.

Los que vivimos en Irlanda y nos dedicamos a vender al exterior vemos como las empresas nacionales no orientadas a exportar sufren todavía muchísimo. En cada reunión, foro o encuentro con emprendedores, empresarios, políticos o periodistas económicos, detecto el mismo problema. La quiebra entre los que se están adaptando bien a los cambios que la tecnología aporta y los que no lo están haciendo cada vez es mayor. Algo que recorre al mundo de punta a punta y que unos llevan ventaja para superarlo y otros ni siquiera se lo están cuestionando.

En todo caso Irlanda es un buen lugar para emprender proyectos tecnológicos, para aprender y para afrontar el mercado exterior especialmente el norteamericano. Si tienes una empresa que está estudiando nuevas expectativas ponte en contacto con nosotros aquí.

Otra punto de vista del crecimiento de Irlanda

Hoy participo en una charla sobre el estado económico de Irlanda en el DIT. El tema de debate radicará en un análisis sobre las cifras de crecimiento que sobre este pais se publicaron hace unos días. Existe una doble percepción acerca de lo que realmente supone tal repunte y si se debe exclusivamente a las empresas tecnológicas, a la exportación, al turismo o a una curiosa realidad derivada de la contabilidad fiscal. El gráfico que acompaña el post refleja la potencia de un sector exterior que es la envidia de muchos y en ese hay un peso gigantesco de alimentos y bebidas.
De hecho la duda que le quedan a muchos analistas como Cormac Lucey del Economic Outlook del Times es que la gente no percibe en su día a día ese crecimiento del 7,7 % del GDP o el 9% del GNP. En cualquier conversación la gente te compara esas cifras con su propia realidad, que para nada ha crecido ninguna de esas dos cifras, diciendo ‘if things are so good, how come I feel so bad?’.

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Esto nos suena guardando las diferencias, pero en España se habla de ‘recuperación’ de la economía (con el mercado inmobiliario asomando por el horizonte de nuevo) pero la realidad familiar sigue siendo dramática para millones de personas. La teoría de porque pasa esto en Irlanda es distinta a la de otros países. En el caso del ‘tigre celta’ puede estar detrás, también, de las empresas tecnológicas, su realidad extrema de un nuevo modelo económico sin fronteras y universal y su fiscalidad diferenciada con el resto de países de su entorno.

Tras unos días circulando la noticia del liderazgo irlandés en el crecimiento en Europa el descontento ha ido en aumento. No ha parecido sentar tan bien como preveían desde el gobierno, pero sin embargo la opinión general es que tarde o temprano, la bonanza se distribuirá entre todos.

Pero debemos ser más exactos y no lanzar datos tan positivos sin analizar la ‘cara b’ del asunto. Una de las razones del descontento social radica en que, a pesar de la estadística oficial, es que gran parte de esa fría mejora se ha producido a expensas del bienestar de las personas que se ha lanzado a trabajar por cuenta propia que aquí, como en España, te coloca directamente en una zona ‘pensionable’ de menor valor. La falta de empleo se ha traducido en una eclosión emprendedora que, a diferencia de España, aquí no se ve con tanta buena cara. Se considera que el ‘emprendedor’ no siempre lo es por gusto y a la aureola mágica del mismo se le pone una corona de espinas.

Pero la razón fundamental para que el crecimiento que las estadísticas reflejan no acabe de sentirse en el cuerpo social puede estar detrás, precisamente, del modelo tributario y de la tipología de empresas que lideran la productividad en Irlanda.

El ejemplo que pone Irwin Stelzer suele poner en este caso es sintomático. Si un microchip manufacturado por Intel en su planta irlandesa se vende por 100 euros, todo ese bruto va directo al Irish GDP a pesar de que 40 euros de esos pueden ser la parte del beneficio que reclamará la matriz de Intel, principalmente los accionistas en Estados Unidos. Pero, por el contrario, el producto nacional bruto utiliza el enfoque de propiedad cuando se trata de determinar una renta de país. Por ello ese ejemplo repercute en que sólo 60 euros de ese microchip serían atribuibles a los propietarios no nacionales o delegaciones como la irlandesa. Esto sucede con casi todas las tecnológicas en este país que tributan aquí pero derivan parte de ese beneficio a accionistas o equilibrar balanzas de las matrices.

Defiendo que la economía ha cambiado mucho básicamente porque el terreno de juego es otro. La tecnología digital lo ha permitido. Los que definen como ‘trampa’ el tributar en Irlanda, incluso a pesar de tener a miles de empleados aquí, se olvidan precisamente de que no estamos en un modelo del siglo pasado donde la tipología de empresa no permitía esa movilidad. Pero no todo es como lo pintan y la cara b muchas veces es tan importante como la principal pues sin una no hay la otra.

Una fiscalidad baja para las empresas estimula su creación, instalación y crecimiento. A la vez este tipo de ecosistema crece gracias a las empresas de rango tecnológico pues les es más fácil ‘desmantelar’ sus plantas en cualquier parte y trasladarse donde obtengan beneficios más altos por tributar más bajo.

Ese despliegue de empresas tecnológicas anima a otras a que vengan, el intercambio de conocimiento y talento se hace evidente en algunos lugares de este país de manera vibrante. Cada vez son más y mejores. Personas de todo el mundo que quieren trabajar en ‘las grandes’ se acercan aquí en busca de su contrato estrella. Y lo logran muchos. Otros, al calor de tanta tecnología, deciden probar su propio proyecto y lo hacen aquí por esa tributación baja, las ayudas al emprendimiento y la atmósfera propicia.

Pero tanta empresa de este perfil repercute en lo que comentaba al principio del post. Nada es bueno o mal, hay grises. Ya comenté el encarecimiento de todo, el alto rango de tasas e impuestos indirectos que pagamos lo ciudadanos de este país, pero hay otro elemento que no es equiparable a la realidad estadística de unas cifras, que siendo muy buenas, se dejan algún factor importante.

De ese crecimiento bruto hay un alto porcentaje que no se puede trasladar a la sociedad, no directamente puesto que pertenece a ese tipo de empresa que, si bien se beneficia de su ADN digital, también lo utiliza para trasladar sus ventas a su matriz.

No obstante, prefiero crecer al 7,7% y que una parte de ese valor tenga un origen en la industria que ‘eleva’ a sus empresas de Estados Unidos una parte importante de las mismas, a no crecer. Al fin y al cabo, si esas empresas ganan dinero seguirán invirtiendo aquí y contratando más y mejores empleados que cada vez tendrán mejores salarios y cada vez consumirán muchos más productos o servicios. Sin dejar de mirar los datos al detalle, sin permitir que los datos oficiales cieguen por lo brillantes, debemos también reconocer de donde salen y en que repercuten en su conjunto.

¿Por qué crece Irlanda al 7,7% y lidera Europa?

El pasado viernes supimos que la economía de Irlanda ha experimentado un crecimiento del 7,7% en el último año. Un crecimiento estimulado por la inversión y por las exportaciones. Tened en cuenta que este país exporta 118.100.000.000 de dólares anuales con una población que no llega a los cinco millones. Por comparar, España exporta apenas tres veces más y posee una población diez veces superior.
Tengo claro que las cifras de crecimiento tan abultadas suelen ser habituales después de una recesión. Es pura comparación con periodos inmediatamente anteriores, pero es destacable no obstante, que estén en eso que llaman ‘la salida de la crisis’. Importante sería atender si esto es ‘la salida’ de algo o sencillamente el asentamiento de un modelo económico, una apuesta tributaria y una gestión adecuada de la tecnología.

Este punto, el de los impuestos, que suele ser motivo de críticas muchas veces sin gran conocimiento del hecho concreto, debe también analizarse dentro del concepto de la Nueva Economía. Se quiere prohibir la práctica de las empresas digitales que minimizan sus facturas en países donde la tributación es alta y la amplian donde eso no es así como el caso de Irlanda. La verdad es que la naturaleza del producto que venden estas empresas no deja de ser la materia prima de nuestro tiempo, datos, bits y activos digitales. Algo que se puede ‘producir’ en cualquier lugar y venderlo por el mundo. La decisión de vender algo ‘no físico’ desde Irlanda, con miles de trabajadores en tus oficinas, y tributarlo ahí parece hasta lógico. En lugar de pelear contra lo irremediable, como pasa con otros asuntos que caracterizan nuestro tiempo, tal vez tocaría adecuar las ancianas leyes fiscales que rigen el mundo como si fuera todavía el de la Revolución Industrial. Como todo en esta vida, la adaptación a los tiempos de algunos les proporciona ventajas.

Guste más o menos esto permite que se respire otro oxígeno. Mientras los países que hablan de recuperación, como España, lo suelen hacer amparándose en los modelos de siempre, aquí las noticias son que ‘Airbnb ofrece 500 puestos de trabajo que piensa ubicar en las antiguas oficinas de Facebook, la cual se ha ido al lado de Google para poder albergar a nuevos cientos de nuevos empleados. La diferencia es notable.

Volviendo al crecimiento. Mi impresión es que el ‘tigre celta’ se acomodará en un crecimiento medianamente largo de un 3%, o un poquito más, durante la próxima década. La garantía de que el gobierno de Dublín no piensa interferir en esta súbita ‘recuperación’ estaría detrás de la fiabilidad del momento. Veremos. Los que vivimos y trabajamos aquí sabemos que un impuesto de sociedades más bajo estimula la inversión, favorece que exportes más y te permite contratar más gente. No tocarlo sería la idea. De hecho siguen con su planteamiento de, cuanto menos impuestos, mayor beneficio. Lo hicieron con el turismo hace un año, donde la reducción de tasas que gravan las diferentes actividades del sector como aeropuertos, hoteles, restaurantes, dispararon su crecimiento.

La recaudación fiscal sigue aumentando a pesar de ese bloqueo fiscal. Esa es la clave. La guerra por mantener una presión fiscal baja a las empresas está proporcionando una capacidad de crecimiento a las mismas muy importante. Sin embargo que nadie se lleve a engaño. Si quieres tributar desde aquí, deberás estar aquí. El resto de opciones no son compatibles con la legalidad o por lo menos con la legalidad inminente. Google, Apple, Ebay, Amazon y decenas de grandes compañías tecnológicas no tienen aquí un P.O.Box como parecería según lo que se lee por ahí. Aquí decenas de miles de trabajadores de esas empresas currando, gastando y viviendo. Cuando fabricas algo desde algún lugar determinado es normal que lo cobres y lo tributes allí.

Cuando el gobierno irlandés hizo una apuesta por la reducción del impuesto que consideraron más tóxico para el crecimiento nadie les dijo nada. A sabiendas que sería muy duro, de golpe, reducir los ingresos y que eso generaría una situación muy difícil para la economía del estado. Fueron años duros, tardaron mucho en llegar a una especie de ‘break even’ que les proporcionara tranquilidad. Pero pasó. Años después, con esa reducción de la tributación corporativa muchas empresas decidieron instalarse aquí. Primero, y hay que aceptarlo, fue por lo atractivo de pagar menos. Segundo, y esa es la razón por la cual vienen ahora más que antes, por el ecosistema tecnológico, las oportunidades ofrecidas y la cercanía logística y efectiva con los Estados Unidos y con el Reino Unido.

Sin embargo las cosas no son tan fáciles como parecen o tan bonitas como las pintan. Los impuestos que afectan a las familias son altos. No por el IRPF de aquí, sino por el conjunto de tasas y pagos secundarios que afectan a todos los aspectos del día a día. Son infinitos. El coste de la vida en Irlanda es mucho más alto de lo que a priori podría parecer y lo evidencia un salario mínimo que supera los 1.600 Euros al mes. La obligación de contratar irlandeses en tu empresa y de pagarles ese mínimo cierra el círculo de un momento económico en esta isla que no se puede mirar desde el puro titular sobre un hipotético crecimiento generalizado. No todo va tan bien como indica el titular, pero está claro que han empezado antes que otros a enfocar el futuro.

Pero hay dos irlandas. La tecnológica e industrial y la rural que a veces se mezcla con la turística. Están tremendamente diferenciadas. Las dos son atractivas y las dos saben como sacar partido a todo. La primera es evidente que afecta a un modelo económico nuevo que va llegando y el segundo se adapta. El crecimiento de este país no se entendería sin la potencia de su turismo tampoco. La verdad es que vale la pena perderse por aquí.

La semana pasada estuve en una reunión en la sede del Ministerio de Finanzas, varios emprendedores locales y extranjeros, inversores o gestores de fondos, fuimos invitados por mediación del Ulster Bank para explicarnos que la Administración estudia ahora en qué invertir una recaudación fiscal más elevada de la prevista. Las diferencias de método y de planteamientos son interesantes cuando comparas con lo conocido.

Nos dijeron que un año después de haber terminado los tres de supervisión del programa de ajuste de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional podían empezar a gastar en lo que consideraran oportuno y que a todas luces sería en más empresa, más tecnología y más turismo.

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Pero hay siempre un ‘pero’. Irlanda todavía tiene enormes deudas tras el rescate de su sector bancario, y miles de familias permanecen con el patrimonio neto negativo a pesar de un resurgimiento en los precios de las casas. Es peligroso ver como el precio en Dublín ya ha aumentado un 23% en el último año.

Si buscas piso por aquí lo tienes crudo. Hay poco disponible y lo que hay está alejado de todo o es tremendamente caro. Vivir en mini apartamentos de 18 m2 por 1200 euros al mes empieza a ser normal. A eso súmale un coste elevado de una imprescindible calefacción durante nueve meses al año, una electricidad carísima o el agua gravada por mil factores. Aquí el riesgo es ese. El boom inmobiliario y todos sus derivados. Si no planifican adecuadamente se reproducirá. El ‘corporate tax’ será bajo, pero el resto de tasas, recargos, reducción de servicios e impuestos casi lo equilibra.

Es más, el ministro Noonan ha asegurado que todavía planea imponer más medidas de austeridad para no disparar los precios. Amenaza con un nuevo impuesto al agua que se implementará en el país este mes y así reducir el déficit de 2015 por debajo del límite de 3% del PIB.

¿Que pueden aprender otros países que todavía están pendientes de ‘salir’ de la crisis? A desarrollar una política impositiva que sea capaz de impulsar al motor de la economía, la empresa privada, a invertir más y a crear más puestos de trabajo. A impulsar una reducción de esas cargas fiscales que ahogan a tantos emprendedores y que no llevan a más que al circuito cerrado de la imposibilidad de generar riqueza. A generar una política de eliminación de trámites, requisitos y trampas a quienes si quieren montar su empresa.

En Irlanda tardas minutos en tener lista tu compañía. Durante la primera etapa desde la fundación se te exoneran un buen número de tributos para que puedas dedicarte a hacerla crecer. Nadie te pide nada al empezar, solo que trabajes. En España, por ejemplo, con varios millones de parados siguen exigiendo pagos imposibles al que empieza, esperas tóxicas para poder ejecutar tu proyecto e impuestos adelantados cuando apenas has cobrado tu primera factura. No es que aquí sean mejores, pero cuidan, con cuidado, el motor de unas sociedad desde el punto de vista económico. Tal vez por eso cada vez que el mundo entra en recesión, ellos salen los primeros.

Aprovechar el momento económico

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Sabemos de países que crecen por encima del cuatro por ciento y la miseria campa por las esquinas. Salir de la recesión no es más que un derivado aritmético que en estos tiempos precisa de otras variables para poder decir que “vamos bien”. Es cierto que España saldrá de “la crisis” en un par de años largos, es cierto que en términos comparativos podremos interpretar que las cosas subirán y bajarán según la estación del año pero que, de algún modo mágico, los datos macro irán ofreciendo tendencias positivas.

A fecha de hoy ya se pueden identificar algunos puntos a favor del final de un túnel que unos llaman crisis con cambios importantes y otros llamamos cambio de época a través de una crisis como detonante. Da igual, lo importante es que el momento es histórico y como tal debe vivirse, verse y trabajarse.

Salir de la recesión, la consolidación fiscal, la corrección en el sector exterior con una balanza comercial más equilibrada, la inversión extranjera en aumento, un turismo batiendo todas sus marcas de ingresos, una industria del automóvil tomando impulso como en épocas lejanas, sorprendentemente un aumento de la confianza de los consumidores, recuperación del índice de producción industrial, el Ibex liderando las bolsas europeas, el coste por endeudamiento público mucho más bajo y en definitiva una serie de factores que hacen pensar que estamos en la antesala de otra oportunidad de subirnos a algún tren.

Hay riesgos importantes como que la inflación anual estimada del IPC en octubre de 2013 es del –0,1%, de acuerdo con el indicador adelantado elaborado por el INE. Este indicador proporciona un avance del IPC que, en caso de confirmarse, supondría una disminución de cuatro décimas en su tasa anual, ya que en el mes de septiembre esta variación fue del 0,3% y, técnicamente estaríamos entrando en deflación. Mal asunto pues demuestra que tal vez, esos datos del consumo son derivados de una campaña turística buena y no de un modelo sostenido. Parecido a los datos fraudulentos que nos exponen sobre el paro cada cierto tiempo. ¿Entramos en deflación?

Por desgracia los que dicen ser responsables de dichas mejoras seguramente les ha pillado por sorpresa y aseguran que, con paciencia, todo llega. La ley universal del péndulo económico juega a favor de quienes recogen un mal escenario y son capaces de aguantar con su cara de tabique. Al final todo pasa. Sin embargo ahora no es como otras veces. Esto no es una crisis y difiere mucho de que se pueda aprovechar el momento como cuando se sale de una. Esto tiene que ver con la sistemática mejora de un modelo socioeconómico al que nos podemos apuntar o no.

España está de oferta y ofrece gangas para la inversión foránea. Eso permite que llegue inversión pero en términos generales no arriesga pues la imagen exterior es muy nefasta. Una clase política que hace mucho daño a como se nos ve. Se han hecho estragos y todavía son muchos los indicadores que utiliza el inversor profesional los que dan datos de pura pena.

Si los que deben generar cambios, estimular mejoras y situar en el centro de la competencia todo nuestro modelo económico siguen más preocupados en que no se detecte su ineficiencia y su mediocridad, no lograremos nada. El último informe Doing Business que elabora el Banco Mundial y que clasifica a 189 países por sus ventajas para la actividad empresarial lo certifica: la posición española baja de la plaza 44ª de 2012 al 52ª, ocho puestos de golpe, lo que supone la posición más baja desde 2006, el primer listado y el descenso más brusco en un año.

Esto es básicamente por que la tomadura de pelo es consustancial al hecho político en España desde tiempos de la creación. No creo que exista ningún político, banquero o miembro de la aristocracia social que no incluya en cada dos frases la palabra emprendedor. Emprender, emprender, emprender, esa es el verbo mágico si quieres quedar ‘cool’. Tan pronto te monto una ley como que te organizo un evento repleto de aspirantes. Pero la verdad es la que es. Montar un negocio en España es un drama por las dificultades para abrir, por la complejidad para vender y por los altos costes que tiene financiarlo.

Pese a los reiterados anuncios de reformas para facilitar la creación de empresas, España sigue siendo uno de los países del mundo en que resulta más difícil poner en marcha un negocio. En concreto, España ocupa el puesto 136º de los 185 países examinados en ese mismo informe Doing Business 2013 en cuanto a la facilidad de crear una empresa. A pesar de que ha mejorado todavía hacen falta 10 trámites y 28 días, un coste equivalente al 4,7% de la renta por habitante y un capital mínimo que representa un 13,2% de esa renta por habitante. Absurdo. Se podrían hacer tantas cosas.

Hoy se publica una entrevista que me hicieron en La Vanguardia y que en una de sus partes explica como interpreto el momento económico. Considero que este momento de relevancia y de posible apunte hacia un nuevo destino depende de que se entienda el verdadero punto de partida.

-A la hora de valorar las cifras de paro que tiene España, ¿es de los que busca culpables en los gobiernos e instituciones o prefiere hacer autocrítica de nuestra actitud individual como sociedad?
-Tengo una percepción personal de que nosotros no estamos viviendo ninguna crisis concreta y de que estos datos pueden ser las características de algo que se traduce como crisis, pero que es algo muy intenso, como una revolución en todos los términos: sociedad, economía, relaciones humanas y relaciones con la tecnología.

-¿Me quiere hacer ver que no estamos pasando por ninguna crisis financiera o económica?
-Cuando en esa época entró una máquina de vapor a una fábrica de 400 trabajadores para que la llevaran sólo dos, había 398 personas que creían que estaban en una crisis absoluta y no sabían qué hacer. La sociedad aprendió a colocar estas personas en diferentes sectores. Nosotros estamos aprendiendo a modificar nuestros ritmos vitales, económicos, sociales, políticos para que la gente se incorpore en esta revolución tan absoluta. Las culpas están repartidas en diferentes medidas y estamentos. Está claro que hay gobiernos que han hecho menos que otros, hay sociedades que abusaron del crédito y de la especulación absoluta, o que España no aprovechó las bonanzas para impulsar un cambio de modelo de crecimiento. Aún así, la respuesta al momento actual no está en recuperar nada, ni en hablar de crisis, sino en intervenir teniendo en cuenta que estamos viviendo una revolución en todos los sentidos.

-Usted fue de los primeros en vaticinar esta situación en su blog personal. ¿Cree que ahora podría decirme cuánto nos queda para salir de este pozo?
-Deduje, más que vaticinar. Y lo que dije es que se desencadenaría, como así ha sido, un proceso económico que tendría un final infeliz. Lo que no tenía claro es que se produciría por lo que yo intento defender, algo que tiene que ver con una cosa más sistémica vinculada a diferentes aspectos, especialmente el de la tecnología, que está cambiando todos los ámbitos que van desde la transmisión de conocimiento a la distribución del trabajo. A mí me gustaría decir que el cambio es inminente, pero no es así. Nos queda un periodo largo de estancamiento económico y social que podría alargarse durante 4 o 5 años más. Las comparativas, que es lo que se va a poner de moda a partir de ahora, nos dirán que empezaremos a tener buenas noticias y esto es bueno que se vaya incorporando en nuestro lenguaje porque la percepción social ayuda a que las cosas mejoren más rápido.

Inminente final de época

Que los seres humanos utilizamos un porcentaje muy bajo de la capacidad de nuestro cerebro es una teoría científica que goza de un enorme consenso. La verdad es que cuando analizamos el barrizal en el que nos han conducido banqueros, hipotecófagos, pisitofilos y políticos no queda otra. Tómenlo como quieran pero estoy convencido que una buena parte de esa tontuna general en la que hemos vivido en los últimos años no es más que la evidencia de ese defecto de fábrica.
Estamos rodeados de inservibles. Pobres personas capaces de vender a su madre por un escaño por falta de ímpetu en hacer algo de provecho. Estar en una lista una vez te ayuda a verte distinto al resto, te da tranquilidad, chapa y acceso libre al puente aéreo. Dos legislaturas ya te elevan del suelo, sientes que el menú debe costar la mitad que al resto de los mortales y que todos deben genuflexionarse a tu paso. Tres legislaturas ya te acercan a la aurora boreal. En casos crónicos como los de cuatro o cinco legislaturas, la total lejanía a las críticas y enfado social es evidente. La empatía desaparece y se convierte en una especie de indignación aristocrática similar a la que algún futbolista que llora por no recibir aplausos fogosos los todos los domingos. Que gravedad.

No son todos, pero son muchos. Se sorprenden de que la gente salga a la calle, que se atreven a retorcerse de indignación por lo que consideran un allanamiento a su intocable estatus de personas ilustres. Algunos llevan tanto tiempo retozando en lo público que no tienen ni idea de lo que está pasando ahí fuera. No voy a entrar en las razones, las he descrito durante años, ni la dirección que tomará todo, ya lo dije también y además no es interesante esperar que otros determinen, pero lo que si voy a señalar un aspecto que si me parece importante.

Ya poco importa si unos son violentos (intolerable) o si la policia ha tomado una actitud chulesca y agresiva (intolerable), lo que realmente es determinante es que ya no hay vuelta atrás. El modelo ha cambiado, o mejor dicho, está cambiando. Esto son los efectos residuales del gran cataclismo. Esto son fuegos artificiales de un nuevo escenario. No ha hecho más que empezar, todo lo que se avecina es hierro y en barra.

La metáfora con la que suelo explicar lo que ha pasado y estamos viviendo la refiero a un volcán. Imaginemos un cráter calentando motores, apenas quedan días para la enorme explosión que nos espera. Normalmente esa erupción no suele venir acompañada de grandes indicios pero si de algún pequeño terremoto que indica que algo va a pasar. De repente, como de improviso, una lengua de fuego y lava es expulsada con una enorme fuerza hacia el exterior sin miramientos. Así fue el principio de la crisis. Así lo hemos vivido: una tremenda explosión de luz y fuego que apenas pudimos interpretar previamente. Sin embargo luego viene lo importante. La masa que proviene del interior de esa montaña viva se esparce por todas partes, se desplaza y procura un cambio en la fisonomía de toda la ladera. Podemos compararlo con el tiempo actual.

La crisis ya pasó, hace mucho, nada de lo que cegó nuestros ojos era importante si lo cotejamos con lo que supone un cambio de sistema. A medida que el magma se solidifique y termine por conformar una nueva superficie debemos saber como gestionar este cambio gigantesco. La crisis se fue pero ahora toca entender como queda todo, cual será el nuevo modelo económico, social, cultural y de participación política. Este nuevo paisaje se basará en una sociedad hiperconectada donde las relaciones ya no son son lineales sino transversales y donde la suma de las individualidades dentro del colectivo conformarán como una especie de gran cerebro digital.

La nueva economía implica una serie de cambios disruptivos a todos los niveles. Desde cambios en la cadena de valor, ya que las ideas son las que tienen importancia y no el soporte como en muchos de los modelos tradicionales, hasta cambios en los procesos y en la gestión de las organizaciones. Aceptar que este nuevo modelo implica nuevas condiciones y sólo aquellos capaces de inventarse un nuevo entorno laboral vinculado al nuevo modelo, te acerca al éxito.

Tenemos un problema, uno más. En concreto la falta de políticas dirigidas a la innovación empresarial y al estímulo que en al cambio de modelo de crecimiento eso supondría. Ninguna empresa española aparece entre las 100 más innovadoras del mundo, según Thombosn Reuters por ejemplo.

Y si queremos acpetar que el fin de una etapa está próximo y que ese nuevo punto es mejor, mucho más eficiente y vinculado a la modernidad, la innovación debe ser omnipresente. Este nuevo modelo, esta nueva etapa, implica apostar por la innovación, siendo ambiciosos y pensando en global (tanto para ofrecer el producto a cualquier pais del mundo como para ser capaces de conceptualizar un producto global para ofrecerlo a nivel local),  siendo capaces de trabajar en equipos y en organizaciones complejas, dinámicas, atemporales y aterritoriales y entender la empresa como un gran ser vivo. Todo es una cuestión de actitud, tenemos que estar en “beta” constante para afrontar los nuevos tiempos y no tener miedo al cambio y al fracaso.

En España en concreto el tiempo se detuvo hace años. El PIB per cápita en 2012 de los españoles se situaron en el mismo nivel que en 2004. Es como si el reloj se hubiera detenido, o peor aún, como si trabajara marcha atrás. La economía española parece una goma de la que se ha estirado demasiado y, una vez llegó al máximo de elasticidad, no ha hecho más que recular. Ahora sabemos que, tras este tránsito complejo por una hipotética crisis que nos llegó de “improviso” y que era “mundial” el destino no es mejor que el punto de partida.

Muchos siguen lejos de la realidad, continúan asegurando que “la crisis pasará” ignorando lo sustancial de estos tiempos que nos toca vivir. El festival especulativo y ridículo que se vivió durante años, sin apoyar la iniciativa emprendedora de alto valor, sin estimular el cambio del modelo de crecimiento hacía el conocimiento y la dinamización de la producción industrial para hacerla competitiva, nos ha llevado a la casilla de salida, como si la historia quisiera darnos otra oportunidad.

Esperar que un político u otro ponga en marcha políticas de generación de empleo o de innovación es un error que debería de estar penalizado. Recuerdo que a mis alumnos les digo que “inventen su puesto laboral”, que no lo esperen, en el futuro inmediato, el nuevo paradigma creará pocos de los tradicionales. La oportunidad está en la creatividad y en la capacidad de pensar todos en común adaptando las ganas de impulsar negocios a los deseos de estimular la sociedad, una nueva sociedad mucho mejor que la actual, mucho más independiente y con mayor voz a pesar de los esfuerzos contrarios. Si deja de soplar el viento, ¡rema!

Invertir en la Era Cero

Vivimos tiempos de incertidumbre. Que hacer con el dinero y como abordar su protección no es sencillo cuando los que hasta la fecha debían dedicarse a eso se han convertido en una amalgama imperfecta de frases incoherentes y muchas veces paradójicas. Ni banqueros, políticos, periodistas o catedráticos han sido capaces de dar alternativa fiable al riesgo actual. Vamos a intentar abordarlo. En mi opinión, lo de sacar el dinero de España no tiene sentido si no es de un modo estratégico y global. Es más seguro en algunos casos inverir en deuda alemana desde un banco español que lo contrario, es decir, invertir en un fondo francés o alemán que en realidad esté compuesto por deuda griega, portuguesa o española. Hay un futuro financiero complementario con el futuro emprendedor, tener datos y conocimiento sobre ambos es fundamental en tiempos de redes, nueva economía y tormentas.
Los futuros historiadores quizá utilizarán la expresión “Era del Cero” para referirse al presente periodo, comenzado con el colapso de los bancos irlandeses, antes de que la crisis financiera se ramificara en las múltiples facetas que exhibe actualmente. Gracias a la errada respuesta de nuestros llamados líderes, que en esencia han socializado las enormes pérdidas de los bancos, esta generación y la próxima se enfrentan a la tarea hercúlea de pagar las gigantescas deudas bancarias asumidas por los gobiernos soberanos. La crisis económica permanente es ahora la nueva normalidad, el resultado de estas políticas económicas mal concebidas que han dado lugar a un sector público hinchado, necesitado de impuestos crecientes a extraer de un sector privado exhausto y menguante.

La Era del Cero plantea un panorama muy complicado a aquellos afortunados con ahorros disponibles para invertir. Así, la Era del Cero se caracteriza por unos muy bajos tipos de interés oficiales, mantenidos artificialmente en esto niveles en un vano intento de estimular la economía. En consecuencia, los bonos de alta calidad ofrecen rendimientos próximos o incluso inferiores a cero. Para completar el cuadro, los crecimientos económicos están estancados en niveles próximos o inferiores a cero, mientras las tasas impositivas sobre el consumo, ahorro y trabajo se acercan a niveles confiscatorios. Sólo en el caso improbable de que comenzaran a aplicarse reformas radicales en pro del crecimiento, esto es, bajada de impuestos acompañada por reducción drástica del gasto público, podríamos imaginar un escenario que nos permita volver a la senda del crecimiento y la prosperidad.

Para invertir con éxito en la Era del Cero, los inversores deben cambiar el chip y modificar su perspectiva respecto a cuestiones que daban por supuestas en la previa Era de Prosperidad. En primer lugar, los inversores deben recordar en todo momento el adagio del sabio americano Will Rodgers, “Estoy más preocupado con el retorno de mi capital que con los retornos sobre mi capital” (I am more concerned about the return of my capital than the return on my capital). Las escandalosas ventas masivas de acciones preferentes a pequeños inversores no profesionales debería demostrar de forma definitiva que los inversores no pueden depender del consejo que le ofrecen sus bancos. Invertir en la Era del Cero requiere asesoramiento independiente, libre de los conflictos de interés típicos de las entidades bancarias.

En segundo lugar, como la Era del Cero se caracteriza por tipos de interés muy bajos y crecimientos económicos próximos asimismo a cero, es necesario reducir al mínimo los costes de inversión a fin de conseguir beneficios reales a lo largo del tiempo. Por ejemplo, si los bonos de alta calidad rinden únicamente un 2 ó 3% anual, es absurdo invertir en renta fija mediante fondos de inversión, cuyos gastos anuales de gestión ascienden normalmente al 1,5% o superior. De forma similar, unos gastos de gestión superiores al 2% en fondos de renta variable son simplemente excesivos, ya que irremediablemente absorberán a lo largo del tiempo las ganancias previstas en unos mercados bursátiles lastrados por la ausencia de crecimiento económico.

Defiendo tradicionalmente el uso de ETFs de bajo coste (Exchange Traded Funds) en lugar de fondos de inversión al uso, precisamente por este motivo. Sin embargo, los ETFs no proporcionan a los bancos el caudal anual de ingresos que sí les ofrecen los fondos de inversión, por lo que los bancos rara vez los recomiendan a sus clientes. Esto es así especialmente en este momento, con lo bancos bajo presión creciente para aumentar sus ingresos por comisiones a fin de paliar siquiera en parte sus muy deficientes cuentas de resultados.

Finalmente, en la Era del Cero no podemos esperar que la marea de crecimiento económico y altos tipos de interés asegure las ganancias de aquellos inversores pacientes que simplemente mantengan una cartera de valores bursátiles o fondos de renta fija. Para los inversores en renta variable, la ausencia de crecimiento económico hace probable que el precio de muchas acciones sea aproximadamente el mismo ahora que dentro de diez años. Para los inversores en fondos de renta fija, es probable que sus ganancias después de descontar las comisiones sean nulas mientras se mantengan los bajos tipos de interés actuales. Para invertir con éxito en la Era del Cero, los inversores deberán mantener sus ahorros en activos muy diferentes a aquellos que les proporcionaron buenas ganancias en la Era de Prosperidad que hemos dejado atrás, esto es, activos inmobiliarios, acciones y bonos en general.

Con este panorama, ¿a quién puede recurrir un inversor? Como los bancos centrales continúan su política de flexibilización cuantitativa, esto, imprimir más y más dinero para estimular unas economías moribundas, es probable que finalmente se produzca un aumento de la inflación. Éste ha sido el resultado de esta política a lo largo de la historia siempre que las autoridades monetarias han bastardeado las divisas a base de crear nuevas masas de dinero a una velocidad muy superior al crecimiento de la economía real subyacente. Estoy convencido de que los clientes deben mantener al menos parte de sus ahorros en ETFs de bonos con intereses ligados a la tasa de inflación, así como en oro, a fin de proteger sus ahorros si, como sospechamos, el fin de la Era del Cero se produce a través de un repunte sostenido de la inflación. Asimismo, en un mundo de crecimiento cero, los inversores no profesionales deben invertir en acciones sólo con el objetivo de obtener dividendos. El reciente fiasco de la salida a bolsa de Facebook pone de manifiesto una vez más que las acciones que no se sustentan en un dividendo seguro son muy arriesgadas, y experimentan fuertes bajadas si el mercado bursátil se posiciona en su contra.

En próximos artículos examinaremos otras estrategias e instrumentos que los inversores pueden aplicar para invertir con éxito durante la Era del Cero y construir así una reserva de ahorros con la que complementar las pensiones estatales, para las que sólo puede augurarse un futuro menguante.

¿Cómo afecta un rescate?

Acabo de aterrizar en el nuevo mundo. Estaré unos días trabajando con mi equipo en las sedes de Bogotá, Lima, Caracas, Miami y Boston. Nada más llegar cené con dos periodistas con los que tenía pendiente otra entrevista. Les preocupa no entender la situación de España en concreto y del continente en general. Por cosas de la vida, como consultor del BCIE he tenido que explicar lo mismo varias veces a mandatarios centroamericanos y también se hace complicado. Ellos que crecen en tasas que rozan las dos cifras tienen crisis sistémicas y de alto calado social cada diez o quince años. De hecho la mayoría disfrutan de la bonanza con el ojo puesto en el retrovisor que relata pobreza y miseria. No entienden de “crisis” subsidiada. Cuando ellos entran en crisis la gente se muere de hambre.
Hace dos meses que estamos trabajando en Bruselas en un anteproyecto cuyas bases estamos diseñando desde IDODI enmarcado en el famoso Seventh Framework Programme Europeo. Es gracias a ese contacto directo con alguno de los actores principales de la economía europea que he podido entender que la intervención de las finanzas españolas ya es un hecho desde hace un año, que el rescate se contempla como inevitable y que la subida del IVA por encima del 20% no será antes del verano pero si se planteará si los ingresos no aumentan por la “amnistía” o los gastos no se logran reducir por la vía imperativa. De hecho un buen amigo francés que ahora ocupa un alto cargo en la administración europea me confesó que Grecia, Portugal y España se devaluarían en valor nominal por la vía del IVA hasta límites que no podemos ni imaginar. Eso en semántica banquera viene a ser un 21% para España, e incluso más.

La gente se pregunta que quiere decir que nos rescatan. Incluso hay quien asegura que eso no va con ellos, que es un tema de macroeconomía, de políticos y economistas, que a las personas de bien eso no les afecta demasiado, que al final todo es una subidita de impuestos y algo menos de “cosas que te da el gobierno”. Pues ni el gobierno “te da nada”, ni las personas “normales” están exentas de notar en su estómago la patada del rescate, ni es un tema exclusivo de altos mandatarios. Un rescate e intervención no es nada parecido a lo que se siente cuando te sacan del mar en un bote salvavidas. La verdad es que a veces piensas que ya estabas bien ahogándote en el agua tan a gusto y “a tu bola”.

  1. Un rescate no es más que un crédito enorme que nos dejarán la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. Con esa pasta se saldan las deudas del estado en default y justo a la mañana siguiente tienes la visita de la “troika”, es decir, unos comisarios de muy mala cara y de muy mal negociar.
  2. A partir de ahí los sucesos se precipitarán y nadie puede asegurar que serán la solución milagrosa pues no lo están siendo en ningún sitio donde se han instalado, sólo sabemos la que lían.
  3. Tomarán el poder un grupo de consultores y altos cargos de la UE, el FMI y el BCE. Su función será la de auditar todas las decisiones de tipo económico y presupuestario del ejecutivo de Rajoy y de sus derivados (como ellos lo denominan) autonómicos y jurisdiccionales.
  4. Para España tocarán equipos multidisciplinares con al menos un centenar de comisarios. A partir de ese momento España quedará oficialmente intervenida (le llamarán de otro modo como “asesoría de ajuste” o “grupo de apoyo presupuestario”) y entonces deberá corregir la situación a través de medidas “aconsejadas” por la “troika”.
  5. De no hacerlo no recibiremos el dinero que debe salvar todo el sistema financiero y el sistema económico por enlace. Recordemos que el Estado ha servido en bandeja toda su capacidad de endeudamiento y recursos a los bancos y cajas que estaban yertas en sus propios balances permitiendo que falsearan sus cuentas a cambio de “saltar al vacío” esperando que el paracaídas se abra.
  6. Como el triplete fantástico no se suele fiar de los países que rescata la pasta no la suelta de una vez  sino que la va aflojando a medida que se van cumpliendo su “consejos”. Las medidas irán en la línea griega en cuanto a la reducción de funcionarios, salarios de la administración, peso de las autonomías, fusiones de municipios, subida de impuestos como el IVA, retoques en la reforma laboral y alguna cosilla más. Me pregunto como se lo tomarán los sindicatos.
  7. Por desgracia es casi inevitable que pase. El volumen del engaño en España en cuanto al balance del sistema financiero es comparable a las mentiras que Goldman Sachs inventó para que las cuentas de Grecia fueran adecuadas en el momento de integrarse a la Unión Monetaria.
  8. La banca española vale más por sus cuentas tóxicas que por las reales. Casi 200.000 millones de euros en hipotecas no serán devueltos a los bancos, lo que pone en fallida todo el sistema. Eso se deberá sumar a que la banca no ha dejado caer el precio todavía de la vivienda, algo que seguirá friccionando y, al final, resultando una evidencia solemne: el patrimonio con el que los bancos autorizan balances positivos son una quimera.
  9. Europa lo sabe. Si cae Portugal, que caerá pues se le pide que resuelva elementos estructurales de su economía en meses cuando eso no lo lograría ni un país escandinavo en años, cae España.
  10. El grado de exposición de la banca española al déficit portugués se dice que puede estar cercano a los 100.000 millones por derivados de segundo orden y no los 78.000 como hasta ahora se consideraba. Además, el crecimiento de la economía española vuelve a ser negativo.
  11. En Europa se contemplan cifras muy contundentes y en negativo para este trimestre pasado que no dejarían muchas opciones a la hipotética recuperación a medio plazo que pudiera retrasar el rescate.
  12. La austeridad en inversión y la necesidad de más dinero en la banca (y no para fluir crédito) seguirán reduciendo el radio del círculo vicioso en el que hemos caído irremediablemente. Finalmente se dice en Europa que el rescate de España es inevitable porque no lograremos equilibrar el déficit, porque el paro no dejará de aumentar y porque el talento huye de España ante la imposibilidad de prosperar.
  13. La nombrada “prima de riesgo” aumentará por una lógica cruel del mercado: es un “riesgo apostar a este caballo mal herido”. En definitiva, menos dinero, más recaudación hasta la extenuación, liquidación de servicios, reducción de peso funcionarial y alejamiento del crecimiento y del cambio del modelo de crecimiento.

Y a todo esto, recortamos 2.200 millones de euros en los presupuestos para I+D+i y nos desfilamos por el sendero oscuro de no saber que queremos ser de mayores. La fiesta terminó, toca recoger los platos, limpiar la sala y, sobretodo, ir hablando de lo que haremos con ese espacio para rentabilizarlo. Al parecer, investigar en nuevos modelos productivos no.

Pánico innovador

Camino de Colombia, leo hoy en Cotizalia como se analizan algunos ejemplos de emprendeduría exitosa en contraposición al miedo a emprender que hay en nuestra sociedad. Yo diría que más que miedo es pánico y no a emprender sino a fracasar. La gestión del fracaso en España y en Europa en general es contraria al estímulo empresarial. No se valora como factor de aprendizaje sino todo lo contrario, no se entiende que tras un error hay un aprendizaje.
Nuestra sociedad está acomplejada, mínima, incapaz de enfrentarse a ese miedo a fracasar, la cantidad de gente que emprende es menor que en otros países. Cuanto menos intentos menos éxitos, cuanto menos éxitos menos competitividad. Es una regla de tres que asusta de lo simple que es y que conduce a la parálisis.

Evitar esa parálisis no es tanto por eliminar los factores que estancan una sociedad sino por que en el emprendedor está el tronco de cambio de modelo económico más poderoso. Un emprendedor debe aportar algo que sus competidores, mucho más experimentados, con mayor cuota de mercado y metodología adquirida, tienen y ofrecer respuestas nuevas a problemas de siempre.

Considero que si somos capaces de gestionar esa ecuación, todo no está perdido independientemente del resto de factores. Una sociedad emprendedora es una sociedad innovadora y capaz de reponerse a una atonía económica de la que si no es con creatividad y una actitud diferenciada, perpétua.

Perder El Tren

Casa verde
Hay estadísticas que definen el estado de un modelo económico. La lista Top 500 es el indicador que muestra la posición de los países según el número de alta tecnología computacional, los denominados “superordenadores”. En el caso de España la posición que ocupamos en ese ranking no ha hecho más que descender. En concreto, en dos años, hemos retrocedido ocho posiciones. Con sólo tres de esos cacharros ocupamos el puesto 17 del mundo.

Esto no sería reseñable si se limitara a la anécdota, pero parece un síntoma más de que hemos perdido el tren de nuestro tiempo. Cada vez más gente se da cuenta y se larga. La fuga de cerebros es una sangría. Según un informe de Adecco, en los últimos dos años más de 100.000 jóvenes de alta preparación y españoles han hecho las maletas en busca de un futuro más interesante que el que ofrece un país en recesión y sin opciones. Es una diáspora que se ubica en el perverso horizonte de ver que en España el horizonte es siniestro y se habla de indicios de recuperación en otros países. 

El problema es que cerca de un millón de trabajadores se han ido ya en lo que llevamos de crisis, de los cuales una cuarta parte son jóvenes con alta formación. Además se denota que las oportunidades para que éstos se puedan sentir realizados es cada vez menos probable. Investigación, desarrollo o nuevos modelos de crecimiento se alejan por culpa de un Estado incapaz (formal y técnicamente) de invertir para impulsarlos. A mi modo de ver toca reducir impuestos  e incentivar fiscalmente la inversión privada en nuevas tecnologías, no nos queda mucho más. Aun es posible sin que Europa nos acuse de no saber lo que hacemos. En la Comisión lo que quieren es un "plan creíble" para reducir el déficit y no necesariamente una retirada de opciones económicas.

Si desde el entorno público las opciones de empujar parecen nulas pues no hay dinero ni lo habrá, y si lo hubiera debería orientarse a procurar que no aumenten las cifras de excluidos sociales y mantener la paz social a toda costa, desde el privado tampoco estarán las cosas en disposición de modificar presupuestos de contingencia. A medida que se evidencie que el déficit no se reduce ya que aumentar los impuestos y reducir los gastos del estado no garantizan que los ingresos crezcan o se mantengan, la presión fiscal irá en aumento hasta cifras que hace un año hubieran hecho saltar chispas, pero que hoy ya no son capaces de remover a un país apagado, adormecido y anestesiado irremediablemente. Los impuestos no sólo suben para ricos. Es una regla de tres diseñada para tontos. La Fundación Ideas, agujero donde se esconden los socialistas en extinción, recomiendan al ejecutivo que nos fusilen a impuestos. Lo grave es que lo hacen con nuestro dinero, claro.

En resumen, menos dinero para invertir en lo importante, mayor presión fiscal a los que pudieran impulsar un cambio de modelo mucho más tecnológico, más jóvenes preparados huyendo a otros países y evidencias claras que  muestran un país cada vez más lejos de los escenarios de futuro. Mientras tanto, los de siempre siguen discutiendo de reformas laborales de juguete. Todos los “agentes” sociales y ahora partidos políticos dándole a la manivela del insulto a la inteligencia

Es tan ridículo todo esta mierda que no parece posible. Dos años pasándose por el forro el asunto y ahora a correr. A darse prisa en algo que ya no tiene uso ni sentido. La reforma laboral no genera empleo, ahora ya no. No proyecta hacia el futuro sino que se ahoga en el fangal en el que está todo esto. Diseñar un nuevo modelo de crecimiento depende de que alguien se lo crea de verdad, apueste y arriesgue. Que se cuente con esos que se van, nos vamos, con los que apostaban su patrimonio por emprender, que se cuente con todos los que ahora están preparando estrategias para afrontar la subida de impuestos. 

Gracias de corazón a todos los que se preocuparon, preocupan y preocuparán tanto de nosotros, no hacía falta, de verdad, casi mejor que se hubieran estado rascándose la entrepierna durante toda la legislatura, hubiera sido mucho más productivo.