economia social

'No estamos hechos para mirar cómo hacen las cosas los demás'. Economía de Bolsillo S1: E12, 'Economía Colaborativa'

'No estamos hechos para mirar cómo hacen las cosas los demás'. Economía de Bolsillo S1: E12, 'Economía Colaborativa'

Esta semana en ‘Economía de Bolsillo’ trataremos el tema de la ‘Economía Colaborativa’. En los últimos años ha tomado especial relevancia el modo en el que este tipo de modelo económico ha reducido a la nada algunos negocios que estaban muy bien asentados en nuestra sociedad. La eliminación de intermediarios y la automatización de algunos elementos de su funcionamiento ha puesto en jaque a grandes sistemas que llevaban décadas sin inconvenientes. El Premio Nobel de la Paz y creador de los ‘micro-créditos’, Muhammad Yunus me cuenta en una entrevista durante el programa que 'podemos elegir ser sencillamente emprendedores para beneficiarnos nosotros o serlo para ofrecer un beneficio a la sociedad'. De algún modo, ésta es la clave en la que gira el programa, pero sin olvidarnos de que hay muchos modelos de economía colaborativa que se han convertido ya en grandes multinacionales que enriquecen a sus fundadores.

¿Quieres una bicicleta social?

En plena gamificación de la vida cotidiana, cuando la relación entre las cosas y su conectividad empiezan a ser cada vez más habitual, una compañía norteamericana ha presentado la bicicleta social que combinan tecnología inalámbrica con una plataforma social de intercambio de bicis. Plataformas, usuarios sin intermediarios, modelos de compartir todo y cesión temporal de objetos van derramándose por la sociedad del nuevo modelo socioeconómico.
Sin salir de ese extraordinario mundo de la economía colaborativa y de las relaciones distribuidas, el nuevo ciudadano hipersocial va ocupando espacios que, aunque parezcan de escasa relevancia, conquistan el futuro. Por ejemplo, con esta bicicleta social. En lugar de mantener las bicicletas encerradas en almacenes, una compañía propone dotarlas de seguridad y geoposicionamiento para que se utilicen de forma compartida. Su uso es parecido al sistema público que utilizan muchas ciudades del mundo pero va un poco más allá permitiendo que éstas dispongan de todo tipo de elementos para un uso más sofisticado y enriquecedor.

Os hablo de SoBi, como podria hacerlo de ZagsterEl sistema es fácil y funciona con números PIN temporales y una aplicación de soporte, pero el avance que interpreto es la universalidad que busca. Es decir, cualquiera puede proponer este uso y asignarse a la plataforma, solicitar bicicletas para su ciudad y empezar el proceso. Algo parecido a lo que comentabamos con los hoteles del futuro.

Ya nadie se librará del cambio, ni los que pensaron que poniendo bicicletas en una esquina de una gran ciudad entraban por la puerta grande del futuro. Resulta, que esa puerta solo conduce a la antesala de todo cuanto queda por ver.

"Eres el mono cien" mi columna en ABC

Mi columna ‘Up in the Cloud’ de esta semana en el diario ABC se titula “Eres el mono cien”, y es simplemente una descripción de un caso particular que me sucedió en un viaje hace algunos años. La misma historia que me relató el protagonista del tema coíncide con la que algún lector replicó hace algún tiempo en este blog. Se refiere a los elementos de conectividad social que algunos primates tienen. El experimento fue firmado por Ken Keyes y está por determinar si fue exactamente así. Sin embargo, lo que si permite: masa crítica, conectores sociales y madurez circunstancial.
Independientemente de todo esto, si que me interesa referenciar el hecho que rige todo el modelo económico digital vinculado a las redes sociales. Bajo condiciones determinadas, la inteligencia alcanzada por un grupo suele ser mayor no sólo que la suma de sus partes, sino tambien que la de los individuos más inteligentes que lo componen. En ese sentido, no obstante, debemos atender a ¿cuáles son las condiciones que se han de cumplir? Que el grupo se componga de individuos con diferentes opinione, que los individuos no tengan temor a expresar estas opiniones, que el grupo sea diverso en su origen y que exista una forma de recoger toda la información generada y hacerla útil para un proceso de toma de decisiones. Obviamente el último punto se basa en un modelo de tecnología ofrecidas por plataformas sociales y por aplicaciones móbiles y diversas.

Lo expliqué en el post “la revolución del conocimiento“ pero sigue vigente.  El lector que informaba de este modelo de implementación de la inteligencia colectiva afirmaba que “algunas de las técnicas que servían para implementar la inteligencia colectiva podían ser:

  1. Hacer visibles lista de información generadas por tus usuarios. (desde productos concretos favoritos a temas, opiniones etc)
  2. Introducir la información colectiva de tus usuarios que influya sobre a otros: revisiones, puntuaciones-ratings y recomendaciones.
  3. Inteligencia extraida de la contribución de los usuarios que pueden influir en otros: contenidos generados por el usuario, p. ej. blogs, wikis, comentarios
  4. La Inteligencia Colectiva de los usuarios tiene que ser utilizada para destacar y lanzar contenido interesante, aprender de tus usuarios y usuarios conectados.  Tagging, bookmarking, votaciones, descargas.
  5. Clasificación dinámica de contenidos usando algunas de la siguientes técnicas: creando un algoritmo ad-hoc, taxonomia realizada por un profesional o generada por el usuario. Tag Cloud Navigation.
  6. Analizar el contenido asociado con un determinado usuario para extraer así palabras clave. Esta información es importante para construir perfiles de usuario.
  7. Hacer clustering de usuarios y productos para construir modelos predictivos.
  8. Recomendar contenido relacionado o usuarios basándote en la inteligencia recogida de la interacción de los usuarios y análisis de contenido.
  9. Muestra las búsquedas que sean de interés a cada usuario dependiendo de su perfil.
  10. Facilita información relevante procedente de la blogosfera y sitios externos.

A continuación, el texto completo de la columna:

“Eres el mono cien” Up in the Cloud

Me acomodé en la butaca 2C del vuelo AA6935 con destino aeropuerto de México Juárez Internacional. Hacía apenas unas horas que terminé una conferencia en el ‘Los Angeles Urban League Entrepreneurship Center’ sobre redes sociales y su afectación en la nueva economía. Justo a mi lado un hombre de origen oriental me dijo en un claro castellano: “usted es un mono, en concreto el mono número 100”. No sé si a ustedes les fastidiaría tal comentario proveniente de alguien que no conoces de nada, pero a mí,lejos de sentirme insultado me provocó una curiosidad inmensa.

Le pregunté: “¿cómo dice? ¿habla conmigo?” Se giró y me dijo: “he estado en su conferencia esta tarde, casualidades de la vida, y a medida que veía como muchos de los asistentes tuiteaban sus palabras pensé que “usted era un mono 100”. Le pedí que me dijera a que se refería y me explicó que “en 1952 en una isla al norte de Japón, un científico que estudiaba el comportamiento de un grupo de un millar de macacos, ofreció a esos animales unas patatas dulces, cosa que a los monos les gustaba. Sin embargo como estaban mezcladas con arena y suciedad apenas se las comían. Durante algún tiempo algunos de ellos mojaban la patata en un pequeño estanque y se la comía limpita.

Eso lo hicieron unos cuantos monos. En concreto el número nunca superó el noventa y nueve. La imitación no lograba superar esa cifra. La mayoría de ellos eran los monos más jóvenes. De mil monos sólo casi un centenar se hicieron partícipes del método. Finalmente, a finales de 1958 el macaco que sumaba cien hizo lo mismo. En apenas un par de días el resto, todos, hicieron lo mismo. En las islas cercanas donde había individuos de reposición también se producía una tendencia similar y no habían tenido ningún contacto”. Me quedé pensativo. Me comentó que ese mono era el punto de inflexión. Le negué la mayor y le comenté que ese mono debía ser el punto exacto de la masa crítica, el enlace social necesario y además, visto que en el resto de islas sucedía parecido, pasó cuando debía pasar.

Durante años he buscado que mis modelos de negocio y emprendeduría se rijan por esos tres principios: buscar el conector social que los impulse, alcanzar una masa crítica previa para estimularlos y esperar a que la innovación sea real gracias a que el mercado pueda asumirla. El avión inició su empuje para despegar y me retorcí durante seis horas bajo las imágenes de esos monos y sus patatas. Unos meses después creé una empresa que gestionaba redes y aviación social. Resultó.