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Democracia, tecnología y ciudadanía: 'Le Grand Débat National' de Macron.

Democracia, tecnología y ciudadanía: 'Le Grand Débat National' de Macron.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, puso en marcha hace unos días la iniciativa ‘Le grand Débat National’, una iniciativa que pretende dar voz, y estructura para encauzarla, a los ciudadanos galos. La implementación se extenderá hasta el 15 de marzo y, según él, pretende ‘transformar la práctica democrática’. Para ello ha vinculado un modelo tecnológico que permita abordarlo con la promesa de llevar adelante las medidas que se negocien finalmente.

Barcelona, entre un modelo de ciudad vecinal y la prosperidad económica.

Barcelona, entre un modelo de ciudad vecinal y la prosperidad económica.

Si nadie lo remedia, se toma conciencia de la gravedad de la situación y no afronta con algo de realismo, a medida que avance 2018 los datos sobre el crecimiento, vitalidad económica e inversión internacional en Barcelona podrían no ser muy buenos. No entro en el juicio de quien es el responsable pues, como todo en la vida, no tiene un origen unilateral. En la distribución de culpas habría un desequilibrio insultante. Lo que es más que evidente es que el motor económico que se le supone a la capital catalana está sufriendo, y de forma notable, los excesos de un griterío político que ha emborronado el escaparate de innovación, prosperidad y cultura que siempre tuvo. Un motor que necesita de estímulos y no de más palos en las ruedas que se ponen desde la misma ciudad sin necesidad que nadie los importe de fuera. Palos locales diría yo.

Cuando el tema prioritario al hablar de Europa es 'la Eurocopa' y no el 'Brexit'.

Cuando el tema prioritario al hablar de Europa es 'la Eurocopa' y no el 'Brexit'.

Las últimas encuestas dicen que el 47% de los británicos quieren irse de la Unión Europea por el 43% que piensan lo contrario. El pánico al ‘Brexit’ está iniciando los primeros temblores de un previsible movimiento sísmico que muchos anuncian si sucede finalmente. El 78% de los alemanes quieren que se queden. Les va mucho en ello. De hecho parece que el rendimiento negativo del bono alemán es uno de esos movimientos de las placas tectónicas que avisan de que el epicentro del terremoto económico podría bien estar en el corazón de la propia Europa tal y como la concebimos ahora.

PopPlaces aterriza en Berlín, París, Milán y Hong Kong

PopPlaces aterriza en Berlín, París, Milán y Hong Kong

Hace un par de años ya comentaba aquí de mi entrada como inversor en PopPlaces. Entré por el sector de ‘sharing economy’ en el que se emplazaban, por el equipo liderado por Karen Prats y David Pérez y por la voluntad de expansión serio que exponen desde el principio. El mundo Pop Up es un sector en crecimiento. Haberlo integrado en una plataforma que reduce intermediarios y que permite la interacción directa en tre propietario y demandante está demostrando ser un acierto. 

Así nos verá nuestro propio coche autónomo en breve

Así nos verá nuestro propio coche autónomo en breve

La semana pasada un coche sin conductor recorrió una distancia de 599 Km. Salió de Vigo y llegó a Madrid. Durante el recorrido el vehículo ajustó su circulación en base a límites de velocidad, movimientos de otros coches y características de la carretera. Se trataba de un PSA Peugeot Citroen y repetía una prueba ya realizada entre París y Burdeos hace unos meses.

Bon voyage mon ami...

El pasado jueves Jean Pierre se marchó sin avisar. Se fue sin molestar. Nunca molestaba. Lo conocí hace mil años, en París. De hecho la última vez que hablé con él fue para comentar su ‘aparición’ en la página 52 de ‘Una hormiga en Paris. Es extraordinario pensar que tras aquella aventura, alguien de aquellos días, veinticinco años después, seguiría siendo tan importante para mí y tan determinante en muchos de los proyectos que he afrontado. Se ha quedado en Montreal, enamorado de esa ciudad gélida que el, seguro convertía en fuego con su sonrisa, su manera optimista de verlo todo y esa desinteresada generosidad que se derramaba a su paso. Las horas que pasamos en los camerinos del teatro de su padre, charlando sobre la obra de teatro que era la vida. Inolvidables. Cuanto aprendí. Era único y en este caso, no es un tópico. Bon voyage mon ami…

Tras definir los públicos pasé a elegir repertorio. Esto no fue muy fácil. Hoy en día pones en spotify, itunes o google “bossa nova” y tienes un listado de lo más popular, sus videos y lo que vale la pena destacar o no. Hoy puedes saber quien y como ha opinado sobre ellos. Sin embargo hace veinticinco años eso no era factible. Debías ir a tiendas musicales, recorrer bares de temática nacional, consultar y comprar algún libro. Era muy complicado. Fue cerca del Molin Rouge donde localicé la herramienta que me permitió salir de ese callejón sin salida.

En el Passage Collin, dentro de una isla de viviendas, en pleno corazón del distrito de Pigalle, vivía uno de los que con el tiempo se convertiría en mi gran amigo Jean Pierre. Lo conocí sentado en la terraza de una café de ese mismo pasaje. Hablaba español y yo ya manejaba algo de un francés paleto y acabando todas las palabras con una “e” tónica y ridícula. Fue divertido conversar. No recuerdo de que pero sólo sé que me reí. Eso era importante, llevaba demasiados días obsesionado con mi “proyecto” empresarial y había dejado de reír. No obstante, mi plan era mi plan y no pensaba en muchas otras cosas. A pesar de que ya no me faltaba dinero, cobraba lo necesario y tenía lo imprescindible, mi voluntad por mejorar mi empresa era pegajoso.

Le conté lo que estaba haciendo, que buscaba y de mi desesperación por no obtener canciones y letras que pudiera transmitir a mi gente. No se sorprendió y por eso sigue siendo amigo mío. Nunca le sorprende nada, lo respeta y te anima. Si puede te ayuda. Me dijo que su padre era un publicista muy importante y que tenía mucha música de todo tipo en cintas de cassette. Me propuso ayudarme. Me regaló cintas y letras que significaron el cincuenta por ciento de lo que luego fue el nuevo repertorio.

La suerte estaba de mi lado y ahora tocaba traspasarla a mis compañeros. Para ello fui decidiendo quienes tocarían que y cuanto. Con lo que Jean Pierre me había donado, las cintas que disponía en mi mochila y dos recopilatorios clásicos que pude comprar por el coste de un crêpe de frambuesas, inicié la creación del catálogo modernizado e innovador de mi empresa.

100 días de 'La Hormiga'

Hoy se cumple tres meses del lanzamiento de ‘Una Hormiga en París’. Pronto serán 100 días que han supuesto un revulsivo en muchos aspectos de mi vida que os quiero compartir. Por un lado tiene que ver con lo que supone explicar parte de tu propia historia, ese desnudo emocional que significa este libro por ser el punto de partida de un modo de ser y de vivir. Por otro este libro siempre será especial debido a que me ha ayudado a mi mismo a entender aspectos que desconocía tener tan integrados en mi día a día.
Al definir puntos de cómo se organiza una empresa, como se innova o como se persiguen modelos de gestión diversos y compararlo en como lo hice en aquellos años en París de la mano de un grupo de músicos orientales me ha permitido rebajar y mucho la presión de lo que se supone que es ‘teoría económica’, ‘management directivo’ y espíritu de sacrificio. Viví aquellos meses hace ya muchos años como una aventura y vivo este libro como tal. Es curioso como se superponen las capas de ambas cosas. El éxito de ventas que está suponiendo ahora mismo es lo de menos. Aunque ha sido catalogado como bestseller en algunos puntos de venta y aunque permanece en el TOP100 de los libros más vendido en Amazon.es, lo que realmente me hace sentir bien es lo que está suponiendo para mucha gente ese montón de letras que escupí sobre el papel el pasado verano. Es una tremenda alegría, no obstante, comprobar que sean muchos los interesados en comprarlo y en contratarme la conferencia asociada al libro que tengo ya lista. Una conferencia que transcurre entre la historia del libro y la didáctica empresarial.

Vivo con tremendo agradecimiento cuanto me está pasando. Miles de libros que suponen ya la petición de traducirse en inglés, francés, italiano y portugués, de convertirlo en lectura recomendada en algunas escuelas de negocio y universidades. Ilusionado por la posible puesta en escena de la historia de manera teatral o de que este verano lancemos una promoción en Estados Unidos, México y Argentina entre otros países que se van sumando que permitirá conocer como se siente y percibe la historia desde puntos de vista tremendamente distintos. Sigo sorprendido de cuanto ya os debo y de cuanto espero poder seguir aportando en este vuestro espacio. Por cirto, hoy me despertaba con un regalo más. No dejéis de leer este maravilloso resumen que hace Luis Miguel Delgado en su potente blog. Me parece muy útil para incorporar a lo que supone en términos formativos el propio libro. Os recuerdo algunos puntos de venta del libro para su compra digital pues en las librerías ha estado agotado en diversas ocasiones estas fiestas pasadas. En Amazon y en Casa del Libro.

 

Anticipo del primer capítulo

Mañana sale al mercado mi último libro. Una hormiga en París es un corto relato en el que intento dar las claves del éxito empresarial desde un punto de vista muy particular. En el prólogo que Bernardo Hernández, CEO de Flickr y ex vicepresidente de Marketing de Google, ha escrito para este fragmento de mi vida, dice que “la ambición está hecha de sueños, de patrones modelo, de pequeñas metas, de insatisfacción, de saber quién somos.
Me siento un poco como aquella hormiga que llegó a París hace tantos años. Apenas faltan 24 horas para el lanzamiento de su pequeña historia y las sensaciones son similares hoy a las que viví entonces llegando a París. La incertidumbre y los sueños mezclados con los retos y la voluntad de hacer las cosas cada vez mejor. Os dejo el primer capítulo de los diez que lo conforman. Si queréis más información podéis ir pasando por la web de la hormiga donde poco a poco iremos aumentando la información, los detalles y los complementos gráficos que harán de ese lugar un site intenso y nutritivo. En unos días os digo donde y cuando se hará una presentación oficial. Espero de corazón que os guste.

UNA HORMIGA EN PARIS

1. PERSEGUIR TUS SUEÑOS

«Si puedes soñarlo puedes hacerlo, recuerda que todo esto comenzó con un ratón.»
Walt Disney

Y aquí estoy. En un Boeing 747. Mientras el pasaje duerme a oscuras, soy la luz del 1H. Soy esa pantalla que parece un puzzle de ventanas y letras. Siempre soy ése. Hoy no iba a ser una excepción. Un vuelo de algo más de once horas y mi cara azulada por el resplandor hipnótico del Mac. A mi lado, nadie. Acabo de cerrar el documento con la oferta final de compra de mi desarrollo. Finalmente he aceptado, pero no ha sido fácil. Uno se siente como si le arrancaran un órgano, un elemento frágil pero necesario, como si de repente todo cuanto has construido se desvaneciera por el deseo de un poderoso. Apenas unas horas atrás en el despacho de un gigante digital, en Chicago, pusieron sobre la mesa un regalo que nadie en su sano juicio rechazaría.

En Estados Unidos les gusta reunirse en sitios raros. Por lo menos a esos directivos modernos, de fondos de inversión modernos, palabras modernas y modernas gesticulaciones. Te citan en parques soleados, cafeterías cutres o paradas de metro. Son sitios curiosos para reunirse. Alguien, en alguna escuela de negocios de nombre irrepetible, les debe haber enseñado que así se «juega al desconcierto». Yo fui citado en el Brookfield Zoo Park, cerca de la bañera gigante en la que viven unos enormes osos polares. Allí, sí, allí mismo.

Tras los saludos y el rápido «coaching» de mi abogado mercantil, pasamos a la «reunión» propiamente dicha. El encuentro se fue desplazando progresivamente hasta un banco exterior, punto intermedio hacia un destino incierto que ellos situaban en su oficina y yo en el notario. En un instante, entre el rumor de sus voces, la de mi asistente, que me ayudaba con ciertos aspectos que sonaban a chino mandarín y la de la gente que andaba por allí, vi un pequeño insecto. Se trataba de una hormiga, pequeña, nerviosa y solitaria. Estaba parada, daba un paso, acercándose a mí y se alejaba cuando sus antenas captaban mi presencia. Giró de golpe y se trasladó hasta el hueco de tierra por el que se había colado al parque. Era extraordinariamente minúscula en comparación con las dimensiones de aquel lugar. Tan pequeña, tan lejos de su hormiguero, tan abandonada a su suerte y tan parecida a mí hace algunos años.

Su presencia, casi imperceptible, me trajo recuerdos del primer viaje a París. Tenía poco más de diecisiete años cuando decidí conquistar la ciudad de la Luz. Hacía mucho que no pensaba en aquellos meses de verano de 1987. Tras proponer a mi familia que me permitiera conocer lo que consideraba el centro del Universo, recibí una severa negativa.

Dicho obstáculo, no hizo más que acrecentar mis deseos de viajar y ser parte de aquella gigantesca masa de cultura, conocimiento, vida. Mi espíritu explorador se expandía. En mis sueños y en mis sensaciones, París aparecía como la oportunidad perfecta para conocerme a mí mismo. Con esas edades, uno es incapaz de negarse a sus instintos. En aquella época, saliendo de la pubertad, la capital francesa estaba tan lejos que asustaba. Un vuelo era algo impensable y el Talgo que hacía el recorrido Barcelona-Orly resultaba demasiado oneroso.

Careciendo del apoyo de mi «friends family and fools» para ese proyecto, tuve que resignarme con un complicado método de viaje: colarme sucesivamente en trenes de cercanías hasta llegar a mi lugar de destino. Esta travesía consumió tres días. Mi incipiente francés no ayudaba a la hora de planificar correctamente los itinerarios. Hacer noche en la estación de Nantes no es lo mejor ni lo más rápido cuando lo que se pretende es ir a París desde Barcelona.

Aquellos tipos del Brookfield Zoo Park estaban acostumbrados a devorar desarrollos y start ups. Sus agresivos lenguajes eran desagradables. Me arrastraban a mis tiempos como agente de cambio y bolsa. No era lo que yo quería. Algo me pedía abandonar y dejarlo ir. Ellos insistían en lo beneficioso que sería para «mi idea» pasar a sus manos. Con prepotencia afirmaron aquello de «si no lo podemos comprar, tarde o temprano, lo haremos».

Decidimos ir a un lugar donde se respirara ambientador a pino y hubiera hilo musical. Mi abogado y yo fuimos en un taxi. Ellos lo desconozco, pero siempre he tenido la sospecha de que se teletransportaron. Al llegar al 121 de Wacker Dr. Street, el café ya estaba frío y casi todo parecía prepara- do y negociado. Me senté, miré desde la altura de aquel edificio hacia lo lejos y escuché sin mirar. Sobre la mesa, sus documentos y sus ceros, también todos mis sueños. No es- taba dispuesto a ceder tan pronto ni de forma tan sencilla.

La voz de aquellos hombres retornaría, como un murmullo sin valor, cada vez que intentaba concentrarme en algo. Mi mente viajaba primero hacia el parque y después a París. De una hormiga pasaba a otra, de la pequeña y perdida del Zoo a la que yo mismo representaba en el viaje a París.

Desoyendo todas las advertencias de mi familia, amigos de mis padres y expertos en viajes de riesgo, puse rumbo a la estación de Barcelona-Término sin saber que empezaba la historia de mi vida. Desconocía que en ese primer tren, uno de tantos necesario para alcanzar mi meta, iban conmigo un puñado de sueños que han sido mi sostén a lo largo del camino. Sentado en aquel vagón, orgulloso con la mochila nueva, un cierto pavor invadió mi cabeza. Supongo que se trata del mismo que experimentaron los exploradores de lo desconocido o los descubridores de continentes. Así me sentía. Pensé en los riesgos que implicaba el viaje. Sin embargo, con dieciocho años no piensas que te pueda pasar algo malo. Te crees eterno, invencible, como si fueras de acero. Pasaron los minutos hasta que el jefe de estación silbó y el convoy empezó a moverse. Ya no había vuelta atrás.

En aquella oficina, la oferta aumentó dos veces pero se- guía siendo sólo eso, una oferta. Aceptar el dinero y olvidar- se del reto. Me levanté y dije que me lo pensaría. La sorpresa se dibujó en la cara de todos ellos, incluida la de mi abogado. Todos allí sabíamos que superaba lo que en términos objetivos podía valer aquel desarrollo sin comercializar. Sin métricas, resulta casi imposible vender nada en Estados Unidos. A pesar del riesgo de perder el hilo de las negociaciones, no cambié de opinión. Quería pensar. No estaba dispuesto a renunciar a mis sueños ni a mi manera de emprender, crear y explorar.

Les dije que necesitaba dar un paseo. Eran las dos de la tarde y a las seis les aseguré que tendrían mi respuesta definitiva. Aceptaron a regañadientes, como suelen hacerlo quienes creen que son especiales por sentarse en sillones especiales.

Escasas horas atrás, aceptar parecía la única opción plausible pero desde la aparición de aquel insignificante himenóptero algo había cambiado. Recorrer el bulevar de mis recuerdos había marcado de manera definitiva toda la negociación. Sabía que a lo largo de mi vida, cada proyecto, cada reto, cada noche en vela, cada business plan, cada analítica, cada dolor de cabeza, cada domingo exhausto envidiando a las parejas paseando, cada centímetro cuadrado de cristal que te aprisiona en los días que no terminan nunca, cada obsesión o momento de penuria no habían sido en vano ni un producto del azar sino el resultado de un modo de ver la vida. Su origen era aquel crío, lleno de ilusiones, entrando en París como una hormiga. Se trataba de seguir una opinión. Se trata de vivir como otros no quieren hacerlo, para vivir como otros no podrán hacerlo. Se trata pues de enfrentarte a todo porque confías en ti mismo. En este sentido, el principal motor para el cambio de nuestro entorno somos nosotros mismos.

Paseando por las calles de Chicago, me encontré sin dar- me cuenta en el Millennium Park. Pensaba que el espíritu que me llevó a París debía estar rondando cerca de mí. De hecho, parecía a punto de surgir otra vez. Otra barbaridad a ojos de los «expertos». El vocabulario del típico negocio me molestaba, al igual que la verborrea característica de los directivos. No obstante, ya en París había empleado los resortes básicos de los negocios para sobrevivir y éstos vendrían en mi ayuda.

Vivimos una época en la que el plan de negocio tradicional debería enterrarse en un baúl y bajo llave. En la actualidad, las empresas pueden nacer, crecer y morir en cinco o seis años y no pasa nada. Un modelo de venta puede ser intensivo en un período e inservible en otro. Una sociedad en la que los negocios se adaptan a redes sofisticadas y a sus relaciones distribuidas. Una selva sin patrones fijos y donde todo se presenta como extremadamente nuevo e innovador. No lo es tanto. Las novedades de libro y máster en negocios estaban presentes en las fases que atravesó mi empresa callejera durante aquel verano parisino de 1987.

Quizá fue el café o fueron los nervios pero el tiempo transcurrió muy rápido. Las caras de los peatones que se cruzaban conmigo resultaban más anónimas que nunca. ¡Qué extraordinario sentirse tan solo, tan extremadamente dependiente de uno mismo! Cuando llegas a un lugar desconocido, con apenas capacidad para interpretar el espacio y sus señales es como si te lanzaras de nuevo a explorar. Por ello, resulta fascinante ir a lugares nuevos. Recorrer sus calles, más allá de la similitud que guarden con miles de otros lugares ya visitados. Circular, señalar un nuevo lugar en nuestro cerebro. Ver callejuelas y plazoletas inéditas, más allá de la comodidad vital que uno haya alcanzado.

Pasó en Chicago pero había pasado también en París. La conexión entre ambos lugares, las sensaciones y los aromas me impulsaron con decisión hacia el encuentro con aquellos compradores de desarrollos tecnológicos. Sentía como si me empujara una locomotora diésel. Retornaba al despacho mucho antes de lo previsto. Regresar al ring, como si tras una buena paliza, uno decidiera no tirar la toalla, y apretando la mandíbula, levantando la cuerda del cuadrilátero, hiciera gestos de «¡ven!, ¡vamos!, ¡aún no me rindo!».

Se abrieron las puertas del ascensor, un paso tras otro y al fondo todos sentados en una mesa eterna, repleta de portátiles, teléfonos y tabletas. Me vieron venir, me vieron son- reír. Eran las cinco de la tarde, la misma hora en la que un día, con osadía e inconsciencia, llegué a la Gare du Nord de París. Una hormiga entraba en la sede del gigante informático, como si fuera por el mismo extraño agujero de aquel lejano 25 de mayo de 1987, cuando estaba a punto de cumplir dieciocho años.

Las puertas automáticas de vidrio templado se mimetizaban en mi memoria con las del vagón francés. Los mismos pasos que di para bajar del tren, mi mochila de entonces convertida en un maletín de piel marrón. La misma mirada pero más cansada. Mi reloj más pesado pero contando el tiempo al mismo desconcertante ritmo. Mis sueños impecablemente similares, abarrotados de mis valores, los calcetines siempre de colores estridentes. Las palabras, iguales en ambas ocasiones: «Je suis ici!».

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Una web para la hormiga

Ya falta menos. En una semana estará en las librerías físicas y virtuales mi próximo libro. Aprovecho para presentaos la página web que se ha diseñado para albergar todo lo que vaya surgiendo alrededor de “Una hormiga en París”.
Os dejo con la nota emitida por Editorial Planeta para la promoción del libro que explica un poco lo que suponen esos diez capítulos. También os dejo los datos de quienes se encargan de organizar las entrevistas, presentaciones y conferencias que, atendiendo al modelo de innovación que explica este relato, se están contratando para el año que viene.

“De París me traje varias lecciones de vida y de empresa. Cuando observo el momento que vivimos como sociedad pienso en lo dramático que es ver tanta gente parada, exhausta y yerta en su sofá social. La esencia de lo que logré residía en actuar, innovar y enfrentarme a mis miedos para convertirlos en retos.”

Un tipo que roza los cuarenta está reunido con una de las más importantes empresas del mundo. Son más de las tres de la tarde en Chicago y la oferta de compra del proyecto es, sin lugar a dudas, más que suculenta. Sin embargo, y contradiciendo toda lógica,inicialmente dice no. Lo hace porque mientras escucha las palabras de todos ellos, mientras se va perdiendo en el murmullo la millonaria oferta, él recuerda a una hormiga que le hace volver a lo que pasó en París hace más de dos décadas cuando contaba tan solo con diecisiete años. No había llegado hasta allí para renunciar a sus sueños. 

Con este argumento se inicia Una hormiga en París, un relato corto escrito en primera persona, de lectura fácil pero intensa, divertido pero realista y con un trasfondo íntimo pero didáctico que nos muestra el camino de un joven que persiguió lo que quería y acabó alcanzando el éxito. Al menos lo que para él era el éxito y le hacía sentirse feliz.

A través de diez trepidantes capítulos el autor cuenta cómo se las ingenió para vivir en esa jungla llamada París siendo joven y sin apenas dinero y explica cómo se puede innovar fracasando, sobrevivir a una decisión dura, sobreponerse con creatividad y “crear” una empresa cariñosamente llamada (ficticiamente) ‘14 chinos y un español S.A.’. Luchar por los sueños propios es la receta más importante que debe aplicar cualquier emprendedor a la hora de montar un negocio por su cuenta. Ésta es la premisa que ha regido la vida de Marc Vidal desde sus comienzos como empresario con tan solo diecisiete años hasta la actualidad. Aunque las cosas le hayan salido bien o mal, él ha hecho siempre lo que mejor sabe hacer: observar, investigar, escuchar y analizar para lanzarse enseguida al ruedo de la creación de una empresa y de la búsqueda de oportunidades.

“Tenía poco más de diecisiete años cuando decidí conquistar la ‘Ciudad de la luz’. Desoyendo todas las advertencias de mi familia y amigos puse rumbo a la estación Barcelona-Término sin saber que empezaba la historia de mi vida. Desconocía que en ese primer tren, uno de tantos necesarios para alcanzar mi meta, iban conmigo un puñado de sueños que han sido mi sostén a lo largo del camino.”

“Cada proyecto, cada reto, cada noche en vela, cada business plan tiene su origen en aquel crío, lleno de ilusiones, entrando en París como una hormiga.”

“Se trata de seguir una opinión. Se trata de vivir como otros no quieren hacerlo, para vivir como otros no podrán hacerlo. Se trata pues de enfrentarte a todo porque confías en ti mismo. En este sentido, el principal motor para el cambio de nuestro entorno somos nosotros mismos.”

“Uno de los principales problemas en el momento de emprender es el miedo al error. Decidirse y luchar por los propios sueños es la receta definitiva que debe aplicar cualquier emprendedor. Convertir el miedo al fracaso en una oportunidad.”

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EXTRACTOS DEL LIBRO

Analizar tu entorno

“Mi mirada se centró en un guitarrista chino. No podía dedicarse a dos cosas al mismo tiempo: o tocaba o cobraba. Me acerqué a él, tomé su gorra y, tras advertirle como pude que venía a ayudarle, la pasé entre los que allí se encontraban. Así fue como encontré mi primer empleo fuera de España.”

Innovar en la estructura

“El cambio está en nuestras manos y en la ilusión que tengamos. Si uno no cambia el mundo no cambiará.”

Innovar en el producto

“’14 chinos y un español SA’ estaba a punto de iniciar otra fase de innovación que era arriesgada pero que resultaría definitiva. Había pasado de un interés artístico por París a saborearlo numérica y estadísticamente.”

Innovar en la cadena de valor

“He oído demasiadas veces aquello de que ‘montar un negocio es una mala idea’. En un par de ocasiones, pude comprobarlo en mi propia epidermis. En otras tantas, lo llegué a pensar yo mismo. Todavía hoy, en ocasiones, la energía disponible se resiente por tantos esfuerzos del pasado y pueden llegar a jugarte una mala pasada. En esos momentos suelo cambiar mi manera de pensar y me refugio en el valor de aquellos días en París.”

Innovar con el talento

“¿Quién mejor que yo para entender el valor de la diferencia? Respetaba y admiraba a mis compañeros hasta el punto de sentirme chino.”

Innovar en red

“La renovación del repertorio fue determinante. Establecer ubicaciones nuevas permitió abrirse, las tarjetas de transporte buscar territorios, la capacidad de trabajar por las noches potenció la estructura. La modificación del producto ayudó a sentirse mejor a cada uno de los miembros del grupo. La aparición del comisionista y de los agentes revendedores completó el ciclo.”

Innovar en el control

“Los errores servían para mejorar. Un método rudimentario de prueba-error que nos ayudaba a descartar escenarios, plazas, bares, colaboradores, instrumentos o piezas teatrales.”

Valorar tu esfuerzo

“Me monté la vida a cada instante. Viajé y siempre supe rodearme de gente más sabia que yo. Aprendí que tener no era lo importante, sino compartir. En cada proyecto supe que lo óptimo no era la acumulación sino la reinversión. Dejé la vida que los demás habían diseñado para mí y empecé a vivir la mía propia.”

 

El libro intenta explicar un modelo de innovación basado en una experiencia narrada como un relato.

  • Atender una necesidad
  • Establecer una manera de lograrlo
  • Localizar una oportunidad
  • Observar el mercado
  • Establecer cambios radicales pero de forma progresiva
  • Recurrir a la diversión
  • Explorar nuevos territorios
  • Modelar un plan comercial distribuido
  • Organización en beta constante
  • Saber poner punto y final”

 

Para concretar entrevistas, presentaciones o conferencias contactar con M. Helena Gaya en el  +34 93 676 43 00 o en el correo electrónico hgaya@idodi.eu 

¿Me sugieres un título?


Ya han pasado dos años desde que lanzara el libro ‘Contra la Cultura del Subsidio‘. A pesar del beneficio que pueden otorgar miles de ejemplares vendidos en tres ediciones y un buen número de conferencias a partir del mismo, lo más interesante ha sido aprender que hay dos escenarios de lectura. Ha sido muy nutritivo llegar a lectores que no lo eran de este blog y que ahora algunos lo son a diario y otros continúan no siéndolo. Otros, lectores del blog desde hace años, jamás leyeron el libro. Ha sido curioso detectar como lo digital y lo analógico, en esto de los libros funcionan como dos mundos separados. También tengo otra percepción: el lector de posts, no es necesariamente un lector de libros y viceversa.

A pesar de que tengo encargado otro libro en Planeta y que está avanzando a un ritmo mucho más lento de lo que yo querría, el que ahora estoy finalizando de escribir verá la luz en tres meses. Lo editaré digitalmente a un coste simbólico y en papel bajo demanda a un coste inferior del habitual. La edición será profesional y habrá una campaña de lanzamiento similar aunque no podrá encontrarse en aeropuertos y las estanterías de las librerías de momento. Me apetece hacerlo así. Se editará en castellano, catalán, inglés, portugués y francés y estará basado en lo que cuento en la primera parte de esta conferencia que os detallo en el video del encabezamiento. Concretamente lo que explico entre la secuencia en el minuto 3:20 y el 8:55. Durante casi un centenar de páginas explicaré en siete episodios como se puede innovar fracasando, sobrevivir a una decisión dura y a sobreponerse con creatividad. El hilo conductor es una vivencia personal sucedida en París y hace ya más de veinte años. A través de la necesidad convertida en ventaja, de la ilusión y de la picaresca, hace más de dos décadas fui capaz de convertir un desordenado grupo de músicos orientales que trabajaban en las calles de la capital de Francia en una engrasada máquina de hacer dinero. La verdad es que lo único que no tengo claro es como titularlo. Los editores dicen ‘13 chinos en Paris’ pero a mí no me convence. Os pido sugerencias para el título, una de ellas será la elegida y así empieza la vida de un libro que os aseguro será divertido, útil y vuestro.

¿Eres un emprendedor?

No todo el mundo debe ser un “emprendedor que monta empresas”. Sería absurdo, como tampoco podemos reducir todo esto a un mensaje de que “para salir de una hipotética crisis es preciso que todo Dios se ponga a emprender”. No tendría ni pies ni cabeza. Lo que si tenemos que procurar es incentivar que la mayor parte de gente que está en condiciones de ser emprendedor lo sea”. Sean cien o mil buenos serán. Ese nuevo curso deberá estimular otros cambios y entre ellos los que dinamicen a una generación aburguesada en la nada y que peligra como clase.
¿Te has preguntado si eres uno de esos emprendedores a los que todo el mundo alude? ¿Te has preguntado previamente si tienes los rasgos de un emprendedor? ¿Estas dispuesto a arriesgar tiempo y dinero tuyo¿? ¿Estas en condiciones de enfrentarte a las dificultades que supone ese desafío? ¿Has inventado algo? ¿Estás dispuesto a que tu empresa deje de funcionar sin ti algún día? ¿Has entendido que significa que la sociedad está aletargada, adormecida, insensible, y somnolienta?

Si has aceptado que tanta analgesia social no es buena ni para ti ni para los que vengan en el futuro, que existen opciones para cambiar el mundo que nos rodea desde una actitud crítica pero activa, de disposición al cambio y de puesta en marcha del motor colectivo, entonces este blog está sirviendo para algo. Habrá servido para interpretar un método, uno más de tantos, pero que sin lugar a dudas puede ser efectivo. Sigo intentando situar el escenario, hablar de un ecosistema que se resiste a morir pero que se regenera poco a poco hasta el punto que pronto parecerá otro. Es imprescindible buscar nuevos modelos de creación económicos, de territorios de conquista para los nuevos emprendedores y de que podemos hacer para padecer lo mínimo posible como sociedad que despierta de su largo letargo.

Durante un viaje en el Tren de Alta Velocidad francés, entre Bruselas y París, Loic Lemeur y yo estuvimos listando las oportunidades que considerábamos nos ofrecía el futuro: “es preciso que hablemos de talento global, de pensar diferente, de pensar compartiendo, de conectar cerebros, de cuenta de resultados de las ideas, del efecto contagio de la colaboración, de la garantía de la exclusividad como valor del compartir, del caudal de pensar conjuntamente y no tanto en equipo, de cambios inevitables, de gestión del conocimiento en las organizaciones del futuro, de modelos y razones de las comunidades virtuales, de alianzas de éxito como valor democrático de las empresas más débiles, de sociedades dinámicas, de las ventajas de esta crisis, de los negocios transparentes y de la recesión permeable.

Al llegar a Chatêlet ya tenía claro que los que entendieran que esos conceptos son los vértices de un polígono repleto de ventajas, tendrían muchas más herramientas para decidir. Cuantos más seamos más sentido tendrá llevar ese brazalete, esa pulsera de la verdad, del conocimiento, del pensar por nosotros mismos. Es momento de razonar, de emprender, de construirnos de manera individual a partir del conocimiento y no tanto del discurso oficial, para entre todos ir estimulando nuestro entorno en modelos económicos nuevos.

Estamos a las puertas de una revolución como ya lo estuvieron otros antepasados, sólo que esta vez es digital, orgánica, distribuida y global. Hace algún tiempo, al confluir diversos factores se reprodujeron sistemáticamente otros grandes cambios. La revolución industrial y tecnológica fueron grandes elementos de cambio, y  convivieron con una crisis sistémica que adelantaba una mutación real y evidente en todos los estadios de la economía. La manera de traducir aquellos cambios siempre condujo a mejores escenarios pero también con una fractura notable del propio sistema. El modelo financiero actual que se sustenta en un crecimiento del valor del dinero por encima del coste real del capital, ha provocado un desajuste insalvable a estas alturas, pero considero que más que una causa, no deja de ser una consecuencia de algo mucho más transversal y que la tecnología de la información ha acelerado, en definitiva es la gran oportunidad que unos pocos, espero que miles, sepan aprovechar para cambiar el mundo de otros muchos, espero millones.

Innovar fracasando o fracasar innovando

Con un “hace veinte años me escribí una carta“ empecé mi charla en el IV Congreso Internacional de Excelencia que se celebró en Madrid hace unas semanas. En esa conferencia traté de ejemplificar con algunas experiencias de vida los elementos estructurales de mi manera de emprender innovando. Tengo claro que, de todos los elementos de aprendizaje que he tenido en mi vida, el que mayor valor y grado de conocimiento me ha aportado, han sido cada uno de los errores y fracasos que he sufrido. Sin embargo, como explico en el vídeo, lo que me preocupa es que “nadie muestra el modo de aprovechar el fracaso adecuadamente, no existen escuelas que te formen en el modo de equivocarse cada vez mejor“. Me pregunto que es mejor, ¿fracasar innovando o innovar fracasando?

Innovación o renovación


Las empresas que generan valor en nuestro tiempo son las que se comportan como seres vivos. Nacen, crecen, se reproducen y, si es preciso, mueren con dignidad. No sucede nada, no es ningún drama, que una empresa sea capaz de decidir cuando sucumbir, pues el coste de modificar toda su estructura y modelo de gestión es inasumible y muy superior a la generación de una nueva compañía no debería de sonrojar a nadie. Crear una nueva compañía con los valores aprendidos y con las mejoras por establecer es mucho mejor que insistir con algo que ya no logra los éxitos anteriores. Innovar puede ser también renovar. Los tiempos que corren, la era empresarial que nos ha tocado vivir es la de los escenarios complejos, la de los territorios inteligentes y donde una empresa fuerte debe asumir los retos incluso cuando estos no son los previsibles. A este tipo de actitud yo le llamo “conocimiento empresarial”. La deriva de esto sería concretar “empresas inteligentes”.

Hace casi cinco años, durante una conferencia que tuve el honor de ofrecer a estudiantes de Administración de Empresa en el Aula Magna de la Facultad de Economía de l’Echole National d’Economique de Paris, hablé por primera vez de “empresa inteligente”. Lo que ahora es un término de uso cotidiano en las escuelas de negocio por aquel entonces sonó muy extraño. Ese término fue complementado con otros del tipo “open Business” o “negocio en red”. El concepto de empresa inteligente se trata de una organización que posee las habilidades para crear, adquirir y transferir conocimiento. Debe tener también la capacidad de modificar su conducta, su manera de hacer las cosas, al haber generado nuevos escenarios de visión y nuevos puntos registros.

Debemos aceptar que el momento actual no tiene comparación a nivel económico y empresarial con ningún otro. Los cambios políticos, económicos y sociales se suceden a una velocidad de vértigo y el futuro que nos depara ya no es el que se insinuaba tan solo hace una década. Se acerca una revolución del conocimiento que se llevará por delante todas las barreras y ventanas que teníamos establecidas en el modelo empresarial anterior.

No asistimos a un simple cambio de modelo económico, estamos siendo llamados a presenciar una de las revoluciones de mayor calibre que haya conocido la humanidad: la revolución de la hipersociedad. Estamos protagonizando, casi sin saberlo, la etapa del cansancio de los modelos de negocio tradicionales dando paso a los modelos del conocimiento. Se está pasando de la producción industrial sujeta al factor económico a la producción intelectual amparada en el valor de la inteligencia. El destino para las empresas que no se adapten en los próximos cinco o seis años será mucho más duro que para los que acepten esa mutación natural que deberán asumir.

El destino que nos espera a todos es inexorable: finalmente el intelecto y el espíritu del trabajador de las empresas hacen explosión y se expande sin remedio hacia todas partes incluyéndolo todo en una amalgama imperfecta de retos tecnológicos y estimulantes que se avecinan y que, en resumen, no solo darán respuesta empresarial a nuevos problemas de la humanidad sino que también contribuirán a un mundo mucho mejor. Estoy seguro que, tras este tiempo de cambios, el futuro que le espera a mi hijo será mucho mejor que mi presente. De eso tenemos que encargarnos todos, y de eso el mundo empresarial y directivo tendrá mucho que hablar.

Hace mucho que me retuerzo generando modelos de gestión, creando escenarios nuevos para que una idea sea factible, revisando planes de negocio y sobretodo dirigiendo equipos que a veces se sumergen en una total falta de creatividad. He vivido buenos y malos momentos. A las puertas de la mayor agresión formal y oficial a la clase productiva de occidente, la posibilidad de darle la vuelta a todo el asunto se hace inevitable. ¿Vamos hablando de como regenerarnos? Yo estoy desarrollando un nuevo negocio como sabéis, un entorno empresarial basado en los clusters y las incubadoras de startups, la internacionalización y la renovación de procesos en empresas existentes y, por supuesto, buscando financiación donde la hubiese para los que están en condiciones de encontrar viabilidad a sus proyectos.

Mientras unos siguen atendiendo a peluquerías de muñecas, los asuntillos del yerno real o polémicas artificiales que se crearán para amansar a las fieras, otros hemos dejado de protestar. Esto va de tonto el último. Sumemos a los que no se tomaron la pastilla que permite vivir eternamente en Matrix. Es tiempo de cambios, cambios que no veremos por televisión ni en los informativos ni medios, tiempos de recortes, de olvidos, de incautación y, sobretodo, tiempo de exculpación de responsables. Serán tiempos de gente sin capacidad para sacarnos de un escenario del que no podemos salir pues no es una crisis a lo que nos enfrentamos, ni tan siquiera una mala racha, lo que viene es la síntesis, la cristalización del modelo final.

Le damos credibilidad a un catedrático que llega a ministro o a conseller por alguna extraña razón que desconocemos. Suele gobernarnos gente que jamás pagó una nómina, que no sabe que es lo que sufre una empresa pequeña o mediana, que no conoce que supone un incremento indiscriminado de impuestos y que nunca podrá saborear el amargo sabor del cierre de un negocio. Creemos que saben lo que hacen y que “no es posible la quiebra del Estado pues ello sabrán como evitarlo”. Bueno, pues atendiendo a lo que ha pasado en Catalunya hace unos días es para temblar. Una eminencia proveniente de Boston, con una aureola de genio de la economía ha sido incapaz de prever algo que cualquier autónomo habría tenido en cuenta: que no te pague alguien no te exonera de pagar tus obligaciones recurrentes y por lo tanto te aseguras que la tesorería no sufra de iliquidad pues eso le llevaría a la quiebra. Algo tan simple no parece haberlo previsto el Conseller. No obstante eso es algo que tampoco han previsto la mayoría de dirigentes que nos rodean peligrosamente por todas partes.

Como decía… “nosotros a lo nuestro”, hay escenarios y formas, ¡discutan!

Emprendedores Sin Fronteras

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Montar un negocio en España es un calvario. No obstante, muchos siguen cada día con la ilusión y el espíritu de sacrificio casi intactos a fin de seguir adelante con nuestros proyectos. Ahora bien, cuando uno se pone manos a la obra y descubre que aquí todo son inconvenientes, la mirada debe alcanzar otros horizontes. Este será un país de emigrantes en breve. Pasaremos de quejarnos por la inmigración a solicitar que nos traten bien en otros sitios. A medida que la administración pública sea incapaz de hacerse cargo de la deuda asumida por muchos ayuntamientos, la cadena de sucesos en el ámbito laboral será dramático. 

Algunos emprendedores llevamos meses, años incluso, pensando donde y como emprender. En mi caso, en el último proyecto, puse en marcha un plan de negocio que asumía la expansión internacional como prioridad. En el exterior puede salir mal, pero aquí, a medio plazo el muro de las lamentaciones parecerá Disneylandia comparado con la situación desesperada de muchos empresarios y, por derivación, de otros tantos trabajadores.

Me suelen preguntar donde hay que buscar, en que países hay que afrontar el reto de instalar proyectos. Os voy a dar algunos escenarios que me parecen interesantes y donde aconsejo adentrarse. Sé que parecerá que este post solo habla de aquellos que quieran montar un negocio pero no es así, es para los que quieran iniciar un nuevo rumbo, con todo lo bueno y lo malo que eso significa. No me remito a proyectos tecnológicos sino de todo tipo de modelos. Es un ejercicio de análisis global y una especie de encuesta en la que todos podéis participar.

Las zonas que considero interesantes son: 

Brasil, pero en concreto Sao Paulo y Porto Alegre, no tanto Río. Entre esas dos primeras ciudades se genera una cuarta parte del PIB brasileño, se accede a casi 30 millones de personas y se puede adecuar rápidamente el negocio por tener reglas muy acertadas para los que vienen de fuera. El tema olímpico y futbolístico ayuda pero no será determinante, es mucho más destacable que la Bolsa de Sao Paulo es la más influyente de Sudamérica y una de las principales del globo.

Filipinas, pero en concreto su capital. Con 14 millones de habitantes es otra gran urbe capaz de ofrecer espacio a nuevos proyectos. Es un buen sitio para montar Call-Centers para todo el mundo anglosajón. Todo tipo de modelos vinculados a lo audiovisual es bienvenido pues poseen el nivel de Outsourcing de contenidos más importante del mundo. EUA, Europa y Japón contratan servicios externos en Manila de un modo que sorprende. Además, como el inglés es la lengua oficial, es un país con enormes ventajas competitivas en Asia.

Chile, en concreto su capital Santiago. Una especie de Milán o de Barcelona a la americana. Su peso aumenta a medida que el de Buenos Aires cae. Va convirtiéndose en un hub económico alrededor de lo tecnológico y el conocimiento. El nivel de penetración de Internet en su población es el más alto de América. Es un buen puente de mando para iniciar el proceso de expansión por el resto de Latinoamérica. A medida que Argentina sea capaz de afrontar su futuro inmediato y su capital obtenga la “independencia” económica, Santiago será un buen punto bilateral de acción, algo más económico y mucho más predispuesto.

En África hay negocios que pueden ser consecuentes con el progreso sin dañar el entorno más de lo que ya lo está. En Nigeria destaca Lagos, con 8 millones de habitantes y con un puerto repleto de petroleros. Se ha convertido en un espacio ideal para generar empresas vinculadas a los servicios logísticos. En la zona francófona recomiendo Guinea Bissau por ser un buen punto de partida. Conocer bien ese país y sus modelos de gestión puede ayudar a trasladarlo a otros países. Las infraestructuras en esos países son muy malas y todo ello repercutirá en modelos de negocio a medio plazo. Ahora bien, si lo que se desea es afrontar retos, Sudáfrica y en especial Johannesburgo donde la economía anclada a la minería ha dado paso a otra mucho más moderna e industrial. Es un gran centro comercial africano, se compra y vende de todo y de calidad. Buen lugar para empresas de juego online y para todo lo que tiene que ver con elementos de difusión en redes.

En Europa queda poco. Alemania ofrecerá opciones pero primero serán cubiertas por franceses y británicos. Para puestos de menor capacitación volverán a buscarse inmigrantes de siempre. Los españoles estaremos en un limbo incómodo: ni primer nivel ni mano de obra barata. Atender Alemania como destino debe dirigirte a Berlín si quieres proyectar en servicios tecnológicos o culturales, Hamburgo si lo que deseas es algo más industrial y el resto dará opciones de contratación diversa. 

¿Francia será el dorado? De las antiguas metrópolis, solo esta se salva París. Su entorno pueden afrontar una nueva “época dorada”. Los 17 millones de ciudadanos que se reparten en un escenario cambiante y vivo puede dar luz a muchos proyectos externos. Lo principal en Francia es aprovechar una circunstancia que no se tuvo en décadas anteriores: los franceses tienen en consideración a los españoles (con la boca pequeña) y los ven como buenos profesionales en algunos entornos, capaces de afrontar empresas complejas. Tenemos alguna ventaja en términos de sociedad del conocimiento y debe aprovecharse. En Italia hay negocio para los que gestionan plataformas de juego y encuestas sociales, en Eslovenia hay negocio (pequeño) en múltiples frentes, en Bélgica y Holanda lo ideal es entroncar con programas de la administración europea si es posible y en los países nórdicos es casi imposible adentrarse en estos momentos. 

Pero en la Europa híbrida destaca un destino: Estambul. La que debiera ser “la capital del mundo si la tierra fuera un solo país” según Napoleón, es un centro de negocios en crecimiento y verdaderamente inabarcable. Si encima entra en la UE y se democratiza definitivamente será uno de los puntos de negocio más imporantes del mundo sin duda. Ahora todo lo que tiene que ver con turismo, juego, servicios logísticos, redes, publicidad, audiovisual, imagen, contenidos, industria de la moda, intermediación, etc. son proyectos seguros.

Respecto  a China y la India y otros países cercanos no tengo mucho que decir. Son escenarios tan complejos que requieren que me ayudéis. De China entiendo que lo suyo es ir Shangai, en la India a Bangalore por encima del resto por ser una especie de Sillicon Valley aunque sus infraestructuras son un desastre absoluto y de otros como Vietnam destaca la antigua Saigón ahora llamada Ho-Chi Mihn por ser un punto de inversores en una bolsa muy nueva pero muy rentable.

En Norteamérica, si quieres prosperar deberás pasar frío. Alberta, en Canadá, representa uno de los destinos más rentables. Poco más. Los EUA han dejado de ser un punto de referencia por motivos lógicos. Ahora bien, aquellos que estén dispuestos a afrontar proyectos muy vinculados a las nuevas tendencias en conocimiento y tecnológica de las comunicaciones, Sillicon Valley seguirá siendo La Meca. No lo será tanto por su capacidad de generar negocio sino por su ingente cantidad de talento concentrado. Ese es otro gran valor, por supuesto.

En definitiva, la cuestión es pensar que hay algo más detrás de los Pirineos, al otro lado del estrecho de Gibraltar o en lejanos océanos pero que ya no destacan los espacios de siempre, Nueva York, California, Londres, etc…

Este post  no es exhaustivo ni pretende ser una guía, sino que busca abrir los ojos a posibles proyectos en otros territorios complementados con los que aquí se dispongan. Me encantaría que aportarais más destinos, cuanto más concretos mejor, y que me dijerais porque o que negocios pueden aportarse

La segosphere

Bella ciao!, bella ciao!, bella ciao, ciao ciao!. Así comienza la canción que fue emblema de un pueblo sublevado contra la tiranía y que es símbolo de la resistencia popular. Esta canción tradicional italiana nació en la lucha contundente del pueblo que veía como el terrible “duce” los precipitaba hacia el abismo de una ciega dictadura, ligada a otra más horrible todavía, retorcidamente imperialista, xenófoba y violenta: el nazismo de Hitler.
En los actos de precampaña de Ségolène Royal, antes de que ella aparezca, siempre suena ese himno. Pero no lo hace por ningún altavoz, nadie obliga a cantar, no es parte de la mercadotecnia, es simplemente el público que la tararea de un modo espontáneo. La legión de seguidores que bien podrían compararse al fenómeno fans de cualquier artista moderno la han convertido en objeto de culto. Creen con firmeza que ella sola podrá rescatar a Francia de la depresión y de los desequilibrios sociales que la ahogan desde que hace 12 años, Jacques Chirac, reside en el Elyseo.

Francia vive el peor momento de su historia. Las cifras de desempleo son equiparables a cualquier país del este de Europa, la actividad criminal está descontrolada y el miedo a un colapso social es cada vez más evidente. El hecho que Le Pen accediera hace cinco años a la segunda vuelta electoral, sumió a la izquierda en la vergüenza colectiva. Ese hecho también le dio la pista a Sarkozy para radicalizar su mensaje, ahora emite guiños a la extrema derecha a fin de acaparar el voto xenófobo con durísimas políticas de inmigración. Pero a la vez, el susto ayudo a gestar la idea que en el centro izquierda, en las ideas que se enmarcan en los principios socio-liberales que en España representa Zapatero, en el Reino Unido Blair y en Alemania Schröder debía de aparecer un/a candidato/a capaz de ilusionar y de dar una respuesta que estuviera lejos de los viejos espectros ideológicos encartonados que hasta la fecha inundaban la política francesa.

Apareció una mujer con menor experiencia que sus rivales pero con una enorme empatía. Miles de seguidores trabajan, desde entonces, gratis organizando actos, enviando emails, inventando actos y reclutando apoyos. La grandiosidad del fenómeno Ségolène no tiene precedentes y una de las claves fue la Segosphere. Conocida como la “Mesías electrónica” apostó desde el primer momento por los blogs y ella misma desde www.desirsdavenir.org invitó a los lectores a participar de la elaboración de un libro. Más de 34.000 posts contribuyeron en el mismo. Su hijo Thomas dirige la red de blogs que la protegen. Ségolène Royal creyó desde el primer momento en la reflexión política como motor electoral. No utilizó los blogs como un mero artilugio decorativo que viste bien y te pinta de moderno. Su ventaja se debe a sus ideas, a un innovador planteamiento para la izquierda, pero también a sus herramientas, las que ayudan y permiten que la gente razone y piense por si misma.

La clase política acomodada y establecida la detestan por que entre sus pretensiones se hayan las de entregarle a la gente una voz capaz de ensordecer a aquellos que desde el poder ya no escuchan. La temen por sus propuestas encaminadas a formular jurados populares que examinaran la gestión pública más allá de los comicios electorales. Les preocupa que llegue a confiar el proceso político a una especie de democracia participativa capaz de poner en jaque estamentos intocables hasta la fecha. Para esta mujer, llamada a revolucionar la política de principios del siglo XXI, el ciudadano es el experto, y por ello propone que se le escuche. No parece tan complicado, ¿verdad?