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Atrapados en 'El día de la Marmota'. La urgencia de la transformación digital de la economía.

Atrapados en 'El día de la Marmota'. La urgencia de la transformación digital de la economía.

'El día de la marmota'. Así podría titularse la película que definiría lo que vive España con respecto a poner en marcha un nuevo gobierno. Lo grave es que en este caso, y a diferencia con la obra protagonizada por Bill Murray, nadie parece haberse dado cuenta que cuando empieza un nuevo día que va a repetirse indefinidamente es factible modificar cosas para ir mejorando la situación.

Una economía con las luces de posición y los cuatro intermitentes puestos.

Una economía con las luces de posición y los cuatro intermitentes puestos.

La semana pasada me invitaron a participar en el programa ‘Morning Ireland’ para tratar temas de economía española y cómo puede estar afectándola el proceso de conformación de gobierno. Aquí están especialmente interesados pues, tras sus últimas elecciones generales, Irlanda se encuentra ante una situación muy parecida a la española sin posibilidad fácil de conformar gobierno. Temen y con razón que un período de gobierno interino pueda afectarles en la economía de manera importante si se suma a un posible ‘brexit’ que a quien más afectaría es a este pequeño país.

Táctica o estrategia, las claves del éxito.

Leo sobre las claves para que un proyecto tecnológico tenga éxito y me viene a la cabeza cada uno de los errores que he cometido en esta vida como emprendedor, como directivo de empresas o como empresario, de cómo en ocasiones se supedité el cliente o en otras el producto y que en ambos casos no lo hice ni en el momento ni de la manera adecuada. Recuerdo como de repente uno de esas ideas se viene abajo porque nadie apuesta por ella. Aprendes a tocar puertas como si fueras Beethoven.
También por mi memoria circulan los éxitos. El duro tránsito de soportar a muchos diciendo que te vas a estrellar, que no va a salir bien, que así no se puede o que no sabes. Son días, meses y años que tienes que llevar sobre tus hombros el peso de lo que consideras que es lo mejor, lo factible y el seguro de que el proyecto se logrará completar. He cometido errores, pero he intentado aprender. De esas experiencias, buenas y malas, de cuando algo se desmorona o de cuando recibes la llamada de un comprador para tu producto o para tu empresa. De todo se aprende. De cuando el teléfono deja de sonar porque nadie quiere darte ni cinco céntimos de crédito y de cuando el mismo aparato es un zumbido constante de periodistas queriendo saber los detalles de ‘tu éxito’.

Leo esas claves y pienso que son en gran medida lecciones obvias pero tan difíciles de alcanzar con criterio y con equilibrio. Os las dejo para que las razonemos, debatamos aquí o en las redes sociales, pero para ver hasta que punto hay claves para el éxito o el éxito es la clave en si mismo. ¿Cómo se puede saber en un inicio que podemos tener éxito? Un estudio realizado por la revista Inc. y la National Business Incubation encontró que la tasa de fracaso ronda a ocho de cada 10 empresas del tipo startup, por lo que es una cuestión digna de preguntar antes de invertir tiempo y recursos en su nueva empresa. Por un lado lo normal, atendiendo a esos números es que no te salga bien. Lo raro es el éxito. Veamos cuales son esos motivos para ser la ‘excepción’

1. Clientes

¿Proporcionas al mercado algo tan extraordinario que lo acogerán con entusiasmo? Lo ideal sería que el cliente se identificara al detectar necesidades y si esa necesidad se puede escalar estaríamos en la cúspide de lo que se considera perfecto. Piensa en términos de satisfacción de una necesidad, y si estás en el mercado adecuado, no vaya a ser que lo que vendes sea mejor hacerlo en otro lugar o de otro modo. Nombra tus clientes potenciales en dos palabras.

2. Producto

Lo ideal sería crear un producto que fabrica necesidades directamente o deseos a tus propios clientes aun por satisfacer. Mantente en la solución de problemas sin mensajes complejos. Define tu producto con una frase. Deja de lado tu idea si la curva de aprendizaje para fabricarlo implica tiempos exagerados.

3. Sincronización

Cada mercado tiene un ciclo de vida. El llamado ‘time to market’ es la clave para mi más importante. Si innovas antes de tiempo y el mercado no lo acepta no has innovado. Sólo es innovación aquello que el mercado considera aceptable. Ten en cuenta que cualquiera que resuelve un problema puede vender esa solución, pero lo que no queda claro es que eso lo puedas hacer de manera masiva y beneficiosa en cada momento. A veces el escenario no está decorado y la función es un desastre. Define con una frase el momento de venta. Si no lo localizas adecuadamente puedes encontrarte ante una rampa de ascenso a las ventas muy empinada, muy difícil de superar y, la gran idea y producto, no encuentren el mercado a tiempo. Adelantarse suele ser algo muy similar pero te permite esperar, que si se hace bien, es más barato que llegar tarde.

4. Competencia

A diferencia de lo que se explica, a mi la competencia no me parece nada malo. Al revés, para garantizar mi éxito prefiero saber que hay muchas empresas que hacen o desarrollan cosas parecidas. Es importante saber porque vas a ser mejor que ellos o en que nicho o por que agujero comercial te vas a colar. Describe en una frase las deficiencias del conjunto de tu competencia. Busca mercados fértiles que permitan a ideas como la tuya florecer aprovechando los puntos anteriores y plantéate tu como la competencia de otros y no al revés.

5. Finanzas

Todo negocio requiere dinero para empezar, pero el objetivo debe ser reducir al mínimo el riesgo y el costo de ser posible. El problema es que en el mercado actual esa guerra precisa de mucho armamento y las armas son caras. Hay que atender muy bien, y es la clave del éxito técnicamente, el ratio de gestión conversión entre riesgo, costo y beneficio. Define con una o dos palabras el concepto ‘saldo cero’. Si no logras derivarla a sinónimos de equilibrio será difícil cumplir lo que busca este post.

6. Equipo

¿Tienes claro que tu equipo es el mejor o que van a ganar la batalla? Si no es así ya juegas en una división distinta a la del éxito. Puedes estar en la de la supervivencia, la de la perpetuidad, pero no en la del triunfo. Si tienes recursos limitados obviamente, es bueno ir fichando a costes que rocen el riesgo a grandes responsables o directivos de alto valor que deberían asumir un punto de implicación emprendedora en el proyecto. La clave para mi es esa por encima a veces de las aptitudes están las actitudes. Con una frase nombra el grado de implicación de cinco empleados al azar. Si no es uniforme y positivo pinta mal.

Con estos puntos sobre la mesa uno puede analizar si le pinta bien o no su proyecto. Es un marco básico que obviamente deja muchos temas por analizar pero creo que como hace la revista Inc., y yo complemento, los puntos ciegos de una startup pueden estar en esos seis elementos. Enfocarse en pequeñas batallas en lugar de en la guerra te permite divertirte mucho con lo primero y ganar la segunda a pesar de las heridas sufridas. Estrategia, mucha, pero táctica también, incluso más.

Política de luces largas

De la política me quedo con lo de que es necesaria pero desestimo a la gran mayoría de los que la hacen. Por lo menos por ahora. El lenguaje pueril y maniqueo que se maneja en cualquier evento de partido no se distingue demasiado de las soflamas ridículas y carentes de sentido que se ven en las instituciones. Cuando comparas la calle con ‘su calle’ dan ganas de llorar. A estos lodos ellos le llaman salida de la crisis. Unos se agarran a cualquier dato retorcido a su gusto para construir un discurso de pena por lo débil y de asco por lo falaz.
Luego tienes el resto. Un grupo de aspirantes que dicen tener la fórmula mágica y para ello discursean sin conocimiento económico alguno, o lo que es peor, con conocimiento. Desconfío de los que sin haber estado en órganos directivos de nada aseguran poder dirigir un país. Es imposible que políticos con experiencia profesional dudosa, escaso interés por la innovación o nula capacidad para entender el escenario socioeconómico actual, puedan ser los líderes que marquen las estrategias del futuro inminente. Estoy seguro que son, más de lo mismo pero de juguete.

Hay otros, casi peor que los anteriores. Los que ya estuvieron, se lo cargaron todo, no vieron venir nada y ahora dicen que ellos son los que mejor lo harían. No tienen ni la decencia de admitir errores, asegurar que de ellos han aprendido y que, por lo menos, les demos otra oportunidad para recomponer el rompecabezas que desmontaron por incapacidad. Es de risa y de llanto a la vez.

El problema del liderazgo político es sistémico. No tiene que ver con lo que hay o pudiera haber, tiene que ver con quienes lo convalidamos. El asunto se corrige a base de reformas políticas imponentes que la sociedad debería exigir antes que, incluso, saber por quien va a votar. La sociedad debe entender que significa Europa, para que sirve y que las frontera se están difuminando en un etéreo escenario económico que ya no podrá nunca más respirar de manera no equilibrada y sin unión. Toca entender que los países darán paso a las ciudades capital, las ciudades que funcionarán como reclamo y como estado en si mismas. Las marcas país dependerán de la marca ciudad. Eso hay pocos políticos que lo entienden, y de los pocos que lo entienden, menos lo aceptan. La minoría es tan minoría que no sirve ni como planteamiento.

Esto tiene que ver con cambios de modelo en cuanto al pensamiento sociopolítico y socioeconómico. Tiene que ver con lo que significa el concepto ‘un político’, a quien sirve realmente, como se le controla, a que patrón se dirige y quienes pueden serlo. No es lógico que quienes determinan el curso del futuro de mi hijo de ocho años sea gente con tan poca visión objetiva de la realidad y su curso futuro. No es bueno que la estrategia de un país, con sus derivas y asuntos que le afectan, esté en manos (dedos) de un puñado de diputados y asesores cuyo interés sea tan evidentemente cortoplacista, partidista y alejado de la realidad.

Pero de todos es culpa. A lo que se llego y a lo que, sino se hace una diagnosis correcta, se volverá a llegar. Recuerden cuando todo era fiesta mayor y gastar era deporte nacional. Si no se hace un análisis realista y nos dejamos llevar por el interés y el discurso trucado de los que tienen altavoces para emitirlos, podemos volver a jugar a los dados de un modo infantil y peligroso.

Se perdió la oportunidad de invertir en conocimiento en su día, en innovación y en tecnología. Se malgastó todo en ladrillos, preferentes, meriendas, kilómetros de vías inservibles y aeropuertos innecesarios. No nos dejemos engañar, si no aprovechamos la oportunidad que nos brinda la historia la cagaremos otra vez. Algunos nos pasamos el día empujando, procurando que los negocios y los proyectos sean modernos, de vanguardia, que sirvan y que lo hagan desde cualquier parte del mundo para que en mi país eso sea valorado y valorable. Pero no es fácil, seguimos en manos de gente sin capacidad para interpretarlo. De momento solo podemos actuar por nosotros mismos y revolucionarnos íntimamente pues por mucho que lo intentemos no hay manera de que lo vean, lo interpreten o lo estimulen.

¿Recuerdan? ¿Quién iba a pensar hace seis años cuando nos garantizaban el importe global de la última letra del coche con el valor del mismo que no íbamos a tener líquido para cubrirlo? El optimista tipo de hace tres años ahora vive a las puertas del infierno. Su coche se lo quedó la financiera del concesionario, él no tiene liquidez para la entrada de uno nuevo, el banco no refinancia hipotecas ni ejecuta nuevas tasaciones. Lo mismo ocurre con aquellas vacaciones que se resolvían con la superposición de créditos de garantía hipotecaria, la ropa de marca con créditos al consumo, el nuevo mobiliario, la secadora, el colegio privado del pequeño, los fines de semana en el apartamento en venta que no se vende, etc.

Ahora toca olvidar ese lodo, ese barro infecto y procurar un nuevo escenario. Lo digital no es más que una excusa inmensa que la historia nos ha puesto en bandeja para cambiar el mundo. Internet permite no olvidar, recorrer la historia reciente y poder corregir. La Nueva Economía exige de líderes políticos con visión y luces largas.