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Tus clientes han cambiado, ¿ha cambiado tu empresa?

Tus clientes han cambiado, ¿ha cambiado tu empresa?

¿En los últimos 6 meses has automatizado algo en tu empresa? ¿En los últimos tres meses has modificado algún proceso operativo? ¿En el último mes has analizado algún reporte de 'business inteligence'? ¿Durante la semana pasada has analizado las reacciones en las redes sociales a tus publicaciones? ¿Tu empresa diferenciaba entre digitalizarse y transformarse digitalmente antes de hoy? ¿Y entre táctica digital y estrategia de transformación? ¿Existe una comunicación personalizada para cada cliente? ¿Tenéis herramientas para la captura de datos y ejercer venta predictiva? ¿Tienes a tiempo real datos de oferta, publicidad, procesos de la competencia? ¿El pedido online todavía es menor al 50%? Si, como empresa, has respondido no a alguna pregunta o has dudado en tus respuestas afirmativas, este artículo te interesa. 

Classpass, el 'spotify' del 'fitness'

¿Qué pasa cuando eso de la economía digital que se dedica a quitar intermediarios hace lo contrario? Cuando en lugar de eliminar fases de la cadena de valor le sumas uno más. Nada si el propósito es seguir teniendo una de las características que la tecnología y la nueva economía permite. Es decir, haz confluir conceptos económicos complejos en otros tiempos e innovadores ahora y decide con cual te quedas, cual es el que traccionará y olvídate de cumplir todos los requisitos como marcan las ‘reglas’.
Eso pasa con Classpass, una compañía con sede en Nueva York que ofrece clases de fitness ilimitadas en más de 2000 gimnasios y academias diferentes por menos de 100 dólares al mes. Se basa en el modelo spotify, haz algo tantas veces puedas o quieras por una tarifa plana. Lo vimos incluso con el café no hace mucho.

Incorporar el valor ‘cuota’ en un solo centro es normal, digamos que es lo tradicional. Crear un listado de centros que también lo acepte y que puedas elegir donde acceder también, sería un acuerdo corporativo. Lo que toma dimensión es que esto se establece sin límites de espacio, territorio, tiempo o modo. Es donde entra la tecnología, las plataformas de economía socializada y la gestión desde dispositivos móviles.

Classpass incorpora un intermediario pero elimina el factor producto y lo convierte en servicio. Es ese punto exacto de encuentro entre el ‘longtail’ que proviene de una demanda concreta y la refleja en una oferta globalizada que no es más que la respuesta a los tiempos que vivimos y a la percepción de un modelo de consumo más estructurado en la visión de ‘usuario’ que en la de ‘consumidor’.

La facilidad para generar un espacio digital de conversión entre usuario, consumo, oferta y productos es un viaje ya sin retorno a pesar de todo y lo iremos viendo en mas sectores que logren generar círculos de confianza. Hemos pasado de ‘la central de compras’ a la ‘plataforma de usuario’ y eso se lleva por delante muchos de los conceptos que hasta ahora parecían imposibles de tocar. La escalabilidad de estructuras empresariales combinadas y ofertando en común, ahora están beneficiándose de elementos que la vida en red nos ha aportado.

El long tail del consumo de fitness ha pasado de comprar el producto ‘gimnasio’ a ofrecer un servicio llamado ‘haz todo el ejercicio que quieras donde quieras por un pago concreto’, seria algo así, de nuevo, como ‘el spotify del fitness’. Déscargate tu lista de música o descárgate tu gimnasio.

Por si alguien duda de la eficiencia y opciones que conlleva esta startup, comentar que acaba de cerrar ronda de inversión de tipo B por 40 millones de dolares tres meses después de cerrar otra tipo A por 12.

Aunque el pasado año superaron el medio millón de reservas y ahora mismo rozan el millón y medio, al principio las cosas no fueron tan bien. La necesidad de masa critica, pero de oferta también, es el talón de Aquiles de muchos de estos proyectos de economía socializada o bajo el concepto ‘servicio’ dónde antes había un producto.

En 2012 no habia manera lograr el propósito de transformar un producto de cuota mensual en un servicio global. De hecho se comieron el llamado ‘palo de hockey’ que te hunde en una especie de ‘death valley’ durante un tiempo y nada hace presagiar el tremendo crecimiento posterior que se produjo dos años después.

¿Qué otros ‘spotifys de lo que sea’ se te ocurren?

Archivos que salvarán millones de vidas

Entre los cambios que se avecinan a mayor velocidad destaca la mal llamada ‘impresión 3D’ y que debería tener otro denominativo más eficiente para describir lo que realmente puede llegar a ser esta tecnología. Lo que tenemos ante nosotros es la puerta a la retirada disruptiva de todo tipo de añadidos y artificios que, por diferentes razones, irán dejando espacio a lo digital, a los datos y la llegada implacable del modelo en transmisión de datos. Complejo definir, denominar o clasificar algo así.
Uno de los ejemplos más emocionantes lo hemos conocido hace pocos días. Kyllie Wicker es una niña de 9 años de Illinois que nació sin dedos en su mano izquierda. Ella protagoniza esta hermosa historia donde la tecnología y la humanidad se abrazan de manera extraordinaria. Al parecer, según el padre de la niña ‘una prótesis puede costar entre 20.000 y 50.000 dólares y el seguro sólo pagaría una en la vida de Kylie, por esa razón la decisión a que terminara de crecer y pudieran dotarla de una prótesis con sensores para leer las señales musculares retrasaba la opción de que la pequeña tuviera algún tipo de ayuda en su mano afectada’.

Los estudiantes de la Boylan Catholic High School en Rockford, también de Illinois, fabricaron una mano para Kylie después que su padre, Jeromy Wicker, descubriera que otro hombre había hecho una impresión en 3D de una prótesis de mano para su propio hijo también muy joven.

Todo fue extremadamente sencillo. El profesor a cargo del proyecto encontró las instrucciones para la mano en un sitio Web llamado Robohand y dijo que el costo apenas cinco dólares.

En estos días, y para subir si cabe a un nivel aún más complejo, se ha sabido que la impresión 3D también ha sido probada y con éxito en la producción de pequeños vasos sanguíneos para ratones donde los científicos se ven capaces de poder armar un corazón completo en los próximos tres años. Hablan de ‘bioficial heart’ donde se mezclan elementos orgánicos vivos con otros artificiales y que el coste de un coraz. De hecho, el biologo celular Stuart Williams, en uno de los proyecto más ambiciosos en cuanto a la tecnología de impresión 3D, está tratando de producir un corazón humano completo que sería asequible para cualquier persona en coste y tiempo. Hasta el momento, su Universidad, la de Louisville en Kentucky ya ha impreso válvulas cardíacas humanas acompañadas de pequeñas venas con sus propias células. El tiempo corre y pesa como el plomo.


Seguimos sin detectar donde lleva la tecnología de la impresión en 3D, donde se posicionará cada activo y quienes serán los players definitivos. No sabemos si es un tema de fabricantes de hardware, un asunto de comunidad e inteligencia colectiva, un escenario de encuentro para diseñadores y compradores en la longtail, simplemente un factor de cambio en la cadena de valor entre quien quiere algo y finalmente lo disfruta o la casi extinción del transporte de pequeños objetos. Sea lo que sea, ya empieza a dar pistas del tremendo cambio que va a generar en todos los campos de la vida.

Como especie seguimos dándole vueltas a lo nuestros problemas, a ese conjunto de cosas que componen la vida, pero mientras tanto en algún lugar de este maravilloso lugar llamado Planeta Tierra, alguien está pariendo ahora mismo el archivo que salvará millones de vidas en el futuro inminente.