Medio internet tenía la puerta abierta y nadie pagaba la cerradura
Un fallo de catorce años en el motor de casi siete de cada diez webs obligó a gobiernos, bancos y aerolíneas a desconectarse. Lo encontró una IA. Lo que no encontró nadie fue quién pagaba por mantenerlo.
Lo que pasa de verdad dentro de un modelo de lenguaje
Ocho ingenieros de Google publicaron en junio de 2017 un artículo de quince páginas titulado “Attention Is All You Need”. Proponían una arquitectura, el Transformer, que prescindía de la memoria secuencial y lo apostaba todo a un mecanismo de atención. Nueve años después, cada asistente que nos responde, cada resumen automático y cada vídeo generado desciende de esas quince páginas. Conviene saber qué hay dentro antes de atribuirle intenciones.
El robot que clasifica paquetes ya sabe cobrarte en caja
En el centro postal de Jianggao, en Cantón, un robot humanoide clasifica 1.200 paquetes por hora sin descanso. Lo llamativo no es la cifra: en una prueba controlada, un humano todavía le ganó por 192 paquetes. Esa es, precisamente, la mala noticia. Ya no hablamos de una máquina más rápida que nosotros, sino de una que hace lo mismo, igual de bien, y no ficha nunca a la salida.
La industria del miedo a la IA factura bastante bien
Los que fabrican inteligencia artificial son exactamente los mismos que nos advierten de que la inteligencia artificial podría extinguirnos. Nadie vende un producto avisando de que puede destruir el mundo, salvo que decir eso le resulte rentable.
La IA no destruye oficios: vacía por dentro a los que sobran
La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS) acaba de sumar 206 ocupaciones a su categoría de "exposición muy alta" a la inteligencia artificial, dentro de sus proyecciones de empleo 2025-2035. Bloomberg lo resume con un titular inquietante: relaciones públicas, desarrollo web y hostelería entran ya en la lista de oficios amenazados. El problema es que el propio organismo advierte que "exposición" no es sinónimo de "extinción" — y los datos, leídos con calma, cuentan otra historia.
EEUU presiona al G20 a no regular la IA.
El mismo martes en que Michael Kratsios presentaba los Carolina Principles en Chapel Hill, la Comisión Europea enviaba solicitudes de información a más de 30 empresas de IA. Dos gobiernos, el mismo día, construyendo relatos opuestos sobre el mismo problema: qué hacer con una tecnología cuyos propios creadores admiten no controlar del todo.
Cuando prohibieron el Walkman por “tu bien”.
En julio de 1982, el pleno de Woodbridge (Nueva Jersey) aprobó por unanimidad una ordenanza que castigaba con 50 dólares de multa y hasta 15 días de cárcel cruzar la calle con los auriculares del Walkman puestos. Un jubilado llamado Oscar Gross se los colocó a un policía en la cabeza para forzar la denuncia y poder recurrirla. La ley sigue vigente.
Por qué Suecia tiene tanto paro juvenil.
En mayo, Eurostat colocó el paro juvenil de Suecia en el 24,4% y el de Finlandia en el 23,9%, ambos por encima del 23,7% de España. Sorprende que dos de los Estados de bienestar más admirados del mundo tengan más jóvenes sin trabajo que el país que lleva décadas instalado en la cabeza de esa tabla. Y sin embargo el dato es correcto. Lo que falla es la lectura rápida que casi todos hacen de él, y esa lectura es justo la que conviene desmontar.
Bruselas afloja a la banca; a comprar deuda
El 1 de abril de este año entró en vigor en Estados Unidos la rebaja del ratio de apalancamiento para los mayores bancos. El argumento de los reguladores fue que la norma se había convertido en la restricción que primero se topaba en lugar de en la red de seguridad prevista, y que eso desincentivaba actividades de bajo riesgo como intermediar en deuda del Tesoro. Tres meses después, Bruselas propone lo mismo con las mismas palabras.
El torneo de Shenzhen: I+D disfrazada de espectáculo
Anoche, en el Nanshan Cultural and Sports Center de Shenzhen, a un humanoide le arrancaron la cabeza de un golpe y siguió peleando con los sistemas del torso hasta terminar el asalto. La grada rugió. Estaba aplaudiendo una prueba de resistencia a impactos ejecutada en directo, con entrada de pago y patrocinio. El primer torneo mundial de combate de robots humanoides acababa de estrenarse.
La IA solo es segura si la controla quien la vende
Durante cinco años, Anthropic ha advertido de que una inteligencia artificial avanzada podría desestabilizar la sociedad y provocar una destrucción masiva. En ese mismo periodo se ha convertido en uno de los mayores laboratorios de vanguardia del planeta, con el ejército de Estados Unidos entre sus clientes y una valoración que roza el billón de dólares. La advertencia y el negocio avanzan juntos, y no por casualidad.
Pagan por que su IA hable como un cavernícola
Hace unas semanas, quince directivos de una de las mayores consultoras del mundo se reunieron por un problema que nadie quería nombrar en público: la factura de la inteligencia artificial se les había ido de las manos. No por sistemas complejos ni por ingenieros ambiciosos. Por empleados sin perfil técnico convirtiendo documentos en diapositivas un martes cualquiera, sin saber que cada clic tenía precio.
La IA no fabrica mentes perezosas: las evidencia.
En 2025, un equipo del MIT conectó a 54 personas a electroencefalogramas para medir qué le ocurre al cerebro cuando se delega la escritura en ChatGPT. El resultado fue inequívoco: menor conectividad neuronal, peor recuerdo, casi ningún sentido de autoría sobre el propio texto. Los titulares hablaron de "deuda cognitiva". Pocos repararon en lo que el estudio no probaba: que la máquina hubiera causado la pereza.
El salario ya no es una promesa.
Entre 1987 y 2019, la participación de los salarios en el PIB de Estados Unidos cayó del 67,8% al 58,4%. No fue una crisis. Fue una tendencia. Silenciosa, constante, perfectamente documentada y políticamente ignorada. Lo que esos números describen no es un problema coyuntural de negociación colectiva: es el colapso del contrato implícito sobre el que se construyó la democracia de posguerra. El acuerdo según el cual trabajar garantizaba, si no prosperidad, al menos dignidad económica.
Bruselas decidirá lo que vas a ver.
7.000 millones de euros aporta cada año el ecosistema de creadores de YouTube a la economía europea, y más de 200.000 empleos dependen de él. No de cadenas públicas sostenidas por el canon del contribuyente. No de periódicos centenarios con redacciones subvencionadas. De gente que se sentó delante de una cámara, construyó una audiencia sin pedir permiso a nadie, y convenció al mercado de que merecía atención. Eso, precisamente, es lo que le incomoda a Bruselas. Y lo que Bruselas no puede comprar, lo regula.
La gramática del control
La Digital Services Act no es una ley de seguridad digital. Es una arquitectura de control institucionalizado sobre el discurso público, diseñada con el lenguaje de la protección y el andamiaje de la censura. Diecisiete investigaciones abiertas, un equipo de 127 funcionarios que pronto serán 187, multas de hasta el 6% de la facturación global. Lo llaman "cumplimiento".
La IA ya no es un debate tecnológico. Es una batalla por el poder.
En enero de 2026, un político de Nueva York perdió su escaño. No por un escándalo. No por una mala gestión. Lo perdió porque intentó aprobar una ley que ponía límites al desarrollo de la inteligencia artificial. La respuesta de la industria fue inmediata: campañas negativas millonarias, ataques personales, una operación diseñada para destruir su candidatura. Y para que cualquier otro político con ideas similares sacara sus propias conclusiones. Eso ocurrió. No en una distopía. En Nueva York, hace unos meses.
El espejo alemán
El pasado 28 de abril, varios medios alemanes recibieron un documento antes de que ningún ministro se pusiera delante de un micrófono. Era el acuerdo entre la CDU de Friedrich Merz y el SPD. Lo que contenía no se resume bien en un titular: un paquete de austeridad sanitaria que ahorrará 19.300 millones de euros el próximo año y escalará hasta 38.300 millones en 2030, la supresión de la cobertura médica gratuita para cónyuges que no cotizan, copagos más altos, pensiones redefinidas por el propio Merz como "cobertura básica para la vejez" y la eliminación del subsidio de desempleo de larga duración antes de Navidad. Llamar a esto un ajuste menor es deshonesto. Es el mayor desmantelamiento del gasto social alemán desde las reformas Schröder del año 2000, y ocurre mientras el presupuesto militar de 2026 sube a 82.700 millones de euros —108.000 sumando los fondos especiales del Bundeswehr—, con un objetivo de 153.000 millones para 2029. El orden de prioridades no necesita más comentario.
La tecnología que convierte el duelo en suscripción
En febrero de 2020, el documental surcoreano I Met You mostró a una madre reencontrándose con su hija fallecida mediante realidad virtual. La niña, Nayeon, murió en 2016 con solo siete años tras un cáncer hematológico. Tres años después, un equipo tardó ocho meses en reconstruir su voz, gestos y apariencia a partir de datos digitales. El resultado fue devastadoramente convincente… y conceptualmente inquietante.
Cuando los imperios olvidan innovar: lecciones de Bizancio.
El Imperio bizantino duró 1.123 años. Lo repito porque la cifra merece ser digerida lentamente: más de un milenio de continuidad estatal, desde la fundación de Constantinopla en 330 hasta su caída en 1453. Ninguna estructura política occidental se le acerca.