La industria ocupa hoy a menos del 10% de los trabajadores españoles, pero su influencia sobre la calidad del empleo y sobre la productividad del conjunto de la economía es mucho mayor que su peso estadístico.

Un empleo más estable y más cualificado

El empleo industrial suele ser más estable que el de los sectores estacionales, tiene una mayor presencia de contratos indefinidos y exige perfiles técnicos y de formación profesional que se remuneran mejor. Cuando una economía sustituye empleo industrial por empleo en servicios de baja productividad, el número de ocupados puede mantenerse, pero se resiente la calidad de esos puestos de trabajo y su capacidad para generar salarios crecientes.

España perdió 723.500 empleos manufactureros entre 2000 y 2024. Una parte se recolocó en otros sectores, pero muchos de esos trabajadores, especialmente los de mayor edad, no volvieron a encontrar un empleo equivalente.

La productividad como problema de fondo

La productividad es la cantidad de riqueza que se genera por cada hora trabajada, y a largo plazo es lo que determina los salarios. En la industria española la productividad por hora es superior a la de los servicios, lo que convierte a las manufacturas en un motor para el conjunto de la economía.

El problema está en la comparación con nuestros socios. La productividad del trabajo en las manufacturas españolas está un 5,4% por debajo de la media europea, un 16% por debajo de Francia y un 29% por debajo de Alemania, según la Fundación BBVA y el Ivie. Con esa brecha, competir solo es posible ajustando costes, y el coste que más se ajusta es el salarial.

El círculo que se retroalimenta

Menos industria significa menos inversión en tecnología, menos innovación y menos demanda de perfiles técnicos. Eso reduce la productividad, lo que a su vez hace menos atractivo invertir en industria. La economista Mariana Mazzucato ha estudiado cómo los países que rompen este círculo lo hacen combinando inversión pública en conocimiento con una base empresarial capaz de aprovecharla.

El estancamiento salarial que viven muchas familias españolas desde hace más de una década no se explica solo por la industria, pero tiene mucho que ver con una estructura productiva que genera poco valor añadido por trabajador.