Reindustrializar es más difícil que no haberse desindustrializado. Lo dicen los datos regionales y lo confirma la experiencia de los fondos europeos. Aun así, hay palancas que dependen de nosotros y que marcarían la diferencia.

1. Energía competitiva y predecible

España tiene una ventaja que pocos países europeos pueden igualar: abundancia de sol y viento para generar electricidad renovable barata. Convertir esa ventaja en precios finales competitivos para la industria exige revisar los costes regulados, los peajes y las compensaciones que hoy encarecen la factura, y garantizar contratos estables a largo plazo.

2. Empresas más grandes

Las medianas y grandes empresas españolas ya son tan productivas como las europeas. El reto es que haya más. Eliminar los incentivos fiscales y laborales que penalizan crecer, facilitar fusiones y alianzas entre pymes industriales y mejorar el acceso a financiación no bancaria son medidas que no requieren grandes presupuestos.

3. Talento técnico

La industria necesita técnicos, ingenieros y especialistas digitales. La formación profesional dual, la colaboración entre empresas y centros educativos y la recuperación del prestigio social de los oficios industriales son tan importantes como cualquier subvención. Sin personas formadas, ninguna fábrica se instala.

4. Inversión en conocimiento

La I+D industrial y la inversión en intangibles deben acercarse a la media europea. Eso implica incentivos fiscales eficaces y sencillos, compra pública innovadora y una relación más fluida entre universidades, centros tecnológicos y empresas.

5. Seguridad jurídica y agilidad administrativa

Una licencia que tarda años, una norma que cambia cada legislatura o diecisiete marcos regulatorios distintos son razones suficientes para que una inversión se vaya a otro país. Simplificar trámites y comprometerse con reglas estables es probablemente la política industrial más barata que existe.

6. Elegir dónde competir

España no va a fabricar de todo, ni tiene sentido intentarlo. Conviene apostar por los sectores donde ya existen ventajas: automoción y su transición eléctrica, agroalimentación de alto valor, farmacia, aeroespacial, energías renovables y sus componentes, y la industria ligada a la economía circular. Concentrar esfuerzos en esos ecosistemas tiene más posibilidades que repartir ayudas de forma indiscriminada.

Ninguna de estas palancas da resultados en un año. La desindustrialización se gestó durante décadas y revertirla también llevará tiempo, lo que exige algo que ha escaseado en la política económica española: continuidad.