Si otros países resistieron la misma ola global, la pregunta es qué nos hizo más vulnerables. La respuesta está en varias debilidades estructurales que la industria española arrastra desde hace décadas.

Empresas demasiado pequeñas

El 95,1% de las empresas españolas tiene menos de diez trabajadores, según el Consejo de la Productividad de España. Las microempresas son, de media, mucho menos productivas: en 2023 generaban unos 57.000 dólares de valor añadido por trabajador, frente a más de 108.000 en las grandes empresas, de acuerdo con los datos de la OCDE.

Lo interesante es que las empresas medianas y grandes españolas son tan productivas o más que la media de la OCDE. El problema es que hay muy pocas. Una empresa pequeña tiene más difícil exportar, invertir en tecnología, acceder a financiación o atraer talento especializado. Y la industria es precisamente el sector donde la escala importa más.

Poca inversión en conocimiento

En 2023 España dedicó a I+D el 1,49% de su PIB, según el INE, lejos de los países industriales de referencia. El dato que más pesa sobre la industria es otro: las manufacturas solo protagonizan el 29% de la I+D española, mientras que en la Unión Europea ese porcentaje es del 52,4%.

Lo mismo ocurre con los intangibles, es decir, con el software, las bases de datos, el diseño, la formación o la organización. Las manufacturas españolas invierten en ellos el equivalente al 10,6% de su valor añadido, la mitad que la media europea. Son las inversiones que no se ven en una nave industrial pero que determinan quién gana en el mercado.

Una digitalización a medio camino

El 62% de las empresas manufactureras españolas tiene al menos un nivel básico de digitalización, frente al 68,3% de la media europea y muy lejos del objetivo del 90% que se ha fijado la Unión. Solo el 13% contrata especialistas en tecnologías de la información, frente al 21,4% en Europa.

Una especialización de valor medio

La industria española está muy concentrada en sectores de tecnología media o baja. La agroalimentaria pesa 8,4 puntos más que en la media europea, mientras que la fabricación de maquinaria tiene la mitad de peso y la de productos informáticos, electrónicos y ópticos es casi seis veces menor. Son precisamente estos últimos los sectores que más crecen y que generan más valor.

Ninguna de estas debilidades provoca por sí sola la desindustrialización, pero juntas reducen la capacidad de adaptarse cuando el entorno cambia. Y el entorno no ha dejado de cambiar.