Una parte de la desindustrialización española no se decidió en Madrid. Se explica por un cambio profundo en la forma en que el mundo fabrica y comercia, un cambio que empezó a finales del siglo XX y que se aceleró en el XXI.
Las cadenas globales de valor
Durante las últimas décadas la producción industrial se fragmentó. Un producto ya no se fabrica en un solo país: se diseña en uno, sus componentes se producen en varios y se ensambla en otro. Las empresas buscan en cada fase el lugar donde resulta más barato o más eficiente hacerlo. Esto permitió abaratar enormemente los bienes de consumo, pero también provocó que muchas fases de la producción abandonaran los países con salarios más altos.
España, con costes laborales superiores a los de Asia o Europa del Este pero sin el nivel tecnológico de Alemania, quedó en una posición delicada. Demasiado cara para competir en precio y demasiado poco especializada para competir en valor añadido.
China, la fábrica del mundo
El acontecimiento que más transformó el mapa industrial fue la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio en 2001. En menos de dos décadas el país se convirtió en el primer productor manufacturero del planeta. Según la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos, en 2019 China ya concentraba el 28,7% de la producción manufacturera mundial, frente al 16,8% de Estados Unidos.
Sectores enteros en los que España tenía tradición, como el textil, el calzado, el mueble o el juguete, sufrieron una competencia que no podían igualar en precio. Muchas empresas cerraron y otras sobrevivieron trasladando la producción y manteniendo aquí solo el diseño, la marca o la logística.
La economía de los servicios
Al mismo tiempo, las economías avanzadas fueron desplazando su centro de gravedad hacia los servicios. El turismo, las finanzas, el comercio y más tarde la economía digital ofrecían crecimiento rápido. España se especializó con éxito en algunos de ellos, especialmente el turismo, y eso reforzó la tendencia: el capital y el talento iban donde la rentabilidad era más inmediata.
Lo que el contexto global no explica
Sería un error atribuir todo a la globalización. Alemania, Austria, Italia o Chequia han estado expuestas a la misma competencia y han mantenido un peso industrial muy superior al español. El contexto mundial creó la presión, pero la capacidad de cada país para resistirla dependió de factores internos. Esos factores son los que analizamos en la siguiente lección.