La desindustrialización no se ha repartido por igual. Mientras algunas comunidades mantienen un tejido industrial potente, otras lo perdieron antes de haber alcanzado niveles de renta similares, y esa diferencia se nota hoy en su prosperidad.
Dos tipos de territorio
El estudio de BBVA Research sobre desindustrialización prematura identifica dos realidades. Por un lado están las comunidades que se industrializaron pronto y con intensidad, y que todavía hoy tienen una renta per cápita superior. Por otro, las que empezaron a perder industria antes de haber completado su desarrollo.
Entre estas últimas, el informe señala a Extremadura, Andalucía, Canarias, Asturias, Castilla-La Mancha, Castilla y León y Galicia. Son territorios que nunca llegaron a consolidar un tejido industrial amplio o que lo perdieron con la reconversión, y que dependen en mayor medida de los servicios públicos, el turismo o la agricultura.
El ejemplo asturiano
Asturias es el caso más estudiado. A finales de la etapa desarrollista, cerca de la mitad de su economía dependía de la industria. En 1970 era la quinta comunidad en peso económico y en 1985 había caído al séptimo puesto. Los servicios superaron a la industria en el PIB regional a principios de los ochenta, y la región vivió durante años un intenso proceso de envejecimiento y pérdida de población joven.
La España vaciada también es una España desindustrializada
Cuando una comarca pierde su principal fábrica, el efecto se multiplica. Cierran los proveedores, los talleres y los comercios que vivían de esa actividad. Los jóvenes con formación técnica emigran a las grandes ciudades o al extranjero. Los ayuntamientos ingresan menos y los servicios públicos se encarecen por habitante.
El resultado es un mapa en el que la actividad se concentra en unas pocas áreas metropolitanas y en los corredores industriales del noreste, mientras amplias zonas del interior y del noroeste pierden población. Recuperar industria en esos territorios es mucho más difícil que mantenerla donde ya existe, porque faltan las infraestructuras, las redes de proveedores y el talento que necesita cualquier inversión.
Industrializarse no garantiza todo
El propio estudio introduce un matiz relevante: a escala europea no se observa una relación automática entre peso industrial y renta. La industria ayuda, pero no basta por sí sola. La capacidad humana, la formación y las habilidades digitales son igual de determinantes para el bienestar de un territorio.