Tras la pandemia, Europa recuperó el interés por la industria. Se fijaron objetivos, se aprobaron planes y se movilizaron fondos sin precedentes. La pregunta es cuánto de todo eso se ha convertido en fábricas.

El objetivo del 20%

La Unión Europea mantiene desde hace años el objetivo de que la industria vuelva a representar el 20% de su economía. En los últimos tiempos ha añadido nuevas herramientas: la Ley Europea de Chips, la estrategia de materias primas críticas, el plan industrial del Pacto Verde y, más recientemente, las recomendaciones del informe Draghi para reforzar la competitividad.

Los PERTE en España

En España, la principal herramienta han sido los Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE), financiados con los fondos Next Generation EU. El Gobierno asignó a estos proyectos más de 42.000 millones de euros, de los cuales unos 25.000 millones eran ayudas directas y unos 17.000 millones, préstamos.

El balance publicado en octubre de 2025 mostraba que se habían resuelto unos 18.600 millones en ayudas y apenas 703 millones en préstamos. Los préstamos han sido el gran cuello de botella: las empresas han mostrado poco interés por endeudarse en las condiciones ofrecidas, y una parte de ese dinero podría acabar devolviéndose a Bruselas.

El caso de los chips

El PERTE Chip es el ejemplo más claro de la distancia entre el anuncio y la realidad. Con 12.250 millones de euros, es el mayor de todos. La mayor parte, 9.350 millones, estaba destinada a atraer plantas de fabricación de semiconductores. Hasta septiembre de 2025 se habían ejecutado unos 880 millones, el 7% del total, y casi todo en proyectos de investigación y diseño, no en fábricas. España no logró atraer a un gran fabricante internacional, y la estrategia se reorientó hacia proyectos menos intensivos en capital.

Otros resultados

El PERTE del Vehículo Eléctrico y Conectado, dotado con 4.120 millones, adjudicó unos 2.700 millones en ayudas y 342 millones en préstamos. El del hidrógeno verde, el aeroespacial y el de salud de vanguardia también han repartido cantidades relevantes. En cambio, el de descarbonización industrial y el de la industria naval han movilizado cifras mucho menores.

Lo que enseña esta experiencia

El dinero público puede acelerar inversiones que ya tienen sentido, pero difícilmente crea por sí solo un sector industrial donde no existen las condiciones de partida: proveedores, talento, energía competitiva y estabilidad regulatoria. La política industrial europea ha cambiado de discurso, y que ese cambio se traduzca en fábricas todavía está por ver.