Para hablar de reindustrialización primero hay que saber de dónde partimos. La industria española actual es más pequeña que hace veinticinco años, pero sigue siendo un sector relevante, con fortalezas claras y carencias igual de claras.
Los grandes números
Las manufacturas aportan el 11,8% del valor añadido bruto (2024), frente al 15,6% de la media de la Unión Europea.
Dan empleo a algo más de 2,17 millones de personas, el 9,9% del total de ocupados.
Su productividad por hora supera a la de los servicios, pero está un 5,4% por debajo de la media europea.
Invierten en I+D el 3,8% de su valor añadido, más del doble que el conjunto de la economía (1,6%).
Donde somos fuertes
La industria agroalimentaria es el gran pilar: su peso en España supera en 8,4 puntos al de la media europea. El país es además uno de los principales fabricantes de automóviles de Europa, y el material de transporte es el sector manufacturero con mayor productividad total de los factores, 3,6 veces superior a la de la alimentación, según el estudio de la Fundación BBVA y el Ivie. Otros sectores como el farmacéutico, el químico o el aeroespacial cuentan con empresas competitivas a escala internacional.
En eficiencia energética la industria española también sale bien parada. Su intensidad energética, la energía que necesita para generar cada unidad de valor, es ligeramente mejor que la media europea.
Donde estamos rezagados
La maquinaria y los bienes de equipo tienen la mitad de peso que en Europa, y la electrónica y la informática son casi testimoniales. Son los sectores que fabrican las herramientas de la transformación digital y energética, y en ellos España depende casi por completo del exterior.
A esto se suma la brecha en digitalización, en especialistas tecnológicos y en inversión en intangibles que vimos en el capítulo 2. La industria española tiene una base sólida en sectores maduros pero una presencia muy limitada en los que marcarán el crecimiento de las próximas décadas.
Un retrato con matices
Sería injusto hablar de una industria en ruinas. Hay empresas españolas líderes mundiales en sus nichos, clústeres industriales muy competitivos en el País Vasco, Cataluña, Navarra, Aragón o la Comunidad Valenciana, y una red de medianas empresas tan productivas como sus equivalentes europeas. El reto es que esa parte de la industria sea la norma y no la excepción.